El campesinado mexicano sufre exclusión a la hora de manejar los recursos forestales de sus propios bosques por parte de los ingenieros especializados, que en muchas ocasiones “se convierten en la autoridad” de los terrenos comunales, contó a Efe el experto Gonzalo Chapela.

(Texto y foto: EFE publicados en “El Sur”   21 de marzo de 2018. https://goo.gl/8JZxuJ )

“Esto tiene muchas consecuencias, como que se excluye a las comunidades de la gestión de aprender, de tener las habilidades para manejar sus propios recursos o para supervisar a los propios técnicos para ver si es cierto o no que están manejando adecuadamente sus montes”, aseveró.

La situación se debe a que los regímenes regulatorios y de acceso a los recursos para programas públicos de incentivos y de apoyo están mediados por la firma de dichos ingenieros forestales, lo que les ubica en una posición de poder sobre los propietarios.

Esta superioridad “hace que los ingenieros forestales se conviertan en intermediarios de la industria para expoliar a las comunidades”, contó el miembro de la Red Mexicana de Organizaciones Campesinas Forestales (Red Mocaf).

Acciones como la extracción de los árboles que rinden más en el aserradero o “sobredimensionar la extracción para reducir los costos del maderero a costa de la productividad del recurso” ejemplifican el dominio de los técnicos.

El especialista consideró que existen varias formas de mal manejo de los bosques y estas provocan “contrabando y despojo a las comunidades” e incluso enfermedades sanitarias y plagas.

Los mencionados técnicos encargados del manejo muchas veces “ni van al campo, se imaginan un plan de manejo en su despacho y hacen la gestión por medio de medidas corruptas”, sostiene.

Por ello, el especialista, profesor de la Universidad Autónoma de Chapingo (Uach), argumentó que la capacitación de técnicos campesinos es “la gran llave” para dar el salto a un mejor manejo de las zonas verdes.

Hoy 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de los Bosques y en, México, una mayor atención a los pobladores y sus hábitats posibilitaría tanto un menor impacto al entorno ambiental como una mayor rentabilidad de los recursos.

Y es que en muchas ocasiones “hay una población que no tiene ocupación porque no tiene acceso a la tierra” y que podría desarrollar un trabajo si se mejoraran las condiciones para ello.

Por ejemplo, a la hora de procesar la madera, se invierte tiempo y dinero en recorridos kilométricos de una localidad a otra trasladando la materia prima.

“En cambio si eso lo procesas cerca del bosque, entonces haces que la población tenga empleo”, apuntó Chapela.

No solo eso, la generación de puestos de trabajo directo en el campesinado implicaría que se creasen “polos de desarrollo diversificado”; es decir, no únicamente actividades forestales sino otras actividades económicas y de servicios en las localidades.

Cuidar a la comunidad que habita los bosques generaría “más escuelas, más hospitales, y una mejor comunicación de las carreteras”, que en muchas ocasiones están en mal estado.

“El planteamiento es hacer redes locales que provoquen un valor agregado alto, bajen los costos de transporte y generen oportunidades en los territorios, de tal manera que estos jóvenes que no tienen tierra pueden tener oportunidades”, añadió.

Orientar el desarrollo de la comunidades hacia esa dirección también significaría una reducción importante en términos de reclutamiento por parte del crimen organizado, que ve en la ausencia de trabajo un reclamo para los jóvenes campesinos.

 

Texto y foto: EFE publicados en “El Sur”   21 de marzo de 2018.