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Apuesta por los jóvenes. Mejor educación y más proyectos productivos

En México, 43 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, condición que se acentúa en las regiones rurales, en las que habitan alrededor de 47 millones de personas. En estos centros de población menores a 15 mil habitantes las principales limitantes para acceder a mejores niveles de bienestar tienen que ver con […]

AUTOR: CCMSS|26/04/2019

En México, 43 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, condición que se acentúa en las regiones rurales, en las que habitan alrededor de 47 millones de personas. En estos centros de población menores a 15 mil habitantes las principales limitantes para acceder a mejores niveles de bienestar tienen que ver con la falta de ingresos por la precariedad del empleo y la carencia de servicios sociales de calidad educativa y de salud.

Los jóvenes y las mujeres son los sectores poblacionales del medio rural con más carencias y falta de oportunidades por no tener acceso a la tierra ni participación en la toma de decisiones en sus comunidades.

De los 14 millones de jóvenes de entre 12 y 29 años que habitan las regiones rurales de México, el 40 por ciento vive en condiciones de pobreza y 20 por ciento en pobreza extrema. La falta de ingresos de sus familias para sufragar su educación limita sus oportunidades de tener mejores ingresos que les permitan superar la condición de pobreza.

Ismael May Borges, un joven maya de 20 años, del municipio de José María Morelos, Quintana Roo, comenta que la falta de ingresos estables en su ejido impedía que las familias enviaran a sus hijos a estudiar.

En su ejido, San Felipe Oriente, la gente no tenía dinero para que sus hijos estudiaran. Desde muy chicos se los llevaban a trabajar al campo, a la milpa, pero por las condiciones del suelo de la región la producción agrícola es muy baja, apenas alcanza para alimentar a la familia.

De unos cuatro años a la fecha, luego de que la comunidad se organizó para operar una cooperativa de aprovechamiento forestal para la producción de carbón vegetal, “la gente comenzó a emplearse y obtener un ingreso más seguro y constante, eso ha permitido que varios jóvenes, como yo, podamos seguir estudiando”, explica Ismael.

Añade que “también benefició que se abriera un telebachillerato en la comunidad, porque antes los que estudiaban solo lo hacían hasta la primaria o secundaria”.

Antes de que en el ejido tuvieran la cooperativa de carbón vegetal la gente tenía que salir a trabajar a las zonas turísticas de Playa del Carmen o Tulum. “En el ejido no había trabajo y los jóvenes y adultos se tenían que ir. Allá los salarios son bajos, tienes que trabajar horas extra, pagar hospedaje o pasajes muy caros para ir y venir diario”.

Además, comenta que, muchas veces, discriminan a la gente en estos centros turísticos por su origen maya, no tienen prestaciones laborales y, a veces, ni contratos.

“Es mejor tener proyectos productivos en las comunidades, así la gente se puede emplear y estar con su familia”, plantea Ismael May, quien valora mucho la selva de su ejido porque es la principal fuente de ingresos de su familia y de sus vecinos, de ahí que tomara la decisión de estudiar ingeniería forestal en el Instituto Tecnológico de la Zona Maya, aunque primero debe resolver el tema de los recursos para sufragar los gastos, ya que deberá mudarse a unas tres horas de su ejido y pagar una renta y su alimentación, o bien, pagar el combustible para transportarse diariamente.

De acuerdo con datos del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimisp), de los 14 millones de jóvenes entre 15 y 19 años, que habitan en el medio rural, 350 mil dejan de estudiar por necesidad y se incorpora al trabajo no remunerado o a trabajar como peones o jornaleros, “lo cual puede no implicar un incremento en su calidad de vida a largo plazo, pues han abandonado sus estudios por actividades que no van a mejorar su ingreso futuro”.

Alrededor del 8.8% de los jóvenes de 15 a 19 en comunidades rurales aisladas no estudia ni trabaja.

Por su parte, Giovani Balam Canúl, de 24 años, del Ejido El Naranjal, también de José María Morelos, comenta que en la mayoría de las comunidades del municipio solo hay primaria y telesecundaria, y que la educación que se imparte es deficiente y se imparte en español, cuando la mayoría de las comunidades son maya hablantes.

Gracias a que en su comunidad se abrió un Telebachillerato él siguió estudiando. “Hace unos seis años se abrió el telebachillerato y nos inscribimos como 40 jóvenes, pero solo nos graduamos como 20. Muchos no siguieron porque se fueron a trabajar o prefirieron juntarse con grupos que se dedicaban al vandalismo. A veces se esperaban por las tardes a las afueras de la escuela y les quitaban su dinero y sus cosas a los estudiantes”, relata Giovani.

Afortunadamente, “la asamblea ejidal modificó el reglamento interno para sancionar a estos vándalos y organizó grupos de vigilancia, ahora ya casi no se presentan estos incidentes”.

En el ejido de El Naranjal la principal actividad productiva es la apicultura. El 80 por ciento de las familias se dedican a ella, muy pocas hacen milpa o ganadería. “Los que tienen más tierra tienen producción agrícola mecanizada, pero son pocos, detalla.

Giovani también es apicultor, tiene un apiario que trabaja junto con su hermano y todos los ingresos que obtienen por la venta de la miel los reinvierten para tener más colmenas y hacer más rentable su proyecto.

Explica que la mayoría de los apicultores trabajan con técnicas tradicionales, no tienen capacitación para hacer más rentables sus apiarios y no pueden resolver problemas de plagas, lo que limita su producción y sus ingresos.

Giovani Balam Canul está estudiando la licenciatura en Literatura y Cultura en la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo, ubicada también en José María Morelos.

Quiere contribuir a recuperar la cultura maya y la lengua, que los jóvenes y niños están dejando de hablar, en gran medida porque en las escuelas se enseña en español y no en maya. Además, carecen de materiales y recursos básicos y la educación es deficiente, “entonces los niños no aprenden bien ni el español y no hablan el maya”.

“Yo mismo viví el problema de la educación deficiente en la primaria y la secundaria, cuando entré a la Universidad con otros compañeros conocimos muchas cosas con las que no estábamos familiarizados y teníamos muchas deficiencias para empezar a estudiar el nivel superior”.

La apicultura permitió a sus padres enviarlo a estudiar y por ello quiere contribuir a mejorar las capacidades productivas de su comunidad. Actualmente, como parte de un proyecto de la universidad, trabaja en la elaboración de un manual de apicultura para productores mayas. “Como sé traducir del español al maya y del maya al español, creo que puedo contribuir a la comunidad con este manual”, explica Giovani Balam.

Además, está trabajando en su proyecto de titulación, que versa sobre el rescate de la cultura y lengua maya. Cuando se gradúe quiere ser docente y apicultor.

Por su parte, Ismael May, se visualiza en diez años como ingeniero forestal, trabajando en la elaboración de proyectos productivos comunitarios para el manejo y aprovechamiento de los recursos forestales de su ejido, “para que la gente pueda tener mejores ingresos y un mejor nivel de vida”.

La generación de emprendimientos productivos en las regiones rurales permite la apertura de puestos de trabajo y generación de ingresos para personas jóvenes y mujeres que no tienen derechos agrarios. De acuerdo con un documento del Grupo de Diálogo Rural México, “la juventud rural en México no es un grupo de población objeto de regulación específica y, por lo tanto, está ausente en la planificación programática y presupuestal del gobierno federal”.

Además, refiere el mismo documento, que “los recursos destinados a la ampliación de infraestructura educativa y al fomento productivo siguen siendo muy bajos en relación con los presupuestos destinados a otras actividades, y se está muy lejos del nivel de financiamiento necesario para generar impacto”. Estas inversiones podrían repercutir en que más jóvenes como Ismael y Giovani alcancen un mayor nivel de estudios e ingresos para mejorar sus condiciones de vida.

En México, hay pocos programas “con un mandato claro de fomento productivo para jóvenes (cinco a partir de 2017), y su presupuesto representa milésimas de los limitados recursos para el desarrollo de los jóvenes”. 

*Texto publicado originalmente en La Jornada del Campo

 

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