Continuidad y buena organización, las razones del éxito del ejido michoacano de Santa María

La continuidad en los proyectos y una sólida organización comunitaria que realiza asambleas ejidales de forma regular, en las que se toman acuerdos que se cumplen, le ha permitido al Ejido Santa María, ubicado en el municipio michoacano de Tlalpujahua, consolidar su empresa forestal comunitaria y hacer del aprovechamiento de su bosque una fuente de empleos e ingresos muy importante.

El ejido Santa María, compuesto por 112 ejidatarios, contando su parcela escolar, lleva más de 30 años manejando y aprovechando su bosque de forma sostenible. “Supieron aprovechar las oportunidades que programas como el Proyecto de Conservación y Manejo Sustentable de Recursos Forestales en México (PROCYMAF) de mediados de la década de los 90, que contribuyó a la generación de capacidades productivas a través de acompañamiento técnico eficiente y apoyos focalizados”, resalta Roberto Gama, actual asesor técnico forestal del ejido.

Santa María es el único ejido de la región que ha logrado consolidar su empresa forestal, que cuenta con aserradero y estufado de madera. Los ejidos colindantes no lo han conseguido, a pesar de que cuentan con condiciones de bosque similares. “La buena organización y el compromiso de los ejidatarios ha sido fundamental para ello, pues a pesar del cambio de mesa directiva del comisariado ejidal -cada 3 años- los proyectos productivos tienen continuidad”, añade el ingeniero Roberto Gama.

Los trabajos de manejo del bosque los realizan todos los ejidatarios, “cuando ellos ya son muy mayores de edad o alguna enfermedad se los impide, son sus hijo o nietos quienes acuden a las labores”. Todos tienen que participar en estas actividades por norma. Esto les permite tener derecho a los ingresos y beneficios derivados de la venta de la madera.

Don Rogelio Soto Chávez, presidente del comisariado ejidal de Santa María, explica que cuando iniciaron con el aprovechamiento forestal tenían varios obstáculos como la falta de maquinaria y asistencia técnica para hacerlo, pero gracias al acompañamiento de buenos asesores técnicos y los acuerdos de asamblea fueron progresando.

Al principio, detalla, “se vendía la madera en rollo, pero era un precio muy bajo o luego los clientes no pagaban por la madera; el ejido salía perdiendo”.

Luego, con el paso de los años se fue consolidando la empresa comunitaria de aprovechamiento forestal y la Asamblea ejidal autorizó a un grupo de ejidatarios instalar y administrar un aserradero comunitario.

Rogelio Soto explica que con el aserradero “ya se le puede sacar un poco de más valor a la madera y generar más empleos e ingresos para la gente del ejido. Además, en el aserradero ya solo vendemos a clientes serios, que pagan el importe completo de la madera y lo tienen que hacer por adelantado”.

Aserradero del Ejido Santa María

Actualmente, en el aserradero del ejido se producen tablas, vigas, cimbra machihembrada y tarimas; su siguiente paso es comenzar la venta de madera estufada. Cuentan con una estufa solar que, a diferencia de la mayoría de las estufas de secado de madera que generan calor a partir de gas, briquetas o leña, no emite gases contaminantes. Se aprovecha la luz solar para generar calor y poner en marcha el sistema de secado. “La estufa ya está instalada y se han hecho pruebas, pero estamos capacitando al personal para poder ponerla en marcha de forma regular”, precisa el presidente del comisariado ejidal.

La madera estufada tiene un mayor costo en el mercado, ya que es ideal para trabajos de carpintería o ebanistería puesto que no pierde su rigidez ni cambia su tamaño por la ganancia o pérdida de humedad.

“También comenzaremos a producir palo para escoba, porque hemos adquirido una maquinaria que nos permite hacerla y con ello podremos abrir otros puestos de trabajo, particularmente, para que se incorporen más mujeres”, resalta Rogelio Soto.

El aserradero y las actividades de aprovechamiento forestal generan cerca de 50 empleos directos en el ejido, así se evita que más gente tenga que salir a buscar trabajo a otras partes. “Todos los ejidatarios reciben un ingreso proveniente de la venta de la madera, y buena parte de los ingresos del aprovechamiento forestal se invierten en servicios y obras sociales, como indemnizaciones, en caso de que un ejidatario o su conyugue fallezca”.

El ejido Santa María cuenta con una superficie de 500 hectáreas de bosque bajo manejo, del cual se aprovechan, en promedio, 2 mil metros cúbicos de madera por año. Si bien es cierto que el volumen de madera que produce Santa María es bajo, “se podría desarrollar una pequeña cadena de suministro local, juntando la madera de los otros ejidos vecinos y diversificando la producción en la región”, plantea Roberto Gama.

Necesario el mejoramiento de las políticas publicas

Ing. Roberto Gama, asesor técnico forestal del Ejido Santa María

Uno de los impedimentos para lograr este posible desarrollo de cadenas productivas locales es el modelo de reparto de apoyos de las dependencias de fomento al sector forestal, como la Comisión Nacional Forestal (Conafot) o la Comisión Forestal del Estado de Michoacán (Cofom), que emiten regles de operación anuales. “Esto impide avanzar hacia proyectos productivos de mediano y largo plazo. No hay continuidad en los proyectos por la falta de mecanismos de financiamiento”, indica Roberto Gama.

Este mismo sistema de reparto de apoyos anuales ha propiciado que tanto los ejidos como los técnicos forestales solo se dediquen a meter solicitudes de apoyo dependiendo del abanico de opciones que ofrecen las dependencias. “No importa mucho si ese es el apoyo que en verdad requiere la comunidad. Las comunidades suelen valorar a los técnicos por la cantidad de apoyos que les pueden conseguir, más allá de buscar el desarrollo de proyectos productivos que sean sostenibles sin este tipo de subsidios”, resalta.

Las problemáticas locales en las comunidades forestales son muy variadas, así como las distintas regiones del país: no tienen las mismas necesidades los ejidos de Durango, que los de Oaxaca o los de Quintana Roo. Las condiciones de los ecosistemas forestales son distintas en cada región del país, al igual que las problemáticas locales, y para atenderlas se requieren políticas públicas que atiendan esas problemáticas de manera regional, con soluciones específicas.

El asesor técnico del Ejido Santa María sugiere que “se deben generar políticas de atención a problemas regionales, no de manera nacional, genérica, como ocurre hoy en día”.

Con respecto a los prestadores de servicios técnicos, comenta que “el gremio está muy dividido en Michoacán”. El tema del reparto de apoyos ha propiciado que se pierda de vista el verdadero objetivo de los ingenieros forestales, que es “el desarrollo de las comunidades forestales a través de sus empresas comunitarias de manejo forestal. Muchos ingenieros y técnicos forestales se guían por la generación de recursos inmediatos en vez de lograr resultados positivos de desarrollo a mediano y largo plazo”.

Sobrerregulación e ilegalidad forestal

Es importante resaltar el hecho de que la empresa forestal comunitaria del Ejido Santa María funcione y que cuente con aserradero y estufa de secado, en tanto los ejidos y comunidades vecinas no lo han logrado, en buena medida se debe a políticas publicas que fueron mal diseñadas porque no responden a las necesidades de la localidad o el estado de Michoacán.

A pesar de que se ha robustecido demasiado la regulación para el aprovechamiento forestal sustentable con la finalidad de detener la deforestación, esto no se ha logrado. En la región de Tlalpujahua y otros municipios vecinos circula mucha madera de origen ilegal que se comercializa a precios muy bajos, esto es una severa competencia desleal para los ejidos que cumplen con toda la normatividad.

Roberto Gama comenta que es mucho más sencillo tirar el monte para luego establecer parcelas de cultivo agrícola o potreros para ganado que manejar el bosque. En el estado de Michoacán, los requisitos que establece la Comisión Forestal del estado son aun más estrictos que los de la propia Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Aun con esta enorme carga regulatoria, que se traduce en el incremento de los costos de producción de la madera de las comunidades y ejidos, la pérdida de bosques no se ha detenido. Al contrario, el cambio de uso de suelo ha crecido a niveles alarmantes por el gran mercado del aguacate.

La sobre regulación es uno de los principales factores de debilitamiento de las empresas forestales comunitarias en Michoacán y en todo el país. Las comunidades y ejidos, como Santa María, que cuentan con certificaciones internacionales que acreditan sus buenas prácticas de manejo forestal, no tienen ningún incentivo por hacer bien las cosas.

Estas certificaciones cuestan mucho dinero, tiempo y esfuerzo y no se traducen en mejores precios para la madera que proviene de aprovechamientos certificados ni tienen beneficios en la expedición de sus autorizaciones para el aprovechamiento forestal o de la documentación para el transporte y comercialización de la madera.

De la sobreexplotación a la plaga

Don Rogelio Soto Chávez, presidente del comisariado ejidal de Ejido Santa María

Los bosques de la región de la mariposa Monarca, como el de Santa María, enfrentan otro problema, y es que cuentan con una abundante presencia de cedro blanco, una especie que aparece en la Norma Oficial Mexicana 059, sobre protección ambiental de especies nativas de México de flora y fauna silvestres, por lo que no se pueden aprovechar.

Esto ha propiciado que los bosques estén ganando una mayor presencia de cedro, lo que impide el desarrollo de los emprendimientos comunitarios de aprovechamiento forestal. En estos bosques no es necesario que el cedro blanco esté bajo este régimen de protección, hay mucha presencia, asevera el ingeniero Roberto Gama.

La alta presencia de cedro blanco en estos bosques proviene de la época en la que la minería fue el motor de la economía de esta región de Michoacán, ya que se aprovecharon, sin medida, muchos bosques para el apuntalamiento de las minas con polines y vigas de madera. Luego se sembró el cedro blanco para reforestar la zona, y así los bosques han ido cambiando su composición.

Si no se manejan y aprovechan estos cedros, en algunos años serán bosques de cedro y no de las variedades de árboles que los componen hoy en día.

Para manejar y aprovechar el cedro blanco es necesario que el ejido registre una Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA), lo cual conlleva una serie de estudios, trámites y gastos adicionales. El Ejido Santa María ya cuenta con su UMA y de a poco, ha ido aprovechando algunos volúmenes de esta especie.

“Este problema del cedro en Michoacán es otro de los problemas de hacer normas y políticas nacionales y no regionales. Las problemáticas y condiciones de cada región del país son muy distintas, por ello se debe optar por regionalizar y descentralizar las políticas y la aplicación del marco normativo”, apunta el ingeniero forestal, Roberto Gama.

Fotografías: Enrique Abe


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