Autor/Autores: Yáñez Sandoval, Armando
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Sinopsis:

Conforme aumenta el deterioro ambiental, también crece la preocupación en grandes sectores de la población por encontrar herramientas para revertir estas tendencias negativas, tomando en cuenta los problemas sociales y económicos específicos de cada sociedad.

Los programas de captura de carbono en bosques son instrumentos de enorme potencial para contribuir a la transición hacia el desarrollo sustentable. El interés en ellos surge de la información cada vez más alarmante, y mejor documentada, sobre el proceso de calentamiento global, debido fundamentalmente a la emisión de gases causantes del llamado “efecto invernadero” por actividades humanas. La evidencia sobre este fenómeno es basta y contundente y aunque el “efecto invernadero” es un fenómeno natural, el incremento de los gases que lo producen, como resultado de las actividades humanas, se traduce en un aumento de la temperatura y los problemas asociados a éste. Es importante considerar que “la respiración vegetal y la descomposición de materia orgánica del mundo libera más de 10 veces el CO2, del que inducen las actividades humanas, pero estas emisiones han estado durante siglos en balance con el dióxido de carbono absorbido por la vegetación terrestre y por los océanos”.

La industrialización ha roto este equilibrio natural. La utilización de combustibles fósiles es responsable de la mayor parte de las emisiones de dióxido de carbono en el mundo y de una importante fracción (alrededor del 20%) de las emisiones de metano y óxido nitroso. EL aumento en la agricultura, la deforestación, los tiraderos a cielo abierto, la producción industrial y minería, contribuyen también de manera significativa con este tipo de emisiones.

En relación con la contribución diferencial de cada gas de efecto invernadero (GEI) al calentamiento global, existe el acuerdo que el más importante es el CO2 (Houghton y Woodwell 1989, Schneider 1989, Goudie 1990, Dixon et al. 1994). El nivel de concentración actual medido en el Polo norte es el mayor de los últimos 130,000 años y, de acuerdo con el IPCC, para el año 2100 serán los más altos de la historia del planeta desde hace 30 millones de años.

 

Autores: Yáñez Sandoval, Armando