La niebla de la mañana apenas permite ver a diez metros de distancia. Rafael prepara una caja con todos los utensilios que ocupará en el apiario. Lleva un velo para cubrirse la cabeza, una camisa de tela gruesa, el ahumador ya encendido y un tazón con una mezcla dulce que ha preparado para alimentar a sus abejas.

La noche previa estuvo muy lluviosa y el camino está inundado. Con todas las cosas en el tractor, único medio de transporte para llegar a su apiario en el interior del monte, rodeado de vegetación y cultivos, Rafael Bermon se dirige a su destino.

Este joven apicultor de 19 años de edad, del municipio de José María Morelos, Quintana Roo, pasa sonriente entre la milpa ya crecida y esquiva con peripecia los grandes charcos que obstruyen el camino. Luego de 5 kilómetros a través de la vegetación, se abre un pequeño claro en el que el zumbido de las abejas y los moscos lo obligan a ponerse el velo de trabajo.

Rafael es hijo de un apicultor y campesino, y está orgulloso de dedicarse a lo mismo que su padre. Debido a que su papá es socio de la Cooperativa U Lool Che, que agremia a 115 apicultores del municipio, Rafael recibió la invitación para participar en un programa de formación técnica y humana impulsado por la Cooperativa y el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.

El programa que comenzó a mediados de 2016, propició la conformación de un taller de estampado de láminas de cera, que se requieren para la producción de miel. Un grupo de siete jóvenes, tres mujeres y cuatro hombres, entre los que se encuentra Rafael, se encargan de acopiar cera con los socios de U Lool Che para procesarla en láminas estampadas.

Como parte de este proceso formativo, Rafael y sus compañeros no solo se dedican al estampado en cera, también recibieron cinco colmenas cada uno, para que pudieran instalar sus apiarios y producir miel orgánica. Todo esto, con capacitaciones y acompañamiento técnico.

Para Rafael Bermon Parra la apicultura es una actividad fácil, “no le tengo miedo a las abejas, y se me facilitan todas las actividades que se tienen que hacer. Me gusta hacerlas”, comenta efusivo.

Ya en su apiario, se desliza entre los cajones con una estela de humo para tranquilizar a las abejas, revisa una por una sus colmenas. “Se tiene que hacer limpieza de forma regular para evitar que las plagas, como la hormiga o el escarabajo maten a las colmenas”, explica.

Luego, con la mezcla que preparó previamente en su casa: una torta proteica para alimentar a las abejas, coloca porciones suficientes en cada colmena. “Esta torta la aprendí a hacer en un taller que nos dieron por parte de la Cooperativa, sobre el manejo adecuado de las colmenas”, refiere.

Las capacitaciones y visitas para el intercambio de conocimientos es otro de los beneficios de formar parte de la Cooperativa U Lool Che, así como la adquisición de insumos a precios más accesibles y financiamiento para los apicultores socios.

Luego de más de una hora en el apiario, Rafael revisa de reojo su parcela, con la milpa ya crecida. Comenta que en una semana tendrá que cosechar. Cuenta con dos hectáreas y media que le cedió su padre, en las que produce limón, plátano y maíz.

Para este joven la vida de campesino es una muy buena opción para vivir dignamente y junto a su familia y pareja. Luego de una experiencia como trabajador en la cocina de un restaurante en la zona turística de Tulúm, Quintana Roo, subraya que prefiere “dedicarme a la apicultura y a la agricultura, aquí controlo mis tiempos, estoy cerca de mi familia, no tengo tanta presión y me gusta hacer estas cosas”.

Rafael Bermon estudió la carrera técnica en gastronomía y al graduarse se fue a trabajar como cocinero en un restaurante. “Trabajaba seis días a la semana, de siete de la mañana a siete de la noche, la presión era mucha y el sueldo muy bajo. El día que tenía de descanso me venía a ver a mi familia y en la madrugada del día siguiente me tenía que ir directo al trabajo”. Luego de un año en Tulúm, decidió renunciar y dedicarse de lleno a la apicultura y a su parcela.

Como Rafael, muchos jóvenes de su municipio se ven obligados a emigrar en busca de ofertas de empleo, a diferencia de él, la mayoría de los jóvenes no cuentan con oportunidades de formación “extra muros” que les permita permanecer en sus comunidades, cerca de sus familias, trabajando en actividades que les generen buenos ingresos y manteniendo una vida más relajada.

Para el próximo año, Bermon Parra será socio de U Lool Che y espera vender su miel orgánica a la Cooperativa. “Creo que será un buen año, porque ya está lloviendo luego de una sequía de más de dos años” detalla. Además, planea seguir creciendo su número de colmenas y comenzar a producir abejas reinas, que tienen alta demanda en la región y aseguran un aumento de la producción de miel.

La apicultura en la Península de Yucatán es una actividad productiva viable que puede ser desarrollada por los jóvenes y convertirse en alternativa frente a la opción de migrar, por lo que con mayores estímulos para el desarrollo de capacidades se propiciaría una mayor inserción de los jóvenes en esta actividad; renovando así, los esfuerzos de miles de apicultores que hoy día tienen que luchar para evitar el avance de prácticas insostenibles como la agricultura industrial, los cultivos transgénicos y los megaproyectos energéticos que amenazan sin descanso este medio de producción y de vida, del que dependen miles de familias campesinas mayas.