Foto con Licencia Creative Commons. Siga la liga para ver más de su autor.Fortalecer la tenencia y gobernanza comunitarias de los bosques es muy rentable para los países en desarrollo, especialmente en el contexto del cambio climático. Así lo muestra el estudio The Economic Costs and Benefits of Securing Community Forest Tenure: Evidence from Brazil and Guatemala, realizado por el Instituto de los Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), que midió los costos y los beneficios de fortalecer la tenencia de la tierra en manos de comunidades en Brasil y en Guatemala. Sus conclusiones muestran que, en los últimos veinte años, respetar el derecho de quienes poseen y habitan los bosques a manejarlos y conservarlos ha generado miles de millones de dólares en beneficios no sólo para los dueños de esos terrenos, sino para la sociedad en pleno.

Igualmente relevante, es que este estudio muestra que la silvicultura comunitaria es una forma eficiente en costos y eficaz por sus resultados de mitigar el calentamiento global. La deforestación evitada por el manejo forestal comunitario en las zonas analizadas de Brasil y Guatemala ha permitido mantener fuera de la atmósfera el equivalente en dióxido de carbono de lo que hubieran emitido mil millones de automóviles.

El análisis, liderado por Erin Gray, calculó cuánto costó el proceso legislativo que permitió dotar de tierras a las comunidades forestales de las áreas seleccionadas; de efectivamente aplicar esos cambios, demarcar los territorios comunitarios y legalizar la tenencia, y de manejar y conservar los bosques, además de tomar en cuenta el costo de oportunidad de mantener esos ecosistemas en pie en vez de sustituirlos por potreros o plantaciones, por ejemplo. Calculó también los beneficios que ese proceso ha dejado, gracias a los servicios ambientales que no se perdieron, como los de mitigación del cambio climático o supresión de incendios; los beneficios sociales que ha traído, como la creación de empleos, y los beneficios de extraer en forma sustentable recursos naturales, como se hace con la pesca o el aprovechamiento de la madera.

Los resultados del estudio son más bien conservadores, y aun así son apabullantes. Aunque sólo tomaron en cuenta los beneficios de carbono por deforestación evitada, por ejemplo, y la monetización de los servicios ambientales (incluyendo un hipotético precio del carbono) se hizo con los valores más bajos, Gray y sus colegas encontraron que, en Guatemala, el establecimiento de las concesiones comunitarias y el apoyo para su desarrollo dejó entre 600 y 800 millones de dólares en beneficios para el país, las comunidades locales y la economía en general. En el caso de Brasil, el reconocimiento de la propiedad indígena sobre los bosques (con un área mucho mayor que la de las comunidades guatemaltecas) ha dejado beneficios de entre 162 mil y 194 mil millones de dólares en los últimos veinte años.

Fomentar la tenencia comunitaria de la tierra y fomentar las capacidades de las comunidades forestales para la producción y la conservación tiene también enormes beneficios en términos climáticos. Esta estrategia, según el estudio de WRI, permitió dejar fuera del aire más de cinco mil millones de toneladas de dióxido de carbono solamente en Guatemala.

Un caso mexicano

México tiene una vasta experiencia en la materia. Recientemente, un estudio muy amplio realizado por Frederich Cubbage y sus colegas mostró que las comunidades forestales mexicanas han logrado establecer empresas rentables y sustentables, que además generan enormes inversiones sociales. Por ello, el equipo de WRI anexó al estudio sobre los costos y beneficios de asegurar la tenencia comunitaria de la tierra un estudio de caso sobre un bosque mexicano.

Se trata de la comunidad de San Bernardino de Milpillas Chico, en Durango, en la sierra Madre Occidental. Según el análisis, los beneficios de esta empresa comunitaria duranguense van desde la generación de empleos para la población local, hasta el flujo directo de dinero a la comunidad por entre medio millón de dólares y un millón de dólares, que en gran medida se invierten en infraestructura o en financiar actividades culturales.

Una oportunidad para generar desarrollo sin dañar el ambiente

Como Gray y sus colegas reconocieron en su estudio, su cálculo de los beneficios de la silvicultura comunitaria es más bien conservador, y los resultados de su análisis apenas capturan una fracción del impacto positivo del manejo forestal y la tenencia colectiva de los bosques. La experiencia mexicana ha mostrado que ambos contribuyen enormemente a la generación de empleos en zonas de alta y muy alta marginación, y que ayudan a activar la economía en regiones remotas, que de otra forma quedarían aisladas y estancadas.

A la luz de estos hallazgos, y a tiro de piedra de la COP21, los gobiernos del mundo tienen una oportunidad para realizar o profundizar esta reforma agraria tan necesaria. En el caso de México, además, hay todavía mucho que hacer. Aunque la tenencia colectiva de los bosques ya es un hecho, urge corregir la regulación para facilitar la producción forestal y la reinversión en esos espacios; es fundamental trabajar para construir vínculos de mercado más sólidos entre compradores y consumidores, y hay que corregir las políticas públicas para que incentiven, en lugar de frenar, el desarrollo sustentable de las regiones forestales.