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Las empresas forestales comunitarias de México son un ejemplo único en el mundo y con un enorme potencial

En México hay alrededor de 990 comunidades que cuentan con empresas forestales comunitarias. Unas 25 de ellas, con niveles de estructura y desarrollo muy avanzadas. Estas empresas comunitarias cuentan con aserraderos, producen triplay, generan productos de exportación. El resto, quizá con una menor integración, son una fuente importante de ingresos y empleos para las propias […]

AUTOR: Gerardo Suarez|21/12/2017

En México hay alrededor de 990 comunidades que cuentan con empresas forestales comunitarias. Unas 25 de ellas, con niveles de estructura y desarrollo muy avanzadas. Estas empresas comunitarias cuentan con aserraderos, producen triplay, generan productos de exportación. El resto, quizá con una menor integración, son una fuente importante de ingresos y empleos para las propias comunidades, destaca el investigador de la Universidad Internacional de Florida, David Barton Bray.

Explica que las empresas forestales comunitarias de México son un elemento que debería visibilizarse mucho más, “porque son un caso único en el mundo”. Ya que en México el 60 por ciento de los bosques están en manos de las comunidades, y “gracias a sus esfuerzos en acción colectiva, luchas sociales, apoyos institucionales y algunos estímulos de los mercados, sus empresas forestales comunitarias contribuyen de manera significativa a la conservación de los territorios forestales y al bienestar de cientos de comunidades campesinas”.

El Dr. Bray plantea que estas comunidades forestales tienen el potencial de cubrir la demanda interna de productos forestales del país (alrededor de 20 millones de metros cúbicos de madera). Hoy día, de los 15 millones de hectáreas de bosques y selvas con potencial productivo, solo 6 millones están bajo aprovechamiento, así que hay en México la posibilidad de incorporar 9 millones de hectáreas a esquemas de manejo productivo. Sin embargo, para que esto suceda es necesario que se incrementen los apoyos y esfuerzos institucionales para el fortalecimiento de este esquema comunitario de gestión de los recursos forestales.

En términos de la evolución de la política forestal, subraya el investigador, “en los últimos 40 años en México, en diferentes momentos, el gobierno sí ha apoyado a las empresas forestales comunitarias. Algunas veces de forma más decidida y otras veces en menor grado”.

David Bray, al referirse al papel de Estado, señala que “sí fue importante el estímulo al desarrollo forestal comunitario en determinados momentos; claro que eso hay que contextualizarlo con la acción colectiva y el vigor empresarial de las propias comunidades, que han logrado erigir al sector forestal mexicano; pero, en términos generales, el apoyo ha sido insuficiente, dada la importancia de estas empresas comunitarias para producir madera, conservar los bosques y el desarrollo social”.

Bajo la administración gubernamental actual, “el apoyo al modelo de manejo forestal comunitario ha sido claramente menor, en comparación con otras administraciones, pero espero que esto cambie y se recobre la importancia que, en verdad, tiene el sector comunitario”.

Barton Bray menciona que “el gobierno actual sí ha puesto empeño y ha intentado incrementar la producción, aunque no sé qué tanto lo ha logrado; las estadísticas disponibles no reflejan que la producción maderable haya cambiado”.

Además de recursos, “siempre se requiere de asistencia técnica y capacitación, por la rotación de los liderazgos en los ejidos y comunidades. También se requiere de un extensionismo forestal estable, en el que se pueda confiar”, añade.

Por otra parte, comenta que “el impacto del crimen organizado es algo que está pesando en las comunidades forestales. Se requiere más protección para las EFC, que no están supeditadas a esa condición de hostigamiento y que merma sus actividades”.

El investigador, con más de 25 años de experiencia en el tema de la silvicultura comunitaria, siguiere que “claramente México puede cubrir su demanda interna de madera a través de la producción comunitaria, y esto se puede obtener con una política forestal que claramente se comprometa con el modelo comunitario de manejo de bosques, con campañas de promoción de consumo de madera producida internamente y fortalecimiento de las empresas sociales”.

En relación con la producción y tráfico de madera ilegal en el país, refiere que “por ser ilegal, no hay números confiables de la magnitud del problema. La evidencia apunta a que el problema de la tala ilegal, no está en las comunidades que cuentan con un permiso de aprovechamiento. En realidad, la tala ilegal se da en lugares y regiones dónde los dueños de los bosques han perdido el control de sus territorios. En lugares donde los dueños de la tierra, no han logrado organizar el manejo y aprovechamiento del bosque debido a diversos factores, por ejemplo, lo complicado y complejo del proceso para obtener de un permiso de aprovechamiento.

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