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Si consideramos la riqueza de los bosques, de sus recursos maderables y no maderables, o de los múltiples servicios ambientales que proporcionan, concluimos lo evidente: estos ecosistemas son fuente fundamental de vida y de diversidad biológica.

Según un estudio del Center for International Forestry Research (CIFOR), que analiza el papel de los bosques en la seguridad alimentaria mundial, cerca de mil millones de personas dependen de los recursos forestales para sobrevivir.

Pese a la enorme productividad agrícola, existen cada vez más evidencias de que el incrementar continuamente y de manera indefinida la producción de alimentos no es la estrategia más adecuada para alimentar al mundo; más que un problema de cantidad, es mucho más importante enfocarnos en la calidad de los alimentos y en la manera en que se producen. De hecho, el gran peso que se le ha dado a la agricultura comercial –responsable de generar cuantiosos agentes contaminantes– aumenta el riesgo de que en futuro cercano, la población carezca de no sólo de alimentos de calidad, sino incluso de lo más básico para subsistir. Se trata de un modelo que no tiene como prioridad garantizar la seguridad alimentaria, sino sólo atender al mercado.

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En un estudio reciente de la FAO, se advierte que una de las principales causas de deforestación en el mundo es “la conversión de las tierras forestales a terrenos agrícolas”. Sin embargo, para incrementar la seguridad alimentaria no es necesario incurrir en la deforestación.

En realidad ambos sectores, el agrícola y el forestal, pueden colaborar para proporcionar los medios de subsistencia del mundo, y hacerlo mediante un modelo sostenible –y así garantizar que sus recursos sirvan a futuras generaciones. La investigación de CIFOR prueba que mientras la agricultura busca asegurar la alimentación, el bosque brinda los servicios ambientales indispensables para que la primera encuentre su camino hacia la sustentabilidad y, al mismo tiempo, permita hacer sostenible el suelo del bosque.

Pero, para que esta relación simbiótica se complete, es necesario implementar una gestión adecuada de ambos sectores. El bosque provee de servicios esenciales para la productividad agrícola, tales como la fertilidad de los suelos, la regulación del clima, el mantenimiento de las cuencas, la polinización, la dispersión de semillas, la infiltración de los acuíferos, los ciclos de nutrientes, protección contra la sequía y control de plagas, entre otros. Por otro lado, modelos de gestión del territorio tales como el manejo forestal comunitario, entre otras técnicas de paisaje multifuncional, como la agroforestería, ligadas a la conservación, son motor de estos beneficios. Además del aprovechamiento de madera a gran escala, el bosque provee múltiples recursos no maderables. Los frutos y plantas, los hongos, la leña y la carne de animales silvestres son algunos ejemplos que generan ingresos a las comunidades forestales y responden a su derecho a tener una dieta equilibrada y de calidad.

Por otro lado, mejorar las maneras en que se hace agricultura, podría ayudar notablemente a suavizar el cambio climático y las amenazas contra la biodiversidad. Se ha probado que mejorar los medios mediante los que se llega a la seguridad alimentaria coincide con medidas que provocan un aumento significativo de la cobertura forestal de estos territorios.

Para ilustrar lo anterior y demostrar los beneficios netos de los servicios ambientales en la seguridad alimentaria global, compartimos a continuación la investigación de la FAO: El estado de los bosques del mundo 2016, donde se analizan los casos de algunos países que han logrado con éxito la alianza agricultura-bosque a favor de una población con una mejor alimentación.

 

/Fotografía principal: CIFOR