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Los jóvenes rurales, un potencial en las comunidades forestales

Mariela Dzid Che, Aarón Burgos y Deybi Borges, son jóvenes del ejido Dziuche, en José María Morelos, Quintana Roo, que se dirigen al monte equipados con GPS, tablas de datos y pintura en aerosol. Hoy van a trabajar actividades de monteo y marqueo, es decir, van a inventariar árboles aprovechables en el área de corta […]

AUTOR: Gerardo Suarez|10/11/2017

Mariela Dzid Che, Aarón Burgos y Deybi Borges, son jóvenes del ejido Dziuche, en José María Morelos, Quintana Roo, que se dirigen al monte equipados con GPS, tablas de datos y pintura en aerosol. Hoy van a trabajar actividades de monteo y marqueo, es decir, van a inventariar árboles aprovechables en el área de corta del Ejido. Medirán cuántos árboles hay y de qué especies son, para comenzar con las labores de la operación forestal del ejido.

Estos jóvenes que no rebasan los 23 años de edad, también llevan el control administrativo de las operaciones del aprovechamiento forestal: se encargan del llenado de la documentación necesaria para el transporte de los productos forestales, controlan los volúmenes de extracción de madera y realizan informes de rendición de cuentas junto con la directiva ejidal.

En muchas comunidades y ejidos rurales de México, son limitadas las opciones de empleo y desarrollo. Para algunos grupos poblacionales como las mujeres y los jóvenes (mujeres y hombres) sin derechos agrarios la situación es más complicada, pues no tienen acceso a los recursos ni a la tierra, no son considerados en la toma de decisiones y se ven obligados a emigrar en busca de opciones de empleo.

En el municipio de José María Morelos, Quintana Roo, se está apostando por un modelo de formación de jóvenes para fomentar su inclusión en las actividades de manejo territorial y en un mediano plazo en la toma de decisiones en sus ejidos. A través de un componente de la estrategia de Impulso al Manejo Forestal Comunitario en la Península de Yucatán del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, jóvenes entre 17 y 24 años pertenecientes a los ejidos que participan en la Plataforma Forestal se integraron a un programa de formación técnica y humana que busca empoderar a estos actores y crear experiencias de participación efectiva que sirvan de aprendizaje para mejorar la gestión social de los recursos naturales en esta región de la Península de Yucatán.

Jóvenes en el manejo forestal

En este marco, los jóvenes de Dziuché participan en una formación técnica para desempeñar tareas relacionadas con el manejo forestal comunitario y prácticas sostenibles de aprovechamiento.

Además del componente técnico, las y los jóvenes participan en sesiones de formación humana y liderazgo que propician la participación organizada y les permiten recuperar sus valores indetitarios y culturales; intercambiar experiencias y visiones con otros jóvenes que enfrentan retos similares en sus comunidades.

Los jóvenes de zonas rurales tienen un acceso limitado a los servicios educativos por la poca oferta en estas regiones y la reducida disponibilidad de recursos económicos de sus familias para costearles los estudios.

De acuerdo con un análisis del CCMSS “el sistema educativo mexicano no tiene un enfoque que promueva en los niños, niñas y jóvenes un desarrollo humano en el campo y para el campo, lo cual fomenta la expulsión de la población hacia los centros urbanos, que deriva en la pérdida de la identidad cultural, el desarraigo a la tierra y el deterioro del capital social de las comunidades”.

Algunos jóvenes logran salir de sus comunidades para alcanzar niveles más elevados de educación y aspirar a mejores oportunidades de empleo, pero muy pocos deciden regresar a sus comunidades a poner en práctica sus habilidades y conocimientos. “De esta manera, el campo no sólo se queda sin jóvenes, sino además sin la posibilidad de de-construir y construir formas colectivas que aumenten la resiliencia de las comunidades rurales”.

Shirley Alejandra Rivero, una joven del ejido La Esperanza, comenta que “esta iniciativa del Consejo Civil es importante, porque muchos jóvenes como yo no tenemos ni idea de lo que ocurre en el ejido, no podemos entrar y formar parte de las asambleas y no sabemos ni con qué recursos cuenta el ejido”.

Añade que, si bien es cierto que no hay muchas oportunidades para que los jóvenes se integren a las actividades del ejido, “no toda la responsabilidad es de las instituciones ni de los ejidatarios. Nosotros como jóvenes, si queremos hacer algo debemos organizarnos y empezar a hacer las cosas, pero sí necesitamos de alguien que nos asesore”.

En una visita del grupo de los 34 jóvenes que participan en estos procesos formativos al ejido San Felipe Oriente para conocer el caso de éxito de la Cooperativa Caleña, en la que también participan varios jóvenes que forman parte de esta iniciativa; Vianca, del ejido Kankabchen, en José María Morelos, plantea que “los jóvenes tenemos la responsabilidad de cambiar la mentalidad de los ejidatarios, que por lo general son personas mayores con ideas muy arraigadas y que no ven más allá. Quieren ganancias inmediatas y no ven a futuro, por eso no se preocupan mucho por buscar opciones o hacer otras cosas”.

La joven resalta la importancia de conocer casos como el de Caleña, “porque así aprendemos que sí se pueden lograr experiencias positivas en las que participan jóvenes en sus propios ejidos”.

Por su parte, Aarón Burgos, quien estudió Ingeniería en Tecnologías de la Información y Comunicación en la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo, ubicada en el municipio de José María Morelos, tiene un amplio panorama de la importancia de la conservación de la biodiversidad y la selva para el bienestar de las comunidades.

Este joven de 23 años que participa en las actividades del aprovechamiento forestal de su ejido, destaca que “conforme nos vamos incorporando en las actividades del ejido los propios ejidatarios y la comunidad nos empiezan a tomar más en cuenta, demostramos que podemos aportar mucho, como el uso de nuevas tecnologías para una mejor gestión del ejido”.

Esta iniciativa, para promover esquemas de inclusión social en escenarios rurales de la Península de Yucatán, impulsada por el Consejo Civil, concertó acuerdos con las directivas ejidales para que permitieran la participación de los jóvenes que, a pesar de la renuencia inicial de los comisariados ejidales, al día de hoy ha dado luz a la posibilidad de que la participación de los jóvenes en los ejidos sea una realidad.

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