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Manejo forestal comunitario en Amanalco: vivir del bosque y para el bosque

El bosque significa más que árboles para las personas que viven en estos territorios. Es fuente de alimento, trabajo, medicamento, agua, aire limpio y protección. Los dueños de los territorios forestales son los principales procuradores de su conservación en buen estado, junto con toda la diversidad biológica que albergan.

AUTOR: Gerardo Suarez|16/07/2018

El bosque significa más que árboles para las personas que viven en estos territorios. Es fuente de alimento, trabajo, medicamento, agua, aire limpio y protección. Los dueños de los territorios forestales son los principales procuradores de su conservación en buen estado, junto con toda la diversidad biológica que albergan.

Basta salir una hora en carretera de la Ciudad de México para encontrar un bosque bien manejado, pero amenazado. En el municipio de Amanalco, en el Estado de México, las comunidades y ejidos realizan importantes labores de manejo y aprovechamiento de este importante bosque: realizan reforestaciones, brechas cortafuegos, podas, aclareos, bordos de retención de suelo y humedad.

“Estas actividades de mantenimiento del bosque cuestan mucho trabajo y tiempo, pero tenemos que hacerlas, dependemos del bosque para vivir y la gente que vive en las poblaciones vecinas también depende de que cuidemos estos recursos”, explica el señor Tomás Martínez, presidente del comisariado ejidal del ejido San Mateo.

Interrumpiendo por unos minutos sus labores de poda y aclareo en un cuadrante de ocho hectáreas, platica que el aprovechamiento forestal para la producción de madera es una actividad de gran importancia para el ejido, porque para muchos ejidatarios y sus familias es prácticamente su único ingreso.

Junto con su cuadrilla de 12 personas del ejido, Tomás detalla que el aclareo es importante para que el bosque sea más productivo y esté más saludable. “Cuando hay una alta densidad de arboles jóvenes tenemos que ver cuales son los que tienen mejor potencial de crecimiento y quitarles competencia para que puedan crecer, si los dejamos todos, ninguno alcanzará un buen diámetro”.

Las podas y obras de mantenimiento del bosque no son ocurrencias, todo está considerado en su Plan de manejo forestal, autorizado por la Protectora de Bosques (ProBosque), dependencia perteneciente al Gobierno del Estado y facultada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) federal, para la gestión de las autorizaciones de manejo y aprovechamiento forestal sustentable.

Estos bosques de Amanalco son altamente productivos y tienen excelentes tasas de crecimiento; sin embargo, las tasas de aprovechamiento establecidas en los planes de manejo son muy bajas, de apenas un 10 o 15 por ciento, cuando bien podrían ser del 30 o hasta 40 por ciento y sin comprometer la conservación del bosque y la biodiversidad.

El aprovechamiento forestal que hacemos no afecta al bosque, refiere Tomás, porque también realizamos monitoreo de presencia de biodiversidad, con cámaras de fototrampeo, y hemos notado la presencia de armadillo, coyote, tigrillo, coatí, lince, pavo de monte y muchos otros animales.

El municipio de Amanlco cuenta con 35 mil hectáreas de bosques que son de propiedad social. Este bosque tiene una importancia estratégica, ya que es fundamental para la captación de agua que escurre hacia la presa de Valle de Bravo, misma que alimenta el 40 por ciento del agua del Sistema Cutzamala.

El presidente del comisariado ejidal de San Mateo indica que su ejido cuenta con una superficie de 346 hectáreas, de las cuales 139 corresponden a áreas de bosque. Aunque es una superficie relativamente pequeña “nos permite tener un ingreso al final del año y si subiéramos la tasa de aprovechamiento los ingresos alcanzarían para realizar más actividades de mantenimiento del bosque”.

En el ejido lo componen 129 ejidatarios, de los cuales 26 son mujeres, y todos tienen que participar en las tareas del bosque. “Nos organizamos en faenas y grupos de trabajo y a quienes no asisten se les amonesta con más trabajo. Nos gustaría poder hacer más acciones de mejoramiento del bosque y las parcelas, pero eso cuesta dinero y trabajo”, subraya Tomás Martínez.

Hace diez meses asumió el cargo de presidente del comisariado ejidal por un periodo de tres años. Subraya que él no se postuló, que lo postularon otros ejidatarios pero que tiene el compromiso de trabajar y que lo hará con el ejemplo, “como hoy que estoy aquí con la cuadrilla en los trabajos de aclareo. Comenzamos a las 8 de la mañana y terminamos a las 3 de la tarde”.

Los cargos en San Mateo, como en la mayoría de los núcleos agrarios, no tienen remuneración salarial, “por eso muchas personas jóvenes no quieren entrarle porque tienen la responsabilidad de llevar el sustento a sus casas y las actividades absorben mucho tiempo. Somos ya los mayores lo que asumimos el cargo”, puntualiza.

Para el señor Tomás Martínez, de 58 años, vivir en el campo es lo mejor, rodeado de la naturaleza. “Yo soy productor de nopales y me gusta mucho hacerlo, además me gusta venir al bosque. No tengo un horario específico para hacer las cosas, pero las hago, todos las tenemos que hacer”.

A diferencia de sus hermanos, él decidió quedarse a vivir en Amanalco y no emigrar la ciudad. “Ellos tendrán más dinero, y habrán hecho mejor su casita, pero lamentablemente, están ya enfermos, de diabetes, hipertensión, estresados. La vida campesina es muy digna e importante, pero se requiere un impulso para que todo esto no se pierda. Que se reconozca mejor el trabajo de la gente del campo”.

 

Fotos: Prometeo Lucero.

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