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La forma más eficaz de combatir el cambio climático es a través de esquemas de recuperación y manejo comunitario de los ecosistemas forestales para que estos se conserven a futuro. Los bosques son una solución, probada y natural, para la mitigación de las emisiones de bióxido de carbono; y en nuestro país absorben el 20 por ciento de las emisiones totales de CO2.

José Carlos Fernández, especialista forestal de la FAO y del Programa de Naciones Unidas para la Reducción de Emisiones por Degradación y Deforestación (ONUREDD), planteó la necesidad de revisar la política forestal del país con el fin de hacer adecuaciones que permitan aprovechar el potencial que tiene los bosques para contribuir en el tema del cambio climático.

Detalló algunos de los factores que han impedido el crecimiento del sector forestal como son: la falta de armonización de las políticas públicas y de los subsidios; la falta de un reconocimiento claro del valor de los servicios ecosistémicos que proveen los bosques; y la falta de un compromiso publico por el manejo forestal sustentable”.

Durante su participación en el Conversatorio “El sector forestal y el cambio climático en el plan de gobierno que México necesita”, coordinado por la organización POLEA A.C. en la Cámara de Diputados, explicó que  la gestión sustentable de los recursos forestales es una estrategia de doble propósito que muy poco hemos aprovechado en México, pues al tiempo que proveen servicios ambientales de calidad, como la captura de carbono y la infiltración de agua para la recarga de mantos acuíferos; con el desarrollo de cadenas productivas locales, basadas en el manejo y aprovechamiento de los bosques y selvas, las comunidades dueñas de dichos recursos forestales podrían acceder a un mejor nivel de vida.

Estudios internacionales han comprobado que la mejor forma de conservar los bosques en el largo plazo es a través de esquemas de manejo y aprovechamiento sustentable por parte de las comunidades que los habitan, quienes, además, dependen en gran medida de estos ecosistemas para satisfacer sus necesidades de ingreso, alimentación y energía.

La importancia del impulso al manejo forestal comunitario para propiciar un escenario de desarrollo de las comunidades rurales y mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y los efectos del cambio climático debe expresarse claramente en las agendas de los aspirantes a ocupar la Presidencia de la República para el próximo sexenio y traducirse en políticas públicas y presupuestos acorde con la importancia que amerita el tema.

México es un país de vocación forestal, pues posee 138 millones de hectáreas con cobertura vegetal (que equivalen al 70 por ciento de la superficie nacional), de las cuales 66 millones de hectáreas son superficie arbolada.

De acuerdo con datos del Programa Nacional Forestal 2014-2018, solo 7.4 millones de hectáreas se encuentran incorporadas a un régimen de producción forestal, siendo que el país tiene un potencial de más de 15 millones de hectáreas para la producción; es decir, puede duplicar la superficie bajo manejo y aprovechamiento, sin comprometer su capacidad de absorción de carbono, por el contrario, la renovación del a cobertura vegetal permitirá una mayor capacidad de absorción de bióxido de carbono.

En el diseño presupuestario de la federación se evidencia claramente que los bosques y el sector ambiental no son una prioridad, puesto que en los últimos tres años se ha reducido el monto asignado a este sector en más del 50 por ciento. Esto, a pesar de que México se ha distinguido como un país protagónico en materia climática al suscribir convenios y compromisos de reducción de emisiones, de conservación y uso sustentable de la biodiversidad, entre otros.

El 56% de los bosques y selvas del país son propiedad de ejidos y comunidades, sin embargo, una regulación excesiva al aprovechamiento forestal, la falta de inversión en bienes públicos y la falta de transferencia de capacidades técnicas han obstaculizado el avance las comunidades.

Es urgente una revisión a fondo de la estrategia gubernamental de intervención en las regiones forestales de tal manera que se puedan acelerar los procesos de apropiación de los procesos productivos y se fortalezcan las capacidades comunitarias de manejo sustentable de bosques. Solo así se podrá aprovechar el potencial que tienen los bosques para contribuir a mitigar los efectos del cambio climático.