Las mujeres tienen las mismas capacidades que los hombres y por lo tanto las oportunidades de participación deberían ser igualitarias. Desafortunadamente, cuando alguna ejidataria toma la palabra en las asambleas, la mayoría de los hombres ignoran sus participaciones”, comenta María Candelaria Pech Noh, ejidataria de La Esperanza, en el municipio de José María Morelos, Quintana Roo.

Este escenario de inequidad es la realidad de todos los días de por lo menos 14 de cada cien mujeres en el estado de Quintana Roo[1], que aun cuando gozan de derechos agrarios se les obstruye el ejercicio de su voz y voto para la toma de decisiones en sus ejidos. Por otra parte, en municipios altamente rurales como José María Morelos, Q. Roo, en donde el 59 por ciento de la población vive en comunidades rurales, los poseedores de las tierras representan sólo un porcentaje que no incluye a todos aquellos hombres y mujeres que habitan y usan estos territorios.

“Esa mentalidad debería de cambiar y algunas personas sí están cambiando de actitud. Las mismas mujeres debemos hacer que eso cambie, porque muchas compañeras de nuestro ejido ni siquiera exigen sus derechos y cuando hay oportunidades de participar en proyectos se niegan a hacerlo, porque creen que no pueden”, detalla la señora María Candelaria.

Los indicadores clave de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) expresan que, a pesar de los avances, las mujeres rurales se encuentran en peores condiciones que los hombres rurales y que las mujeres y hombres urbanos; aun cuando “las mujeres rurales desempeñan una función clave de apoyo a sus hogares y comunidades para alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional, generar ingresos y mejorar los medios de subsistencia y el bienestar general en el medio rural. Contribuyen a la agricultura y a las empresas rurales y alimentan las economías, tanto rurales como mundiales. Pese a todo, cada día alrededor del mundo, las mujeres y niñas rurales se enfrentan a continuas limitaciones estructurales que les impiden disfrutar plenamente de sus derechos humanos y dificultan sus esfuerzos por mejorar sus vidas y las de aquellos a su alrededor”[2].

En este sentido, el desarrollo de sociedades sanas y fuertes depende de la participación efectiva de los actores que las componen. El impulso a las mujeres rurales a través de iniciativas que generen escenarios idóneos para una participación más equitativa, debe ser una prioridad. Con sus aportaciones y capacidades, las mujeres en la ruralidad podrán detonar un mayor nivel de desarrollo y bienestar comunitario.

Lool Ja’abin un vivero forestal manejado por mujeres 

María Candelaria, junto con otras 15 mujeres del ejido La Esperanza participa en un programa de formación de liderazgos comunitarios y de capacitación técnica para desarrollar iniciativas productivas asociadas al manejo del territorio. El colectivo de mujeres del vivero Lool Ja’abin, inició su formación luego de que la asamblea ejidal acordara la necesidad de su participación para la producción de planta forestal que enriqueciera el área de la selva aprovechada.

Esta acción, promovida por el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, impulsa en la región alternativas para la participación de las mujeres en el manejo forestal comunitario, mientras, de manera simultánea, se fortalecen principios de organización, liderazgos e identidad; y se trabajan nuevos conceptos referidos a la inclusión y la equidad de género.

“Cuando comenzamos éramos 30 mujeres las que se inscribieron para participar, pero cuando las compañeras se dieron cuenta que se tenía que trabajar, casi la mitad desistió”, comenta Dalia Maribel Briseño Yupit, quien también forma parte del colectivo de mujeres. Añade que los talleres en los que participan “se imparten en español y en maya, ya que la mayoría de las mujeres habla esta lengua indígena y el uso de la lengua maya genera en las integrantes confianza para su participación”.

La señora María Candelaria explica que el proceso de instalación del vivero “Lool Ja’abin”, en el que ya tienen una producción de siete mil plantas, fue complicado porque había resistencia por parte de la asamblea ejidal y la población en general. Sin embargo, ella cedió el terreno para instalar ahí el vivero y a cuatro meses de haber comenzado con la instalación, ya han logrado producir más de siete mil plantas forestales de las especies caoba, ramón, cedro y ciricote; que son de gran valor comercial y las principales especies que usa el ejido La Esperanza para la reforestación, luego del aprovechamiento forestal.

María Candelaria Pech manifiesta que, “las mujeres que integramos el equipo del vivero somos hijas, esposas o madres de los ejidatarios, y nos ha costado que respeten nuestro trabajo”. Subraya que “la rendición de cuentas y transparencia ante la asamblea ejidal, ha evitado las críticas al proyecto del vivero”.

Esta iniciativa se desarrolla en dos ejidos más de José María Morelos: Rancho viejo y San Felipe Oriente.

De mujeres y de carbón; iniciativa para el envasado de carbón

En el ejido San Felipe Oriente, del municipio de José María Morelos, opera la Cooperativa Carbón de Leña Verde (Caleña), conformada por ejidatarios y avecindados. Caleña acopia buena parte del carbón que se produce en el Ejido y lo comercializa a distintos destinos, entre ellos a corporativos hoteleros y cadenas restauranteras de la Riviera Maya.

Un grupo de 11 mujeres solicitó a Caleña la oportunidad de integrarse a su proceso productivo, generando valor agregado a la producción a través del envasado del carbón en presentaciones de 3 y 18 kilogramos. El espacio de participación para las mujeres es reconocido y valorado por los socios de la Cooperativa, debido a que representa un apoyo en la búsqueda de bienestar para sus familias, ya que son esposos o padres de las mismas, “nos sentimos mejor valoradas y participamos en las actividades, y también generamos un poco más de ingreso para la familia” indica Aholibama Bermudes.

La participación de las mujeres no se concentra en el envasado, sino que también realizan labores de promoción y comercialización al menudeo de las presentaciones de 3 kilos. “Salimos a la cabecera municipal de José María Morelos y otros pueblos a ofertar el producto y de a poco ya se va conociendo y vendiendo más”, comenta Deisy Araceli Borges.

El interés de las mujeres por hacer crecer la Cooperativa responde a sus propias expectativas, “que más allá de ser solo las esposas, estamos en vías de convertirnos en socias de Caleña”, destaca Deisy, quien lideró la fase de inclusión de las mujeres en el proceso de clasificación y envasado del carbón vegetal.

Las mujeres aportamos otra visión a las actividades, somos más observadoras y cuidadosas, por eso es importante que tanto mujeres como hombres participemos, porque eso enriquece más el trabajo. Por ejemplo, con el vivero, nosotras tenemos un mayor cuidado con las plantas para la reforestación. Son actividades complementarias que van a dar mejores resultados para el ejido y la Cooperativa”, subraya Amalia Leticia Borges Pool, participante del colectivo de mujeres del vivero forestal y futura socia de la Cooperativa Carbón de Leña Verde.

Algunas otras mujeres que se en encuentran en el proceso de vinculación con la Cooperativa, también forman parte del colectivo de mujeres que opera el vivero para la producción de plantas forestales. “Nos gusta trabajar, y aunque tenemos también otras responsabilidades con los hijos y el hogar, nos damos tiempo de generar un ingreso en el carbón y ahora en el vivero”, explica Aholibama Bermudes.

Este tipo de iniciativas, como la cooperativa de carbón y la operación de los viveros comunitarios, abre una oportunidad para que las personas que no detentan derechos agrarios puedan participar en actividades productivas que impacten directamente en el devenir de la comunidad y de una u otra manera, tomar las riendas de procesos que, a mediano plazo, pueden incidir en el desarrollo del ejido.

Un reto importante que enfrenta el medio rural mexicano, es el cambio hacia una política de inclusión y fomento al desarrollo de capacidades productivas, que reduzca la brecha entre los grupos que tienen derechos agrarios y el resto de la población.

[1] ONU-HABITAT, Reporte Nacional de movilidad urbana en México 2014-2015

[2] Nota informativa elaborada por el Grupo de acción interinstitucional sobre la mujer rural que dirigen FAO, FIDA y PMA