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Un estudio confirma que las empresas forestales comunitarias de México (aproximadamente 992) son económicamente rentables y mantienen el bosque en buenas condiciones, además de ser ambiental y socialmente más sustentables que sus competidores de otros países. El artículo,

Empresas forestales comunitarias en México: sustentabilidad y competitividad, fue publicado en el Journal of Sustainable Forestry, una de las revistas académicas estadunidenses de mayor prestigio en el sector. Una versión en español y acceso abierto, puede consultarse aquí.

El estudio, liderado por Frederick Cubbage, contó con la participación de investigadores del Banco Mundial, del Servicio Forestal de Estados Unidos y de la Comisión Nacional Forestal de México. En él, los autores concluyen que, “aunque hay una considerable variabilidad en las empresas forestales comunitarias mexicanas, en su mayoría son sostenibles a largo plazo, y la mayor parte de sus operaciones de manejo forestal y en la cadena de valor de la madera son rentables”.

Motosierrista-descansando-200x300Las empresas forestales comunitarias son aquellas formadas por ejidos y comunidades agrarias, las dos formas de “propiedad social” de la tierra presentes en México, y bajo las cuales caen dos terceras partes de los bosques del país. Se trata de cuatro mil 500 núcleos agrarios que tienen al menos 200 hectáreas de bosques, de los cuáles sólo la mitad aprovecha comercialmente los productos forestales, según cifras de la Comisión Nacional Forestal, y entre el 20 y el 25 por ciento hacen ellos mismos la extracción de la madera de la que son dueños, a través, precisamente, de estas empresas. En total, desde las que venden su madera en pie hasta las que la venden en rollo o tienen un aserradero y la venden en tabla, suman 992 empresas forestales comunitarias.

El estudio se concentró en las empresas comunitarias que venden en rollo o en tabla (250). De ellas, eligió una muestra de 30 con distintas capacidades y estados de desarrollo, ubicadas en los estados de Campeche, Chiapas, Chihuahua, Durango, Guerrero, Jalisco, México, Michoacán, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo y Veracruz.

En el análisis de estas treinta empresas forestales comunitarias, vio que, aunque los precios que ofrecen al mercado son superiores a los de sus competidores internacionales –muchas veces en varios órdenes de magnitud–, gran parte de ese sobreprecio se debe a la mayor sustentabilidad de las operaciones comunitarias mexicanas frente a las extranjeras, y los altos precios de la madera en México permiten compensar esa desventaja vendiendo en el mercado local.

Así, mientras gran parte de la madera que se ofrece en los mercados internacionales se obtuvo, por ejemplo, de plantaciones que sustituyeron a los bosques naturales, las empresas forestales comunitarias mexicanas destinan más de la cuarta parte de su territorio a la conservación de dichos bosques, y su madera se obtiene manteniendo la cobertura y diversidad forestales, no sustituyéndola. Además, un promedio de 13 por ciento de los ingresos que obtienen estas empresas se invierte en infraestructura y otros proyectos en las comunidades en las que operan.

El estudio también señala formas de mejorar esta situación, eliminando costos y reduciendo pérdidas. Por ejemplo, aunque las operaciones revisadas son rentables en el manejo del bosque en general (que incluye actividades como aclareos, manejo del fuego, vigilancia, etcétera), y en el aserradero, la extracción de madera del monte registra pérdidas. “Esto se explica, al menos en parte, por los altos costos laborales causados por la poca tecnología” utilizada, y porque 23 por ciento de la madera que se extrae se desperdicia, lo que aumenta los costos por metro cúbico.

Otro punto que encontró el artículo es que, aunque en los bosques templados del país, donde operan la vasta mayoría de las empresas analizadas, abunda el encino, su madera sólo se usa para consumo doméstico. De hecho, también el oyamel, que abunda en esos bosques, está subutilizado: cerca del 85 por ciento de la cosecha es de pino, poco menos de 8 por ciento es de oyamel, y poco más del 7 por ciento es encino, aunque éste último no se comercializa.