Para evitar la extinción de las abejas, urge cambiar el paradigma de producción agrícola


22 agosto, 2018, Por:

Para evitar la extinción de las abejas, urge cambiar el paradigma de producción agrícola

El modelo de producción agrícola en grandes superficies con monocultivos que emplea enormes cantidades de agroquímicos ha generado muchos problemas de degradación de los suelos, contaminación del agua, causado enfermedades en las personas y mermado a las poblaciones de polinizadores como las abejas.

El uso de fertilizantes, plaguicidas y herbicidas altamente tóxicos ha propiciado la muerte de miles de colmenas de abejas en México. Si no corregimos el camino en la producción agrícola y rescatamos las formas tradicionales de producir con prácticas agroecológicas enfrentaremos una severa crisis por falta de polinizadores, alerta María del Coro Arizmendi, investigadora de la UNAM y punto focal en México de la Iniciativa Norteamericana sobre Polinizadores (NAPPC, por sus siglas en inglés).

En el contexto de la muerte de cientos de miles de abejas en el Ejido Candelaria, del municipio de José María Morelos, en Quintana Roo, debido a la fumigación de un terreno con fipronil, un ingrediente activo considerado altamente peligroso por su elevada toxicidad para las abejas, Arizmendi, la mayor experta en polinizadores del país, analiza cuál es el problema de fondo y por qué necesitamos enfrentarlo ya.

La doctora en ecología explica que se debe discutir seriamente la utilización de pesticidas y herbicidas y lamenta que en México la regulación sobre su uso sea tan laxa, puesto que muchos de los compuestos que se emplean en el país están prohibidos en Europa y Estados Unidos, por los efectos negativos que causan a la salud humana y animal, así como a los ecosistemas y los cuerpos de agua.

Atender el tema de la conservación de los polinizadores como las abejas, las mariposas, los murciélagos y los colibríes ha sido muy complicado porque ha habido mucha resistencia por parte de los gobiernos, que no dimensionan la importancia real que tienen estas especies.

Se calcula que el 90 por ciento de los cultivos requiere de las labores de polinización de estas especies, por lo que si nos quedamos sin polinizadores sería inviable la producción de alimentos.

La especialista plantea que, así como copiamos modelos de producción agrícola industriales, es posible adoptar estrategias de producción comercial sustentables que se emplean en Europa, con técnicas agroecológicas y una regulación estricta sobre el uso de agroquímicos.

Además, añade, el modelo agroindustrial no es tan rentable como parece, porque luego de unos años utilizando tantos productos químicos, el suelo queda inservible y cada año se requiere de más cantidades para sostener la producción, lo cual incrementa sus costos. “¿Por qué no intentamos adoptar las iniciativas internacionales de protección de los polinizadores?”, pregunta.

La deforestación, otra amenaza para las abejas

María del Coro Arizmendi, quien también es secretaria técnica de la Secretaría de desarrollo institucional de la UNAM, explica que los agroquímicos no son la única amenaza para las abejas; la deforestación es igual de grave, porque las abejas requieren de los bosques y selvas, u otro ecosistema natural para reproducirse, y al no contar con esas condiciones ecológicas también podemos enfrentar una pérdida muy grande de poblaciones de estos insectos.

“Se tiene que fortalecer el esfuerzo de lograr la tasa de cero deforestación y de restauración de las superficies deforestadas”, indica.

Lo peor es que, muchas de las superficies de bosques y selvas que se deforestan se convierten en potreros para el pastoreo del ganado y la producción de pastos que no tienen floración y, por lo tanto, no hay presencia de abejas.

Una tragedia que podemos evitar

Estados Unidos perdió prácticamente todas sus abejas y uno de sus agronegocios más rentables estuvo a punto de ir a la quiebra, y si en México no cambiamos de paradigma en la producción agrícola nos enfilamos hacia ese precipicio.

En los años 60 se sembró una gran superficie de almendros en California, Estados Unidos; en esa región se producen prácticamente todas las almendras que se venden a las compañías que procesan el chocolate.

Añade que California es de los pocos lugares en Estados Unidos donde se dan bien las almendras por su clima. Sin embargo, en los años 70 bajó considerablemente su producción y se hicieron estudios para ver a qué se debía la baja de la producción y descubrieron que tenía que ver con la disminución de las poblaciones de abejas.

Con el proceso de africanización de las abejas, las colmenas se volvieron más difíciles de manipular para producir miel, por lo que los apicultores decidieron dejar la actividad; asimismo, las prácticas de fumigación masiva exterminaron a las colmenas. Como no había polinización, es decir, el proceso de transferencia de polen a los almendros para la producción de la fruta y las semillas, no había almendras.

Para resolverlo, primero decidieron contratar a personas para que hicieran la polinización manual, un proceso extremadamente laborioso y costoso. Ese costo de la polinización no era rentable, además, no daba tiempo para polinizar tanta superficie porque la flor tiene un cierto periodo de vida en el que se tiene que llevar a cabo la polinización.

La segunda apuesta fue traer abejas de los estados del norte, en los que por las condiciones de bajas temperaturas las abejas africanas no pudieron llegar. Los apicultores comenzaron a rentar sus colmenas para llevarlas a los campos de California, la estrategia funcionó, pero como se liberan todas las abejas en los campos pronto se registraron severos problemas de enfermedades que mataron a muchas abejas. Al estar todas en contacto, las que tenían alguna enfermedad contagiaron al resto.

“Toda esta complejidad ocurre con un solo cultivo, y esto se pudo haber prevenido”, destaca la especialista.

El negocio de las abejas

Los apicultores de Estados Unidos encontraron un gran negocio en la renta de las abejas para la polinización, tanto así, que ya dejaron de producir miel, para importarla de países como China y, en menor medida, de México. En el invierno, cuando las abejas regresan al norte luego de la polinización en los campos de almendras, descansan para recuperarse y volver a polinizar al año siguiente. Ya no producen miel.

En México también se venden y rentan abejas para labores de polinización y para el mejoramiento de las colmenas.

Para la producción del tomate verde se importan abejorros que polinicen las plantas. Como hay escasez de abejorros en la región norte del país, se importan y se liberan en los invernaderos, pero luego de la polinización ya no se toman la molestia de volver a capturarlos y los abejorros escapan.

La doctora María del Coro señala que hay estudios científicos que indican que estos abejorros están desplazando a las variedades nativas y están propiciando su extinción. Los abejorros importados son más grandes y agresivos y pueden ser peligrosos para la gente y los animales.

“Debemos invertir en buscar mejores soluciones y dejar de gastar en cosas que ya no valen la pena. En la Sagarpa hay un departamento muy grande trabajando en la des-africanización de las abejas, eso ya no se va a poder hacer porque ya todas las abejas son híbridas, ‘están africanizadas’, que mejor esas personas se dediquen a hacer otras cosas para la conservación de las abejas”, propone.

Espera que “el nuevo gobierno nos haga caso, tenga sensibilidad, y agarre el toro por los cuernos, sino nos va a pasar lo que les pasó en Estados Unidos”.

Debemos buscar otras opciones productivas, no solo lo industrializado. Con los químicos nos quedaremos sin polinizadores, sin suelo, con agua contaminada y mucha gente enferma. La agricultura industrial nos va a llevar al apocalipsis, tendremos que voltear a mirar las prácticas de producción orgánicas que tan buenos resultados han dado durante miles de años a muchas civilizaciones.

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