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Producir conservando, apuesta para mejorar el bienestar de las comunidades rurales

La región sur-sureste de México es la de mayor pobreza del país, de mayor marginación pero, también la de mayor riqueza cultural, de especies y ecosistemas. “Esta riqueza no se puede volver riqueza para la gente que habita esos territorios si no se le da valor. Es una riqueza teórica, académica, no es la que […]

AUTOR: Gerardo Suarez|27/11/2018

La región sur-sureste de México es la de mayor pobreza del país, de mayor marginación pero, también la de mayor riqueza cultural, de especies y ecosistemas. “Esta riqueza no se puede volver riqueza para la gente que habita esos territorios si no se le da valor. Es una riqueza teórica, académica, no es la que permite que la gente coma, que sirva para comprar medicinas, para que las familias puedan mandar a sus hijos a la escuela”, resalta José Sarukhán Kermes, Coordinador general de la Comisión nacional para el conocimiento y uso de la biodiversidad (Conabio).

Hay cientos de casos de proyectos productivos comunitarios que son ejemplos de que sí se puede generar valor con el manejo de los recursos naturales y conservarlos al mismo tiempo. Cientos de comunidades rurales manejan sus bosques y selvas y esto les ha permitido mejorar su bienestar. Además, “estas actividades no son contrarias a la conservación de esos ecosistemas, por el contrario, les dan un mantenimiento adecuado”, detalla.

Los casos de comunidades sostenibles no son novedosos, porque en México ha habido esfuerzos salidos de las comunidades que son de gran reconocimiento internacional.

En el marco de la inauguración de la Exposición Producir Conservando. Biodiversidad y Comunidades Sostenibles, que alberga el Museo Universum de la UNAM, Sarukhán destacó que “México es el país que tiene el mayor número de empresas forestales comunitarias certificadas internacionalmente como sustentables. Hay empresas forestales comunitarias de México que son verdaderamente exitosas, el caso que mejor conozco es Ixtlán de Juárez, y como Ixtlán hay muchas otras comunidades forestales”.

Plantea que la mejor forma de resolver los problemas de marginación social y económica de la gente que vive en el campo no es a través de forzarlos a hacer agricultura en lugares donde no se puede practicar la actividad, como actualmente hacen las políticas públicas.

Sugiere que se debe impulsar a las comunidades a que manejen sus territorios y sus recursos naturales. “Empujando a algunos de los productos que se obtienen de manera amigable con la biodiversidad para que tengan una mejor percepción en el mercado y sean mejor valorados socialmente, esto ayudará a que la gente que los produce pueda vivir mejor”.

José Sarukhán resalta que fortalecer a las comunidades en sus emprendimientos productivos sostenibles no requiere grandes fortunas, “se trata de apoyos muy específicos con pocos recursos, con un acompañamiento y capacitación que les permita desarrollar sus actividades con una mejor administración y con estrategias de comercialización. Lo demás es dejar esos proyectos en sus manos. Algunas empresas comunitarias pueden fallar, eso es obvio, pero muchas lo harán muy bien”.

El también exrector de la UNAM refiere que “prácticamente la única dependencia que se dedica a atender al campo, entendido como el sector rural, en términos de apoyos productivos es la Sagarpa, y solo el 17 por ciento de la superficie de la Republica tiene vocación agrícola. Esto deja ver claramente una enorme asimetría en el asunto; y se gastan grandes cantidades de dinero en la cuestión agrícola, que no necesariamente van a dar a las manos de las personas que si viven en las regiones rurales más marginadas del país”. Plantea que debe haber un cambio enorme en el enfoque de las políticas públicas para el desarrollo y para el soporte de estas comunidades rurales, que son el quintil más pobre del país.

Reitera que México es un país forestal, es decir, de recursos naturales, no necesariamente de bosque, porque hay zonas que no tienen bosque, pero que tienen muchos otros grandes elementos que pueden tener valor económico local muy importante.

Apoyar el desarrollo de proyectos productivos de familias campesinas no necesariamente se reflejará en el Producto Interno Bruto nacional, “pero yo siempre he dicho que el producto interno bruto no se come, lo que se come es lo que la gente produce o puede comprar con sus productos en cada localidad”, apunta.

Con el fortalecimiento de los emprendimientos comunitarios rurales se genera un cambio total en la economía local, aunque eso no se note para nada en las cuentas nacionales. Indica que “requerimos una política de apoyo a las comunidades que habitan las regiones rurales para que fortalezcan sus iniciativas, no que les den recetas de fuera: se requiere de capacitación y acompañamiento. Se necesitan apoyos para el desarrollo de la gente, que los convierta en empresarios que manejan sus territorios y recursos naturales”.

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