¿Qué está matando a las abejas y qué hacemos para detener la perdida de polinizadores?

Como resultado de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica (COP14), que se realizó en diciembre en Egipto, la Convención implementará un Plan de Acción 2018-2030 para la conservación y uso sostenible de los polinizadores.

Esta decisión es muy importante para la salud y el bienestar humano, puesto que alrededor del 90 por ciento de las plantas, de forma total o parcial, dependen de los polinizadores, como las abejas, las mariposas o los murciélagos. Muchas de estas plantas producen los alimentos que consumimos diariamente, incluso cultivos como la soya que no depende de polinizadores animales, tiene muchos mejores rendimientos cuando hay presencia de polinizadores como las abejas.

De acuerdo con el informe elaborado por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), en años recientes se ha observado una marcada disminución de algunos taxones de polinizadores. Las evaluaciones de riesgos sobre la situación de los insectos polinizadores silvestres, por ejemplo, las abejas y las mariposas, indican altos niveles de amenaza con proporciones de especies amenazadas a menudo superiores al 40%.

Las principales causales de la pérdida de polinizadores son la fragmentación de hábitats, el cambio en el uso de la tierra, los productos químicos agrícolas e industriales, los parásitos y las enfermedades y las especies exóticas invasoras.

Además, se ha documentado que el cambio climático y las prácticas agrícolas intensivas como el monocultivo, el uso de plaguicidas y de organismos vivos modificados son amenazas severas para las poblaciones de polinizadores. Los plaguicidas tienen efectos tanto letales como subletales en las abejas, y la combinación de diferentes factores puede aumentar la presión total sobre los polinizadores.

Cada vez es mayor nuestra dependencia de los polinizadores, pues constituyen un vínculo importante para la agricultura, la actividad forestal, la diversidad biológica, la salud, la seguridad alimentaria, la inocuidad de los alimentos y la nutrición.

En este sentido, indica la resolución adoptada por el Convenio sobre Diversidad Biológica, del cual es parte México, que “las medidas respetuosas con los polinizadores podrían aumentar la productividad y la sostenibilidad, así como contribuir a la viabilidad y rentabilidad a largo plazo de los sistemas de producción de alimentos”.

¿Qué hacer para conservar a los polinizadores?

El Plan de Acción 2018-2030 de la Iniciativa Internacional sobre Polinizadores plantea que se tiene que trabajar en tres elementos: políticas y estrategias favorables; implementación en el terreno y participación de la sociedad civil y el sector privado.

Sobre el primer elemento se destaca la necesidad de “apoyar la implementación de políticas coherentes e integrales para la conservación y la utilización sostenible de los polinizadores a nivel local, subnacional, nacional, regional y mundial, y promover su integración en planes, programas y estrategias sectoriales e intersectoriales”.

Asimismo, estas políticas deberán ser transversales y estar en concordancia con las iniciativas de agricultores y apicultores, que son quienes manejan la tierra y conocen mejor su actividad productiva. Es importante, también, reconocer a los polinizadores como elementos claves para la conservar la integridad de los ecosistemas y su conectividad.

El plan también refiere el apoyo para el desarrollo de la capacidad para proporcionar orientación sobre las mejores prácticas de gestión de los polinizadores y la polinización apoyando la incorporación de soluciones basadas en la naturaleza en los servicios de divulgación, el intercambio entre agricultores y las redes de agricultores que intervienen en investigaciones.

Con respecto a los plaguicidas y agroquímicos se deben aplicar reglamentos eficaces para su uso o la prohibición de su utilización.

Es necesario reducir el uso de los plaguicidas existentes, “incluidos los plaguicidas cosméticos y los productos químicos agrícolas que sean nocivos o representen un riesgo inaceptable para los polinizadores, y eliminarlos gradualmente, así como evitar el registro de aquellos que sean perjudiciales o representen un riesgo inaceptable para los polinizadores”.

Esto implicaría reducir los incentivos públicos para la compra y utilización de este tipo de productos. En México se comercializan plaguicidas altamente tóxicos que están prohibidos en otros países y que han causado graves problemas de salud humana y mortandad de polinizadores como las abejas.

Para la implementación del Plan de Acción 2018-2030 de la Iniciativa internacional para la conservación y la utilización sostenible de los polinizadores, hay que “desarrollar, mejorar e implementar periódicamente los procedimientos de evaluación de los riesgos de plaguicidas, semillas recubiertas de plaguicidas y organismos genéticamente modificados para tener en cuenta las posibles repercusiones y efectos acumulativos, incluidos los efectos subletales e indirectos, para polinizadores silvestres y gestionados (incluidas las fases de huevo, larva, crisálida y adulta), así como para otras especies no buscadas”.

Además, es fundamental promover la utilización de sistemas biológicos de control de plagas integrales.

De igual importancia, destaca el Plan de Acción 2018-2030, es “proteger y promover los conocimientos indígenas y tradicionales, las innovaciones y las prácticas relacionados con los polinizadores y la polinización”, por ejemplo, el diseño de colmenas, la administración de recursos polinizadores y formas tradicionales de entender los impactos de los parásitos.

Para ello, hay que apoyar los enfoques participativos para la identificación de características diagnósticas de nuevas especies y el monitoreo. Así como, “proteger los derechos territoriales y los sistemas de tenencia de la tierra establecidos para la conservación y la utilización sostenible de los polinizadores”.

En campo, para asegurar hábitats apropiados para los polinizadores y promover tanto agroecosistemas como sistemas de cría de polinizadores que sean sostenibles, “se debe hacer frente a los impulsores directos e indirectos de la disminución de los polinizadores,” es decir la deforestación, los plaguicidas, los monocultivos, la contaminación y el cambio climático. La mejora de las medidas de gestión para los polinizadores incluye prestar atención a la cría de abejas melíferas y otros polinizadores.

Una muy buena estrategia es el fomento de la diversificación de los sistemas agropecuarios y los recursos alimentarios, así como los hábitats de polinizadores resultantes a través de enfoques agroecológicos y de jardines domésticos, tales como la rotación de cultivos, los cultivos intercalados, la agrosilvicultura, la gestión integrada de plagas, la agricultura orgánica y la intensificación ecológica.

En el sector forestal, es necesario abordar la gestión respetuosa con los polinizadores y las necesidades de los polinizadores. Por lo que es indispensable evitar o minimizar la deforestación, las prácticas de gestión forestal nocivas y otras amenazas que afectan negativamente a los polinizadores silvestres y a la apicultura tradicional.

La iniciativa propone promover sistemas de agrosilvicultura y silvicultura que garanticen hábitats heterogéneos formados por especies nativas, los cuales ofrecen recursos florales y de anidamiento diversificados para los polinizadores; e incluir consideraciones relativas a los polinizadores en las reglas para los sistemas de certificación de gestión forestal sostenible.


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