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Los bosques del mundo tienen una función crucial para el planeta. Su protagonismo en la captación de carbono, la conservación de la biodiversidad y el servicio de cuencas hidrográficas es algo que hoy alguien difícilmente cuestionaría. Sin embargo, el papel que juegan los bosques no termina ahí, ya que existen 1,600 millones de personas que dependen de sus recursos para subsistir.

De lo anterior se desprende que gobiernos alrededor del mundo enfrenten un reto doble, y de monumental relevancia, para diseñar políticas más efectivas en materia forestal. Y es que no solo se trata de cómo conservar los bosques , sino cómo facilitar su aprovechamiento por parte de la población que depende de ellos –lo cual obviamente tiene que ocurrir dentro de un marco de sostenibilidad–.

Ante este desafío se consideraba, hasta hace poco, que la mejor respuesta eran las políticas orientadas a reforzar la regulación, tanto en cantidad como en intensidad. Pero a partir de la experiencia obtenida tras aplicar esta directriz en diversos países, hoy podemos concluir que lo que los bosques necesitan son regulaciones más inteligentes y, sobretodo, participativas.

El análisis “Repensando las regulaciones forestales”, elaborado en 2016 por la Rights and Resources Initiative (RRI), concluyó que, por un lado, la mayoría de países acusan una excesiva regulación y, por otro, las leyes forestales debieran reformarse para así obtener mejores resultados que los hasta ahora conseguidos.

En este proceso de reimaginar las regulaciones forestales para, posteriormente, adecuar el marco jurídico, existe un aspecto clave: no solo es prioritario tomar en cuenta en el contenido de las regulaciones a las comunidades que habitan, y en casos como México incluso poseen legalmente, los bosques; su inclusión debiera ocurrir desde el proceso mismo de la elaboración de dichas reformas.

La forma en que se escriben las regulaciones reviste igual importancia, mientras que el proceso es al menos tan importante como el contenido de las propias regulaciones. Al establecer procesos más positivos y colaborativos, los gobiernos y las partes interesadas podrían desarrollar de forma conjunta marcos regulatorios más resilientes, de acuerdo a una visión en común sobre lo que es importante y el modo de velar por el disfrute a largo plazo de los bosques por parte de la sociedad, al igual que su debida protección.

El análisis incluye una serie de “principios para repensar las regulaciones gubernamentales”, los cuales debieran ser considerados al momento de diseñar una reforma a las leyes forestales. A continuación los enlistamos brevemente:

  1. Las regulaciones forestales establecidas mediante la colaboración eficaz y significativa de los ciudadanos y las partes interesadas son más perdurables.
  1. El gobierno debe hacer únicamente lo que ningún otro actor puede hacer: Establecer condiciones favorables para todos los titulares de derechos y facilitar procesos para velar por la rendición de cuentas.
  2. El reconocimiento y el mantenimiento de los derechos consuetudinarios locales a la tierra es un aspecto fundamental.
  1. Una regulación eficaz se centra en los resultados públicos más importantes y diseña otras regulaciones, según corresponda.
  1. Se debe reconocer y abordar la necesidad de adaptar las regulaciones de manera continua.

Consulta el análisis completo aquí

*Imagen: Servindi