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Sin bosques y comunidades no hay Monarca

La mariposa monarca es el símbolo del estado de Michoacán. Su gran travesía de más de 4 mil 500 kilómetros cada año, volando desde Canadá hasta los bosques michoacanos de México, así como su gran belleza, le han valido la denominación de monarca. Esta migración de las mariposas representa el medio de vida para miles […]

AUTOR: Gerardo Suarez|15/02/2019

La mariposa monarca es el símbolo del estado de Michoacán. Su gran travesía de más de 4 mil 500 kilómetros cada año, volando desde Canadá hasta los bosques michoacanos de México, así como su gran belleza, le han valido la denominación de monarca.

Esta migración de las mariposas representa el medio de vida para miles de familias que habitan en las regiones forestales en las que se asientan las monarcas durante el invierno. A través de emprendimientos comunitarios de turismo ecológico, como el Centro de cultura para la conservación de la mariposa monarca de Sierra Chincua, del ejido Cerro Prieto, las familias pueden hacerse de ingresos gracias al turismo que visita su bosque para contemplar a las mariposas.

El ejido Cerro Prieto, conformado por 36 ejidatarios -de los cuales 12 son mujeres-, recibe a alrededor de 60 mil visitantes por año. Sus 330 hectáreas de bosque conservado en perfectas condiciones gracias a las labores de manejo, reforestación y vigilancia son un ecosistema ideal para la visita de las mariposas monarca. Esto llama el interés de visitantes nacionales y extranjeros que están dispuestos a pagar por ver este impresionante fenómeno natural.

El señor Carmen Martínez Colín, presidente del comisariado ejidal de Cerro Prieto, comenta que desde el año de 1996 la comunidad comenzó, formalmente, a ofrecer servicios de ecoturismo en su ejido. “En ese tiempo las colonias de mariposas que venían eran enormes y con el paso del tiempo han disminuido y cambiado sus hábitos y la temporalidad de su visita a los bosques de México. Por el cambio climático y fenómenos climáticos extremos, como ciclones y huracanes, las poblaciones de mariposas se han reducido, aunque en este año hubo un incremento en el número de mariposas, casi el doble con respecto a 2017”.

El ejido cuenta con tiendas y pequeños restaurantes familiares en los que se emplean las familias de los ejidatarios. Asimismo, los hijos de los ejidatarios ofertan recorridos a caballo para llevar a los visitantes a la zona donde se concentran las mariposas.

El parque ecoturístico genera más de 200 empleos directos en la temporada en la que las mariposas visitan su bosque, que va de los meses de octubre a abril del siguiente año. En temporada baja, se mantienen más activos más de 65 empleos. Prácticamente todos los habitantes de Cerro Prieto viven del bosque.

Cuando las personas no pueden emplearse en el ejido tienen que migrar a ciudades como Querétaro, Morelia o la Ciudad de México para buscar empleos, generalmente en obras de construcción.

Aunque su parque ecoturístico cuenta con zona de camping, están trabajando en mejorar su infraestructura para poder ofertar cabañas de descanso y otras atracciones que les permita atraer visitantes durante todo el año.

La región de Sierra Chincua, en el municipio de Angangueo, que forma parte de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca, enfrenta serias amenazas como la tala clandestina y el cambio de uso de suelo ilegal, que ponen en predicación la migración de la mariposa monarca a esta región y, por ende, los medios de vida de todas las familias que habitan esta región forestal.

“La gente y las autoridades deben valorar la importancia del bosque, para el ejido significa el medio de vida, pero además para toda la sociedad les brinda agua, aire limpio y fresco. Nosotros los cuidamos y protegemos mucho porque queremos dejarlo como legado para nuestros hijos y nietos”, asevera Carmen Martínez, presidente del comisariado ejidal.

Hacia una verdadera compensación por servicios ambientales

Los ejidatarios y algunos esfuerzos institucionales han logrado mitigar, en cierta medida, el avance de la tala clandestina y han contribuido a la restauración de la Reserva, sin embargo, el clandestinaje de madera aun no se ha detenido del todo. Además, el avance de la fiebre por el aguacate es una de las mayores amenazas para los bosques de todo el estado y no parece haber freno para convertir los bosques en huertas aguacateras en el mediano plazo.

La presión económica sobre los bosques michoacanos los vuelve prácticamente indefensos, pues una hectárea de aguacate puede generar 450 mil pesos por año. Estos bosques podrían tener contados sus días de vida si no hay un verdadero compromiso por detener el cambio de uso de suelo.

Los esquemas de pagos por servicios ambientales como el de la Comisión Nacional Forestal son insuficientes para llevar a cabo las actividades de manejo que el bosque requiere. En el ejido Cerro Prieto cuentan con una superficie de 300 hectáreas bajo el esquema de PSA, lo que les representa un ingreso anual de 90 mil pesos, suma que no alcanza ni para cubrir las actividades de manejo y conservación, como apertura y mantenimiento de brechas cortafuego, reforestaciones, chaponeos, cuadrillas de vigilancia y control de plagas.

El bosque de Sierra Chincua tiene una gran importancia ambiental, pues además de ser el hábitat de la mariposa monarca, contribuye a la recarga de acuíferos que alimentan al Sistema Cutzamala, también es el hogar de una gran diversidad de especies de flora y fauna como el puma, coyote, salamandras y una gran variedad de aves.

Las comunidades que manejan de forma sostenible los bosques en la parte alta de las cuencas no reciben una retribución que refleje el verdadero valor de los servicios ambientales que genera su labor. Los usuarios de grandes volúmenes de agua como las compañías refresqueras, cerveceras, mineras y otras industrias reciben, sin duda, enormes beneficios por el buen estado de conservación de los bosques, sin embargo no lo retribuyen a las comunidades que son las dueñas de los territorios forestales y que con su trabajo contribuyen significativamente al mantenimiento de los servicios ecosistémicos.

Por su parte, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) invierte miles de millones de pesos en labores de potabilización y desazolve de tuberías y canales, y no invierte en mejorar las prácticas de manejo de cuencas para evitar la pérdida de suelo que genera esos problemas de contaminación del agua y azolvamiento en los sistemas de suministro.  La contribución de Conagua al manejo de la cuenca podría mejorar los ingresos de las familias que habitan esas regiones, conservar las cuencas de alto valor hídrico y reducir sus costos operativos.

 

Fotografías: Enrique Abe