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Comunidad indígena de Oaxaca conserva su bosque para mantener viva su cultura e identidad











Sinopsis:

La comunidad indígena de Santa Cruz Tepetotutla, en la Sierra Norte del estado de Oaxaca, conserva más de 9 mil hectáreas de bosques comunitarios. “Nosotros amamos nuestro espacio, valoramos los beneficios que nos ofrecen los recursos naturales y con el ánimo de retener a nuestros hijos en nuestro territorio, decidimos emprender un programa de conservación voluntaria del bosque,” asegura Pedro Osorio Hernández, que actualmente es guía de ecoturismo en la comunidad y ha sido presidente de bienes comunales.

Conservar el bosque no significa que uno no pueda entrar ni tocarlo, se trata de hacer actividades productivas sustentables que no le generen impactos negativos.  Por ejemplo, explica Pedro, “nosotros producimos miel, café y madera, pero además hacemos conservas y mermeladas y recolectamos leña, frutos y hongos del bosque sin dañarlo.” Asimismo, cuentan con rutas de senderismo y actividades de ecoturismo que generan ingresos y empleos para la comunidad.

Esta comunidad indígena ve en el manejo sustentable de su territorio una oportunidad de conservar su identidad cultural a través del manejo de sus recursos naturales. “La conservación le da un valor agregado a nuestro espacio, y eso es bueno porque queremos generar ingresos y empleos sustentables para mantener viva nuestra cultura y biodiversidad,” destaca.

Pedro Osorio plantea que para Santa Cruz Tepetotutla “es un gran orgullo, conservar nuestro bosque con actividades sustentables, porque somos comunidades marginadas y si no generamos empleos en nuestra comunidad tendríamos que migrar a otros espacios, y como no tenemos estudios ni recursos, nos es muy complicada la vida en otros lados.”

En cambio, “en nuestro territorio nosotros somos autoridades y tenemos control de nuestros recursos. No nos discriminamos en nuestra propia comunidad, como sí ocurre cuando tenemos que migrar a buscar trabajo,” subraya.

Llevar a cabo actividades de conservación del territorio, ha sido una decisión colectiva de mucha importancia. Santa Cruz Tepetotutla, comunidad indígena chinanteca, también decidió formalizar su decisión de destinar una importante área de su territorio a la conservación y gestionó su registro ante la CONANP como una Área Destinada Voluntariamente a  la Conservación (ADVC).  Este registro ha convertido a este territorio comunitario en una “Área Protegida” formalmente, pero con la diferencia de que esta es propiedad de la comunidad y es administrada por los comuneros.  Así Santa Cruz se suma a las 385 ADVC que se tienen registradas en México con una superficie que supera ya las 400 mil hectáreas.

En esta Área de Conservación Voluntaria no solo se trata de mantener en pie su bosques y biodiversidad para la provisión de servicios ecosistémicos, como la recarga de mantos acuíferos, generación de aire limpio, captura de carbono, belleza escénica, entre muchos otros; sino que “al conservar nuestro espacio conservamos nuestra cultura, tradiciones, fiestas y gastronomía. A eso nos referimos con conservación, al manejo integrado del territorio para que se mantenga, para que contribuya al bienestar de la sociedad actual y para dejarlo como legado para nuestros hijos y nietos.”

La comunidad de Santa Cruz tiene una población de 700 habitantes y una superficie de 11 mil hectáreas, de las cuales 9 mil 570 están destinadas a la conservación. Sin embargo, no son los únicos que creen en este mecanismo de conservación activa de sus bosques y recursos naturales, junto con otras tres comunidades conforman un corredor regional de bosques destinados a la conservación de más de 26 mil hectáreas. Este corredor lo integran, además de Santa Cruz, San Antonio del Barrio, San Antonio Analco y San Pedro Tlatepusco.

Esta iniciativa comunitaria lleva operando ya más de 10 años y ha contado con el apoyo decidido de Geo Conservación una asociación civil comprometida con el desarrollo sustentable de las comunidades oaxaqueñas y que es parte del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.

Iniciativas como estas existen pocas, pero nos muestran la importancia del papel que juegan las comunidades locales en la conservación del capital natural y la importancia de generar políticas públicas que favorezcan el desarrollo comunitario e impulsen la gestión sustentable de los territorios comunitarios.

Algo importante está ocurriendo en este bosque de México

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Sinopsis:

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La Cuenca Amanalco-Valle de Bravo es un complejo fascinante. Incluye más de 35 mil hectáreas de bosque, casi 18 mil agrícolas y aloja a 53 ejidos y comunidades rurales. Además, tiene casi dos mil hectáreas de cuerpos de agua desde los cuales, por cierto, se abastece cerca del 10% del agua que consume la Ciudad de México.

Pero más allá de estas cualidades, en Amanalco ocurre algo muy especial. Las comunidades que ahí habitan manejan de forma sustentable el agua, el suelo y la biodiversidad. Es decir, no solo fungen, y de manera ejemplar, como agentes de conservación, sino que se valen de sus recursos naturales en busca de condiciones de vida más dignas.

En el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible inauguramos aquí, hace ya más de 10 años,  el Programa de Gestión Comunitaria del Territorio (PAGET).  Este programa está orientado a mejorar las condiciones de vida de la población local, vía el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, así como contribuir a revertir los procesos de degradación que durante décadas padeció la zona.

Cuando inició nuestra colaboración con las comunidades locales, esta región sumaba más de tres décadas de franco deterioro tanto ambiental, como de las condiciones de vida de sus habitantes. Hoy, y a pesar de que queda un larguísimo trecho por delante, su realidad es otra y tan solo el año pasado, se logró incidir en una cuarta parte del área total de la cuenca.


¿Cómo se logró? 

Cuenca Amanalco Valle de bravo CCMSS Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible

Bajo un enfoque de manejo integrado de paisajes, que enfatiza la generación de capacidades, se ha trabajado en cinco frentes, los cuales en combinación arrojaron resultados importantes  que ahora forman parte del aprendizaje adquirido y permiten desarrollar una estrategia de largo plazo enfocada a reducir la erosión de los suelos, reducir el azolve y la contaminación de la presa Valle de Bravo, mejorar la recarga de los acuíferos y la calidad del agua, mejorar la producción de alimentos de las familias campesinas y mejorar las condiciones de vida de los ejidos y comunidades. A continuación, compartimos los resultados más sustanciales logrados por el CCMSS en la cuenca Amanalco-Valle de Bravo en estos años:

1. El Mecanismo Local de Pago por Servicios Ambientales para el Manejo Integrado del Territorio (PASMIT): Este mecanismo que opera a través de un fideicomiso el otorga financiamiento para la operación de  planes operativos anuales en 20 ejidos y comunidades que son dueños de 9,700 hectáreas de bosques. Estos planes guían el desarrollo de diversas actividades de manejo forestal y restauración de áreas agrícolas, forestales y cuerpos de agua. Además, con este financiamiento se fortalecen los sistemas productivos comunitarios como los de: producción sustentable de carbón y madera y el ecotursimo. Asimismo, se financia también el fortalecimiento de la gobernanza comunitaria y el capital social. Estas acciones incluyeron la participación de más de dos mil ejidatarios y más de mil posesionarios y contribuyeron a que los ejidos forestales obtuvieran la certificación nacional y la del Forest Stewardship Council (FSC) de manejo forestal sustentable. También, como resultado de este esfuerzo, los ejidos y comunidades han trabajado en 490 hectáreas de bosques haciendo reforestaciones, aclareos, promoción de la regeneración natural del bosque y mantenimiento, y han restaurado 155 hectáreas de bosques que estaban degradados por incendios, plagas o pastoreo.

2. Dentro de las labores de rescate de ríos y manantiales se está restaurando la subcuenca del río Amanalco (río que aporta el 40% del agua que llega a la presa de Valle de Bravo). Esto a través del apoyo a las comunidades para dar tratamiento a las aguas residuales antes de descargarlas a los arroyos y a través de la restauración de zonas de manantiales convirtiéndolas en espacios públicos limpios y funcionales. Además, como parte de este programa se monitorea mensualmente la calidad del agua en 20 puntos de la cuenca.

3. Se implementó un programa de agricultura sustentable, que apoya a las familias campesinas para que puedan evitar la erosión de sus suelos y mejorar la calidad de sus alimentos y su salud. Este programa, entre otras acciones, incluye capacitación para producir abonos orgánicos y hacer una prevención orgánica de las plagas, asistencia técnica y apoyo directo en especie a las familias campesinas que implementan prácticas de conservación de suelos. Con este programa, se han transformado las prácticas de manejo en 400 hectáreas de tierras agrícolas.

4. Se difundieron y compartieron los aprendizajes adquiridos en el desarrollo de nuestros programas con funcionarios públicos, tomadores de decisiones y medios de comunicación   buscando incidir en el diseño de políticas públicas que aplican en diferentes regiones forestales del país Por eso llevamos a cabo diversos recorridos de campo con  representantes de CONAFOR, PROBOSQUE, SEMARNAT, la Comisión de Cuenca, PROESNEVADO y CONAGUA, para dar a conocer el programa, discutir los aprendizajes y considerarlo como referencia para programas públicos y decisiones de manejo en esta y otras zonas del país.

5. Se estableció un sistema de monitoreo y evaluación que permite dar seguimiento a las actividades y resultados de nuestros programas. Como parte de este sistema, cada año monitoreamos y analizamos: los avances en la gobernanza comunitaria, los resultados de las prácticas agrícolas, y el impacto socioeconómico y territorial de nuestro mecanismo de pago por servicios ambientales, y una serie de indicadores de la salud ambiental de la cuenca como son: cambio de usos de suelo, vegetación, densidad forestal, presencia de fauna y calidad del agua. Mediante este sistema es posible no solo medir los resultados de la implementación sino también sistematizar el aprendizaje adquirido, utilizarlo para que tanto el CCMSS como los ejidos y las comunidades puedan tomar mejores decisiones, y además compartir lo aprendido para fortalecer procesos en otras partes del país.

Derecho a la tierra y generación de capacidades

amanalco ccmss

El programa implementado en Amanalco, Estado de México, ha apostado por fortalecer a las comunidades para que ellas sigan siendo los agentes clave  en los procesos de manejo, conservación y restauración de ecosistemas. La combinación del conocimiento adquirido por estas a lo largo de generaciones, con el aprendizaje de nuevas habilidades y nociones específicas, arroja resultados sorprendentes y refuerza la premisa de que estos modelos de colaboración deben ser una pieza fundamental en las estrategias de conservación. Además, se fortalece la economía comunitaria, se respeta el derecho a su territorio –recordemos que la mayoría de los bosques de México son de propiedad social– y se promueve el acceso a condiciones dignas de vida de un sector de la población históricamente marginado.

Para mayores informes sobre nuestros logros 2016, dirígete al siguiente enlace.

 

Más de 33 mil personas exigen una ley forestal con consulta

archivo ccmss-bosques-mexico-ley forestal consulta-33 mil firmas










Sinopsis:

dictamen de Ley Forestal en Senado-Medico bosques

Más de 33 mil personas se han pronunciado por la apertura de un proceso de consulta de la ley forestal que actualmente se revisa en el Senado de la República. Esto para enriquecer los contenidos de este importante instrumento de ley con las visiones y participaciones de todas las partes interesadas, como son los pueblos indígenas, comunidades y ejidos forestales; académicos, técnicos forestales, legisladores, sector privado y gobierno.

Contrario a las presiones del Partido Verde Ecologista de México, quienes presentaron esta iniciativa de reforma en la Cámara de Diputados en septiembre de 2016, y que apresuradamente se empeñan en la aprobación de este documento legislativo, unas tres decenas de miles de ciudadanos demandan la construcción de un proyecto de ley forestal, que sí requiere el sector, pero con una revisión puntual de los contenidos para la formulación de un instrumento robusto que satisfaga las necesidades del rubro y que solvente todos los vacíos que contiene la minuta de ley forestal que se dictamina en el Senado en las Comisiones de Medio Ambiente y  Recursos Naturales y en la de Estudios Legislativos Primera.

Esta minuta de ley forestal presenta, al menos, 200 puntos específicos que deberían ser discutidos.  Entre los aspectos a mejorar en la minuta están los derechos los pueblos indígenas y de las comunidades dueñas de los bosques; además, con la consulta se podría fortalecer un mecanismo de transparencia en el uso y ejercicio de los recursos; y la inclusión de un instrumento de trazabilidad que permita combatir la ilegalidad en el sector.

También se podría asentar en la ley el manejo forestal comunitario como eje rector de la política forestal, ya que el 80 por ciento de los bosques son propiedad de ejidos y comunidades, que en diferentes ejemplos han demostrado ser los mejores protectores de los bosques a través de su manejo y aprovechamiento sustentable.

México es reconocido a nivel mundial por sus más de mil empresas forestales comunitarias, muchas de ellas certificadas en buen manejo forestal bajo estándares internacionales como el del Forest Stewardship Counsil (FSC). Sin embargo, la excesiva carga regulatoria, la enorme carga fiscal y un deficiente marco legal han impedido que este sector se desarrolle a un mejor ritmo y permita suplir los más de 10 millones de metros cúbicos de madera que se importan anualmente.

El sector forestal requiere de una nueva ley forestal pero que sí responda a estas necesidades, por lo cual es necesario consultar a las partes interesadas de todas las regiones forestales del país para la construcción de un mejor instrumento de ley.

Súmate a la petición de #LeyForestalAConsulta

Firma Aquí

 

Los bosques contribuyen a mejorar la alimentación mundial: CIFOR

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Sinopsis:

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Si consideramos la riqueza de los bosques, de sus recursos maderables y no maderables, o de los múltiples servicios ambientales que proporcionan, concluimos lo evidente: estos ecosistemas son fuente fundamental de vida y de diversidad biológica.

Según un estudio del Center for International Forestry Research (CIFOR), que analiza el papel de los bosques en la seguridad alimentaria mundial, cerca de mil millones de personas dependen de los recursos forestales para sobrevivir.

Pese a la enorme productividad agrícola, existen cada vez más evidencias de que el incrementar continuamente y de manera indefinida la producción de alimentos no es la estrategia más adecuada para alimentar al mundo; más que un problema de cantidad, es mucho más importante enfocarnos en la calidad de los alimentos y en la manera en que se producen. De hecho, el gran peso que se le ha dado a la agricultura comercial –responsable de generar cuantiosos agentes contaminantes– aumenta el riesgo de que en futuro cercano, la población carezca de no sólo de alimentos de calidad, sino incluso de lo más básico para subsistir. Se trata de un modelo que no tiene como prioridad garantizar la seguridad alimentaria, sino sólo atender al mercado.

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En un estudio reciente de la FAO, se advierte que una de las principales causas de deforestación en el mundo es “la conversión de las tierras forestales a terrenos agrícolas”. Sin embargo, para incrementar la seguridad alimentaria no es necesario incurrir en la deforestación.

En realidad ambos sectores, el agrícola y el forestal, pueden colaborar para proporcionar los medios de subsistencia del mundo, y hacerlo mediante un modelo sostenible –y así garantizar que sus recursos sirvan a futuras generaciones. La investigación de CIFOR prueba que mientras la agricultura busca asegurar la alimentación, el bosque brinda los servicios ambientales indispensables para que la primera encuentre su camino hacia la sustentabilidad y, al mismo tiempo, permita hacer sostenible el suelo del bosque.

Pero, para que esta relación simbiótica se complete, es necesario implementar una gestión adecuada de ambos sectores. El bosque provee de servicios esenciales para la productividad agrícola, tales como la fertilidad de los suelos, la regulación del clima, el mantenimiento de las cuencas, la polinización, la dispersión de semillas, la infiltración de los acuíferos, los ciclos de nutrientes, protección contra la sequía y control de plagas, entre otros. Por otro lado, modelos de gestión del territorio tales como el manejo forestal comunitario, entre otras técnicas de paisaje multifuncional, como la agroforestería, ligadas a la conservación, son motor de estos beneficios. Además del aprovechamiento de madera a gran escala, el bosque provee múltiples recursos no maderables. Los frutos y plantas, los hongos, la leña y la carne de animales silvestres son algunos ejemplos que generan ingresos a las comunidades forestales y responden a su derecho a tener una dieta equilibrada y de calidad.

Por otro lado, mejorar las maneras en que se hace agricultura, podría ayudar notablemente a suavizar el cambio climático y las amenazas contra la biodiversidad. Se ha probado que mejorar los medios mediante los que se llega a la seguridad alimentaria coincide con medidas que provocan un aumento significativo de la cobertura forestal de estos territorios.

Para ilustrar lo anterior y demostrar los beneficios netos de los servicios ambientales en la seguridad alimentaria global, compartimos a continuación la investigación de la FAO: El estado de los bosques del mundo 2016, donde se analizan los casos de algunos países que han logrado con éxito la alianza agricultura-bosque a favor de una población con una mejor alimentación.

 

/Fotografía principal: CIFOR

Capulálpam: comunidad indígena con mas de 25 años de experiencia administrando y trabajando su bosque











Sinopsis:

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Una larga historia de lucha y organización comunitaria por el control y defensa de sus recursos naturales, ha llevado a Capulálpam de Méndez, Oaxaca, a ser considerado un ejemplo entre los productores forestales comunitarios de México. A pesar de contar con un pequeño bosque, sus buenas prácticas de administración forestal lo han colocado en esta posición y le ha permitido mantener por mas de 15 años la certificación internacional FSC de buen manejo forestal.

Anualmente la comunidad aprovecha alrededor de mil 800 metros cúbicos de madera, los cuales se transforman en madera aserrada en una pequeña industria comunal. Esta madera de pino es un producto de primera calidad, madera que bien puede ser utilizada en la confección de muebles o molduras de la más fina calidad.

Gracias a su organización interna y cohesión social, ellos mantienen el control de sus recursos forestales. Es la propia asamblea de comuneros quien toma las decisiones importantes sobre el manejo del bosque y durante los últimos 25 años esa decisión ha sido mantener el control del bosque en manos de la comunidad y consolidar la sustentabilidad a través de buenas prácticas de aprovechamiento del bosque.

Ver el relato que Francisco Lemus hace de esta experiencia:  Lemus

 

/Fotografía principal: Carina Pérez García