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Pueblos indígenas logran una victoria histórica en Colombia y ejemplar para el mundo

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Sinopsis:

 

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El reciente fallo de la Corte Constitucional es un valioso precedente que reconoce el derecho de los grupos indígenas sobre sus tierras.

Históricamente, los pueblos indígenas y comunidades alrededor del mundo han sostenido una lucha incansable en defensa de sus territorios. En el caso de América Latina, con una población indígena de aproximadamente 45 millones de habitantes, equivalente al 8% de la población total, esta lucha ha sido férrea y tiene una relevancia particular.

Una buena parte de los bosques y selvas latinoamericanos son habitados por indígenas. Sin embargo, muchas de estas comunidades no tienen derechos formales a estas tierras, o los tienen legalmente pero en la práctica no se les reconoce. Esto dificulta significativamente la defensa de dicho territorio frente a intereses que van en contra del bienestar de las comunidades y de los propios bosques y selvas.

A lo anterior se debe la importancia de generar precedentes a favor de la causa de dichas comunidades; en Colombia recién se registró un triunfo histórico en este sentido. La Corte Constitucional de este país falló a favor del pueblo Embera Chami, perteneciente al Resguardo Indígena Cañamomo Lomaprieta. La sentencia no solo otorga registro provisional sobre estas tierras y obliga a que en el lapso de un año estas sean delimitadas y tituladas formalmente, también reconoce el derecho de este pueblo a continuar con sus prácticas ancestrales de extracción mineral y, en cambio, prohíbe las actividades de las compañías mineras.

Al respecto, Viviane Weitzner del Forest People Programme (Programa para los Pueblos de los Bosques), celebró:

Es una decisión histórica para los pueblos indígenas de Colombia y del mundo entero. Reconoce la legitimidad de la autorregulación indígena de los recursos del subsuelo dentro de sus territorios, retirando la etiqueta de ilegal a una actividad de importancia espiritual, cultural y económica que se ha estado desarrollando durante siglos sin usar sustancias nocivas. La Corte está instando al Estado a hacer más para proteger los derechos territoriales indígenas, aplicando normas internacionales a la demarcación y titulación de las tierras y garantizando que la futura toma de decisiones incluya el consentimiento libre, previo e informado (CLPI) del cabildo.

Si bien existen numerosos estudios e informes que advierten el papel decisivo de las comunidades indígenas en la conservación de los bosques y selvas, un factor fundamental para que estas puedan desempeñarlo es la certeza en la tenencia de la tierra. La falta de ésta complica, o incluso impide, tanto la protección como el aprovechamiento de estos territorios. Precisamente por eso  celebramos la relevancia de este fallo, un caso histórico en Colombia y, sin duda, una decisión ejemplar para el resto del mundo.

* Imagen: Alexander Rieser.

¿Por qué le conviene al planeta que las comunidades rurales manejen sus bosques?

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Sinopsis:

 

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En todas las culturas, y en todas las épocas, los bosques han sido un recurso valioso. Su importancia local, nacional y recientemente global –adquirida en relación a acuerdos como el de París sobre el cambio climático–, ha detonado un nuevo paradigma sobre la posibilidad de hacer sustentables las economías forestales de todo el planeta.

Pero para llegar a este modelo –donde medioambiente, economía y sociedad mantienen una interdependencia benéfica–, es imprescindible reestructurar la manera en la que se gestiona el bosque. Por ejemplo: transfiriendo su control a las comunidades rurales que lo habitan. Como sugieren diversos especialistas del ámbito, las comunidades que han vivido por generaciones en estas zonas son las más competentes para cuidar de ellas. El incentivo fundamental para que éstas respondan al legado, no es sino la rentabilidad misma del bosque, que a la postre representa un recurso idóneo para mitigar el cambio climático.

Esta es precisamente la máxima que atendieron muchos países en sus planes de reducción de emisiones de carbono presentados en la COP 22, en Marrakech: la participación de la comunidad, misma que, por medio de un plan de manejo o una estrategia determinada, resguardará las áreas naturales, supervisará su conservación y restauración, y aprovechará una parte de sus recursos de manera sostenible.

La necesidad de implementar modelos de Manejo Forestal Comunitario no atiende únicamente una necesidad de carácter local, sino que, como se ha enfatizado en el Acuerdo de Paris y en la declaración de la COP 13 –y como claramente advierten diversos estudios–, se trata de un recurso esencial para combatir el cambio climático, sobre todo por su capacidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

A continuación te compartimos una serie de argumentos que sustentan la afirmación de que el Manejo Forestal Comunitario es una medida que implica beneficios significativos para el planeta.

Es una solución viable y efectiva para enfrentar el cambio climático

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Un estudio realizado por el World Resources Institute advierte que la deforestación evitada por el manejo forestal comunitario en zonas como Brasil o Guatemala, “ha permitido mantener fuera de la atmósfera el equivalente en dióxido de carbono de lo que hubieran emitido mil millones de automóviles”. Mantener por debajo de los 2°C el aumento de la temperatura media mundial por medio de la reducción de gases invernadero es uno de los propósitos del reciente Acuerdo de París, que hace un llamado a los países para llegar a este objetivo por medio de proyectos ambientales conscientes.

El papel del incremento de los acervos de carbono en los bosques es otro tema fundamental para el Manejo Forestal Sostenible. Una medida que retoma su función y compromiso con la reducción de gases carbono, sobre todo por el trabajo que realizan las comunidades impulsando este proceso.

Propone otras maneras de hacer agricultura sin dañar el ambiente (agroforestería o agrosilvicultura)

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La agricultura ha sido el principal factor de deforestaciones a nivel mundial (y también uno de los contaminantes vía la emisión de gases). Cada vez son más las zonas boscosas que se talan para hacer uso del suelo con fines agrícolas comerciales, actividad que ha originado casi el 70 % de la deforestación en América Latina, según estudios. Sin embargo, el problema en sí no es la existencia de la agricultura, sino su mala o nula orientación rumbo a la sustentabilidad. Este es precisamente uno de los retos que enfrenta la agroforestería  o agrosilvicultura. Se trata de generar espacios “híbridos” en donde coexistan árboles, ganado y pastos o follaje en una misma unidad productiva, ya que además se ha comprobado que los árboles proveen a los suelos con la fertilidad necesaria para practicar la agricultura.

Combate la deforestación y degradación

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Mediante planes especializados de control del bosque, comunidades rurales de todo el mundo han logrado frenar la degradación de sus áreas, generada a causa de incendios y plagas. Además, con la inclusión de estos grupos en los proyectos forestales, se ha logrado la recuperación de terrenos que fueron deforestados, un mayor cuidado de las zonas protegidas, un aprovechamiento de la tierra adecuado y la garantía del cuidado de la biodiversidad del bosque en sentido amplio.

Hace un énfasis en los derechos humanos

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Como es de esperarse, el cambio climático también puede atentar contra los derechos humanos de todo el planeta. Ejemplo de ello son los riesgos a la salud, o la desaparición de tierras y medios naturales de subsistencia, tales como agua y alimentos. Un aspecto importante dentro de este punto, son las comunidades indígenas y locales. El Manejo Forestal Comunitario exige el reconocimiento de sus derechos a los recursos naturales de sus territorios que, a fin de cuentas, han erigido sus hogares durante siglos. Algunos de éstos implican el derecho a un medioambiente saludable, el derecho a la consulta previa, al consentimiento bien informado y a beneficiarse de los proyectos forestales.

Por todo esto, es de vital importancia que las comunidades más vulnerables puedan acceder a un uso y control legal de los recursos de los bosques, ejerciendo así su derecho al territorio, y que paralelamente funjan como grandes reguladores del cambio climático.

*Fotografía principal: Tri Saputro – Center for International Forestry Research