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Manejo forestal sustentable: la solución ignorada para el desarrollo rural y la mitigación de cambio climático

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Sinopsis:

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La forma más eficaz de combatir el cambio climático es a través de esquemas de recuperación y manejo comunitario de los ecosistemas forestales para que estos se conserven a futuro. Los bosques son una solución, probada y natural, para la mitigación de las emisiones de bióxido de carbono; y en nuestro país absorben el 20 por ciento de las emisiones totales de CO2.

José Carlos Fernández, especialista forestal de la FAO y del Programa de Naciones Unidas para la Reducción de Emisiones por Degradación y Deforestación (ONUREDD), planteó la necesidad de revisar la política forestal del país con el fin de hacer adecuaciones que permitan aprovechar el potencial que tiene los bosques para contribuir en el tema del cambio climático.

Detalló algunos de los factores que han impedido el crecimiento del sector forestal como son: la falta de armonización de las políticas públicas y de los subsidios; la falta de un reconocimiento claro del valor de los servicios ecosistémicos que proveen los bosques; y la falta de un compromiso publico por el manejo forestal sustentable”.

Durante su participación en el Conversatorio “El sector forestal y el cambio climático en el plan de gobierno que México necesita”, coordinado por la organización POLEA A.C. en la Cámara de Diputados, explicó que  la gestión sustentable de los recursos forestales es una estrategia de doble propósito que muy poco hemos aprovechado en México, pues al tiempo que proveen servicios ambientales de calidad, como la captura de carbono y la infiltración de agua para la recarga de mantos acuíferos; con el desarrollo de cadenas productivas locales, basadas en el manejo y aprovechamiento de los bosques y selvas, las comunidades dueñas de dichos recursos forestales podrían acceder a un mejor nivel de vida.

Estudios internacionales han comprobado que la mejor forma de conservar los bosques en el largo plazo es a través de esquemas de manejo y aprovechamiento sustentable por parte de las comunidades que los habitan, quienes, además, dependen en gran medida de estos ecosistemas para satisfacer sus necesidades de ingreso, alimentación y energía.

La importancia del impulso al manejo forestal comunitario para propiciar un escenario de desarrollo de las comunidades rurales y mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y los efectos del cambio climático debe expresarse claramente en las agendas de los aspirantes a ocupar la Presidencia de la República para el próximo sexenio y traducirse en políticas públicas y presupuestos acorde con la importancia que amerita el tema.

México es un país de vocación forestal, pues posee 138 millones de hectáreas con cobertura vegetal (que equivalen al 70 por ciento de la superficie nacional), de las cuales 66 millones de hectáreas son superficie arbolada.

De acuerdo con datos del Programa Nacional Forestal 2014-2018, solo 7.4 millones de hectáreas se encuentran incorporadas a un régimen de producción forestal, siendo que el país tiene un potencial de más de 15 millones de hectáreas para la producción; es decir, puede duplicar la superficie bajo manejo y aprovechamiento, sin comprometer su capacidad de absorción de carbono, por el contrario, la renovación del a cobertura vegetal permitirá una mayor capacidad de absorción de bióxido de carbono.

En el diseño presupuestario de la federación se evidencia claramente que los bosques y el sector ambiental no son una prioridad, puesto que en los últimos tres años se ha reducido el monto asignado a este sector en más del 50 por ciento. Esto, a pesar de que México se ha distinguido como un país protagónico en materia climática al suscribir convenios y compromisos de reducción de emisiones, de conservación y uso sustentable de la biodiversidad, entre otros.

El 56% de los bosques y selvas del país son propiedad de ejidos y comunidades, sin embargo, una regulación excesiva al aprovechamiento forestal, la falta de inversión en bienes públicos y la falta de transferencia de capacidades técnicas han obstaculizado el avance las comunidades.

Es urgente una revisión a fondo de la estrategia gubernamental de intervención en las regiones forestales de tal manera que se puedan acelerar los procesos de apropiación de los procesos productivos y se fortalezcan las capacidades comunitarias de manejo sustentable de bosques. Solo así se podrá aprovechar el potencial que tienen los bosques para contribuir a mitigar los efectos del cambio climático.

Los bosques y sus habitantes, pobremente abordados en la agenda de los candidatos 2018











Sinopsis:

 

21 de marzo, Día Internacional de los Bosques

Este 2018, México enfrenta un proceso electoral que será crucial para el país. Las elecciones federales para elegir presidente de la República y renovar congreso, así como los procesos electorales estatales y municipales, representan una nueva oportunidad para enmendar la política pública y resolver problemas de gran relevancia para el desarrollo del país.

En lo que se refiere al tema forestal, el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible revisó los documentos de plataforma electoral y planes de gobierno de los tres candidatos a la presidencia procedentes de partidos políticos: Andrés Manuel López Obrador, de la coalición “Juntos haremos historia” (Morena, PES, PT); José Antonio Meade Kuribreña, de la coalición “Todos por México” (PRI, PVEM, PANAL), y Ricardo Anaya Cortés, de la coalición “Por México al frente” (PAN-PRD-MC). En nuestra revisión encontramos que ninguna de estas plataformas contiene planteamientos sólidos y contundentes que permitan revertir los problemas que enfrentan las regiones forestales del país, a pesar de la  enorme importancia que tienen estas regiones en términos  productivos, ambientales, de combate al cambio climático y de provisión de servicios ecosistémicos indispensables, como la recarga de mantos acuíferos, la regulación de la temperatura, la captura de carbono y la conservación de la biodiversidad, entre otros.

Las tres coaliciones reconocen que es necesario modificar la situación del sector forestal -que enfrenta desigualdad, pobreza, deterioro ambiental, tala ilegal-, y si bien dos de ellas presentan algunas propuestas para dinamizar este sector, en general presentan omisiones importantes y no hacen un planteamiento integral que permita generar desarrollo para las regiones forestales y mejorar las condiciones de vida de los dueños de los territorios.

En este Día Internacional de los Bosques, el CCMSS ofrece en este documento un análisis rápido de lo que cada coalición expresa sobre el tema en su plataforma registrada ante el INE, explicamos sus principales deficiencias y llamamos a darle mayor prioridad al tema y a adoptar propuestas específicas para atender los problemas que enfrentan los ecosistemas forestales y sus dueños:

Consulta aquí el documento

 

 

Las mujeres de los bosques, una agenda pendiente











Sinopsis:

Históricamente, las mujeres han desempeñado un papel de suma importancia en el manejo, conservación y defensa de los recursos naturales y sus territorios. Sin embargo, en muchos casos, esa importante labor ha sido invisibilizada por cuestiones culturales y estructuras de organización patriarcal. Además, esto ha sido fomentado por políticas públicas que no se han orientado a abordar y, menos aún, a reducir la brecha de género.

Las mujeres han sido cruciales para la conservación de los bosques. Asimismo, las plantas que nos comemos hoy en día son producto de largos procesos de manejo y domesticación que ellas han desempeñado.[1]

Cuando las mujeres tienen una mayor participación en los comités de toma de decisiones y actividades de manejo forestal comunitario, mejora la gobernabilidad de los bosques y la sostenibilidad de los recursos.[2] Sin embargo, aún persiste una enorme brecha de género que restringe una mayor participación de las mujeres en esto ámbitos.

El manejo forestal comunitario es un esquema de gestión de los recursos naturales por parte de los legítimos dueños de los bosques que, cuando cuenta con una gobernanza interna sólida, permite una mayor integración de las mujeres en actividades productivas y en la toma de decisiones. Bajo el contexto de una sociedad dónde la inequidad es el común denominador el Consejo Civil considera importante impulsar este esquema y fomentar el desarrollo de cadenas locales de producción, que permitan la creación de espacios de trabajo para las personas que carecen de derechos agrarios y que, por ello, suelen ser marginadas en los procesos de toma de decisiones y goce de los beneficios derivados del aprovechamiento de los recursos naturales.

En México, en el medio rural habitan alrededor de 27.5 millones de personas, de las cuales el 50.4 por ciento (13.9 millones) son mujeres. No obstante, la proporción igualitaria en la composición de la población, a penas el 26 por ciento de las personas con derechos a la propiedad ejidal son mujeres[3]. Estas cifras evidencian claramente un desbalance en el acceso a la tierra, que deriva en un acceso y participación restringidos en la toma de decisiones y goce de los beneficios derivados del manejo de los recursos.

Si bien en algunas comunidades agrarias indígenas (o tierras comunales), el padrón de miembros es relativamente más inclusivo puesto que el 32 por ciento de los titulares de derechos agrarios son mujeres, en los ejidos es significativamente más excluyente. En algunas regiones, hasta fechas muy recientes, los hombres prohibían a las mujeres entrar a las asambleas y ejercer actos de posesión efectivos sobre las tierras.

Hoy en día, la participación de las mujeres en la mayoría de los órganos de decisión de los ejidos y en los núcleos agrarios indígenas es muy escasa y limitada. Si bien cerca del 26 por ciento de los titulares de derechos en los ejidos son mujeres, sólo 15 por ciento de los puestos de órganos de representación vigentes son ocupados por mujeres, y menos del 8% de los presidentes de comisariados ejidales o presidentes de los consejos de vigilancia son mujeres[4].

En algunas regiones la proporción de mujeres en posiciones de decisión dentro de las estructuras de gobernanza ejidales y comunitarias son menos excluyentes, por ejemplo, algunas comunidades de la Selva Lacandona, donde las mujeres participan de manera crucial en la toma de decisiones. No obstante, este parece ser un proceso aislado. En general el avance en la participación de las mujeres en la toma de decisiones al interior de los ejidos y comunidades es lento y marginal. En Chiapas y Oaxaca, regiones con marcada presencia indígena, sólo el 3 y el 2 por ciento,[5] respectivamente, de las presidencias de los comisariados están en manos de las mujeres.

Esta disparidad tiene importantes consecuencias en términos de acceso desigual a desarrollo de capacidades, beneficios, subsidios e ingresos derivados del manejo de los bosques. Pese a que las mujeres intervienen de muchas maneras en el manejo de los territorios forestales, tanto los ingresos derivados de la comercialización de los productos del bosque, como el acceso a los subsidios del sector forestal y muchos otros beneficios, le corresponden mayoritariamente a los ‘dueños o legítimos propietarios’, es decir, son los hombres quienes en términos generales se llevan al menos tres cuartas partes de los beneficios económicos derivados del bosque.

En promedio, en el país las mujeres rurales trabajan 89 horas semanales, 31 horas más que los hombres[6], pero gran parte del trabajo no se contabiliza, ya que se desarrolla dentro del hogar, en tareas como el manejo de cultivos y animales de traspatio para la subsistencia y en el cuidado de terceras personas, como sus hijos, sin percibir remuneración.[7]

De acuerdo con datos del Banco Mundial, en las comunidades que habitan en territorios forestales, las mujeres obtienen la mitad de sus ingresos de los bosques, mientras que los hombres obtienen solo una tercera parte.

En este mismo sentido, datos del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR, por sus siglas en inglés) indican que el ingreso proveniente de las actividades forestales es una quinta parte del total de los ingresos de las familias que viven dentro o cerca de los bosques. Los hombres contribuyen más que las mujeres porque sus actividades generan un ingreso; mientras que las mujeres están más involucradas en actividades de subsistencia y trabajo no remunerado. Aunque las actividades forestales de hombres y mujeres contribuyen a los ingresos de los hogares, hay considerables diferencias de género en el aprovechamiento de los productos forestales.[8]

El CIFOR también destaca que “los bosques han sido considerados frecuentemente un sector dominado por los hombres, lo que ha dificultado que las mujeres participen en el manejo de los bosques y la toma de decisiones.

Refiere que “estudios recientes sugieren que la participación de las mujeres se da más a menudo cuando hay menos instituciones exclusivas, más nivel de educación en las familias, y una menor desigualdad económica entre los géneros”. Aumentar la participación de las mujeres en los comités de toma de decisiones de las instituciones de forestería comunitaria ha demostrado que mejora la gobernabilidad de los bosques y la sostenibilidad de los recursos.[9]

Recomendaciones de política pública

Si bien las actividades típicamente maderables, como el abasto de madera en rollo y la transformación de madera aserrada, están principalmente en manos de los hombres (aunque hay importantes casos de mujeres al frente de aserraderos e industria forestal), muchos de los emprendimientos, tanto tradicionales como innovadores o alternativos que ocurren en los territorios forestales, están en manos de jóvenes y mujeres: extraen pigmentos, recolectan agua, semillas y leña, obtienen productos forestales no maderables (medicamentos, forraje y alimentos); emprenden iniciativas como el manejo integrado del paisaje, la producción de árboles para la reforestación; el ecoturismo o turismo alternativo; el aprovechamiento, envasado y comercialización de productos no maderables como hongos, pimienta, miel, resinas e insumos para artesanías; la crianza de peces, entre otras actividades; se organizan grupos de mujeres o de jóvenes, por lo general a través de acuerdos formales o informales con las asambleas de ejidatarios.

Es cada vez más común, aunque sigue siendo muy marginal, observar a mujeres en actividades de limpia, saneamiento y restauración en terrenos forestales, así como en actividades de aserrío y conducción de la industria forestal. En etapas más avanzadas en la cadena de valor, como en el acabado de muebles, sí es común ver a mujeres, pero su participación es marginal, hay una brecha muy grande, en comparación con la proporción de hombres que participa en las actividades forestales.

Frente a este escenario, el CCMSS considera necesario, que nuestro país debe mejorar su marco normativo y el diseño de los subsidios que se aplican en el sector forestal y rural en general. Los subsidios aplicados a través de las reglas de operación de programas de las dependencias federales como Sagarpa, Conafor, Semarnat y Sedesol, así como de agencias estatales y municipales, deben tener una fuerte y creciente orientación de fomento y prelación, incluyendo acciones afirmativas específicas que promuevan la igualdad de género.

En 2016 se emitieron y publicaron en el Diario Oficial de la Federación los Lineamientos para incorporar la perspectiva de género en las Reglas de Operación de los programas presupuestarios federales, que se fundamentan en los artículos 1º y 4º de la Constitución y en la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, que en México tiene rango constitucional desde las reformas constitucionales del 2011. Es necesario vigilar y aplicar de forma eficiente estos criterios para propiciar una mayor participación de las mujeres.

Concretamente, y a manera de ejemplo, las reglas de operación de Conafor 2017 incluyen apoyos a actividades dirigidas a sectores distintos a los ‘dueños y legítimos poseedores’ de los territorios forestales, y se pudo favorecer mediante criterios de prelación la canalización de subsidios a proyectos y actividades que demuestren participación mayoritaria de mujeres, tanto en proyectos dirigidos a ejidatarios y comuneros, como en la apertura de opciones para avecindados, jóvenes y mujeres. También se hizo explícita la participación de las mujeres en actividades de restauración, combate y prevención de incendios en los predios forestales. Es un buen avance, pero es necesario ir más allá.

Para las Reglas de Operación 2018 de la Conafor, se han incluido entre los beneficiarios del programa, figuras diferentes a ejidos y comunidades, de conformidad con el artículo segundo de la Constitución (comunidades indígenas y equiparables). Asimismo, se homologaron criterios en población objetivo conforme a una revisión jurídica (definiendo qué tipo de beneficiarios entra en cada figura). Finalmente, se propuso la integración del término usufructuario a fin de no restringir el acceso a las mujeres y jóvenes que no pueden acreditar la posesión legal de los terrenos forestales.

Se debe avanzar de manera decidida y significativa en la incorporación de instrumentos de política pública que fomenten la igualdad de género en las estructuras de toma de decisiones, con medidas afirmativas, como el condicionamiento de subsidios para el fomento a la participación de mujeres en los órganos directivos de los ejidos y comunidades.

Estas medidas deben ser acompañadas de estrategias efectivas para el desarrollo de capacidades de gestión, administración y liderazgo, además de capacidades técnicas; si bien la realidad muestra que es un mito que tales capacidades existan solo en los hombres y no en las mujeres.

 

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Referencias

[1] CCMSS, Revalorizar a las comunidades locales y el conocimiento tradicional para la conservación de los bosques tropicales. 2018. Disponible en: http://www.ccmss.org.mx/revalorizar-las-comunidades-locales-conocimiento-tradicional-la-conservacion-los-bosques-tropicales/

[2] CIFOR, Fact sheet No. 11, Bosques y género. Lo que deberían saber los formuladores de políticas, 2013. Disponible en: http://www.cifor.org/publications/pdf_files/factsheet/4178-factsheet.pdf

[3] Registro Nacional Agrario, Disponible en: http://www.ran.gob.mx/ran/index.php/sistemas-de-consulta/estadistica-agraria/estadistica-con-perspectiva-de-genero

[4] RAN: Integrantes de Órganos de Representación de Núcleos Agrarios Inscritos en el SIMCR al 31 de dic de 2016. Tomado en noviembre de 2017 de: http://www.ran.gob.mx/ran/index.php/sistemas-de-consulta/estadistica-agraria/estadistica-con-perspectiva-de-genero

[5]  Elaboración propia a partir de la estadística del RAN: http://www.ran.gob.mx/ran/index.php/sistemas-de-consulta/estadistica-agraria/estadistica-con-perspectiva-de-genero

[6] Kánter Coronel Irma del Rosario y Ponce Sernicharo Gabriela, Al día: Las cifras hablan Número 62, “Día internacional de las mujeres rurales”, Instituto Belisario Domínguez, Senado de la República, México, 2016.

[7] Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) Proyecto México para la Reducción de Emisiones por deforestación y degradación (M-REDD+), The Nature Conservancy, Rainforest Alliance, Woods Hole Research Center, Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable AC. 2017.

[8] CIFOR, Fact sheet No. 11, Bosques y género. Lo que deberían saber los formuladores de políticas, 2013.

[9] Ibíd.

Apostar por el manejo forestal comunitario para conservar los bosques y dignificar a las comunidades: Dr. José Sarukhán











Sinopsis:

 

México debería apostar por el impulso a las comunidades forestales, que son dueñas de la mayor parte de los territorios forestales de este país. Con ello lograríamos alcanzar las metas climáticas a las que se comprometió el país, como llegar a la deforestación cero y, al mismo tiempo, beneficiar a las personas que manejan, cuidan y mejoran los ecosistemas boscosos y selváticos, propone el Doctor José Sarukhán Kermes, coordinador nacional de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).

El especialista, galardonado con el Premio Internacional Tyler (2017) por sus contribuciones en el campo del a biodiversidad, enfatiza que “México es un país de vocación forestal y no agrícola, y en consecuencia se deben hacer los esfuerzos necesarios para garantizar la conservación de este importante patrimonio forestal; y una de las mejores estrategias para lograrlo es el manejo forestal comunitario”.

El doctor Sarukhán resalta que el trabajo de las comunidades en el manejo de sus recursos forestales es crucial, “porque ellos son los manejadores, los cuidadores, los mejoradores de esos sistemas forestales, particularmente cuando constituyen cooperativas, sociedades de producción o empresas sociales los beneficios son mayores”.

Detalla que en el país tenemos muchos ejemplos exitosos de empresas forestales comunitarias con reconocimientos internacionales por sus contribuciones a la conservación y labores de manejo. Estas empresas comunitarias generan beneficios a sus comunidades, y esto es enormemente importante y por ello, deberían replicarse en muchos otros lugares que tienen potencial para ello.

De acuerdo con un análisis del Consejo Civil Mexicano, existen en México  11 mil 843 ejidos y comunidades que cuentan con al menos 200 hectáreas de bosque y/o selva en sus territorios. Estas comunidades llevan a cabo una importante labor de protección y conservación de los recursos forestales que de otra manera ya hubieran sido destruidos por la tala ilegal, los incendios y el cambio de uso de suelo.

 

 

El titular de la CONABIO plantea que “una de las cosas que habría que hacer para impulsar al sector forestal en el país es promover una buena asesoría técnica a las comunidades dueñas de recursos forestales. Que tengan estímulos de tipo financiero para poner que ellas pongan en marcha sus propias empresas comunitarias”. Añade que “quizá algunos de estos emprendimientos van a fallar, pero habría que ver por qué; quizá algunos por falta de capacitación, entrenamiento o problemas de mercado, pero habría que solventar esos obstáculos”.

Refiere que “el impulso al manejo forestal comunitario es una forma muchísimo más digna y adecuada para asegurar que nuestro patrimonio natural, de zonas boscosas y selváticas pueda mantenerse en beneficio de todo el país, y particularmente, para que se beneficien las comunidades que cuidan y manejan los bosques”.

“Hay que darles los apoyos necesarios a estas comunidades forestales, porque ellos, saben responder a estos desafíos. Yo no creo que se requieran enormes cantidades de dinero para llevar a cabo este tipo de acciones. Es necesario que apostemos por convertirlos en empresarios y que puedan avanzar, como se hace en muchos otros lados. Esto no se ha hecho en México”, concluye.

Con feria campesina, celebran comunidades otomíes y mazahuas su trabajo en Amanalco











Sinopsis:

Ejidos y comunidades con raíces mazahuas y otomíes que habitan en la Cuenca de Amanalco-Valle de Bravo, en el Estado de México, celebraron y compartieron su trabajo de este año que termina. Las actividades de manejo sostenible que llevan a cabo en sus bosques y parcelas agrícolas repercuten en la provisión de servicios ambientales de gran importancia para las zonas urbanas de Toluca y la Ciudad de México.

Estas comunidades producen sus alimentos sin agroquímicos. En cambio, optan por la elaboración de fertilizantes orgánicos; realizan de obras de conservación de los suelos y dedican mucho esfuerzo a las labores de manejo de su bosque. Gracias al esquema de manejo integral de territorio con el cual trabajan desde hace 4 años, ha mejorado considerablemente la calidad del agua que escurre desde sus territorios hasta la presa de Valle de Bravo, que también es fuente de abasto del Sistema Cutzamala.

En el marco de la séptima Feria de Intercambio Campesino, veinte ejidos y comunidades de la cuenca de Amanalco, reconocieron mutuamente sus esfuerzos y valiosas contribuciones en la conservación de sus recursos naturales y la provisión de valiosos servicios ambientales, gracias al manejo sustentable e integrado de sus territorios.

Muchas de estas comunidades realizan acciones de manejo y aprovechamiento forestal para la producción de madera y carbón. Esta es una de las principales fuentes de ingreso y empleo para las familias y, al mismo tiempo, fomentan la conservación de su bosque, mediante trabajos de podas, aclareos; apertura de brechas cortafuego, seguimiento de regeneraciones naturales y reforestaciones. Además, realizan rondines de vigilancia para prevenir “tala ilegal”.

Entre las comunidades que participaron en la feria están: San Antonio de La laguna, San Miguel Textepec, Rincón de Guadalupe, San Juan, San Juan Atexcapan, así como los ejidos Corral de la Piedra, El capulín, Capilla Vieja, San Jerónimo, San Mateo, Amanalco, Rincón de Guadalupe, El potrero, San Bartolo, San Juan, San Lucas y San Mateo Almomoloa.

El manejo sustentable del bosque por parte de los campesinos dueños de estos territorios, propicia, entre otras cosas, una mayor captura de carbono, la infiltración del agua para la recarga de los mantos freáticos, la regulación de la temperatura, la prevención de incendios forestales y el combate a la “tala ilegal” en la región.

El festejo

Las familias fueron llegando de apoco a la Feria de Intercambio Campesino, que se realizó en el centro de Amanalco. Desde muy temprano salieron de sus hogares bien abrigados, traían consigo cazuelas, canastas y costales con productos que ellos mismos cosecharon y prepararon: frijoles, calabazas, maíz, aguacate, guacamole, acociles, jitomate, chiles, miel, chayotes, pulque, tortillas, pan, buñuelos.

Diana Laura Hernández, una joven de la comunidad de San Antonio de la Laguna llegó al encuentro ataviada con la vestimenta típica de la cultura mazahua. Junto con sus familiares y compañeros de la comunidad, representaron “el ritual de la boda mazahua”, en una breve obra de teatro y danza. “La intención es exaltar el orgullo por nuestros orígenes y cultura”, destacó Diana Laura.

Como parte de ese orgullo por la preservación de su cultura mazahua, la joven entonó el poema “Soy mazahua”, en idioma mazahua y, luego, en castellano, que entre sus versos dice:

Tú has querido negar mi existencia

yo no niego la tuya

pero yo existo: ¡soy mazahua!

Estoy hecha de esta tierra, de este aire,

del agua y del sol.

Soy un sobreviviente de mis antepasados

Al que han heredado una cultura, una lengua,

Una forma de respetar a sus hermanos,

Porque yo nací para ser hermano de mis hermanos,

Y no esclavo de nadie.

Tampoco quiero ser amo.

Tú has esclavizado a mis antepasados,

les has robado sus tierras, los has matado.

Ahora tú me utilizas para aumentar tus riquezas

mientras yo vivo en la pobreza.

Yo construyo la casa,

pero tú vives en ella.

Yo cultivo la tierra y la cosecho,

pero tú te quedas con su producto

diciendo que yo, no soy de razón.

Tú eres el delincuente,

pero yo estoy en la cárcel.

Nosotros hicimos la revolución

y tú te aprovechas de ella.

Pero aquí estoy yo, soy mazahua.

mi voz se levanta, se une a mil voces más

y todos unidos repetimos ¡somos mazahuas!

Nuestras manos sembrarán para todos.

Nuestras manos lucharán para todos.

¡Soy mazahua!

Luego, las familias intercambiaron sus productos en trueque y compartieron con todos la comida y sus saberes. “La feria de intercambio campesino es un pequeño reconocimiento al invaluable trabajo que llevan a cabo las comunidades y ejidos de nuestro país, y que es muy poco reconocido y retribuido”, indicó Lucía Madrid, coordinadora del CCMSS en Amanalco, Estado de México.

Presentan organizaciones mayas una plataforma de comercialización de productos comunitarios











Sinopsis:

Playa del Carmen, Q. R.- El Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, en colaboración con las cooperativas Carbón de Leña Verde y Usaec apicultores, presentaron este 30 de noviembre en Playa del Carmen, Quintana Roo, la Plataforma de Cooperación Comercial (Placco), iniciativa que crea vínculos comerciales entre organizaciones comunitarias y la industria turística de la Riviera Maya y Cancún, a fin de promover que las familias campesinas que habitan regiones forestales de la Península de Yucatán obtengan mayores beneficios por sus productos.

Con esta iniciativa, el CCMSS y las cooperativas Caleña y Usaec dieron a conocer el lanzamiento de un centro de distribución (Cedis) ubicado en la ciudad de Playa del Carmen, el cual ya está operando para abastecer a los hoteles y restaurantes de la Riviera Maya de carbón vegetal, miel multifloral y madera, provenientes de selvas legalmente aprovechadas en los municipios de José María Morelos, Quintana Roo, y Calakmul, Campeche.

Los participantes explicaron que a través de la Placco se tejerán alianzas entre las organizaciones comunitarias y el sector privado, a fin de ofrecer productos competitivos y rentables y mejorar los beneficios que los productores campesinos perciben por la venta de sus productos.

“Con la apertura del centro de distribución y la presentación de la Plataforma de Cooperación Comercial buscamos promover y difundir el valor de la producción comunitaria y su impacto en las economías locales y el patrimonio natural del país. Los hoteles, restaurantes y consumidores finales que adquieran la miel, el carbón o la madera ofertada mediante la Placco pueden tener la certeza de que su compra hará la diferencia, no sólo porque contribuirá de manera directa al buen vivir de la gente, sino también porque contribuye al manejo sostenible de las selvas de la Península de Yucatán”, afirmó Sara Cuervo, coordinadora de la oficina del CCMSS en la Península de Yucatán.

“Hay pocas experiencias de este tipo, en las que las comunidades que son dueñas de las selvas se organizan para llegar hasta los consumidores finales con sus productos, y con ello cambiar el escenario de inequidad definido por la lógica del mercado. El manejo y cuidado de las selvas implica acciones en campo para su mantenimiento y conservación, como las reforestaciones, por ejemplo; además, implica procesos locales para la toma de decisiones y el cumplimento de acuerdos, y la habilidad de que sus dueños, o sea las comunidades y ejidos, vivan dignamente del control de sus territorios y sus recursos naturales”, destacó Sergio Madrid, director del CCMSS.

“En repetidas ocasiones se ha escuchado de esfuerzos emprendidos en el estado de Quintana Roo para generar vínculos entre la industria turística y las organizaciones rurales sin resultados visibles. Sin embargo, el crecimiento constante del desarrollo turístico en Quintana Roo conlleva al consumo de una gran variedad de productos, lo que representa una oportunidad grandiosa para los productores locales, si existiesen los estímulos para incentivar al sector privado.”

Añadió que, además de iniciativas como esta Plataforma, se requiere el desarrollo de políticas públicas que estimulen este tipo de sinergias. La experiencia del CCMSS en Playa del Carmen y en la Península es un caso de éxito que nos ha dado muy buenos aprendizajes que pueden ser aprovechados por las instituciones gubernamentales y otras organizaciones”.

También estuvo presente en el lanzamiento Anastacio Oliveros, presidente de la cooperativa Usaec, quien explicó que la miel multifloral que se comercializa a través de esta Plataforma proviene de una producción orgánica y de un manejo sostenible de aproximadamente 7,500 hectáreas de tierra.

Indicó que para que la apicultura se desarrolle bien es necesario conservar las selvas y mantener una agricultura de bajo impacto, como la milpa o los huertos familiares. Dice que el emprendimiento comercial de Usaec Apicultores es la distribución de miel de alta calidad en presentaciones de 1 onza, 350 gr, 1 kg, garrafas de 5 y 7 kg y cubetas de 25 kg bajo la marca “Reselva”.

Por parte de Caleña, Nicolás May, coordinador de producción de esta cooperativa, explicó que el carbón que ofertan bajo la marca “El brasero del Oriente”, tiene un origen legal y se procesa siguiendo principios de inclusión social: en Caleña son socios y trabajan jóvenes, no ejidatarios y mujeres del ejido donde surge la Cooperativa.

Comentó que este ejido cuenta con un programa de manejo forestal para el aprovechamiento sustentable de 627 hectáreas de selva, el cual cuenta con la autorización de la Semarnat y cuya aplicación asegura no sólo la conservación del monte sino también su mejoramiento, pues para la producción de carbón seleccionan los árboles muertos, enfermos o aquellos que se quedaron suprimidos, y además todos los años hacen reforestaciones y revisan cómo vienen la regeneración de estas áreas. Mencionó que Caleña vende carbón en presentaciones de 3 y 18 kg, y que un colectivo de nueve mujeres del ejido se encarga del proceso de clasificación y envasado.

Los organizadores del evento de lanzamiento de la Plataforma de Cooperación Comercial dieron las gracias al hotel Paradisus de Playa del Carmen, por facilitar el espacio para celebrar el evento y formalizar públicamente su intención de compra de la miel y el carbón ofertados a través de la Plataforma.

Las cooperativas que hoy día están haciendo el lanzamiento de la Placco tienen ya acuerdos comerciales con el hotel Rosewodd Mayakoba y el corporativo Grupo Karisma, además de los restaurantes Ipanema’s y Harrys Grill. Además, hay más de seis corporativos hoteleros y cafés en los que se han presentado propuestas comerciales.

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Galería 

Información adicional:

Para mayor información sobre esta iniciativa escribir a ventas@ccmss.org.mx

Para más información contactar a Cecilia Navarro, en el correo bcecilia.navarro@gmail.com o el tel. 55 54540678.

Quienes somos:

El Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible es una asociación civil no lucrativa formada por personas y organizaciones; lleva 24 años trabajando directamente en campo con comunidades de diversos estados del país para impulsar el manejo forestal comunitario. Su misión es contribuir a mejorar las condiciones de vida y de participación de las comunidades rurales que viven en regiones forestales.

USAEC SC de RL de CV es una organización de 51 apicultores (40 hombres y 11 mujeres) con presencia en 9 comunidades del municipio de Calakmul, Campeche (Álvaro Obregón, Conhuás, El Refugio, Km. 120, La Virgencita de la Candelaria, Manuel Castilla Brito, Nuevo Becal, Puebla de Morelia y Xpujil). Destinan 7,406 hectáreas de sus tierras a la apicultura. Cuenta con un fondo revolvente propio y una línea de crédito multianual para el acopio de miel. A finales de 2016, 36% de los socios de USAEC ingresaron al padrón de producción de miel orgánica y para el 2017 esta cifra aumentó al 80%. El emprendimiento comercial de USAEC es la distribución de miel de alta calidad en presentaciones de 30 gr, 1 kg y cubetas de 25 kg.

U Lool Che SC de RL de CV, es una organización integrada por 115 apicultores con presencia en 21 comunidades de los municipios de José María Morelos y Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo. Destinan 14,813 hectáreas a la actividad apícola. Cuenta con un fondo revolvente propio y una línea de crédito para operar durante la temporada de acopio. A finales de 2016, 40% de sus agremiados ingresaron al padrón de producción orgánica y en 2017 esta cifra aumentó a un 60%. Tiene la capacidad de acopiar 145 toneladas de miel de alta calidad. En 2107 U Lool Che ha puesto en marcha la operación de un taller de estampado de cera para proveer de esta materia prima a sus socios. Este taller es operado por hombres y mujeres jóvenes que han encontrado en esta actividad una alternativa de trabajo y de crecimiento personal, considerando que el destino de los jóvenes en la región es la de salir de sus comunidades para buscar el sustento.

Carbón de Leña Verde SC de RL de CV, Caleña, es una organización de 24 productores ejidatarios del ejido San Felipe Oriente, de José María Morelos, Quintana Roo (15 hombres y 9 mujeres). El ejido cuenta con un programa de manejo forestal especial para el aprovechamiento de leña y producción de carbón vegetal, y lleva a cabo todos los procedimientos requeridos por la autoridad ambiental para asegurar la sostenibilidad ambiental de su proceso. Además de la producción de carbón, la organización hace reforestaciones anuales y lleva a cabo actividades de monitoreo de la regeneración de las áreas de selva intervenidas. En esta cooperativa participa un colectivo de nueve mujeres que asisten el proceso de envasado del carbón vegetal en presentaciones de 3 kg y 18 kg bajo la marca comercial “El Brasero del Oriente”.

En Playa de Carmen opera un centro de distribución de productos comunitarios de la selva

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Sinopsis:

Este 30 de noviembre, ejidos y organizaciones sociales en coordinación con la oficina del CCMSS en Península de Yucatán, presentarán en Playa del Carmen, Quintana Roo, la Plataforma de Cooperación Comercial (PLACCO) que busca vincular la producción local comunitaria  con la demanda de la industria turística de la Riviera Maya y Cancún. Esta Plataforma promueve y facilita mejores arreglos comerciales y el fortalecimiento de los emprendimientos campesinos de Quintana Roo.

Al lanzamiento de esta plataforma asistirán representantes de las cooperativas rurales Carbón de Leña Verde (Caleña) y Union de Sociedades Apícolas Ecológicas de Calakmul (Usaec), del CCMSS, el secretario de ecología y medio ambiente del gobierno del estado, Alfredo Arellano Guillermo, representantes del sector turismo y de la industria hotelera y restaurantera, entre otros.

El evento se llevará a cabo el 30 de noviembre de 2017, entre las 16:00 y 17:30 horas, en el Hotel Paradisus de Playa del Carmen, Quintana Roo (5a Avenida, esquina calle 112).

La plataforma contará con un centro de distribución ubicado en Playa del Carmen, para los productos obtenidos del manejo sustentable de las selvas de Quintana Roo y Campeche, por parte de comunidades y ejidos.

Las organizaciones rurales que participan inicialmente en la plataforma de cooperación comercial son:

USAEC SC de RL de CV es una organización de 51 apicultores (40 hombres y 11 mujeres) con presencia en 9 comunidades del municipio de Calakmul, Campeche. Destinan 7,406 hectáreas de sus tierras a la apicultura. Cuenta con un fondo revolvente propio y una línea de crédito multianual para el acopio de miel. A finales de 2016, 36% de los socios de USAEC ingresaron al padrón de producción de miel orgánica y para el 2017 esta cifra aumentó al 80%. El emprendimiento comercial de USAEC es la distribución de miel de alta calidad en presentaciones de 30 gr, 1 kg y cubetas de 25 kg.

Carbón de Leña Verde SC de RL de CV, Caleña, es una organización de 15 productores ejidatarios del ejido San Felipe Oriente, de José María Morelos, Quintana Roo. El ejido cuenta con un programa de manejo forestal especial para el aprovechamiento de leña y producción de carbón vegetal, y lleva a cabo todos los procedimientos requeridos por la autoridad ambiental para asegurar la sostenibilidad ambiental de su proceso. Además de la producción de carbón, la organización hace reforestaciones anuales y lleva a cabo actividades de monitoreo de la regeneración de las áreas de selva intervenidas. En esta cooperativa participa un colectivo de nueve mujeres que asisten el proceso de envasado del carbón vegetal en presentaciones de 3 kg y 18 kg bajo la marca comercial “El Brasero del Oriente”.

Para mayor información sobre el lanzamiento de la plataforma o sobre cómo acceder a los productos elaborados por las comunidades, escribir a: ventas@ccmss.org.mx

Ejidos mayas apuestan por el control de sus selvas para el bienestar comunitario











Sinopsis:

La selva de la Península de Yucatán representa un invaluable tesoro en aspectos culturales y ambientales. Miles de vestigios arqueológicos de una cultura vigente y vitales servicios ecosistémicos proveídos al patrimonio global, son sólo algunos elementos fecundos en este territorio. A pesar de todo esto, las comunidades dueñas de estas tierras viven con altos niveles de marginación, pobreza y exclusión, y han sido despojadas, entre los subsidios mal dirigidos, los partidos políticos y las religiones que dividen, de herramientas imprescindibles como la organización, la auto-gestión y el reconocimiento del bien colectivo.

En este contexto, el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, en acuerdo con ejidos del municipio de José María Morelos, puso en marcha una estrategia para mejorar el entorno comunitario a través del impulso al manejo forestal. Esta estrategia brinda acompañamiento técnico de calidad y a través de un mecanismo financiero dota de recursos económicos y alinea recursos públicos a los ejidos para facilitar la gestión de sus selvas, considerando de manera fundamental el fortalecimiento y desarrollo de capacidades locales, el avance en el proceso productivo del aprovechamiento forestal y la inclusión de jóvenes en iniciativas comunitarias de organización, manejo y transformación.

A través de este mecanismo financiero, denominado Plataforma Forestal, los ejidos participantes trabajan en el desarrollo de planes forestales ejidales en los que establecen actividades que contribuyen a retomar el control de la gestión de sus recursos forestales y territorios.

Esta Plataforma Forestal tiene sus orígenes en 2015, pero opera formalmente desde 2016, en una primera etapa en el municipio de José María Morelos, Q. Roo, con ejidos que son dueños de territorios forestales y que por diversos factores han abandonado sus planes de manejo forestal o se han insertado en un esquema “rentista” de su selva, es decir, rentan sus derechos de aprovechamiento a compradores que no tienen mayores consideraciones sobre el cuidado y manejo sostenible de la selva, la conservación de la biodiversidad, ni el desarrollo de capacidades locales en las comunidades.

Recobrar la confianza para retomar el control

Dos de los nueve ejidos de José María Morelos que participan en el mecanismo de la Plataforma Forestal, son Dziuché y Puerto Arturo, que están apostando por recobrar el control de su gestión forestal.

En el ejido Dziuché contaban con un Plan de Manejo Forestal que estaba autorizado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); sin embargo, la complejidad de los trámites y requisitos que se requieren completar desmotivó a la comunidad y la asamblea ejidal decidió abandonar las actividades del aprovechamiento.

Luego de casi diez años de inactividad del aprovechamiento forestal, el ejido decidió participar en la Plataforma Forestal, mecanismo desarrollado por el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, para promover en los ejidos el retomar el control en la gestión de sus recursos naturales. En este 2017, Dziuché estableció su oficina forestal ejidal, conformó un expediente con toda la documentación legal del ejido y de su plan forestal, comenzó la operación de controles administrativos y de inventarios de volúmenes de madera y facilitó la participación de jóvenes del ejido en las actividades de la operación forestal.

“Se está trabajando también en asambleas ejidales con rendición de cuentas, que fomenten la transparencia, para recuperar la confianza de los ejidatarios y que vean que el aprovechamiento forestal es una buena oportunidad para generar ingresos y empleos”, explica Alberto Burgos Mendoza, actual presidente del comisariado ejidal de Dziuché.

Añade que “lo importante no es que vendamos la madera en pie, sino que la propia gente del ejido haga los trabajos del aprovechamiento y que después le demos más valor aserrando la madera”.

Para la reactivación del plan de manejo forestal, el ejido se apoya en un grupo de jóvenes del mismo ejido que “han ayudado bastante en la conformación de la oficina forestal y en la formalización de los controles”, ellos llevan a cabo la administración de las salidas de madera, ayudan al comisariado en el llenado de las remisiones forestales y llevan un inventario.

Junto con los técnicos forestales, “los jóvenes colaboran en las labores de monteo, hacen un inventario de todos los árboles que hay en la zona que se está aprovechando y marcan los que se van a tumbar”.

En este primer año en que se retomaron las actividades de aprovechamiento forestal en Dziuché “tuvimos que vender la madera en pie. Como no teníamos capital en el ejido para empezar con las labores, que en promedio son de unos 200 mil pesos, que se utilizan para las brechas del área, el monteo, el mantenimiento del camino, la renta de la maquinaria para el arrastre, el combustible, entre otras cosas”, refiere el presidente del comisariado ejidal.

Plantea que algunos ejidos prefieren recibir el pago de derecho de monte, por poco que este sea, sin la necesidad de hacer actividades en el bosque, , “varios de ellos  están contentos de seguir vendiendo en pie y recibir sus dos o tres mil pesos al año, pero no se trata de eso; se trata de que el ejido haga todos los trabajos de aprovechamiento, que todos esos empleos que se generan sean para los miembros del ejido, y para que más jóvenes y mujeres se involucren”.

En el ejido no hay muchas oportunidades laborales, los jóvenes tienen que salir de la comunidad en busca de trabajo o para continuar con sus estudios, y aunque vayan a escuelas públicas sus familias no pueden costeárselos, ya que, “en promedio, en un día de escuela se gastan cien pesos en transporte, alimentos y materiales para las clases; y de dónde sacará esa familia ese dinero si no tiene trabajo”, cuestiona.

El ejido acaba de renovar el contrato de Pago por Servicios Ambientales (PSA) con la Conafor para la conservación de una superficie de 3 mil hectáreas por un periodo de 5 años, cuyos recursos se repartirán entre los 473 ejidatarios. “Estos recursos también sirven, pero no se desarrollan proyectos que generen más ingresos”, apunta Burgos Mendoza. Actualmente, la asamblea del ejido Dziuché discute el destinar el 40 por ciento del PSA para comprar un tractor de uso común que les permita hacer el arrastre de su madera en el área con aprovechamiento forestal.

Más allá de las ganancias, una empresa forestal comunitaria se valora por los empleos que genera para la comunidad y el mantenimiento que le da al bosque. “Es una lástima que no contemos ni con un tractor, que la gente, para hacer sus milpas, tengan que contratar a alguien para que les barbeche la tierra. No nos hemos podido poner de acuerdo para adquirir el tractor y que el dinero que se gasta en renta de maquinaria para la agricultura o las actividades del aprovechamiento forestal se quedaran en el propio ejido”, reprocha Alberto Burgos.

El plan de manejo y aprovechamiento forestal de Dziuché contempla 5 mil hectáreas de selva, de las cuales pueden aprovechar superficies de 500 hectáreas cada dos años. “Tenemos la intención de hacer una modificación al plan de manejo para que se aprovechen 250 hectáreas cada año, y así no tener que parar por completo durante todo un año las actividades del aprovechamiento. La intención es que la gente no pierda interés, que sigamos especializándonos y que nosotros, como ejido, hagamos esta labor de conservación activa del bosque” detalla.

Nuestro monte, lleno de especies de flora y fauna, es como un banco que no hemos querido aprovechar adecuadamente, tenemos un enorme potencial y aunque no tenemos caoba, tenemos otras especies con buen mercado, los compradores vienen al ejido a buscar la madera, no hay ni necesidad de salir a buscar mercados.

En su permiso de aprovechamiento cuentan con volúmenes de especies como el ciricote, tzalam, chakte viga, chacaj rojo, zapote, chechen, entre otras. Y luego de los procesos de aprovechamiento realizan reforestaciones en las que introducen especies como la caoba, el cedro y el ramón. Hay que mejorar el bosque con especies de mayor valor comercial que puedan seguir manejando las futuras generaciones, como los hijos de estos jóvenes que se están incorporando a las tareas del aprovechamiento”.

Diversificación productiva a buen puerto

Por su parte, el ejido Puerto Arturo, también del municipio de José María Morelos, lleva alrededor de una década aprovechando su selva, pero únicamente extrayendo palizada, es decir árboles de diámetros pequeños, menores a 20 centímetros. Estos palos se utilizan para la construcción de palapas o como tutores para actividades de producción agrícola.

El ejido comercializa 20 mil piezas de palizada por año. “Estos diámetros menores son muy comunes en nuestro monte porque son zonas de cobertura que hace 20 o 30 años eran zonas de cultivo agrícola. Antes, la gente sembraba en un lado y al siguiente año tiraba monte en otro lado y movía sus cultivos de acá para allá”, comenta Luis Contreras, presidente del comisariado ejidal de Puerto Arturo.

Este tipo de vegetación secundaria denominada en la región como guamiles, tiene mucho potencial puesto que es muy usada por los desarrollos turísticos de todo el Caribe. Además de la palizada se podrían ocupar las puntas y ramas para hacer carbón vegetal, con lo cual se generarían más empleos e ingresos para todos los miembros del ejido.

Así como Dziuché, el ejido Puerto Arturo participa en el mecanismo de la Plataforma Forestal desde hace dos años, en el primer año fortalecieron su organización interna con mejoras en sus asambleas ejidales y la instalación de su oficina forestal. Además de la conformación de un fondo ejidal forestal, de un peso por un peso, para re-invertir en el proyecto forestal. Al igual que en Dziuché, un grupo de dos jóvenes, un hombre y una mujer, participa en las labores de la gestión administrativa del aprovechamiento forestal ejidal.

El presidente del comisariado explica que el desinterés que tenía el ejido en el manejo de su selva se debe, en parte, a que es un ejido con una intensa producción agrícola, gracias a las condiciones del suelo del ejido, y a que cuentan con sistemas de riego, producen cacahuate, sandía, pepino, maíz, calabaza, limón, naranja, entre otros cultivos. “En temporada de cosecha los coches no pueden pasar porque la gente utiliza la carretera como patio de secado, esto da trabajo a muchas personas del ejido y los alrededores”, resalta.

Sin embargo, desde que Luis tomó el cargo de comisariado ejidal, ha promovido la activción del aprovechamiento forestal, “porque pueden generarse más empleos y recursos para el desarrollo del ejido. Por lo pronto, lo que ya hicimos es construir una casa ejidal de cemento y con loza, porque era una palapa abierta y no había suficientes condiciones para desarrollar las asambleas”.

“Aunque en este 2017 es el primer año que comenzamos a aprovechar el bosque con diámetros mayores, ya no solo palizada, los mismos ejidatarios ya vieron que se generaron empleos por la apertura de caminos y carriles de arrastre de la madera. La meta es que podamos avanzar a la transformación de la madera en rollo a tablas”, comenta Francisco Javier Pat Cel, miembro del consejo de vigilancia del ejido Puerto Arturo.

Explica que en Puerto Arturo “el monte está parcelado internamente, y dependiendo de dónde sea el área de aprovechamiento en cada anualidad y dependiendo de la persona que sea dueña del predio, se llevan a cabo los trabajos. Si el dueño del terreno está interesado en participar en los trabajos del aprovechamiento puede hacerlo y recibe ingresos por su trabajo y su madera, además se le da una cuota de derechos al ejido porque lo que se aprovecha en cada terreno”.

Las utilidades obtenidas por la venta de la madera se dividen, una parte para el dueño del terreno y otra parte para el ejido. Asimismo, con la venta de la madera se pagan los jornales y los gastos originados durante los trabajos de corta y reforestación.

El ejido Puerto Arturo tiene una superficie de 8 mil 400 hectáreas, de las cuales 2,500 están consideradas en su plan de manejo forestal. Otras 3 mil 600 se incorporaron al programa de Pago por Servicios Ambientales, “aunque no tengamos servicios ambientales, el propio ejido ha destinado un área a la conservación voluntaria y está certificada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp)”, resalta Francisco Pat.

El comisariado ejidal subraya la importancia de la selva, “no solo para la producción de madera, sino para la conservación de los animales, para los apicultores y para toda la gente que dependemos de ella”.

Un joven entusiasta de la apicultura y la agricultura en la selva maya











Sinopsis:

La niebla de la mañana apenas permite ver a diez metros de distancia. Rafael prepara una caja con todos los utensilios que ocupará en el apiario. Lleva un velo para cubrirse la cabeza, una camisa de tela gruesa, el ahumador ya encendido y un tazón con una mezcla dulce que ha preparado para alimentar a sus abejas.

La noche previa estuvo muy lluviosa y el camino está inundado. Con todas las cosas en el tractor, único medio de transporte para llegar a su apiario en el interior del monte, rodeado de vegetación y cultivos, Rafael Bermon se dirige a su destino.

Este joven apicultor de 19 años de edad, del municipio de José María Morelos, Quintana Roo, pasa sonriente entre la milpa ya crecida y esquiva con peripecia los grandes charcos que obstruyen el camino. Luego de 5 kilómetros a través de la vegetación, se abre un pequeño claro en el que el zumbido de las abejas y los moscos lo obligan a ponerse el velo de trabajo.

Rafael es hijo de un apicultor y campesino, y está orgulloso de dedicarse a lo mismo que su padre. Debido a que su papá es socio de la Cooperativa U Lool Che, que agremia a 115 apicultores del municipio, Rafael recibió la invitación para participar en un programa de formación técnica y humana impulsado por la Cooperativa y el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.

El programa que comenzó a mediados de 2016, propició la conformación de un taller de estampado de láminas de cera, que se requieren para la producción de miel. Un grupo de siete jóvenes, tres mujeres y cuatro hombres, entre los que se encuentra Rafael, se encargan de acopiar cera con los socios de U Lool Che para procesarla en láminas estampadas.

Como parte de este proceso formativo, Rafael y sus compañeros no solo se dedican al estampado en cera, también recibieron cinco colmenas cada uno, para que pudieran instalar sus apiarios y producir miel orgánica. Todo esto, con capacitaciones y acompañamiento técnico.

Para Rafael Bermon Parra la apicultura es una actividad fácil, “no le tengo miedo a las abejas, y se me facilitan todas las actividades que se tienen que hacer. Me gusta hacerlas”, comenta efusivo.

Ya en su apiario, se desliza entre los cajones con una estela de humo para tranquilizar a las abejas, revisa una por una sus colmenas. “Se tiene que hacer limpieza de forma regular para evitar que las plagas, como la hormiga o el escarabajo maten a las colmenas”, explica.

Luego, con la mezcla que preparó previamente en su casa: una torta proteica para alimentar a las abejas, coloca porciones suficientes en cada colmena. “Esta torta la aprendí a hacer en un taller que nos dieron por parte de la Cooperativa, sobre el manejo adecuado de las colmenas”, refiere.

Las capacitaciones y visitas para el intercambio de conocimientos es otro de los beneficios de formar parte de la Cooperativa U Lool Che, así como la adquisición de insumos a precios más accesibles y financiamiento para los apicultores socios.

Luego de más de una hora en el apiario, Rafael revisa de reojo su parcela, con la milpa ya crecida. Comenta que en una semana tendrá que cosechar. Cuenta con dos hectáreas y media que le cedió su padre, en las que produce limón, plátano y maíz.

Para este joven la vida de campesino es una muy buena opción para vivir dignamente y junto a su familia y pareja. Luego de una experiencia como trabajador en la cocina de un restaurante en la zona turística de Tulúm, Quintana Roo, subraya que prefiere “dedicarme a la apicultura y a la agricultura, aquí controlo mis tiempos, estoy cerca de mi familia, no tengo tanta presión y me gusta hacer estas cosas”.

Rafael Bermon estudió la carrera técnica en gastronomía y al graduarse se fue a trabajar como cocinero en un restaurante. “Trabajaba seis días a la semana, de siete de la mañana a siete de la noche, la presión era mucha y el sueldo muy bajo. El día que tenía de descanso me venía a ver a mi familia y en la madrugada del día siguiente me tenía que ir directo al trabajo”. Luego de un año en Tulúm, decidió renunciar y dedicarse de lleno a la apicultura y a su parcela.

Como Rafael, muchos jóvenes de su municipio se ven obligados a emigrar en busca de ofertas de empleo, a diferencia de él, la mayoría de los jóvenes no cuentan con oportunidades de formación “extra muros” que les permita permanecer en sus comunidades, cerca de sus familias, trabajando en actividades que les generen buenos ingresos y manteniendo una vida más relajada.

Para el próximo año, Bermon Parra será socio de U Lool Che y espera vender su miel orgánica a la Cooperativa. “Creo que será un buen año, porque ya está lloviendo luego de una sequía de más de dos años” detalla. Además, planea seguir creciendo su número de colmenas y comenzar a producir abejas reinas, que tienen alta demanda en la región y aseguran un aumento de la producción de miel.

La apicultura en la Península de Yucatán es una actividad productiva viable que puede ser desarrollada por los jóvenes y convertirse en alternativa frente a la opción de migrar, por lo que con mayores estímulos para el desarrollo de capacidades se propiciaría una mayor inserción de los jóvenes en esta actividad; renovando así, los esfuerzos de miles de apicultores que hoy día tienen que luchar para evitar el avance de prácticas insostenibles como la agricultura industrial, los cultivos transgénicos y los megaproyectos energéticos que amenazan sin descanso este medio de producción y de vida, del que dependen miles de familias campesinas mayas.

Mujeres mayas hacia una participación equitativa en el manejo forestal











Sinopsis:

Las mujeres tienen las mismas capacidades que los hombres y por lo tanto las oportunidades de participación deberían ser igualitarias. Desafortunadamente, cuando alguna ejidataria toma la palabra en las asambleas, la mayoría de los hombres ignoran sus participaciones”, comenta María Candelaria Pech Noh, ejidataria de La Esperanza, en el municipio de José María Morelos, Quintana Roo.

Este escenario de inequidad es la realidad de todos los días de por lo menos 14 de cada cien mujeres en el estado de Quintana Roo[1], que aun cuando gozan de derechos agrarios se les obstruye el ejercicio de su voz y voto para la toma de decisiones en sus ejidos. Por otra parte, en municipios altamente rurales como José María Morelos, Q. Roo, en donde el 59 por ciento de la población vive en comunidades rurales, los poseedores de las tierras representan sólo un porcentaje que no incluye a todos aquellos hombres y mujeres que habitan y usan estos territorios.

“Esa mentalidad debería de cambiar y algunas personas sí están cambiando de actitud. Las mismas mujeres debemos hacer que eso cambie, porque muchas compañeras de nuestro ejido ni siquiera exigen sus derechos y cuando hay oportunidades de participar en proyectos se niegan a hacerlo, porque creen que no pueden”, detalla la señora María Candelaria.

Los indicadores clave de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) expresan que, a pesar de los avances, las mujeres rurales se encuentran en peores condiciones que los hombres rurales y que las mujeres y hombres urbanos; aun cuando “las mujeres rurales desempeñan una función clave de apoyo a sus hogares y comunidades para alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional, generar ingresos y mejorar los medios de subsistencia y el bienestar general en el medio rural. Contribuyen a la agricultura y a las empresas rurales y alimentan las economías, tanto rurales como mundiales. Pese a todo, cada día alrededor del mundo, las mujeres y niñas rurales se enfrentan a continuas limitaciones estructurales que les impiden disfrutar plenamente de sus derechos humanos y dificultan sus esfuerzos por mejorar sus vidas y las de aquellos a su alrededor”[2].

En este sentido, el desarrollo de sociedades sanas y fuertes depende de la participación efectiva de los actores que las componen. El impulso a las mujeres rurales a través de iniciativas que generen escenarios idóneos para una participación más equitativa, debe ser una prioridad. Con sus aportaciones y capacidades, las mujeres en la ruralidad podrán detonar un mayor nivel de desarrollo y bienestar comunitario.

Lool Ja’abin un vivero forestal manejado por mujeres 

María Candelaria, junto con otras 15 mujeres del ejido La Esperanza participa en un programa de formación de liderazgos comunitarios y de capacitación técnica para desarrollar iniciativas productivas asociadas al manejo del territorio. El colectivo de mujeres del vivero Lool Ja’abin, inició su formación luego de que la asamblea ejidal acordara la necesidad de su participación para la producción de planta forestal que enriqueciera el área de la selva aprovechada.

Esta acción, promovida por el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, impulsa en la región alternativas para la participación de las mujeres en el manejo forestal comunitario, mientras, de manera simultánea, se fortalecen principios de organización, liderazgos e identidad; y se trabajan nuevos conceptos referidos a la inclusión y la equidad de género.

“Cuando comenzamos éramos 30 mujeres las que se inscribieron para participar, pero cuando las compañeras se dieron cuenta que se tenía que trabajar, casi la mitad desistió”, comenta Dalia Maribel Briseño Yupit, quien también forma parte del colectivo de mujeres. Añade que los talleres en los que participan “se imparten en español y en maya, ya que la mayoría de las mujeres habla esta lengua indígena y el uso de la lengua maya genera en las integrantes confianza para su participación”.

La señora María Candelaria explica que el proceso de instalación del vivero “Lool Ja’abin”, en el que ya tienen una producción de siete mil plantas, fue complicado porque había resistencia por parte de la asamblea ejidal y la población en general. Sin embargo, ella cedió el terreno para instalar ahí el vivero y a cuatro meses de haber comenzado con la instalación, ya han logrado producir más de siete mil plantas forestales de las especies caoba, ramón, cedro y ciricote; que son de gran valor comercial y las principales especies que usa el ejido La Esperanza para la reforestación, luego del aprovechamiento forestal.

María Candelaria Pech manifiesta que, “las mujeres que integramos el equipo del vivero somos hijas, esposas o madres de los ejidatarios, y nos ha costado que respeten nuestro trabajo”. Subraya que “la rendición de cuentas y transparencia ante la asamblea ejidal, ha evitado las críticas al proyecto del vivero”.

Esta iniciativa se desarrolla en dos ejidos más de José María Morelos: Rancho viejo y San Felipe Oriente.

De mujeres y de carbón; iniciativa para el envasado de carbón

En el ejido San Felipe Oriente, del municipio de José María Morelos, opera la Cooperativa Carbón de Leña Verde (Caleña), conformada por ejidatarios y avecindados. Caleña acopia buena parte del carbón que se produce en el Ejido y lo comercializa a distintos destinos, entre ellos a corporativos hoteleros y cadenas restauranteras de la Riviera Maya.

Un grupo de 11 mujeres solicitó a Caleña la oportunidad de integrarse a su proceso productivo, generando valor agregado a la producción a través del envasado del carbón en presentaciones de 3 y 18 kilogramos. El espacio de participación para las mujeres es reconocido y valorado por los socios de la Cooperativa, debido a que representa un apoyo en la búsqueda de bienestar para sus familias, ya que son esposos o padres de las mismas, “nos sentimos mejor valoradas y participamos en las actividades, y también generamos un poco más de ingreso para la familia” indica Aholibama Bermudes.

La participación de las mujeres no se concentra en el envasado, sino que también realizan labores de promoción y comercialización al menudeo de las presentaciones de 3 kilos. “Salimos a la cabecera municipal de José María Morelos y otros pueblos a ofertar el producto y de a poco ya se va conociendo y vendiendo más”, comenta Deisy Araceli Borges.

El interés de las mujeres por hacer crecer la Cooperativa responde a sus propias expectativas, “que más allá de ser solo las esposas, estamos en vías de convertirnos en socias de Caleña”, destaca Deisy, quien lideró la fase de inclusión de las mujeres en el proceso de clasificación y envasado del carbón vegetal.

Las mujeres aportamos otra visión a las actividades, somos más observadoras y cuidadosas, por eso es importante que tanto mujeres como hombres participemos, porque eso enriquece más el trabajo. Por ejemplo, con el vivero, nosotras tenemos un mayor cuidado con las plantas para la reforestación. Son actividades complementarias que van a dar mejores resultados para el ejido y la Cooperativa”, subraya Amalia Leticia Borges Pool, participante del colectivo de mujeres del vivero forestal y futura socia de la Cooperativa Carbón de Leña Verde.

Algunas otras mujeres que se en encuentran en el proceso de vinculación con la Cooperativa, también forman parte del colectivo de mujeres que opera el vivero para la producción de plantas forestales. “Nos gusta trabajar, y aunque tenemos también otras responsabilidades con los hijos y el hogar, nos damos tiempo de generar un ingreso en el carbón y ahora en el vivero”, explica Aholibama Bermudes.

Este tipo de iniciativas, como la cooperativa de carbón y la operación de los viveros comunitarios, abre una oportunidad para que las personas que no detentan derechos agrarios puedan participar en actividades productivas que impacten directamente en el devenir de la comunidad y de una u otra manera, tomar las riendas de procesos que, a mediano plazo, pueden incidir en el desarrollo del ejido.

Un reto importante que enfrenta el medio rural mexicano, es el cambio hacia una política de inclusión y fomento al desarrollo de capacidades productivas, que reduzca la brecha entre los grupos que tienen derechos agrarios y el resto de la población.

[1] ONU-HABITAT, Reporte Nacional de movilidad urbana en México 2014-2015

[2] Nota informativa elaborada por el Grupo de acción interinstitucional sobre la mujer rural que dirigen FAO, FIDA y PMA

 

Acuerdos para la inclusión de jóvenes en organizaciones de base











Sinopsis:

Uno de los objetivos de la iniciativa Nuevos Actores y Diversificación Productiva, que forma parte del Programa de Apoyo a la gestión Comunitaria del Territorio (PAGET) del Consejo Civil, es precisamente, identificar y fomentar diversificar la producción comunitaria partir del manejo y gestión de los territorios forestales, “porque los bosques y selvas son más que madera”.

La selva Maya es una región ideal para la producción de miel, no por nada es una de las principales actividades productivas y sustento de las familias mayas de la Península de Yucatán. En esta región se genera el 80 por ciento del volumen total de la miel mexicana.

La selva, los acahuales y las milpas proveen de alimento a las abejas para producir una miel de excelente calidad. Gracias a estas condiciones, un grupo de apicultores de José María Morelos decidió conformar una Cooperativa de producción de miel, que hoy día está integrada por 115 socios del municipio.

La Cooperativa U Lool Che que en tres años ha logrado dar pasos importantes para su consolidación, trabaja en alianza con el Consejo Civil, en la Iniciativa Nuevos Actores y Diversificación Productiva (INADI). La INADI busca marcar una pauta en escenarios rurales de la Península de Yucatán para promover la participación de jóvenes, mujeres y personas sin derechos agrarios en la gestión del territorio rural y el desarrollo comunitario. Esta participación está alineada a la expansión de las cadenas de valor de la producción campesina, generando valor agregado a la producción local y/o ampliando la oferta de servicios hacia los miembros de comunidades y organizaciones rurales.

Un grupo de siete jóvenes (mujeres y hombres) constituye el piloto de inclusión de la Cooperativa, son hijos de apicultores socios y  han logrado levantar un taller de estampado de láminas de cera pura. Estas láminas son indispensables para la producción de miel y al no contener parafina son ideales para la producción de miel orgánica.

Los jóvenes reciben asistencia y acompañamiento técnico para la fabricación de las láminas de cera estampada; además, participan en las sesiones de formación humana y liderazgo comunitario impartidas por el Consejo Civil.

El taller de estampado de cera se creó para dar un servicio exclusivo a los socios de U Lool Che, que les permita a los apicultores de la cooperativa abatir costos de producción, mientras que un apicultor paga 14 pesos por una lámina de cera, el taller de estampado le presta un servicio de maquila a los socios para transformar su cera bruta en láminas de cera, con un costo final para el apicultor socio de 2 pesos.

Los jóvenes están encargados de acopiar la cera de los apicultores socios de U Lool Che, para posteriormente, cuando tengan un volumen superior a los 100 kilos los procesen en láminas estampadas. El proceso cuenta con varios controles de calidad que garantizan que el producto es apropiado para la producción de miel y que el proceso no tiene riesgos para los jóvenes.

En el taller, los jóvenes cuentan con normas de conducta y se rigen bajo valores de cooperación, equidad, solidaridad, puntualidad y responsabilidad. Asimismo, los jóvenes elaboraron un plan de negocios que les permitió determinar su capacidad productiva, su necesidad de acopio de materia prima y su requerimiento de comercialización para lograr utilidades.

Más allá de solo brindar un servicio a la cooperativa, las tres mujeres y cuatro hombres que integran el taller de estampado, ya se han convertido en apicultores. Como parte de la INADI se dotó, a cada joven, con cinco colmenas. Hay algunos jóvenes que en menos de un año han logrado duplicar sus colmenas y ya comenzaron a producir miel orgánica.

María Marcolina Morales Bacab, asesora técnica en U Lool Che e integrante del taller de estampado de cera, resalta que “estas iniciativas de la cooperativa y sus alianzas son muy importantes, tanto para la propia cooperativa como para los jóvenes, porque nos permite integrarnos a una actividad productiva, nos ayuda a aprender y a organizarnos. También sirve para dar mejores beneficios a los socios de U Lool Che”.

Por su parte, Rafael Bermon, de 19 años platica que “la apicultura es una muy buena opción de vida, yo prefiero trabajar con las abejas que en un restaurante de Tulúm. Porque ahí la presión es demasiada y el salario es bajo. Además, tengo que estar fuera de mi casa”.

Rafael estudió la carrera técnica en gastronomía y decidió irse de su ejido Adolfo López Mateos en José María Morelos a trabajar a la zona hotelera de Quintana Roo, pero “no me gustó ese tipo de trabajo, que no se valora mucho y con mucha presión. Es mucho mejor la apicultura y trabajar el campo. Eso me gusta hacer, estar en medio del monte trabajando con las abejas”.

Para el año 2018, se pretende que los jóvenes que forman parte del taller y el proceso de formación se integren como socios de la Cooperativa U Lool Che, que la cooperativa les compre su producción de miel orgánica y puedan consolidarse como productores apícolas y líderes animadores de otros jóvenes.

Una plataforma que impulsa a comunidades mayas para el manejo de sus recursos forestales











Sinopsis:

 

Los bosques y selvas comunitarios proveen enormes beneficios a las sociedades rurales en México. A través del manejo y el aprovechamiento forestal, cientos de comunidades rurales han mejorado sus niveles de vida y conservado un preciado patrimonio natural. A pesar de las bondades de este esquema, las comunidades dueñas de los bosques y selvas del país enfrentan una serie de obstáculos que ralentizan, y en el peor de los casos frenan, el desarrollo de emprendimientos productivos basados en el manejo y aprovechamiento forestal, tales como la excesiva y rígida regulación que permea al sector, y como la falta de una inversión por parte del Estado en bienes públicos que favorezcan su crecimiento.

De acuerdo con estimaciones del investigador Frederick Cubbage, en México operan alrededor de 990 empresas forestales comunitarias con distintos niveles de desarrollo, pero este número podría ser mucho mayor, por lo menos el doble, puesto que hay más de 12 mil comunidades y ejidos que cuentan con al menos 200 hectáreas de bosques y/o selvas, lo que representa una superficie de 97 millones de hectáreas de cobertura bajo propiedad social, esto equivale al 70 porciento de la cobertura forestal del país.

El mecanismo de la Plataforma Forestal

En este contexto, el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible desarrolla una estrategia de Impulso al Manejo Forestal Comunitario cuyo objetivo es fortalecer las capacidades de ejidos dueños de selvas para aumentar el control de sus recursos forestales y con ello mejorar la gestión de los territorios comunitarios.  Se trata de una estrategia que puesta por la propiedad social, el manejo comunitario de la selva y la conservación activa de los paisajes forestales. Apuesta por el desarrollo de capacidades locales para el control de los medios de producción y por la participación de jóvenes, mujeres y personas con y sin derechos agrarios.

Esta Estrategia trabaja con ejidos del municipio de José María Morelos, Quintana Roo, que cuentan con Programas de Manejo Forestal, pero que carecen de capacidades técnicas, organizativas y económicas para liderar una gestión forestal.

En el estado de Quintana Roo la propiedad de la tierra es mayoritariamente ejidal. La entidad cuenta con 2.8 millones de hectáreas de selva que pertenecientes a 275 ejidos, la gran mayoría de ellos, con población indígena maya que vive en condiciones de pobreza en medio de una gran riqueza natural. Partiendo de las realidades regionales, el CCMSS diseñó un mecanismo financiero denominado “Plataforma Forestal”, que funciona como instrumento promotor de la estrategia de Impulso al Manejo Forestal Comunitario. Mediante este instrumento financiero se da un soporte económico a los ejidos para la operación de actividades que mejoran sus capacidades para la gestión forestal en el marco de planes anuales de trabajo. A su vez, la Estrategia cuenta con un equipo técnico de calidad que acompaña y asiste técnicamente a los ejidos a lo largo de la operación de sus planes forestales anuales.

Con una convocatoria abierta a lo largo del año, los ejidos interesados en participar en la Plataforma Forestal presentan su candidatura a través de una carta de intención elaborada por el propio ejido, comprometiéndose a trabajar bajo una serie de principios de rendición de cuentas y transparencia, inclusión social, gestión colectiva y beneficio común, y cumplimiento a la normatividad ambiental.

El mecanismo de la Plataforma Forestal cuenta con un fondo que es gobernado por un Comité Técnico conformado por representantes de la CONABIO, la CONAFOR y la Secretaría de Medio Ambiente del estado de Quintana Roo y del CCMSS. Este Comité colabora con la revisión y calificación de las propuestas de los ejidos, crea sinergias con los programas gubernamentales para potenciar las iniciativas ejidales y dar transparencia a la operación de la Plataforma Forestal.

“Se trata de un instrumento que busca cambiar aquellas formas viciadas de acceder a recursos públicos donde las necesidades del ejido las determina la institución gubernamental bajo un nivel nacional y el prestador de servicios técnicos según sus capacidades y habilidades de gestionar los mayores recursos económicos posibles”, refiere Sara Cuervo, coordinadora del CCMSS en la Península de Yucatán.

La Plataforma Forestal dispone de unos componentes de financiamiento que fueron diseñados considerando las debilidades y carencias que presentan los ejidos en la región y que al ser estimuladas puedan abrirse nuevos escenarios de crecimiento y participación local con una menor dependencia de intermediarios y de prestadores de servicios técnicos.

En Quintana Roo, y más concretamente en el municipio de José María Morelos, el sector forestal presenta una tendencia de estancamiento. En los últimos años la producción maderable ha caído en un 50 por ciento y solo se produce un 20 por ciento de los volúmenes autorizados para el aprovechamiento forestal.

Muchos de los ejidos dueños de terrenos forestales tienen inactivos sus o programas de manejo forestal autorizados por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos naturales (Semarnat). Además, la mayoría de estos instrumentos de manejo presentan deficiencias serias en su elaboración que impiden el crecimiento exitoso de iniciativas productivas y comerciales.

La totalidad de estos ejidos carecen de capital para llevar a cabo sus actividades de aprovechamiento forestal, inclinándose por un esquema “rentista” de sus recursos forestales, es decir, venden la madera en un eslabón inicial de la cadena condenando el emprendimiento a ingresos muy bajos, participaciones locales reducidas y prácticas poco sostenibles en las labores del aprovechamiento forestal al haber cedido el control de sus recursos.

Sara María Cuervo, indica que la estrategia de Impulso al Manejo Forestal Comunitario pretende mostrar en la región escenarios de manejo forestal distintos, en los que los ejidos y las personas locales logren roles más dignificantes basados en una participación efectiva y un beneficio real para las familias. Las actividades para lograr lo anterior se dinamizan a través del fortalecimiento permanente de capacidades locales para la gestión forestal, la aplicación de prácticas de aprovechamiento de bajo impacto, el desarrollo de iniciativas que diversifiquen la producción y aumenten su valor y la inclusión de jóvenes y mujeres en el manejo forestal comunitario.

Comenta que de los 9 ejidos que participan en el mecanismo, y que son dueños de alrededor de 24 mil hectáreas de selva bajo manejo, ya hay experiencias reveladoras que nos demuestran que abandonar el esquema rentista es posible, que se requiere de mayor participación de la gente local y de una intervención más inteligente.

Los ejidos que participan en la Plataforma forestal reciben acompañamiento técnico para la elaboración de planes forestales ejidales, en los que se describen las actividades que llevarán a cabo durante el año con el respaldo del financiamiento que este mecanismo les ofrece. Son los propios ejidos los que deciden en sus asambleas en qué quieren trabajar e invertir los recursos, siempre y cuando las actividades estén acordes a su nivel de desarrollo y contribuyan al control comunitario de sus recursos forestales.

A lo largo de la operación de los planes ejidales se evalúa el desempeño de los ejidos y se establecen acuerdos de mejora. Estas evaluaciones sirven de insumo al Comité Técnico de la Plataforma Forestal para dar un seguimiento de los procesos comunitarios y tomar decisiones inteligentes considerando áreas de oportunidad que permita contar con más y mejores experiencias de manejo forestal comunitario en la región.

Inclusión en el manejo forestal

La inclusión de mujeres y jóvenes en las actividades para la gestión forestal en los ejidos es un elemento transversal de la estrategia de Impulso al Manejo Forestal Comunitario, además de contar en la Plataforma Forestal con actividades específicas que promueven que las estructuras ejidales faciliten la participación de mujeres y jóvenes en actividades de la operación forestal. A través de formaciones con enfoques técnicos y de desarrollo humano, jóvenes y mujeres de los ejidos están enriqueciendo las iniciativas forestales comunitarias y construyendo escenarios para una participación más efectiva.

Las directivas ejidales se ven fortalecidas con la participación activa de jóvenes del propio ejido en tareas como la operación de controles administrativos de la operación forestal y de inventarios de la madera, la generación de reportes a las asambleas ejidales, la cubicación de la madera en rollo y el llenado de la documentación legal, entre otras.

Las habilidades y visión de los jóvenes dinamizan las operaciones forestales de los ejidos, al mismo tiempo, los jóvenes encuentran espacios de participación, inicialmente muy operativos y con miras de lograr incidir en la toma de decisiones del ejido; cosa que generalmente no ocurre, porque tradicionalmente solo los titulares de derechos agrarios tienen voz en la toma de decisiones y goce pleno de los recursos.

Asimismo, la estrategia fomenta la participación activa de mujeres a través de la conformación de grupos de trabajo que puedan emprender iniciativas productivas que se inserten en el proceso de manejo y aprovechamiento de los recursos forestales de los ejidos, como la conformación de viveros comunitarios para la producción de planta forestal de calidad que se empleará en las reforestaciones de los ejidos.

Las mujeres que deciden integrarse a estos grupos de trabajo reciben capacitaciones técnicas y talleres para fortalecer los procesos de organización, liderazgo y autogestión.

Más allá de la participación en actividades productivas, se pretende que las mujeres desempeñen un rol más protagónico en la toma de decisiones, que se respeten sus puntos de vista y se valore su valiosa aportación en la vida comunitaria.

Algunos resultados

Con la puesta en marcha de la Plataforma Forestal se ha logrado que 9 ejidos del municipio de José María Morelos, Quintana Roo, que son dueños de una superficie forestal de 24 mil hectáreas, estén tomando decisiones más acertadas para la gestión de los paisajes forestales y el mejoramiento del entorno comunitario.

Más de 1,300 ejidatarios participan y reciben beneficios y co-beneficios de la apropiación del proceso de manejo y aprovechamiento de su selva. Como ejemplo, el Ejido San Felipe Oriente ha logrado avanzar de manera importante en la consolidación de su Cooperativa Carbón de Leña Verde (Caleña) mediante el fortalecimiento de su capacidad productiva de carbón vegetal con hornos metálicos, la apertura de nuevos canales comerciales y la integración de un colectivo de mujeres que realiza el proceso de envasado de un producto diferenciado.

Asimismo, Ejidos como Dziuché, Puerto Arturo y Rancho Viejo han reactivado sus planes de manejo forestal y en 2017 comenzaron con sus labores de producción de madera en rollo, dejando beneficios considerables a las familias locales. Consideran que un siguiente paso es diversificar su producción y hacerse cargo de nuevos eslabones de la cadena de valor para así generar mayores beneficios a los ejidatarios y más empleos para toda la población local.

Durante 2016, a través de la Plataforma Forestal se canalizaron 1.8 millones de pesos a los ejidos para que pudiesen llevar a cabo sus planes forestales ejidales y se logró la alineación de otros 3.5 millones de pesos provenientes de la Comisión Nacional Forestal que fueron dotados directamente a los ejidos.

También se ha logrado la participación activa de jóvenes en las actividades de aprovechamiento forestal en todos los ejidos que forman parte de la Plataforma Forestal. Asimismo, tres colectivos de mujeres han establecido viveros comunitarios para la producción de planta nativa que se venderá a los ejidos para las tareas de enriquecimiento de las áreas de selva aprovechadas.

El Brasero de Oriente, iniciativa campesina de manejo y aprovechamiento sustentable de carbón vegetal en San Felipe Oriente











Sinopsis:

Cuando el cielo apenas empieza a clarear en el Ejido San Felipe Oriente del municipio de José María Morelos, Quintana Roo, un grupo de hombres sale de sus casas, equipados con cascos, machetes, guantes y algunos víveres para adentrarse en la selva, su lugar de trabajo.

En un área que ya tienen delimitada, cosechan los árboles que fueron marcados y que corresponden con lo especificado en su Programa de Manejo y Aprovechamiento Forestal autorizado previamente por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Este aprovechamiento forestal tiene una lógica, y busca que el corte del arbolado redunde en un mejoramiento de la calidad de la selva; se trata, en realidad, del “cultivo del bosque”.  Así se busca hacer aclareos donde la densidad es muy alta y los árboles destinados al aprovechamiento son ejemplares que presentan malformaciones, están sámagos o porosos, o bien, presentan problemas de plaga.

Posteriormente, trozan los troncos y ramas para poder fabricar el carbón vegetal en hornos metálicos y hornos tradicionales, estos últimos compuestos de arcilla y hojas de palma. Si fabrican el carbón en un horno metálico el proceso de transformación de la madera en carbón tarda aproximadamente 72 horas. En los hornos tradicionales el proceso tarda hasta 7 días y deben vigilar ese horno constantemente para evitar que se generen huecos o hundimientos en la arcilla que estropearían todo el proceso.

Producir carbón vegetal es un trabajo duro que no siempre es bien remunerado, pero es la fuente de ingreso de muchas familias que viven de los bosques y selvas. Por si fuera poco, este producto enfrenta una competencia desleal en el mercado ya que circulan grandes volúmenes de carbón producido de forma ilegal y que se vende a un precio más barato puesto que no paga impuestos, ni invierte en la reforestación del bosque, no elabora estudios ni planes técnicos de manejo forestal, como sí lo hacen los miembros de San Felipe Oriente.

Muchas comunidades rurales, como San Felipe Oriente no quieren vivir de las dadivas de los gobiernos. Lo que demandan es la eliminación de barreras que les permita el desarrollo de sus capacidades productivas; que les permitan emplearse y generar ingresos para sus familias. En San Felipe, un grupo de ejidatarios lleva 6 años trabajando de forma constante fortaleciendo su proyecto de producción de carbón ecológico: la Cooperativa Carbón de Leña Verde (Caleña).

El camino ha sido duro, pues han sorteado todo tipo obstáculos, como el limitado capital de trabajo,  la competencia desleal, la complejidad en la tramitología para el otorgamiento  de permisos de aprovechamiento forestal, y la limitada infraestructura para la producción, almacenamiento y envasado de su producto. Sin embargo, “lo que nos ha mantenido a flote ha sido la necesidad y ganas de trabajar”.

Hace seis años, un grupo de 15 ejidatarios decidió emprender el proyecto de producir carbón con el objeto de generar ingresos para sus familias a través del aprovechamiento sustentable de los recursos naturales. Se trata de aprovechar una parte de toda esta riqueza que les da la selva y contribuir a que ésta se mantenga en buenas condiciones en el largo plazo.

Desde el inicio les fue complicado convencer a la asamblea ejidal de que el proyecto sería benéfico para todos en San Felipe Oriente. Muchos ejidatarios decidieron no participar en el proyecto, así que lograron llegar a un acuerdo con la asamblea en el que la Cooperativa aportaría un porcentaje de las ventas al fondo ejidal en retribución por la materia prima extraída del bosque para la elaboración del carbón.

Los primeros intentos fueron fallidos, pues si bien lograron producir carbón, no encontraron un mercado donde venderlo. Así que desistieron y abandonaron su autorización de aprovechamiento. “Fue hasta 2014, cuando con asesoría del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), se encontró un mercado para poder vender, entonces se decidió retomar estos trabajos, ya con una mejor organización”, refiere Nicolás May Rosel, ejidatario de San Felipe Oriente y coordinador de producción de la Cooperativa Caleña.

En la región no hay muchas oportunidades de empleo para la generación de ingresos. Nicolás comenta que “en el ejido la gente se puede dedicar a la agricultura de temporal o a criar algunas cabezas de ganado. Sin embargo, los que se dedican a la agricultura están teniendo problemas, porque en los últimos 4 años las cosechas se han perdido ya sea por sequía o por exceso de lluvia. Por eso decidieron apostar por otro tipo de emprendimiento productivo: la producción de carbón vegetal.

Gestión del territorio y oportunidades

De las 15 personas que comenzaron con la iniciativa de producir carbón en el ejido, ahora son 50 los ejidatarios que trabajan en la Cooperativa. Además de otros 10 repobladores, es decir habitantes del ejido que no cuentan con títulos ni derechos agrarios.

San Felipe Oriente es un ejido de 4,762 hectáreas, que cuando fue atendido por el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares (PROCEDE) decidió no repartir todo el terreno y dejar un 20 por ciento de la superficie sin repartir. De esta forma, explica Nicolás May, se puede asignar título y tierra a las siguientes generaciones de ejidatarios, como ocurrió hace un par de años cuando se incorporó a otros 22 nuevos ejidatarios. Actualmente la asamblea la conforman 77 ejidatarios y aún queda un 10 por ciento del territorio del ejido sin repartir.

Detalla que “los criterios para que una persona se convierta en ejidatario es que sea hijo de ejidatario o bien, que esté casada o casado con algún hijo de ejidatario y que ya tengan viviendo, al menos, 3 años en el ejido”. Asimismo, se evalúa que la persona no sea conflictiva para evitar posibles conflictos.

La Cooperativa es una opción viable de ingreso para que “los compañeros ejidatarios y la gente de San Felipe no tengan que emigrar, porque como la mayoría no tienen estudios, si salen a la ciudad en busca de empleo solo pueden trabajar de ayudantes de albañilería o en otros oficios mal pagados, y en los que los discriminan. Además, se tienen que alejar de sus familias, tienen que pagar renta, alimentación y otros gastos, entonces regresan a sus casas sin dinero”.

Un claro ejemplo de esa problemática es el caso de Anastasio Yam Yam, ejidatario de San Felipe Oriente y miembro de la cooperativa Caleña desde hace 3 años, que antes de integrarse a este proyecto productivo tenía que salir a trabajar a las ciudades de Chetumal o Playa del Carmen, porque no tenía oportunidades de generar ingresos para su familia. En esas ciudades se contrataba como ayudante en trabajos de electricista, pero la pagar era muy poca y sumado a los gastos de alojamiento, alimentación y transporte no le quedaba prácticamente nada de dinero para enviar a su esposa e hijos.

Anastasio, hombre de 27 años, comenta que gracias a la iniciativa de sus compañeros de emprender el proyecto del carbón y a la invitación que le hicieron para formar parte, ahora puede pasar más tiempo con su familia y administrar mejor su tiempo. “Porque allá en la ciudad tienes que trabajar de las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde y no te queda tiempo para hacer otra cosa, menos si estás alejado de tu casa y familia”, relata.

Con los ingresos que obtiene como socio de la Cooperativa, más lo que genera en la producción agrícola en su parcela puede dar un mejor sustento a su esposa e hijos, “además estoy cerca de ellos”, resalta.

Consolidación de la marca “Brasero de Oriente”

Antes de que los ejidatarios de San Felipe se organizaran para conformar la Cooperativa, muchos de ellos producían carbón de forma independiente y lo vendían a granel, los compradores que acudían directamente al ejido a acopiar el carbón se los pagaban a un precio muy bajo.  Ahora, ya organizados en Caleña, han logrado producir 200 toneladas anuales y buscan acopiar un mayor volumen de los ejidos y comunidades vecinas, con la intención de poder abastecer mercados más grandes y obtener mejores contratos.

Caleña vende a compradores de la Ciudad de México una parte de su producción de carbón a granel, pero en los últimos meses han iniciado un nuevo proyecto dirigido a la venta del producto  al consumidor final, principalmente restaurantes de la costa  de Quintana Roo en presentaciones de sacos de 20 kilos. Caleña además ha avanzado en la comercialización de una presentación de 3 kilos bajo la marca “Brasero de Oriente”. “Con acompañamiento técnico del Consejo Civil Mexicano se diseñó y fabricó el empaque y se están abriendo espacios para su comercialización en tiendas comerciales”, explica José Nicolás May Rosel.

Detalla que la comercialización del carbón en presentaciones de 3 kilos genera mejores utilidades, porque es un producto con mayor valor agregado, y que es administrado por un grupo de 10 mujeres del ejido.

Cuando se generó la iniciativa de lanzar la presentación de 3 kilos bajo la propuesta de que fuera administrada por las mujeres hubo algunos problemas y reticencias, pero fue gracias a la señora Deisy quien logró animar a sus compañeras hasta la generación de acuerdos para iniciar. “Ahora las mujeres también tenemos ingresos y no estamos a expensas de nuestros esposos para poder comprarnos lo que necesitemos, al contrario, además de realizar nuestras labores en el hogar y con los hijos, también aportamos a la economía de la casa”, resalta Deisy.

Precisa que “este tipo de proyectos se tienen que desarrollar en otros ejidos para que la gente pueda vivir de mejor forma, para que la gente no tenga que emigrar y para que se le dé un buen uso y cuidado al bosque; porque cuando está abandonado se deteriora”.

Impulso a la producción cafetalera de las familias campesinas en Oaxaca











Sinopsis:

Desde hace algunos años, el Sistema Comunitario para el Manejo y Protección de la Biodiversidad (SICOBI) y el Grupo Autónomo para la Investigación Ambiental (GAIA), han trabajado en mejorar las capacidades de producción de pequeños productores de café en la Sierra Sur y Costa de Oaxaca, con el objetivo de mejorar los ingresos de estas familias a través de la producción de un café de alta calidad.

En colaboración con el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, se han llevado a cabo dos procesos de acopio y venta de la producción de café de alrededor de 475 familias productoras de la región. Estos procesos acompañados han permitido elevar los márgenes de ganancia de las familias cafeticultoras; además de establecer un proceso de diferenciación del café proveniente de parcelas manejadas por mujeres.

La roya es uno de los principales problemas que enfrenta la producción cafetalera en nuestro país y fue un enorme reto para este proyecto, ya que esta enfermedad del cafetal ha ocasionado una pérdida significativa de la producción, pues ha dañado a más del 40 por ciento de las plantaciones, principalmente en cafetales ubicados en áreas bajas, menores a los mil metros sobre el nivel del mar.

Por lo anterior, esta iniciativa ha impulsado la realización de acciones para propiciar la renovación de los cafetales, y la mejora de los procesos de beneficios húmedo y seco, para asegurar la calidad de la producción del café ya existente.

Mediante el proyecto “Mujeres Cafeticulturas” se ha trabajado en el mejoramiento de las parcelas cafetaleras de las comunidades que forman parte del SICOBI, dentro de los municipios de San Juan Ozolotepec, San Francisco Ozolotepec, Santiago Xanica, San Miguel del Puerto y San Pedro Pochutla, en el estado de Oaxaca.

Esta iniciativa permitió establecer un esquema de colaboración con 475 familias productoras de café para mejorar las capacidades de manejo de cafetales, así como la adopción de tecnológicas de beneficio del café y la implementación de sistemas de control interno en las comunidades que conforman el SICOBI para asegurar la diferenciación de su producción de café en términos de calidad, origen y género.

Con la implementación de un protocolo de acopio para el manejo e integración de lotes de venta, se pudo lograr una clasificación de la producción del café por calidad y género, que permitió lograr mejores precios e ingresos para los productores.

Si bien es cierto que este fue el primer año en que se utiliza esta metodología de acopio en el SICOBI, esto ayudó a que los productores y productoras conocieran los criterios para la diferenciación de calidad de café y los resultados en el análisis de su producción de pergamino acopiado. Con ello, también es posible identificar y subsanar las debilidades existentes en sus procesos de cosecha y/o poscosecha.

Actualmente, el SICOBI cuenta con una superficie aproximada de 584 ha de producción, de las cuales 205 ha son manejadas por mujeres, con rendimientos promedio de 0.5 quintales, es decir, 23 Kg. De las 35 toneladas de café pergamino acopiado por la organización, aproximadamente 4.5 toneladas son procedentes de parcelas de mujeres cafeticultoras, lo que representa el 12.87 % del total de la producción.

Para mantener la calidad en la producción se han realizado diagnósticos participativos de los grupos de trabajo y se estableció un plan de saneamiento de los cafetales, tanto a nivel de grupos, como de comunidades, con controles de seguimiento y evaluación de los trabajos.

Como parte del convenio de colaboración entre SICOBI, GAIA y el CCMSS se avanzó en el establecimiento de mejores prácticas de manejo del cafetal y el acondicionamiento de viveros regionales, comunitarios y familiares. Además, se adquirieron nuevas plantas de café y semillas para la diversificación de los cafetales, mediante la inserción de cultivos como el cacao, la canela y árboles maderables de uso múltiple. Estas acciones permitieron que se incrementaran las capacidades de gestión de cada una de las comunidades socias del SICOBI para la mejora y optimización del sistema de producción de café.

Finalmente se impulsó un nuevo proceso de secado del café a través de zarandas, en vez de los tradicionales pisos de secado o petates expuestos directamente al sol.

Aun con estos avances y con el proceso de renovación puesto en marcha, alcanzar los números de productividad idóneos, implica trabajos futuros, desde manejo de cafetales en campo, que permita minimizar el problema de la roya y asegure la capacidad de provisión de pergamino a fin de alcanzar, gradualmente, niveles de producción de al menos 3 quintales por hectárea por año, lo que se traduciría en una producción de pergamino de 28,500 Kg de café con carácter de género en los próximos tres años.

Más allá de propiciar mejores ingresos para los pequeños productores de esta región, la iniciativa de mejoramiento productivo en beneficio de las comunidades, busca también generar lecciones que permitan evidenciar esquemas viables de re-apropiación y reconstrucción de los paisajes rurales en México. 

Consulta la Nota Informativa del Proyecto:

Nota Informativa del Proyecto GAIA – SICOBI – CCMSS

 

Las comunidades indígenas, custodias de los bosques y la biodiversidad

Comunidades indigenas










Sinopsis:

Comunidades indigenas

  • 9 de agosto, Día internacional de los pueblos indígenas

Las comunidades locales y los pueblos indígenas de México son actores fundamentales para la conservación de la enorme riqueza cultural y natural de nuestro país. De acuerdo con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, 39 por ciento de los bosques y 60 por ciento de las selvas se encuentran en regiones indígenas. Asimismo, muchas de las principales Áreas Naturales Protegidas cuentan con población indígena, que ha contribuido a la generación y conservación de la biodiversidad a través de su uso sostenible.

En el marco del Día internacional de los pueblos indígenas, que se conmemora este 9 de agosto, vale la pena subrayar que en México, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), alrededor de 5 millones de personas pertenecientes a alguna etnia habitan en ecosistemas forestales, es decir, más de 41 por ciento de la población indígena vive y depende en gran medida de los bosques para satisfacer sus necesidades de alimentación y generación de ingresos, entre otras.

Muchas de las comunidades originarias, dueñas o legítimas poseedoras de los bosques y selvas del país, viven en condiciones de pobreza y marginación. Viven en pobreza a pesar de la gran riqueza natural que poseen. Esto se debe, entre otras cosas, a un conjunto de elementos que obstaculiza su desarrollo y a la falta de opciones para aprovechar y potenciar sus capacidades productivas.

No obstante, existen muchos ejemplos loables de empoderamiento de comunidades forestales indígenas que a través de su arraigo a la tierra y del manejo y aprovechamiento de sus recursos naturales han logrado consolidar empresas comunitarias, como los ejidos de Amanalco, en Estado de México; Ixtlán de Juárez y San Pedro el Alto, en Oaxaca; San Juan Nuevo, en Michoacán; o el Ejido Caobas, en Quintana Roo.  Así como estos ejemplos, operan en México más de 900 comunidades forestales en los estados de Chihuahua, Durango, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Campeche, Quintana Roo, Veracruz, Puebla, Hidalgo y Edomex. De hecho, 90% de la producción forestal nacional proviene de bosques manejados por comunidades y ejidos que controlan en diferentes grados los procesos productivos.

Estas empresas forestales comunitarias, además de fomentar la conservación y el uso sustentable de sus bosques, han mejorado considerablemente el nivel de vida de sus comunidades, pues destinan un promedio de 30% de sus utilidades a obra social, como la construcción de escuelas, caminos, clínicas, tiendas de abastos, centros comunitarios, entre otras obras.

A diferencia de las empresas privadas, las empresas forestales comunitarias tienen como principal objetivo mejorar las condiciones de vida y generar empleos para los miembros de la comunidad y mantener las funciones ecológicas de sus bosques. Estas empresas han avanzado significativamente y mejorado sus prácticas silvícolas, de tal manera que el Forest Stewardship Council (FSC), la más importante entidad certificadora internacional, ha certificado el buen manejo de más de 900 mil hectáreas de bosques comunitarios del país. Adicional a esa cifra, cerca de 5 millones de hectáreas de estos ecosistemas están bajo diversos esquemas de manejo forestal administrados por comunidades campesinas e indígenas, de acuerdo con el Programa Estratégico Forestal 2025 de México.

Estos modelos de producción sustentable han enfrentado en años recientes serios problemas y una serie de trabas que obstaculizan el pleno derecho de las comunidades a manejar sus territorios. Los complicados y caros procesos de tramitación de permisos de aprovechamiento forestal, la excesiva carga fiscal y regulatoria, la persecución de autoridades de inspección y vigilancia; junto con una orientación equivocada de los programas de subsidio, son causantes del debilitamiento de diversas iniciativas comunitarios vinculadas al aprovechamiento de los bosques.

A propósito de la conmemoración del décimo aniversario de la Declaratoria de los Pueblos Indígenas de la Organización de las Naciones Unidas, en cuya elaboración México participó, el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS) hace un llamado a promover decididamente el desarrollo de las comunidades y pueblos indígenas del país. Es urgente hacer una revisión crítica de la intervención gubernamental en las zonas rurales e indígenas, pues a lo largo de los años se ha puesto énfasis en el desarrollo de programas asistenciales y subsidio al consumo, lo que ha resultado contraproducente y ha generado graves daños a las economías locales.

“Llegamos a los 10 años de esta declaratoria y nos encontramos con la ausencia de un compromiso gubernamental para el impulso a la producción rural campesina. La política pública hacia las regiones campesinas ha provocado el despojo de tierras, favoreciendo el desarrollo e inversión de grandes proyectos agroindustriales privados sobre territorios indígenas y campesinos. Esto no sólo contraviene los principios de la Declaratoria, sino que además ha roto el tejido social de las comunidades, destruido sus recursos naturales y sus modos de vida tradicionales y mermado su calidad de vida”, afirmó Raúl Benet, coordinador de políticas públicas del CCMSS.

De acuerdo con el artículo 29 de la Declaratoria de ONU, “Los pueblos indígenas tienen derecho a la conservación y protección del medio ambiente y de la capacidad productiva de sus tierras o territorios y recursos”. Esto además es congruente con lo que señala el artículo segundo de la Constitución Mexicana, que reconoce y garantiza el derecho de los pueblos y las comunidades indígenas a la libre determinación y autonomía para conservar y mejorar el hábitat y preservar la integridad de sus tierras.

Estos principios y derechos, entre otros, claramente están siendo infringidos en México, donde los pueblos indígenas hoy enfrentan fuertes presiones para obligarlos a ceder sus territorios a mega-proyectos como las plantaciones de palma africana y el cultivo de la soya en Campeche; los desarrollos mineros en Guerrero y los desarrollos turísticos en las costas del Pacífico.

Es urgente instrumentar cambios profundos en la intervención gubernamental orientada a las comunidades campesinas e indígenas, y tomar las medidas necesarias para asegurar la alineación de la inversión pública hacia el campo ya que hasta ahora ésta se ha quedado en los discursos y en la retórica. Hoy cada dependencia opera de manera aislada, sectorialmente, sin la voluntad de coordinar acciones, sin un enfoque de desarrollo territorial y con programas claramente contradictorios que resultan nocivas para las comunidades y sus territorios.

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Impulsar el empoderamiento de las comunidades rurales, la mejor herramienta para detener la degradación y desertificación











Sinopsis:

Las principales causas de desertificación se asocian con la deforestación, la agricultura industrial de monocultivos y con un uso intensivo de pesticidas; además del cambio de uso del suelo y las prácticas de ganadería extensiva, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Asimismo, la falta de planificación y ordenamiento territorial y el abandono de los conocimientos tradicionales para el uso y conservación de los recursos naturales propician la degradación de los suelos y aceleran la desertificación.

En el marco de la conmemoración del Día mundial de combate a la desertificación y la sequía, la FAO refirió que “tres cuartas partes de las personas en situación de pobreza basan sus medios de subsistencia en la agricultura u otras actividades rurales. Sin embargo, el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos relacionados con el cambio climático afecta a la productividad de la tierra y contribuye, en consecuencia, al fenómeno de la migración y abandono de las tierras.”

Por lo tanto, la propia FAO recomienda “la creación de condiciones que permitan a las poblaciones rurales, permanecer en sus hogares y tener medios de vida más resilientes, esto es un componente crucial para poder equilibrar el fenómeno migratorio frente a los efectos de la degradación de la tierra.”

En México la degradación de la cubierta vegetal, con grados que van de ligeros a extremos, asciende a 105 millones 799 mil de hectáreas, es decir, el 54 por ciento del territorio nacional. De estos, 39 millones de hectáreas (20% del territorio nacional) presentan degradación ligera; 7 millones 837 mil (4% del país) tienen degradación moderada; 52 millones 900 mil hectáreas (27% del país) con degradación severa y 5. Millones 878 mil hectáreas (3.0% del país) con degradación extrema.

Las comunidades y ejidos, con una alta proporción de población indígena, cuentan con la titularidad de la tierra, pero la carencia de instrumentos de política pública de fomento al desarrollo de capacidades para el manejo y aprovechamiento de sus recursos naturales, ha impedido su desarrollo y ha provocado deforestación y la degradación de los bosques, las selvas y los suelos.

Actualmente, hay muchas opciones tecnológicas y de conocimiento que pueden dar respuestas al problema de la degradación de los suelos y la desertificación, y reducir la vulnerabilidad de las comunidades ante estos fenómenos climáticos. Esto puede lograrse, según nos señala la FAO, “mediante una mejor integración de los sistemas de cultivo, de ganadería, de los bosques, y un uso más eficiente de recursos limitados como el agua y los nutrientes del suelo.”

No obstante, para tomar estas medidas en la escala pertinente y facilitar su adopción, es necesario que se tomen en cuenta las aportaciones y el conocimiento de las comunidades, así como contar con datos científicos sólidos.

Es urgente redoblar los esfuerzos en el diseño y ejecución de políticas públicas encaminadas al desarrollo de capacidades para el manejo integrado de los territorios, que permitan el emprendimiento de proyectos productivos sostenibles para la generación de ingresos a las comunidades rurales.

Asimismo, se requiere estimular los programas de restauración y regeneración de suelos, bosques y selvas degradadas. Está ampliamente demostrado que cuando las comunidades rurales y los pueblos indígenas cuentan con una gobernanza sólida, se detiene la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los suelos.

Fortalecer a las comunidades forestales: la mejor forma de proteger el clima y el ambiente

©Archivo CCMSS-Mujer Otomi-Amanalco-fortalecer a comunidades forestales-roteger el clima y el ambiente










Sinopsis:

©Archivo CCMSS-Mujer Otomi-Amanalco-fortalecer a comunidades forestales-roteger el clima y el ambiente

  • Reconocer los derechos de las comunidades sobre el territorio garantiza el mejor cuidado de estos ecosistemas
  • Nuestro país tiene la oportunidad de cuadruplicar la superficie forestal en la que se hace aprovechamiento comunitario
  • Empresas forestales comunitarias de México son ejemplo mundial de buen manejo

En un contexto en el que el gobierno del país más poderoso del mundo y uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero está decidido a no asumir su responsabilidad para enfrentar el cambio climático global, es imperativo garantizar los derechos sobre los bosques y selvas a las comunidades campesinas e indígenas que los habitan y que dependen de ellos para su subsistencia, pues está demostrado que cuando las comunidades locales y pueblos indígenas tienen plenas facultades para manejar sus recursos forestales, se frena la deforestación y se garantiza su conservación y de la biodiversidad asociada, así como los beneficios que los bosques nos proveen.

México es un país de eminente vocación forestal, que cuenta con más 690 millones de hectáreas de bosques y selvas (INEGI, 2016), de las cuales 80 % son propiedad de ejidos y comunidades, muchos de ellos indígenas. Sin embargo, no obstante que la titularidad de los derechos de la tierra pone en ventaja a estos grupos sociales si los comparamos con países con gran riqueza forestal como Indonesia, la República Democrática del Congo, o los países amazónicos, en los que la titularidad de los bosques y selvas es de los gobiernos; la falta de alineación de los instrumentos de política pública con el marco legal e institucional, aunado a una política de subsidios equivocada y contraproducente, ha estancado el desarrollo de estas comunidades rurales y del sector forestal nacional.

Hoy en día, alrededor de 5 millones de hectáreas de bosques son manejadas por empresas forestales comunitarias en nuestro país. De acuerdo con datos de Programa Estratégico Forestal 2025 de México, esa cifra podría crecer hasta alcanzar 21.6 millones de hectáreas de bosques y selvas, que podrían ser incorporadas a esquemas de manejo forestal. Para ello, es fundamental que las políticas públicas y el marco legal se orienten claramente al desarrollo de capacidades productivas y empresariales de las empresas forestales comunitarias, así como al fortalecimiento de la gobernanza y reconocimiento del liderazgo comunitario en los territorios forestales.

Los obstáculos que enfrentan las comunidades y ejidos para manejar y aprovechar de forma sustentable sus recursos forestales, como la sobrerregulación; una tramitología compleja y onerosa; la circulación de productos forestales de origen ilegal -entre 28 y 60% del volumen del mercado- la falta de incentivos para la generación de capacidades productivas, y la marginación impuesta a las comunidades respecto a los procesos de planeación de su territorio, propician el desinterés de los dueños de la tierra en el manejo y conservación de los bosques y selvas.

Asimismo, cierto tipo de políticas públicas e incentivos económicos propician el cambio de uso de suelo para desarrollar otras actividades productivas que les puedan ser más rentables, tales como el uso de sus tierras para la ganadería y agricultura a costa de la deforestación. Otras amenazas sobre los territorios también propician de manera creciente la pérdida de los bosques y la erosión de las estructuras comunitarias, tales como la minería y otras formas de industria extractiva.

Pese a esta situación, muchas empresas forestales comunitarias mexicanas son un ejemplo a seguir en el mundo, ya que mediante la gestión sustentable de los recursos forestales generan beneficios sociales, ambientales, económicos y culturales, y conservan la cobertura forestal y la biodiversidad.

En numerosas comunidades del país este ejemplo incluye un manejo integrado del territorio, es decir que abordan simultáneamente el aprovechamiento forestal, la producción de alimentos con sistemas agroecológicos, el monitoreo de la calidad del agua y la conservación voluntaria de atributos de alto valor de conservación dentro de sus territorios. Prácticamente todos los ejidos y comunidades que aprovechan sus bosques han establecido medidas para proteger cuerpos de agua, biodiversidad, sitios arqueológicos o con valor ritual o paisajístico, y otros atributos de importancia ambiental o cultural. Además, estas comunidades han alcanzado altos niveles de gobernanza interna y organización comunitaria, y generan empleos e ingresos para las familias, gracias a lo cual se reduce la presión para el cambio de uso de suelo o el abandono de las parcelas.

“La mejor forma de conmemorar el medio ambiente es tomando todas las medidas necesarias para reconocer, valorar y apoyar a las comunidades que viven en los bosques y cuidan de ellos. Cada día hay más evidencias de que los ecosistemas mejor conservados son aquellos que están en manos de comunidades y ejidos. Un ecosistema que es aprovechado de forma racional y con visión de largo plazo por sus legítimos dueños, no sólo les asegura una vida digna, sino que además garantiza la conservación de la biodiversidad, nos provee de agua, captura carbono y ayuda a regular el clima. No hay más que ver las cifras y las experiencias en diversas partes del mundo”, afirmó Raúl Benet, coordinador de políticas públicas del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.

México tiene la enorme oportunidad de fortalecer a estas comunidades, darles certidumbre jurídica y garantizar sus derechos, con una política clara y decidida de apoyo al manejo forestal comunitario.

En el marco del Día Internacional del Medio Ambiente, cuyo lema para este 2017 es “Conectar a las personas con la naturaleza. En la ciudad y en el campo”, el CCMSS hace un llamado a reconocer el loable trabajo que realizan las y los campesinos para proveer alimentos, propiciar la recarga de los mantos acuíferos, generar aire limpio y fresco, la captura carbono y la conservación de la flora y fauna.

 

Recomendaciones

La mejor estrategia para garantizar los beneficios que los bosques nos brindan es fortalecer desde todos los frentes el manejo forestal y la gobernanza comunitarias y el desarrollo de capacidades productivas:

– Desde el marco legal, mediante leyes que realmente coloquen en el centro del manejo de los bosques el hecho de que estos son propiedad de las comunidades.

– Desde la elaboración y aplicación de políticas públicas, tales como: una política de compras verdes, un combate integral al mercado ilegal de madera y materias primas forestales; un apoyo decidido de las capacidades técnicas, de gestión y gobernanza de las comunidades; un régimen fiscal diferenciado, considerando que las comunidades forestales no son entidades de lucro y que dejan muchos beneficios tangibles e intangibles en sus comunidades y para la sociedad en general.

– En la mejor coordinación interinstitucional y en todos los niveles de gobierno.

– En la asignación de recursos, pues no hay política que funcione sin un presupuesto claro y orientado a la consolidación de procesos de desarrollo.

– Con el reconocimiento, valoración y visibilización de los enormes e invaluables beneficios que estas comunidades nos proveen a quienes vivimos en ámbitos urbanos.

 

 Descarga el documento:

Día Mundial del Medio Ambienta 2017

 

*Fotografia principal: Archivo CCMSS

Con ingenio, el ejido El Rosario conserva y maneja de forma sustentable sus bosques











Sinopsis:

En el ejido Ingenio El Rosario, en la región de Cofre de Perote, Veracruz, la mayor parte de la población tiene empleo, las familias están juntas porque no tienen que salir a buscar trabajo a otra parte. Con las labores de manejo y aprovechamiento de su bosque, el Ejido genera ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas de su población.

En las 511 hectáreas de bosque que posee el ejido y que tiene en propiedad colectiva y uso común se realizan trabajos continuos de manejo de sus recursos forestales, como brechas corta fuego, pre aclareos, podas, reforestaciones, control de plagas, trazado de caminos y labores de aprovechamiento del arbolado, esto de acuerdo con su “Programa de Manejo Forestal” y la autorización de aprovechamiento otorgada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

El ejido tiene un permiso para cosechar cerca de 6 mil metros cúbicos de madera por año. Entre las especies que aprovechan se encuentran los pinos patula, ayacahuite y ailes.

La madera que cosechan la venden en rollo y por ella obtienen ingresos de alrededor de 6 millones de pesos. Con estos ingresos el ejido cubre el pago a los ejidatarios -trabajadores que participan en las labores de aprovechamiento forestal y en los trabajos de restauración del bosque-. Asimismo, otra parte de los ingresos se invierten en obras de mejoramiento de la infraestructura y servicios del ejido y, finalmente, con los recursos restantes, se realiza un pequeño reparto de utilidades.

José Luis Rangel, asesor técnico del ejido, destaca que el bosque de Ingenio El Rosario, gracias a su buen manejo y conservación, tiene un incremento medio anual de 4 metros cúbicos por hectárea.  Es decir, cuatro veces mayor que la media nacional.

En El Rosario se tiene una gran tradición forestal, pues llevan más de 30 años de manejo y aprovechamiento sustentable de su bosque, esto a pesar de las vedas forestales que han sufrido, como la de 1982 a 1989, periodo en el que por decreto presidencial no pudieron aprovechar sus recursos forestales a pesar de que esa era su única fuente de ingresos. “Nos las tuvimos que arreglar como pudimos para subsistir,” acota el asesor técnico.

Adicionalmente, el ejido enfrenta el problema de la sobrerregulación que se ha impuesto a los productores forestales. Para poder realizar un aprovechamiento forestal legal, tienen que cumplir con múltiples tramites que incluyen estudios, pago de derechos y cumplimiento de complicados requisitos que le quitan a la actividad sus posibilidades de ser competitiva frente a las importaciones y a la producción de madera de plantaciones comerciales.

“A veces, tenemos que hacer dos viajes por semana a las oficinas gubernamentales de Jalapa, que nos quedan a dos horas de distancia, hasta que nos dan los documentos. Esto representa gastos de transportación y la pérdida de tiempo, porque esos días ya no podemos trabajar en el bosque,” explica José Luis.

Entre más tiempo se retrasa la emisión de los permisos y autorizaciones los compradores les bajan el precio de compra de la madera, porque también a ellos les generan gastos estos contratiempos.

Conservación de la biodiversidad y servicios ecosistémicos

Jaime Crespo Báez, ex comisariado ejidal y coordinador de los trabajos de manejo forestal en el Ingenio El Rosario, comenta que los periodos de veda que han enfrentados fueron muy complicados y lamenta que “pareciera que a las autoridades les importa más una lagartija que la gente que vive en los bosques.”

Explica que el ejido es un ejemplo de buen manejo y aprovechamiento forestal, no solo por la buena conservación del arbolado, pues también se llevan a cabo trabajos de conservación de suelos, de agua y de biodiversidad.

“Mucho antes de que se pusieran de moda estas medidas de conservación de la flora y la fauna, el ejido ya realizaba un cuidado muy especial de los animales, sus madrigueras, los nidos y las plantas que crecen en el bosque,” recalca.

José Luis Rangel, resalta que cuando se lleva a cabo la cosecha de madera, los trabajos se realizan con mucha atención, vigilando que se haga el menor maltrato posible del bosque, los derribos se hacen buscando no afectar a los otros árboles que están en pie; los carriles de arrime se trazan de tal forma que no generen afectaciones y al terminar los trabajos de cosecha se deja completamente limpia la zona del aprovechamiento, para que las coronas y ramas no sean un foco de infección de plagas ni se propaguen los incendios.

Además de todo lo anterior, refiere el ex comisariado que el ejido ha creado una Unidad de Manejo Ambiental (UMA) con la cual se reforzarán las actividades de conservación del territorio ejidal.

Jaime Crespo detalla que el Ejido participa en el Programa de Pago por Servicios Ambientales por los que recibe anualmente una pequeña compensación por cada hectárea de bosque que se encuentra bajo el esquema en conservación. “Ese dinero en realidad no nos alcanza para realizar los trabajos necesarios para garantizar la conservación, como son las brechas cortafuego, la señalética, las obras de retención del suelo; sin embargo, el ejido está comprometido con la conservación e invierte recursos adicionales para financiar los trabajos que requiere el bosque.

“Nosotros creemos que los servicios ambientales que presta el bosque del ejido son muy importantes pues aseguran la infiltración que permite el abasto de agua potable a la ciudad de Coatepec y el abasto al comercio y a la industria regional.  Creemos que ellos –los usuarios del agua-, deberían también preocuparse por la conservación del bosque y contribuir para sufragar los costos del buen manejo y la conservación. Pero esto no es así, ellos solo pagan por los costos de conducción del agua, pero nunca pagan los costos de conservación de las cuencas de abasto,” subraya.

Jaime Crespo, quien ha acudido a las oficinas de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York para mostrar las ventajas del manejo forestal comunitario, refiere con tristeza que “los beneficiarios de los servicios ambientales, como las empresas, las ciudades y los productores de cítricos y de ganado; son quienes nos tachan de tala montes y depredadores del bosque. Lo dicen sin conocimiento de causa.”

Comunidades recuperan el bosque del Cofre de Perote y dotan de agua a la región

Comunidades recuperan el bosque del Cofre de Perote y dotan de agua a la region










Sinopsis:

A unos días de poner en marcha su empresa comunitaria de purificación y embotellado de agua, el comisariado del Ejido Ingenio El Rosario, en el municipio de Xico, Veracruz, Pedro Olvera Miranda comenta que esto es posible gracias a que hoy día se tiene agua de calidad que escurre del Cofre de Perote. Un volcán que alcanza los 4 mil 200 metros de altura y que en 2008 sufrió un severo incendio que arrasó con más de tres mil hectáreas del bosque que cubre sus laderas.

Jaime Crespo Báez, ejidatario de Ingenio El Rosario, relata que luego del incendio del 2008 que duró cuatro meses, en el que se perdió la cobertura vegetal y se redujo considerablemente la infiltración de agua, “muchos ojos de agua y manantiales se secaron porque ya no había arboles ni material vegetal que permitieran la recarga de agua en temporada de lluvias.”

Al no haber arbolado para frenar el escurrimiento del agua cuando se presentaban lluvias fuertes la corriente arrastraba suelo, piedras y troncos. “Se llevaba todo lo que se encontraba a su paso, erosionaba los terrenos y ponía en riesgo a la gente que vivimos abajo,” detalla Jaime.

Explica que luego del incendio, se diseñó un plan para la restauración de las zonas afectadas. Este programa, impulsado por el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, contó con la participación entusiasta de la gente de los ejidos y ha logrado recuperar la cobertura vegetal, la fauna silvestre y la recarga de los mantos freáticos que dotan de agua a la población local y a la ciudad de Jalapa, capital del estado de Veracruz.

Como parte del programa de restauración de las zonas afectadas del volcán se han llevado a cabo, durante los últimos 7 años, una estrategia que incluye intensos trabajos de reforestación, acomodo de material vegetal muerto; elaboración de brechas corta fuego, armado de represas de troncos y de piedra para la retención del suelo; y muy importante, refiere Jaime Crespo, la construcción de pequeñas obras para la captación e infiltración de agua.

Ahora que nuevamente cuentan con agua de muy buena calidad, y con los ingresos que han logrado generar en el ejido Ingenio El Rosario con sus trabajos de manejo y aprovechamiento forestal, decidieron emprender el proyecto de la creación y puesta en marcha de la purificadora y embotelladora de agua.

La asamblea del ejido designó a un grupo de 11 de los 36 ejidatarios que la componen para la puesta en marcha del proyecto.

Comenzaron con la realización de un estudio de mercado para conocer la viabilidad de comercializar garrafones de agua en la región. Posteriormente, pulieron su proyecto, gestionaron un subsidio federal de 100 mil pesos, que junto con una inversión de 350 mil pesos que puso el ejido, les sirvió para la compra de la maquinaria para el embotellado, los filtros para la purificación y los garrafones de 20 litros.

El presidente del comisariado de Ingenio El Rosario detalla que el costo de producción de cada garrafón de 20 litros será de 5 pesos, más otros 3 pesos para la comercialización y distribución. “En total sale cada garrafón en 8 pesos y tenemos previsto venderlos en 15, lo que nos deja un buen margen de ganancia para pagar los salarios de los trabajadores, que serán miembros del propio ejido.

Más que generar riqueza, lo que se pretende con estos proyectos productivos comunitarios es generar empleos para los pobladores y evitar que los jóvenes tengan que emigrar y alejarse de sus familias.

El bosque para nosotros es todo. Nos da de comer con el aprovechamiento; nos da trabajo, nos da aire limpio y fresco; y nos da agua limpia para consumo, para la siembra y para nuestros animales,” enfatiza Jaime Crespo Báez.

Los bosques requieren la innovación de los jóvenes; es necesario mejorar sus espacios de participación











Sinopsis:

Los jóvenes son agentes muy capaces de detonar el desarrollo en el medio rural, sin embargo, suelen estar marginados de las actividades productivas, de la toma de decisiones y del acceso a los recursos, particularmente a la tierra. Esta falta de oportunidades los orilla a la migración en busca de mejores condiciones de empleo y desarrollo en otros lugares: a las ciudades. Aunque muchas de las veces, tampoco encuentran las oportunidades en esos sitios.

De acuerdo con datos de la Comisión Forestal para América del Norte (COFAN) de la FAO, en el sector forestal, a nivel mundial, tanto los jóvenes como las mujeres carecen de espacios de participación activa en las actividades productivas y en la toma de decisiones, lo cual limita el desarrollo del sector y desaprovecha el bono poblacional de los países. No obstante, que la población rural se está envejeciendo.

El estudio desarrollado conjuntamente ente la Sagarpa y la FAO, titulado Envejecimiento de la población rural en México, refiere que las personas que participan en actividades de silvicultura y recolección tienen en promedio una edad de 49.9 años, lo cual puede significarles limitaciones en el uso de tecnologías y mecanismos innovadores para el desempeño de sus actividades.

Por otra parte, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de la Juventud de 2010, México cuenta con alrededor de 35 millones de jóvenes de entre 12 y 29 años, de los cuales un 12 por ciento vive en zonas rurales; aunque cada vez más se va reduciendo el tamaño de la población rural por la migración de este sector de la población hacia las ciudades, lo cual desvincula a los jóvenes de su relación con el medio ambiente.

Si bien es cierto que en los últimos años se han incrementado las oportunidades de empleo en el sector rural para los jóvenes y las mujeres, muchos de estos empleos suelen ser mal remunerados, lo cual le impide las personas acceder a mejores condiciones de vida y desarrollo.

La misma COFAN destaca que “las reformas institucionales relacionadas con la tenencia de tierras forestales, el acceso a los mercados y la capacidad de desarrollo en el ámbito de la ordenación forestal sostenible no pueden ser fructíferas sin una plena participación de las mujeres y los jóvenes.” Esto es uno de los grandes pendientes en países como México.

En un documento emanado de la 28 reunión de la COFAN celebrada en Campeche, México, en 2016, se establece que “las iniciativas educativas para la juventud, la sensibilización sobre cuestiones relacionadas con el sector forestal y la participación de los jóvenes sobre temas forestales son aún inexistentes o, en el mejor de los casos, muy limitadas.” Por lo que es indispensable redoblar esfuerzos para “llegar a los jóvenes y lograr su participación para garantizar que la generación siguiente contribuya a un sector forestal sostenible y capaz de satisfacer las necesidades del futuro.”

La importancia de que los jóvenes participen en los debates relativos al manejo, conservación y aprovechamiento de los bosques radica en que ellos serán los principales afectados por los efectos causados por la degradación forestal.

La degradación de los bosques pone en peligro la seguridad alimentaria y las condiciones generales de vida de todas las personas, particularmente los sectores de la población más vulnerables, quienes viven en los estos ecosistemas y dependen de ellos para su subsistencia. “Los jóvenes serán los más expuestos a los efectos a largo plazo de la degradación forestal, debido a su mayor esperanza de vida. Tendrán que vivir durante bastante tiempo con las consecuencias del deterioro de los bosques que puedan heredar.”

Es necesario abatir las brechas de género que permean al sector forestal, y para ello, una buena medida, es la inclusión de la perspectiva de género en la elaboración de políticas públicas que incidan sobre los bosques. De acuerdo con Eva Müller, directora de la División de Políticas y Recursos Forestales de la FAO, se debe “mejorar la coordinación entre los ministerios técnicos y los grupos de la sociedad civil que representan a las mujeres y los jóvenes, para fomentar una mejor comprensión de los derechos, las necesidades, las prioridades y las capacidades de los hombres, las mujeres y los jóvenes en el sector forestal.”

La COFAN recomienda que los jóvenes no deben ser testigos pasivos de las prácticas forestales. “Se encuentran en condiciones de inventar y desarrollar nuevas formas de actuación y activismo y de crear respuestas eficaces para las cuestiones que generan preocupación.”

Sin embargo, para lograr una mayor vinculación e interés de la juventud en los temas forestales, es necesario reforzar los programas educativos e incluir estas temáticas en programas escolares, para que comprendan la importancia que tienen los bosques para su vida diaria y para el futuro del planeta.

Si bien es cierto que las escuelas han incluido en sus programas educativos asignaturas relacionadas con el medio ambiente y los bosques, la falta de conocimientos especializados de los profesores puede suponer una barrera para transmitir los mensajes y conocimientos apropiados sobre el tema. “Esta es un área en la que los técnicos forestales pueden ofrecer sus conocimientos especializados de una forma más dinámica, colaborando con las escuelas y organizando visitas a las aulas o excursiones sobre el terreno,” refiere el documento de la COFAN titulado “Genero, Juventud y Enseñanza” de 2016.

 

Las mujeres rurales y los bosques

paisajes bioculturales










Sinopsis:

 

paisajes bioculturales

Las mujeres juegan un rol preponderante en la conservación de los bosques y de la biodiversidad, a pesar de que su participación en la toma de decisiones en el sector forestal, a nivel mundial, está restringida y de que no reciben la remuneración adecuada por su trabajo.

El estudio de la FAO titulado: Los bosques, la seguridad alimentaria y el género, resalta que “las mujeres son actores eficaces y agentes de cambio en la mitigación y adaptación al cambio climático, pues poseen un gran cúmulo de conocimientos y competencias que se pueden utilizar en la mitigación del cambio climático, la reducción de catástrofes y las estrategias de adaptación” si se las empodera en el diseño de estrategias y toma de decisiones en el manejo sustentable de los bosques.

Además, generalmente son ellas quienes administran los alimentos y otros recursos, como la leña, que obtienen de los bosques. “Como responsables de la gestión de los recursos naturales, las mujeres influyen en la cantidad total de diversidad genética conservada y utilizada, asimismo, trabajan para contrarrestar la disminución de la biodiversidad causada en parte por los hombres a favor de monocultivos orientados a la ganancia en efectivo.”

Por ello, recomienda el estudio que “los programas y políticas forestales que tienen como objetivo ser socialmente sensibles deben tener en cuenta las dimensiones de género del uso de los recursos, necesidades, acceso, conocimientos y estrategias para abordar el cambio climático.”

En México 14 millones de mujeres viven en el medio rural, y de ellas, 3.5 millones son indígenas que padecen una serie de inequidades que hace más complejas sus actividades de generación de ingresos, alimentos y manutención de sus hogares y familias.

De acuerdo con un análisis del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA) de la Cámara de Diputados, en el medio rural mexicano, “la participación de las mujeres en las actividades del campo, además de sus funciones reproductivas, en la producción de bienes y servicios y en la contribución al ingreso familiar, muestra una tendencia creciente a asumir la jefatura de los hogares a raíz de la emigración masculina, del abandono del hogar por fallecimiento o separación conyugal, por la incorporación a labores remuneradas de mujeres en los rangos de mayor edad. Estos procesos tienden a modificar los roles tradicionales de género, pero también propician situaciones de mayor inequidad al asumir más responsabilidades en la supervivencia del hogar, sin dejar de realizar las tareas domésticas.”

Tenencia de la tierra y toma de decisiones 

En este sentido, la FAO subraya la necesidad de incorporar una perspectiva de género en los procesos de gestión y toma de decisiones en materia forestal aumentar la concienciación de las funciones de las mujeres y los hombres en la gestión sostenible de bosques y árboles, lo cual coadyuvará a gestionar de mejor forma los conflictos causados por la competencia entre los distintos usos de los bosques y sus productos, y garantizar que se mantengan los derechos tradicionales e indígenas de mujeres y hombres sobre el uso de los ecosistemas forestales.

Asimismo, es fundamental garantizar que mujeres y hombres reciban capacitación, y tengan acceso a información y otros servicios externos para incrementar la productividad mediante la utilización de tecnologías nuevas y mejoradas, y aumentar la capacidad de las comunidades para sacar el máximo provecho de las funciones complementarias de mujeres y hombres.

Con una perspectiva de igualdad de género en el sector forestal se potenciarían las actividades de regeneración de los bosques, conservación de la biodiversidad, protección de las cuencas hidrográficas y la asignación de permisos de aprovechamiento de los bosques.

Las mujeres, en comparación con los hombres, generalmente se encuentran en desventaja en cuanto al acceso a los recursos forestales y a las oportunidades económicas en el sector forestal debido factores como los bajos niveles de alfabetización, educación, capacidades físicas y competencias técnicas; además de menor acceso a los servicios de extensionismo y crédito para emprender proyectos productivos; limitaciones de tiempo y movilidad, acceso limitado a los mercados y a la información relacionada con el mercado; discriminación en la propiedad convencional de los bosques y árboles y productos arbóreos y de los regímenes de tenencia; menor participación en las instituciones rurales, como los comisariados ejidales y de bienes comunales.

Sobre la tenencia de la tierra, la misma FAO precisa que en el objetivo de desarrollo sustentable número 5, se reconoce la importancia del acceso de las mujeres a la tierra y otras formas de propiedad, ya que ello les permite gozar de derechos humanos críticos como la seguridad alimentaria, la salud, el acceso al agua, a un trabajo decente y un hogar seguro.

En esta materia, un estudio que recoge datos de seis países americanos halló que el porcentaje de propietarias mujeres es mayor en México, con un 32.2 %; en Paraguay del 29.7 %; en 20 por ciento en Nicaragua y el 14 por ciento en Honduras.

De igual forma, en México en noviembre de 2016 el Senado de la República aprobó establecer el derecho de las mujeres a contar con una mayor participación en la toma de decisiones en los comisariados de los ejidos y las comunidades.

Con una modificación al Artículo 37 de la Ley Agraria, se plantea que las candidaturas a puestos de elección que integran los comisariados ejidales y el consejo de vigilancia deberán integrarse por no más de 60 por ciento de candidatos de un mismo género, para que las mujeres puedan aspirar a cualquiera de los puestos. Lo mismo que en las comisiones y los secretarios auxiliares con que cuenta el comisariado ejidal o de bienes comunales, se procura la integración de las mujeres.

Empoderar a comunidades locales y pueblos indígenas forestales para lograr metas climáticas











Sinopsis:

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Un estudio realizado por distintas organizaciones internacionales señala que garantizar la legal posesión de sus tierras a las comunidades locales y pueblos indígenas forestales es fundamental para garantizar la conservación de estos importantes ecosistemas, que albergan una gran cantidad de carbono y coadyuvan a mitigar los efectos del cambio climático y lograr las metas climáticas a las que se han comprometido la gran mayoría de los países.

Asimismo, resalta que es indispensable que se incentive la inversión en el desarrollo de capacidades y proyectos productivos que permitan el desarrollo y bienestar de estas comunidades, que durante siglos han resguardado los bosques tropicales del mundo; mismos que proveen bienes y servicios ambientales para toda la población.

Paradójicamente, las personas que habitan los territorios con mayor riqueza natural, son las que se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad; no obstante, esta tendencia se podía revertir mediante el empoderamiento y reconocimiento de su conocimiento y trabajo a favor de la conservación de los bosques.

¿Cuánto carbono almacenan los bosques comunitarios en México?

México es uno de los países con mayores reservas de carbono almacenados en sus bosques de propiedad social (comunidades y ejidos), muchos de ellos indígenas. La particularidad del país de contar con titulación y certificación de las tierras comunitarias en más de un 96.9 por ciento de los cien millones de hectáreas de propiedad social, le brinda ventajas con respecto a otras naciones en las que no ha sido reconocida la legal tenencia de la tierra por parte de las comunidades locales y los pueblos originarios; esto para el emprendimiento de acciones y proyectos productivos para su desarrollo y bienestar.

La certeza en la tenencia de la tierra, particularmente en territorios forestales, propicia la generación de bienes y servicios ambientales y permiten la conservación activa de los bosques en el largo plazo, refiere el documento denominado: Hacia una referencia mundial del carbono almacenado en tierras colectivas, elaborado por el Rights and Resources Institute (RRI), el Woods Hole Research Center (WHRC) y el World Resources Institute (WRI).

Sin embargo, más allá de contar con la legal posesión de la tierra, las comunidades locales y pueblos indígenas de nuestro país padecen de serias presiones sobre sus territorios por la falta de recursos, financiamiento y asistencia técnica para el emprendimiento de proyectos de conservación activa de sus bosques, aunado al expansionismo de proyectos extractivistas insostenibles como la minería, el fracking, la ganadería extensiva y la agricultura intensiva que emplea prácticas insostenibles para la producción de comodities.

De acuerdo con datos del estudio, México cuenta con 4 mil 339 millones de toneladas de carbono almacenadas en sus bosques, de las cuales el 51 por ciento, es decir, 2 mil 195 millones de toneladas se encuentran almacenadas en los bosques tropicales en propiedad de comunidades locales y pueblos indígenas.

Este volumen de almacenamiento de carbono en los bosques tropicales de propiedad colectiva del país representa más del 50 por ciento del carbono almacenado en los bosques de toda Mesoamérica.

Asimismo, este trabajo de investigación, publicado en noviembre de 2016, enfatiza que los pueblos indígenas y las comunidades locales gestionan al menos un 24 por ciento de la totalidad del carbono almacenado sobre el suelo en los bosques tropicales del mundo, mismo que asciende a más de 54 mil 546 millones de toneladas, que equivalen a más de 250 veces el dióxido de carbono que generó el transporte aéreo mundial en el año 2015.

La importancia y urgencia de reconocer la legal tenencia de la tierra de las comunidades y pueblos indígenas radica en que estos grupos sociales han demostrado ser los mejores aliados para la conservación de la biodiversidad a lo largo del tiempo y de no hacerlo corremos el riesgo de la pérdida de más especies y bosques que serían catastróficas para el planeta.

Al menos una décima parte de todo el carbono que capturan los bosques tropicales se encuentra en tierras forestales colectivas que carecen de reconocimiento oficial de los respectivos gobiernos nacionales, y al estar en esta condición se ponen unas 22 mil 322 toneladas de carbono en peligro de ser sujetas de presiones externas que provocan la deforestación o la degradación de los bosques que las contienen.

Los resultados del estudio, que toma datos de 37 países de América, África y Asia, representan solo una pequeña fracción del carbono forestal gestionado por pueblos indígenas y comunidades locales, ya que solo representa el 10 por ciento de las tierras que éstas comunidades reclaman consuetudinariamente.

El trabajo de investigación también precisa que para incrementar de manera radical y eficiente el uso sostenible y la protección de los bosques tropicales y el carbono que capturan, se debe instar a los gobiernos y a la comunidad internacional a respaldar las iniciativas de las organizaciones de los pueblos que viven en y de los bosques para documentar y garantizar sus derechos forestales colectivos, mediante el incremento de las fuentes de financiamiento y de asistencia técnica.

Además, es necesario otorgar un papel protagónico a los dueños de los bosques incorporando su participación en el diseño y ejecución de acciones comunitarias en las contribuciones determinadas a nivel nacional, como las Estrategias de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD+). Así como procurar el reparto equitativo de los incentivos generados por las actividades que realizan estas comunidades en la conservación activa de los bosques.

Si bien las inversiones en mecanismos de financiamiento relacionados con el clima, como el Fondo de Carbono del Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques (FCPF, por sus siglas en inglés) o el Fondo Verde para el Clima (GEF), están aumentando, los compromisos hacia los derechos indígenas y comunitarios siguen siendo insuficientes, como quedó patente en un análisis reciente de las presentaciones de los países seleccionados por el Fondo de Carbono.

Fuente: Rights and Resources Institute

Fuente: Rights and Resources Institute

Necesario impulsar manejo forestal comunitario en Latinoamérica para conservar la Biodiversidad











Sinopsis:

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  • Integración de la biodiversidad al manejo forestal es una práctica ancestral de comunidades indígenas.
  • Indispensable canalizar recursos de la cooperación internacional a comunidades indígenas forestales para la conservación de la biodiversidad.

(COP13 CDB, Cancún, Quintana Roo – 9 de diciembre de 2016) Representantes de comunidades locales y pueblos indígenas de Latinoamérica dedicados al manejo forestal sustentable de sus bosques hicieron un llamado para que los países adopten políticas públicas eficaces y ágiles que favorezcan el aprovechamiento de sus recursos naturales de manera sostenible.

En el marco de la Conferencia de la Partes de Naciones Unidas del Convenio de Diversidad Biológica (COP13 CDB) que se celebró en Cancún, Raúl Benet, del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), indicó que está ampliamente comprobado y documentado que la conservación de los bosques y la biodiversidad en el largo plazo, está estrechamente vinculada con el respeto y reconocimiento de los derechos de las comunidades que viven y dependen de los bosques y selvas.

En el evento paralelo: Conservación de la Biodiversidad en el manejo forestal sustentable, precisó que en México es un derecho Constitucional el respeto a los derechos y libre determinación de los pueblos indígenas que, en la práctica, no se ejerce en plenitud.

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Comunidades indígenas y bosques

En su intervención, Henderson Renfigo, líder indígena peruano y miembro de la Coordinadora de las organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), destacó la necesidad de que los cooperantes y agencias de financiamiento internacional canalicen recursos a las comunidades, porque allá no llegan todos estos acuerdos que se tratan en estos grandes eventos como la COP13 del Convenido de Diversidad Biológica.

Añadió que el tema de la integración de la biodiversidad en las actividades productivas de los pueblos indígenas no es algo nuevo, pues ancestralmente lo hemos hecho, por ello los territorios indígenas son los que presentan mejores índices de conservación.

Henderson detalló que en la Amazonía peruana los pueblos indígenas llevaron a cabo una revolución forestal en la que reclamaron el manejo de los recursos forestales, que previamente había sido depredado por particulares autorizados por el gobierno del Perú.

No obstante, comentó que aún quedan muchos retos por superar para garantizar la conservación en el largo plazo de la selva peruana, como la excesiva corrupción y la canalización de recursos suficientes para el fortalecimiento de emprendimientos productivos y la titulación de tierras a favor de las comunidades originarias.

Recuperación de bosques y desarrollo social

En este sentido, Netzar Arrortua, presidente del comisariado de bienes comunales de Capulalpam de Méndez y miembro de la Unión de Comunidades Productoras Forestales Zapotecas-Chinantecas de la Sierra Norte de Oaxaca (UZACHI), subrayó el importante papel que juegan las comunidades y ejidos en México en la conservación de los bosques y selvas y, al mismo, tiempo cubren los huecos que el Estado no atiende en sus comunidades.

Con el manejo sustentable del bosque que realizan las comunidades forestales a través de la conformación de empresas forestales comunitarias, generan recursos que son destinados para el propio saneamiento y mantenimiento de sus recursos forestales y el resto lo invierten en la generación de obra pública, como construcción de escuelas, caminos, alumbrado, entre otras.

Asimismo, Netzar Arrortua recalcó la necesidad de que el gobierno se comprometa verdaderamente con el desarrollo del sector forestal en México, “porque la misma Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) cuando compran mobiliario prefieren adquirir productos de metal o plástico; y cuando son productos de madera son importados, en vez de apoyar el buen trabajo y de alta calidad que realizamos las comunidades de UZACHI, que estamos certificados por el FSC en manejo forestal.

Baltazar López, de la Unión Estatal de Silvicultores Comunitarios de Oaxaca (UESCO) y miembro de la Red Mexicana de Organizaciones Campesinas Forestales (Red Mocaf), coincidió en la importancia de que se impulse al sector forestal en México y se reconozca el papel fundamental que juegan las comunidades y ejidos forestales para mantener estos ecosistemas en buen estado y evitar el cambio de uso de suelo y la degradación de los suelos.

Por último, Cándido Mezúa, indígena de la Comarca Emberá del Panamá y representante de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosque (AMPB) recalcó la necesidad de generar un esquema de certificación de manejo forestal cultural para las comunidades indígenas, y que este esquema no les sea costoso, ya que prácticamente el 70 por ciento de los recursos que obtienen las comunidades panameñas tienen que pagarlo en certificación e impuestos federales.

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Necesario fortalecer a comunidades rurales ante presiones extractivistas











Sinopsis:

México tiene una enorme riqueza en activos naturales, pero tiene un enorme reto para garantizar su sostenibilidad. Esto implica la necesidad de desarrollar nuevos paradigmas y visiones que nos permitan tomar decisiones y generar políticas públicas para garantizar una gobernanza efectiva de los territorios y los recursos, planteó Leticia Merino, coordinadora del Seminario Universitario de Sociedad, Medio Ambiente e Instituciones (SUSMAI) que se imparte en la UNAM.

Durante su intervención en la apertura de los trabajos del seminario que se lleva a cabo en la Universidad, la especialista destacó que “las comunidades rurales son elementos clave para la gestión y conservación de recursos como el agua y los bosques; puesto que tenemos ejemplos exitosos de emprendimientos sociales en la materia desde los años 80 y 90.”

“Solo la sociedad civil, somos quienes podemos plantar cara contra las iniciativas extractivistas y privatizadoras de bienes de uso común, como el agua,” enfatizó Ugo Mattei, investigador y profesor de la Universidad de Turín, Italia.

Soluciones integrales e interdisciplinarias

En la primera sesión del SUSMAI, que centró la discusión en el tema de la defensa del acceso social al agua, Rodrigo Gutiérrez, académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, subrayó que para asegurar un libre acceso al agua es necesario romper con una tradición de más de 30 años de un paradigma economicista de gestión de los recursos, en el que todo gira en torno de las reglas del mercado, porque “esto ha generado el desconocimiento de los derechos de los pueblos, el desmantelamiento de las instituciones sociales y el expansionismo de la privatización de bienes de uso común como el agua.”

“Desafortunadamente, México es emblemático en sus transformaciones jurídicas a favor de la acumulación y el extractivismo como la ley minera, la de inversión extranjera; las reformas privatizadoras, como la energética,” lamentó el investigador.

Otro de los retos para generar soluciones que nos permitan garantizar el acceso al agua, tal cual se establece en el artículo cuarto de la Constitución: “Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible…”; “es necesario que la academia trabaje de manera interdisciplinaria, y parece que los especialistas de las distintas áreas del conocimiento se están comenzando a entender mutuamente y están comenzando a generar paradigmas teóricos y soluciones de forma conjunta”, resaltó Luis Zambrano, titular del Instituto de Biología de la UNAM.

Explicó que “la fragmentación del conocimiento generó efectos en otros niveles, como la segmentación de las relaciones personales y la separación de las personas mismas. Para atender los problemas sociales y locales es necesario juntar diversas áreas del conocimiento y generar confianza entre estas para poder actuar con un enfoque integral.”

Visión de cuenca y gestión integrada del territorio

Por su parte, Raúl Pineda, investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) subrayó la importancia de atender las problemáticas socio-ambientales desde una visión de cuenca, con delimitaciones marcadas por las propias dinámicas naturales.

Precisó que “la cuenca nos ofrece una visión integrada de las presiones sobre los territorios y sus recursos: como el agua.”

Desde un enfoque de cuenca, agregó, “podremos encontrar mejores soluciones para la gestión de los recursos y el desarrollo de las comunidades que las habitan, además todos habitamos una cuenca.”

Garantizar el acceso al agua

Para garantizar la disponibilidad y acceso al agua es necesario prestar particular atención a las dos industrias más perversas: la minería y el fracking, aseveró Marisa Mazarí, del Instituto de Ecología de la UNAM.

Comentó que es contradictorio que se quieran cumplir con metas de los Objetivos de Desarrollo Sustentable y al mismo tiempo se brinden tantas facilidades para la extracción minera y la explotación de yacimientos de hidrocarburos.

Sobre este tema, Ugo Mattei detalló que “privilegiar la privatización de los recursos es uno de los más grandes errores. El agua es un bien común que no se puede comercializar, ni gobernarse de acuerdo con las reglas del mercado. Porque desde una visión privada y de mercado, si yo vendiera agua, tendría que hacer todo lo posible por vender la mayor cantidad al menor costo de producción y eso es insustentable con el agua”.

*Fotografía: Arturo Campos Cedillo

Certificación de manejo forestal comunitario en México (Nota Informativa 47)











Sinopsis:

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  • México es líder mundial en superficie de bosque certificada en manejo forestal comunitario
  • En México operan tres diferentes esquemas de certificación forestal y en conjunto suman una superficie certificada de 2 millones 192 mil ha (ATP, NMX 143, FSC).
  • México es el país con mayor superficie forestal comunitaria certificada bajo los requisitos del FSC.
    Adicionalmente, más de 2 millones 400 mil ha de superficie forestal se encuentran en proceso de certificación (ATP, NMX 143, FSC).
  • La certificación de manejo forestal y de cadena de custodia son dos mecanismos claves que contribuyen a la conservación de los ecosistemas forestales y permiten impulsar el manejo sostenible de los bosques y selvas.
  • Promover el consumo de madera y productos forestales certificados desde el sector público es indispensable para coadyuvar a la conservación activa de los bosques y selvas mexicanos.

El manejo forestal comunitario es un modelo de administración de bosques y selvas que han generado   las comunidades y ejidos que cuentan con superficie forestal y que a partir de las décadas de los 70 y 80, luego de la reforma agraria y la publicación de la Ley Forestal en México de 1986, comenzaron a desarrollar programas de manejo forestal para el aprovechamiento sustentable de sus recursos naturales.

De acuerdo con datos del estudio realizado por Frederick W. Cabbage, Community Forestry Enterprises in Mexico: Sustainability and Competitiveness, al día de hoy operan más de 992 Empresas Forestales Comunitarias en nuestro país, con diferentes niveles de organización y apropiación del proceso productivo.

La consolidación de este esquema organizativo para el aprovechamiento de los recursos forestales por parte de las comunidades y ejidos forestales, quienes poseen más del 50 por ciento de la superficie forestal de México (hasta un 60 por ciento de los bosques y selvas), se debe a los buenos resultados que se han podido documentar al respecto, puesto que las EFC han logrado generar ingresos netos, empleos para los miembros de las comunidades y el mantenimiento de sus bosques en óptimas condiciones.

Algunas de estas comunidades y ejidos forestales han avanzado considerablemente en los aspectos silvícolas, ambientales, sociales y económicos, logrando la certificación en manejo forestal bajo alguno de los tres esquemas de Certificación reconocidos en México: las Auditorías Técnicas Preventivas; la certificación Bosques sustentables (NMX 143); y la certificación internacional del Forest Stwardship Council (FSC).

Consulta y descarga el documento completo en: Nota Informativa 47 – México es líder mundial en superficie de bosque certificada en manejo forestal comunitario

¡Nueva colaboración en Eme Equis! La cara financiera de la biodiversidad











Sinopsis:

El ama de casa pone los huevos en distintas canastas. Los inversionistas buscan un portafolio de acciones. Los vendedores construyen una cartera de clientes. Así, todos minimizan los riesgos y evitan que un solo error de cálculo o un golpe de mala suerte tenga efectos catastróficos. Muchos agricultores hacen lo mismo: diversificando sus cultivos capean las plagas y los desastres naturales. Desde el año pasado, los cafetaleros de varias regiones del país están viendo en carne propia las ventajas de hacerlo: un hongo ha arrasado con el café mexicano y sólo quien apostó por distintos cultivos podrá cosechar algo esta temporada.

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¿Para qué sirve la agrobiodiversidad? Tres estudios que explican sus virtudes











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Agrobiodiversidad de la Chinantla oaxaqueña - Foto de Eugenio Fernández VázquezAsí como se habla de no poner todos los huevos en la misma canasta, podría hablarse de no apostar todo el ingreso a un solo cultivo. En la agrobiodiversidad está una de las claves para mantener sanos los suelos de los que depende la agricultura, los bosques que muchas veces la envuelven y la fauna de la que depende para que las plagas no arrasen con la producción. En el cultivo de distintas especies a la vez está también una de las claves para ganar en productividad y para enfrentar mejor las incertidumbres climáticas y económicas que trajeron el calentamiento global y la crisis financiera que no se va.

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La deforestación en América Latina va a la baja, ¿qué provocó este cambio?

Foto: Eugenio Fernández Vázquez










Sinopsis:

Foto: Eugenio Fernández VázquezEl último reporte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) trajo, entre la cauda de datos negativos sobre el aumento de temperaturas globales y de emisiones de gases de efecto invernadero, una buena noticia: el campo y los bosques redujeron en forma importante su contribución al calentamiento global. El IPCC explicó que esto se debió a que bajaron las tasas de deforestación en el mundo y a procesos de recuperación de tierras que antes estaban deforestadas. Pero, ¿qué hay detrás de estos procesos de conservación y de reforestación? En términos de carbono es una buena noticia, pero, ¿lo es también en términos de biodiversidad, de servicios ambientales, de bienestar social? Al menos en América Latina, la respuesta es ambigua, aunque esperanzadora.

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