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Fortalecer a las comunidades forestales: la mejor forma de proteger el clima y el ambiente

©Archivo CCMSS-Mujer Otomi-Amanalco-fortalecer a comunidades forestales-roteger el clima y el ambiente










Sinopsis:

©Archivo CCMSS-Mujer Otomi-Amanalco-fortalecer a comunidades forestales-roteger el clima y el ambiente

  • Reconocer los derechos de las comunidades sobre el territorio garantiza el mejor cuidado de estos ecosistemas
  • Nuestro país tiene la oportunidad de cuadruplicar la superficie forestal en la que se hace aprovechamiento comunitario
  • Empresas forestales comunitarias de México son ejemplo mundial de buen manejo

En un contexto en el que el gobierno del país más poderoso del mundo y uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero está decidido a no asumir su responsabilidad para enfrentar el cambio climático global, es imperativo garantizar los derechos sobre los bosques y selvas a las comunidades campesinas e indígenas que los habitan y que dependen de ellos para su subsistencia, pues está demostrado que cuando las comunidades locales y pueblos indígenas tienen plenas facultades para manejar sus recursos forestales, se frena la deforestación y se garantiza su conservación y de la biodiversidad asociada, así como los beneficios que los bosques nos proveen.

México es un país de eminente vocación forestal, que cuenta con más 690 millones de hectáreas de bosques y selvas (INEGI, 2016), de las cuales 80 % son propiedad de ejidos y comunidades, muchos de ellos indígenas. Sin embargo, no obstante que la titularidad de los derechos de la tierra pone en ventaja a estos grupos sociales si los comparamos con países con gran riqueza forestal como Indonesia, la República Democrática del Congo, o los países amazónicos, en los que la titularidad de los bosques y selvas es de los gobiernos; la falta de alineación de los instrumentos de política pública con el marco legal e institucional, aunado a una política de subsidios equivocada y contraproducente, ha estancado el desarrollo de estas comunidades rurales y del sector forestal nacional.

Hoy en día, alrededor de 5 millones de hectáreas de bosques son manejadas por empresas forestales comunitarias en nuestro país. De acuerdo con datos de Programa Estratégico Forestal 2025 de México, esa cifra podría crecer hasta alcanzar 21.6 millones de hectáreas de bosques y selvas, que podrían ser incorporadas a esquemas de manejo forestal. Para ello, es fundamental que las políticas públicas y el marco legal se orienten claramente al desarrollo de capacidades productivas y empresariales de las empresas forestales comunitarias, así como al fortalecimiento de la gobernanza y reconocimiento del liderazgo comunitario en los territorios forestales.

Los obstáculos que enfrentan las comunidades y ejidos para manejar y aprovechar de forma sustentable sus recursos forestales, como la sobrerregulación; una tramitología compleja y onerosa; la circulación de productos forestales de origen ilegal -entre 28 y 60% del volumen del mercado- la falta de incentivos para la generación de capacidades productivas, y la marginación impuesta a las comunidades respecto a los procesos de planeación de su territorio, propician el desinterés de los dueños de la tierra en el manejo y conservación de los bosques y selvas.

Asimismo, cierto tipo de políticas públicas e incentivos económicos propician el cambio de uso de suelo para desarrollar otras actividades productivas que les puedan ser más rentables, tales como el uso de sus tierras para la ganadería y agricultura a costa de la deforestación. Otras amenazas sobre los territorios también propician de manera creciente la pérdida de los bosques y la erosión de las estructuras comunitarias, tales como la minería y otras formas de industria extractiva.

Pese a esta situación, muchas empresas forestales comunitarias mexicanas son un ejemplo a seguir en el mundo, ya que mediante la gestión sustentable de los recursos forestales generan beneficios sociales, ambientales, económicos y culturales, y conservan la cobertura forestal y la biodiversidad.

En numerosas comunidades del país este ejemplo incluye un manejo integrado del territorio, es decir que abordan simultáneamente el aprovechamiento forestal, la producción de alimentos con sistemas agroecológicos, el monitoreo de la calidad del agua y la conservación voluntaria de atributos de alto valor de conservación dentro de sus territorios. Prácticamente todos los ejidos y comunidades que aprovechan sus bosques han establecido medidas para proteger cuerpos de agua, biodiversidad, sitios arqueológicos o con valor ritual o paisajístico, y otros atributos de importancia ambiental o cultural. Además, estas comunidades han alcanzado altos niveles de gobernanza interna y organización comunitaria, y generan empleos e ingresos para las familias, gracias a lo cual se reduce la presión para el cambio de uso de suelo o el abandono de las parcelas.

“La mejor forma de conmemorar el medio ambiente es tomando todas las medidas necesarias para reconocer, valorar y apoyar a las comunidades que viven en los bosques y cuidan de ellos. Cada día hay más evidencias de que los ecosistemas mejor conservados son aquellos que están en manos de comunidades y ejidos. Un ecosistema que es aprovechado de forma racional y con visión de largo plazo por sus legítimos dueños, no sólo les asegura una vida digna, sino que además garantiza la conservación de la biodiversidad, nos provee de agua, captura carbono y ayuda a regular el clima. No hay más que ver las cifras y las experiencias en diversas partes del mundo”, afirmó Raúl Benet, coordinador de políticas públicas del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.

México tiene la enorme oportunidad de fortalecer a estas comunidades, darles certidumbre jurídica y garantizar sus derechos, con una política clara y decidida de apoyo al manejo forestal comunitario.

En el marco del Día Internacional del Medio Ambiente, cuyo lema para este 2017 es “Conectar a las personas con la naturaleza. En la ciudad y en el campo”, el CCMSS hace un llamado a reconocer el loable trabajo que realizan las y los campesinos para proveer alimentos, propiciar la recarga de los mantos acuíferos, generar aire limpio y fresco, la captura carbono y la conservación de la flora y fauna.

 

Recomendaciones

La mejor estrategia para garantizar los beneficios que los bosques nos brindan es fortalecer desde todos los frentes el manejo forestal y la gobernanza comunitarias y el desarrollo de capacidades productivas:

– Desde el marco legal, mediante leyes que realmente coloquen en el centro del manejo de los bosques el hecho de que estos son propiedad de las comunidades.

– Desde la elaboración y aplicación de políticas públicas, tales como: una política de compras verdes, un combate integral al mercado ilegal de madera y materias primas forestales; un apoyo decidido de las capacidades técnicas, de gestión y gobernanza de las comunidades; un régimen fiscal diferenciado, considerando que las comunidades forestales no son entidades de lucro y que dejan muchos beneficios tangibles e intangibles en sus comunidades y para la sociedad en general.

– En la mejor coordinación interinstitucional y en todos los niveles de gobierno.

– En la asignación de recursos, pues no hay política que funcione sin un presupuesto claro y orientado a la consolidación de procesos de desarrollo.

– Con el reconocimiento, valoración y visibilización de los enormes e invaluables beneficios que estas comunidades nos proveen a quienes vivimos en ámbitos urbanos.

 

 Descarga el documento:

Día Mundial del Medio Ambienta 2017

 

*Fotografia principal: Archivo CCMSS

Con ingenio, el ejido El Rosario conserva y maneja de forma sustentable sus bosques











Sinopsis:

En el ejido Ingenio El Rosario, en la región de Cofre de Perote, Veracruz, la mayor parte de la población tiene empleo, las familias están juntas porque no tienen que salir a buscar trabajo a otra parte. Con las labores de manejo y aprovechamiento de su bosque, el Ejido genera ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas de su población.

En las 511 hectáreas de bosque que posee el ejido y que tiene en propiedad colectiva y uso común se realizan trabajos continuos de manejo de sus recursos forestales, como brechas corta fuego, pre aclareos, podas, reforestaciones, control de plagas, trazado de caminos y labores de aprovechamiento del arbolado, esto de acuerdo con su “Programa de Manejo Forestal” y la autorización de aprovechamiento otorgada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

El ejido tiene un permiso para cosechar cerca de 6 mil metros cúbicos de madera por año. Entre las especies que aprovechan se encuentran los pinos patula, ayacahuite y ailes.

La madera que cosechan la venden en rollo y por ella obtienen ingresos de alrededor de 6 millones de pesos. Con estos ingresos el ejido cubre el pago a los ejidatarios -trabajadores que participan en las labores de aprovechamiento forestal y en los trabajos de restauración del bosque-. Asimismo, otra parte de los ingresos se invierten en obras de mejoramiento de la infraestructura y servicios del ejido y, finalmente, con los recursos restantes, se realiza un pequeño reparto de utilidades.

José Luis Rangel, asesor técnico del ejido, destaca que el bosque de Ingenio El Rosario, gracias a su buen manejo y conservación, tiene un incremento medio anual de 4 metros cúbicos por hectárea.  Es decir, cuatro veces mayor que la media nacional.

En El Rosario se tiene una gran tradición forestal, pues llevan más de 30 años de manejo y aprovechamiento sustentable de su bosque, esto a pesar de las vedas forestales que han sufrido, como la de 1982 a 1989, periodo en el que por decreto presidencial no pudieron aprovechar sus recursos forestales a pesar de que esa era su única fuente de ingresos. “Nos las tuvimos que arreglar como pudimos para subsistir,” acota el asesor técnico.

Adicionalmente, el ejido enfrenta el problema de la sobrerregulación que se ha impuesto a los productores forestales. Para poder realizar un aprovechamiento forestal legal, tienen que cumplir con múltiples tramites que incluyen estudios, pago de derechos y cumplimiento de complicados requisitos que le quitan a la actividad sus posibilidades de ser competitiva frente a las importaciones y a la producción de madera de plantaciones comerciales.

“A veces, tenemos que hacer dos viajes por semana a las oficinas gubernamentales de Jalapa, que nos quedan a dos horas de distancia, hasta que nos dan los documentos. Esto representa gastos de transportación y la pérdida de tiempo, porque esos días ya no podemos trabajar en el bosque,” explica José Luis.

Entre más tiempo se retrasa la emisión de los permisos y autorizaciones los compradores les bajan el precio de compra de la madera, porque también a ellos les generan gastos estos contratiempos.

Conservación de la biodiversidad y servicios ecosistémicos

Jaime Crespo Báez, ex comisariado ejidal y coordinador de los trabajos de manejo forestal en el Ingenio El Rosario, comenta que los periodos de veda que han enfrentados fueron muy complicados y lamenta que “pareciera que a las autoridades les importa más una lagartija que la gente que vive en los bosques.”

Explica que el ejido es un ejemplo de buen manejo y aprovechamiento forestal, no solo por la buena conservación del arbolado, pues también se llevan a cabo trabajos de conservación de suelos, de agua y de biodiversidad.

“Mucho antes de que se pusieran de moda estas medidas de conservación de la flora y la fauna, el ejido ya realizaba un cuidado muy especial de los animales, sus madrigueras, los nidos y las plantas que crecen en el bosque,” recalca.

José Luis Rangel, resalta que cuando se lleva a cabo la cosecha de madera, los trabajos se realizan con mucha atención, vigilando que se haga el menor maltrato posible del bosque, los derribos se hacen buscando no afectar a los otros árboles que están en pie; los carriles de arrime se trazan de tal forma que no generen afectaciones y al terminar los trabajos de cosecha se deja completamente limpia la zona del aprovechamiento, para que las coronas y ramas no sean un foco de infección de plagas ni se propaguen los incendios.

Además de todo lo anterior, refiere el ex comisariado que el ejido ha creado una Unidad de Manejo Ambiental (UMA) con la cual se reforzarán las actividades de conservación del territorio ejidal.

Jaime Crespo detalla que el Ejido participa en el Programa de Pago por Servicios Ambientales por los que recibe anualmente una pequeña compensación por cada hectárea de bosque que se encuentra bajo el esquema en conservación. “Ese dinero en realidad no nos alcanza para realizar los trabajos necesarios para garantizar la conservación, como son las brechas cortafuego, la señalética, las obras de retención del suelo; sin embargo, el ejido está comprometido con la conservación e invierte recursos adicionales para financiar los trabajos que requiere el bosque.

“Nosotros creemos que los servicios ambientales que presta el bosque del ejido son muy importantes pues aseguran la infiltración que permite el abasto de agua potable a la ciudad de Coatepec y el abasto al comercio y a la industria regional.  Creemos que ellos –los usuarios del agua-, deberían también preocuparse por la conservación del bosque y contribuir para sufragar los costos del buen manejo y la conservación. Pero esto no es así, ellos solo pagan por los costos de conducción del agua, pero nunca pagan los costos de conservación de las cuencas de abasto,” subraya.

Jaime Crespo, quien ha acudido a las oficinas de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York para mostrar las ventajas del manejo forestal comunitario, refiere con tristeza que “los beneficiarios de los servicios ambientales, como las empresas, las ciudades y los productores de cítricos y de ganado; son quienes nos tachan de tala montes y depredadores del bosque. Lo dicen sin conocimiento de causa.”

Empresas comunitarias y privadas obtienen certificación internacional de buen manejo forestal en Oaxaca

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Sinopsis:

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Por Gisela Ramírez

La comunidad de San Juan Evangelista Analco de la Sierra Norte de Oaxaca, logró obtener la certificación internacional de buen manejo forestal, después de 10 años de haberse incorporado la última de estas validaciones en la entidad. Con esto, sus 955 hectáreas se suman a las 74 mil 752 que actualmente mantienen estos criterios de sustentabilidad en todo el estado, informó la Gerencia de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en la entidad.

Al mismo tiempo, también se lograron certificar las primeras tres industrias privadas en el Estado, en cadena de custodia, el Aserradero El Progreso, ubicado en San Jesus Nazareno de Santa Cruz Xoxocotlán, así como Industrialización de Productos Forestales e Industrialización de Maderas Santa María Coyotepec, señaló el titular de la Conafor en Oaxaca, Carlos René Estrella Canto.

Informó además que junto con Analco, las comunidades de Santo Domingo Coatlán, San Andrés Yatuni, San Pablo Macuitianguis, y Teococuilco de Marcos Pérez, se encuentran en proceso de la misma certificación por buen manejo forestal, mientras que por cadena de custodia realizan el proceso de certificación también las empresas forestales de Santo Domingo Coatlán, Industrializadora los Bosques de Pueblos Mancomunados y Casa Verde, para lo cual se requiere una inversión promedio de 770 mil 857 pesos.

certificacion FSCEn ese sentido, el técnico forestal Filemón Manzano Méndez señaló que la certificación brinda las garantías de un manejo forestal responsable, la conservación de todos los recursos naturales asociados al bosque: el agua, el suelo y la biodiversidad, “las auditorías técnicas practicadas y las observaciones nos han permitido mejorar desde hace 4 años que iniciamos las actividades forestales, en un bosque que produce dos mil 500 metros cúbicos de madera de pino de primera calidad, mil 500 metros de encino y madronio” .

El también secretario del Consejo de Vigilancia de la comunidad, reconoció que existe una permanente preocupación de los habitantes por preservar sus recursos naturales: “podemos demostrar ahora que el bosque no se acaba sino que dará mejores productos, mediante la conservación de su biodiversidad, pero también de su aprovechamiento”.

A su vez, el presidente del Comisariado de San Juan Evangelista Analco, Gilberto Sosa Méndez recordó que su comunidad obtuvo el Premio Nacional al Mérito Forestal, en la categoría de silvicultura comunitaria el año pasado, “nos sentimos satisfechos de estos avances, sin duda es esfuerzo de los comuneros y comuneras que llevan día a día como una parte integral de sus actividades diarias, el tequio -trabajo comunitario no remunerado- las asambleas y los cargos comunitarios, que han logrado mejorar el trabajo y que hoy seamos una referencia en el buen manejo forestal en nuestro estado”.

“Sabemos que el trabajo comunitario de profesionistas forestales sin el apoyo y participación de las dependencias federales y estatales no estaría completo, por lo que reconocemos la importancia de la Conafor que ha contribuido con las comunidades en el fortalecimiento de programas de manejo forestal, el programa de biodiversidad en bosques de producción y los mercados certificados para acceder a talleres de capacitación, además de orientarnos para obtener el apoyo financiero para aplicar ante la certificadora internacional y obtener esta validación”.
Luego de reconocer la disposicion y profesionalismo para encauzar estos apoyos a las comunidades, Sosa Méndez consideró que el eficiente aprovechamiento de los recursos naturales, repercute en la economía de las familias y comunidades “y nos permite contribuir con el cuidado del medio ambiente de nuestro país”.

 

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Zenaido Garnica Sánchez, certificador internacional de Rainforest Alliance comentó la certificación de buen manejo y cadena de custodia (FSC), son instrumentos de mercado, que permiten a las comunidades del Estado de Oaxaca, Empresas Forestales Comunitarias (EFC) y empresas privadas “transparentar la trazabilidad de los productos forestales desde el bosque hasta el consumidor final, garantizando el origen sostenible de los productos y conservación de la biodiversidad”.

Vamos por un proceso de certificación constante, para que los bosques no desaparezcan, para evitar la desertificación, el cambio de uso de suelos y con ello evitar la perdida de la diversidad y biodiversidad y la transparencia en cada comunidad o ejido, sin este factor, no es posible certificar, se tiene que demostrar”, sostuvo.

Adelaida Vázquez, subgerente del aserradero El Progreso, consideró que el proceso de la certificación obtenida, “ha permitido fortalecer el cuidado de la biodiversidad, de los bosques, pero también ha logrado impulsar el tema de la equidad de género, porque las mujeres de la comunidad se han incorporado a estas labores, en las que se generan 16 empleos directos y un promedio de 150, sumados a los indirectos, en toda la cadena productiva”.

La Gerente General del Aserradero, Sofía Juárez Jacinto, manifestó la necesidad de compartir los avances que lograrán con esta certificación, “primero el cuidado de nuestros bosques, pero también nos permitiría el acceso a nuevos mercados, contribuimos a la conservación de la biodiversidad, como son las especies amenazadas o en peligro de extinción, y logramos brindar seguridad laboral y prevención de accidentes a quienes colaboran con nosotros”.

Al respecto, el certificador de la empresa Global Servicies (CSC), Carlos Ortega Ayala, resaltó que en la cadena de custodia se verifica no solo la sustentabilidad de la madera y el bosque, sino que la empresa sea socialmente responsable y económicamente viable, “por ejemplo no pueden mezclar maderas, certificadas con no certificadas, porque esa práctica brinda certeza y garantía sobre los productos que se consumen, eso es honesto y transparente, también se verifica que exista capacitación del personal, seguridad para el control de incendios, reglamento interno e higiene laboral, entre otros”.

El gerente estatal de Conafor, puntualizó que aún faltan camino por recorrer en materia de certificación, tomando en cuenta que hay 7 millones de hectáreas forestales en el estado de Oaxaca, de las cuales por el momento 74 mil están certificadas, “hay factores que inciden o impiden este proceso, como son las inversiones que se destinan para lograrlo, sin embargo los resultados y ventajas de obtener este certificado, permite importantes avances en el cuidado de la biodiversidad, los recursos de las comunidades y los beneficios comerciales que obtendrán por su buen manejo forestal”.

Dijo que hay empresas, como Protic MDF Tabasco, que elabora tablas para cortar carne así como adornos elaborados con recursos forestales, pero por el hecho de contar con madera certificada incrementa su valor porque está garantizando a sus pobladores, que están teniendo buen manejo y que los recursos en su bosque o selva se manejan sustentablemente.

Reconoció que hay habitantes que aún consideran que es mejor vender madera de forma clandestina o bien que no se debe tocar el bosque para no dañarlo, “pero hoy en día, sabemos mediante diversos estudios que por sanidad debe existir un manejo forestal, para que haya regeneración de los bosques y buen desarrollo a largo plazo”.

 

*Fotografías: 1) Sierra Juárez, Oaxaca – Chris Ford / Creative Commons; 2) Forest Stewardship Council / Berliner Forsten; 3 y 4) Archivo CCMSS

Empresa forestal de pueblos mancomunados abrirá nueva fábrica en Oaxaca

Empresa forestal pueblos mancomunados oaxaca










Sinopsis:

Empresa forestal pueblos mancomunados oaxaca
 

Finamente lijada y convertida en una silla o bien barnizada y transformada en un comedor, la alta calidad de la madera proveniente de los Pueblos Mancomunados de Ixtlán y la Sierra Norte de Oaxaca, permitirá a las localidades que la conforman, expandir sus operaciones, duplicar su planta laboral y abrir una nueva fábrica de elaboración de salas, en un plazo de un año, anunció su gerente general, Israel Santiago García.

Con la experiencia de 24 años como gerente de la actual fábrica y aserradero, Santiago García consideró que este proyecto contribuirá a mantener las fuentes de empleo para las y los 130 trabajadores que actualmente laboran, buscará reducir la migración con el compromiso de que el aprovechamiento forestal privilegiará la preservación de sus bosques, fortaleciendo otras fuentes alternativas de ingresos para esas comunidades, como el ecoturismo.

Con una superficie forestal de 29 mil 430 hectáreas de bosques, fauna y flora endémicas, el gerente general dijo que la meta es mantener el equilibrio entre el desarrollo y la sustentabilidad, “que nuestros bosques se reforesten, que las nuevas generaciones cuiden nuestros bosques, que conozcan y aprecien la biodiversidad, de manera que todos luchen por preservarlas”.

Precisó que el grosor de los arboles va de 80 a 30 centímetros, mientras que la madera de primera calidad ha logrado alcanzar al 15 % del total de su producción total, que anualmente es de 14 mil metros cúbicos de madera, lo que fortaleció la alianza de los Pueblos Mancomunados con Ixtlán de Juárez y Textitlán, en la Integradora Comunal Forestal (Icofosa) que dio como resultado la marca “Tip Muebles y ante la demanda de más muebles nivel nacional decidimos aperturar una nueva fábrica”.

 

Una empresa certificada con potencial para generar empleos

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Actualmente -advirtió- tenemos casi toda la cadena productiva, desde el manejo forestal, el proceso del aserradero, el secado y la fabricación de muebles, así como la venta para el cliente final, desde tiendas administradas por nosotros, como puntos de venta en todo el país, a través de convenios con cadenas de restaurantes, tiendas departamentales, entre otras.

“Estamos hoy en día orgullosos que en Oaxaca sí se puede ofrecer un trabajo de alta calidad, a partir de la madera certificada, con la cual puedes conquistar los mercados local, nacional e internacional, “tenemos la capacidad de contratar más personal, necesito duplicar, porque vamos a montar una fábrica de salas, la cual generará un total de 250 empleos amigables con la biodiversidad”.

Actualmente, a la fuerza laboral, se han sumado mujeres, jóvenes y profesionistas “laboran nietos o hijas de los fundadores de los Pueblos Mancomunados, que con mucho esfuerzo salieron de las comunidades a estudiar a nivel técnico o profesional y regresan convencidos de que las y los necesitamos: diseñadoras, eléctricos, licenciados en administración de empresas, contadoras públicas, ingenieros químicos, industriales, etc”, expuso.

En ese sentido, entre el personal más joven se encuentra Valdemar Santiago Garcia, de 24 años, encargado de control de producción de la fabrica, originario de la comunidad de Latuvi. Egresado del Instituto Tecnológico de Oaxaca, como ingeniero industrial, comentó que del total de la plantilla laboral, el 80 % tienen edades que oscilan de los 19 a los 30 años, procedentes de los pueblos mancomunados, pero también de poblaciones cercanas como Guelavia, Tlacolula y San Mateo Macuilxochitl, donde se ubica la empresa forestal, ubicada sobre la carretera Oaxaca-Istmo, perteneciente a San Jerónimo Tlacochahuaya, región de los Valles Centrales.

Reconoció su orgullo porque su abuelo fue parte del comité de los Pueblos Mancomunados, “y es ahí donde viví mi niñez hasta la secundaria, recuerdo que anteriormente la gente decía que se iban al monte, al saneamiento del monte, voy a Macuil y venían a trabajar. Por eso al salir de estudiar, vine porque no quiero separarme tanto de ellos, no pensaba trabajar en la planta sino ayudar a la comunidad”.

 

Mujeres en el bosque

empresas forestales oaxaca-emilio morales
 

Paulatinamente, los habitantes de la Sierra Norte se vuelven sensibles al cuidado de sus recursos, “estamos dentro de los pueblos y al momento que se cortan los árboles, ves esos huecos y ves que se ve feo, nace entonces la inquietud de reforestar”. Hizo también un reconocimiento a la fuerza de trabajo femenina, “actualmente el 50 % de los empleos generados por los Pueblos Mancomunados son mujeres en todas las áreas y actividades lijado, barniz, pulido, herraje y tapizado, donde hay supervisoras de áreas y una gerente de industrialización”.

Una de las más jóvenes trabajadoras, Adriana López, de Guelavía tiene 22 años, es soltera, ataviada de pies cabeza con equipo especial para su cuidado, como cirujana con guantes, pone en sus instrumentos su mayor concentración y en la pieza de madera su paciente, con esa atención logra con su trabajo concluir una parte de las 80 piezas que se arman al día, entre sillas, recamaras, tocadores y closets.

Considera que en lo forestal, no solo se trata de usar la fuerza bruta sino de apoyarse de herramientas y maquinas, “no se necesita tanta fuerza para la madera sino el modo de poder trabajar, yo lijo muebles, los dejo lisitos, para que a la hora de barnizarlo queden bien, ahora quisiera también armar muebles, voy a echarle ganas y esas ganas de trabajar te enseñan y vas aprendiendo”.

De 24 años y madre de una niña y un niño, Erika Martínez, originaria de San Juan Guelavía, toma el mazo con una agilidad que le permite unir, armar y ensamblar hasta 30 sillas al día: “no es tan difícil, me siento a gusto, no está pesado, ejercitas tus brazos y es bonito trabajar con la madera, armas muebles, sillas, respaldos y patas. Quiero seguir aprendiendo, con muchas ganas de salir adelante, aprovechar la madera, hacer las cosas mas rápidas y mejor, son algunas de mis metas”, expresó.

La primera gerente de Industrialización, se llama Magdalena López Marcos, es también originaria de los Pueblos Mancomunados, comprometida con los bosques, reconoce que la participación de las mujeres en las actividades forestales es necesaria. Expresó que la reforestación es una de las partes más importantes del proceso de sustentabilidad, que tanto éxito le ha dado a este esfuerzo comunitario, “el tequio -trabajo comunitario no remunerado- es una de las prácticas más antiguas en la reforestación, y mediante esta práctica por cada árbol que es aprovechado hay de tres a siete arboles plantados”.

 

Manejo Forestal Comunitario en Oaxaca, ejemplo loable a nivel mundial

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La calidad del trabajo pero también la madera certificada por las buenas prácticas en el cuidado de sus bosques, ponen en alto el nombre de la organización forestal pero también del estado de Oaxaca y de México: “se habla a nivel internacional que le ponemos mucho empeño, que nos dedicamos a trabajar y entramos a un mercado que aprecia mucho el trabajo de las comunidades”, advirtió López Marcos.

Israel Santiago García recordó que la historia de los Pueblos Mancomunados, -localizados a 60 km al noreste de la ciudad de Oaxaca- están integrados por las localidades de Santa María Yavesía, Santa Catarina Lachatao, San Miguel Amatlán, Latuvi, Benito Juárez, Cuajimoloyas, Llano Grande y La Nevería, en la región de la Sierra Juárez e Ixtlán, tienen antecedentes desde 1615: “hay documentos que hablan de esta unión de pueblos pero fue hasta el 20 de octubre de 1961, mediante un decreto nacional, que se conformó como núcleo agrario, hasta la fecha”.

Inicialmente -explicó el también fundador de esta empresa forestal- las comunidades se vieron obligadas a abrir el territorio a las empresas particulares que ya tenían una concesión en la mano, “donde el gobierno les decía ve y aprovecha, pero entonces los pueblos empezaron a notar que la empresa se llevaba todo pero no les dejaba beneficios, es cuando entonces ellos dicen no más, hasta acá, fueron 4 o 5 años de explotación por los años setentas”.

De acuerdo al último Inventario Forestal del estado de Oaxaca, elaborado por la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la vegetación de esta región está conformada entre otras especies por coníferas, latifoleadas, bosque mesófilo y selva baja, “de manera que esta gran riqueza natural requiere de mucho cuidado y desde hace un año hemos reiniciado la ejecución de diversas medidas recomendadas por la Comisión para la Cooperación Ambiental, para mejorar y fortalecer este trabajo comunitario” agregó.

Por otro lado, la Comisión para la Cooperación Ambiental, regulada por el Tratado de Libre Comercio, en los últimos años, indicó que “una de las principales inquietudes de las comunidades de la Sierra Norte de Oaxaca había sido generar actividades económicas alternativas que favorezcan la utilización sustentable de sus recursos naturales”.

En su página, refirió que “con una economía basada fundamentalmente en la explotación forestal y una organización comunitaria eficiente, las comunidades han podido mantener un equilibrio ejemplar entre sus necesidades de desarrollo y la conservación de sus bosques, considerados entre los mejor preservados del país”. Al respecto, el gerente general reconoció que hubo atrasos para desarrollar estas propuestas, pero “desde hace un año retomamos estas acciones y llevamos un avance del 50 %”.

Premiados con el mérito forestal nacional 1999, los Pueblos Mancomunados -representados por gerentes, las y los trabajadores- coincidieron que los bosques son vida, y que detrás de cada pieza aserrada y transformada, hay agua, oxígeno, una comunidad y familias, por lo que pidieron a los gobiernos municipales, estatal y federal consumir lo que las comunidades producen como son sus muebles de madera, en beneficio de todos quienes dependen de esta valiosa actividad.

 

*Imágenes: 1) Dominio Público; 2) Conafor; 3) Emilio Morales – nivnoticias.com; 4)Panoramio; 5) Archivo CCMSS

El manejo forestal sustentable contribuye a la conservación de la biodiversidad en México

manejo forestal










Sinopsis:

manejo forestal
 

Además de ser uno de los cinco países más megadiversos del mundo, México presume una cualidad muy especial, su diversidad beta. Esto indica la existencia de ecosistemas contiguos que registran una variación significativa de especies en constante movilidad.

Lo anterior, además de reafirmar la compleja y privilegiada riqueza natural del país, en materia de conservación se traduce en un reto particularmente complejo; por ello se requiere impulsar estrategias de conservación diversas. Por un lado México cuenta con el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas que incluye a 78 áreas que juegan un importante papel en la protección de esta biodiversidad. Por otro lado, cuenta con una larga historia de impulso y avance en las estrategias de manejo comunitario en bosques y selvas, repertorios de buena parte de la biodiversidad mexicana que permiten complementar los esfuerzos de conservación.

 

Manejo comunitario como agente de conservación 

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Buena parte de los bosques, y por ende de la biodiversidad mexicana, ocupan territorios que son de propiedad común, es decir, por decreto constitucional pertenecen a comunidades y ejidos.

Desde hace unas décadas, surgió un sector de empresas forestales comunitarias que, además de inaugurar un modelo de economía local y generación de empleos para sus habitantes, ha resultado probadamente una de las vías más eficaces para garantizar la conservación de estas tierras.

Las comunidades involucradas en este modelo han demostrado comprensión integral de que sus bosques son un patrimonio sobre el cual les corresponde, antes que explotar, cuidar y, en muchos casos, regenerar. Y el hecho de que ellos mejor que nadie conocen las particularidades del terreno, implica que sean capaces de desarrollar inmejorables estrategias de conservación y resguardo.

Entre las más de dos mil  comunidades que hoy se involucran directamente en el aprovechamiento y cuidado de sus bosques, encontramos numerosos caso que arrojan evidencia sobre la relación entre manejo comunitario y conservación. Importantes experiencias se encuentran a los largo de todo el país; y como es el caso de  los ejidos de la Costa Grande de Guerrero, o en el sur  de Quintana Roo. En estos ejidos, que luego de un análisis minucioso de los efectos de su manejo de bosques a lo la largo de dos décadas, se demostró que la cobertura de vegetación nativa en dichas áreas aumentó, es decir se registró una importante regeneración, y las tasas de  cambio uso de suelo disminuyeron, y los bosques crecieran sobre las  áreas dedicadas a actividades agropecuarias.  –Esta evaluación esta descrita a profundidad en el décimo capítulo de Los bosque comunitarios de México; manejo sustentable de paisajes forestales.

 

¿Qué sigue?

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Respondiendo a la urgencia por encontrar o diseñar modelos que aseguren la conservación de la biodiversidad en el planeta, del 2 al 17 de diciembre de este año se llevará a cabo, en Cancún, México, la COP 13, donde los compromisos del Convenio de Diversidad Biológica se hacen más pronunciables. Aquí, 196 países discutirán diversas alternativas, entre las cuales el manejo forestal sustentable debiera ocupar un rol importante. Distintas organizaciones, entre estas el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, propone que las políticas forestales apuesten de manera decidida al manejo forestal comunitario como un recurso clave para enfrentar los enormes retos que en materia de conservación de biodiversidad tenemos por delante a la vez que se generan oportunidades para el desarrollo rural.

Si bien se han acumulado ya numerosas evidencias a favor de este modelo como herramienta de conservación –sin dejar de mencionar los beneficios sociales, culturales y económicos que conlleva–, resulta crucial promover y facilitar el mismo, respetando los  derechos de las comunidades sobre la tierra y sus recursos, así como el mejoramiento del marco legal que simplifique la compleja regulación que obstaculiza el aprovechamiento sustentable del bosque y el avance de las iniciativas comunitarias de  manejo forestal .

 

*Fotografías: 1)  Rainforest Alliance; 2) Ollivier Girard/ CIFOR; 3) Creative Commons

Manejo Forestal Comunitario en México: un modelo emergente de manejo sustentable de ecosistemas forestales

archivo ccmss-consuelo pagaza-bosques mexico- manejo forestal comunitario










Sinopsis:

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Autores: Gerardo Segura, Leticia Merino-Pérez, David B. Bray, Alberto Cárdenas Jiménez 

La aparición en los últimos 25 años de un número apreciable de casos de bosques templados y tropicales manejados por las comunidades en tierras de propiedad común en México ofrece un ejemplo único en el mundo de cómo las comunidades pueden alcanzar un tipo de ordenación de los ecosistemas más integrado, que favorece además la evolución socioeconómica en las poblaciones rurales indígenas y no indígenas de escasos recursos.

Como resultado de las reformas agrarias que surgieron a partir de la Revolución Mexicana, en los primeros decenios del siglo XX buena parte de los derechos sobre las tierras forestales fueron transferidos a las comunidades rurales, y se estima que a final de los años setenta un 80% de la superficie forestal total del país estaba bajo el control comunitario.

A través de la historia, las comunidades y sus empresas forestales tuvieron que librar diversas batallas para obtener el control de sus derechos de propiedad y del aprovechamiento de su base de recursos forestales, gracias a lo cual se han adaptado las formas tradicionales de organización social a las modernas condiciones socioeconómicas, dando así lugar a una nueva forma de capital social. Este proceso ha conducido a la creación a unas 290-470 empresas forestales comunitarias con diferentes niveles de integración vertical, que manejan sus bosques con fines de producción maderera comercial y son en su mayoría muy rentables. El nivel de madurez de muchas de esas comunidades les permite manejar sus bosques con un enfoque más orientado al ecosistema, que va más allá de la producción maderera para explorar nuevas oportunidades de mercado con objeto de diversificar la producción de los ecosistemas forestales con bienes y servicios más beneficiosos para el medio ambiente.

En el contexto mundial actual, que muestra una considerable tendencia a transferir los derechos sobre las tierras forestales a las comunidades locales, el caso de la silvicultura comunitaria en México representa un modelo de eficacia comprobada de aprovechamiento sostenible de los ecosistemas forestales, que merece una mayor atención y un análisis más a fondo pues aporta una importante contribución a la comunidad internacional.

 

Introducción

bosques-mexico-michoacan

El régimen de tenencia comunitaria de la mayor parte de los terrenos forestales de México representa un caso único en el mundo en el que los derechos de propiedad de los recursos forestales fueron transferidos a las comunidades rurales durante buena parte del S XX como resultado de la reforma agraria que surgió a partir de la Revolución Mexicana. En la actualidad una extensión considerable de estos bosques de propiedad comunal son manejados con fines productivos por comunidades locales con diferentes niveles de integración y madurez, permitiendo demostrar que este tipo de actividad puede ser un motor de desarrollo regional que genera riqueza económica y bienestar social, además de asegurar la conservación de los bosques y de otros importantes beneficios ambientales asociados a los ecosistemas forestales.

En el contexto internacional actual que muestra una tendencia importante de los gobiernos de muchos países para transferir derechos de propiedad y usufructo de los terrenos forestales a comunidades locales, las experiencias de manejo comunitarios de bosques en México surgen como una contribución importante a la comunidad internacional para explorar nuevos esquemas de desarrollo regional y conservación de los ecosistemas forestales, principalmente en países en desarrollo.

El presente trabajo tiene el objetivo de hacer una revisión general del desarrollo del manejo forestal comunitario en México haciendo una análisis del contexto social y político en el que este modelo ha evolucionado, e identificando su potencial como instrumento para promover el desarrollo sustentable y la conservación de los ecosistemas forestales.

 

Tenencia de la Tierra y Condiciones Socioeconómicas de las Comunidades Forestales en México

atlas propiedad social en mexico

A lo largo del siglo XX la reforma agraria fue sin duda la acción social hacia el campo más importante que llevó a cabo el estado mexicano. Como resultado de la dotación agraria, 53% del territorio continental del país es de propiedad social. En las regiones forestales, diversas fuentes estiman que alrededor del 80% de esta extensión está en manos de ejidos y comunidades agrarias (INEGI, 1997; Procuraduría Agraria 2000), 40% de las cuales fueron transferidas a estos grupos entre 1950 y 1980.

Desde los años 70´s mucho se ha debatido en torno a los impactos del tipo de tenencia en el deterioro de los bosques. En México este debate cobró notoriedad en los años 1990, exponiéndose con beligerancia en distintos medios de opinión, a la propiedad social como la causa última de la pérdida acelerada y el deterioro de superficies forestales. El análisis de las dinámicas de deterioro forestal revela procesos más complejos, en los que sumada a diversos factores, la propiedad social representa en muchos casos retos indudables, a la vez que ofrece también oportunidades y recursos para promover el desarrollo regional y la conservación de los ecosistemas forestales. Más allá de esta polémica, en las condiciones sociales y políticas actuales del campo mexicano, el carácter social de la propiedad de los bosques es un hecho histórico y actual, un punto de partida fundamental para las políticas que buscan incidir en las prácticas de uso de los recursos forestales y en las condiciones de los bosques.

Irónicamente, y principalmente en los últimos 10 años, diez de los países con mayor cobertura forestal del mundo han diseñado o reformado esquemas legales para devolver o fortalecer derechos de propiedad y acceso a los recursos forestales en favor de comunidades locales y grupos indígenas (White and Martin, 2002). Estas políticas han propiciado que en las últimas dos décadas, principalmente en países latinoamericanos, cerca de 200 millones de hectáreas hayan sido transferidas en propiedad o usufructo a comunidades.

Otro punto de partida son las condiciones sociales de los pobladores de los bosques. En México existen 8,420 comunidades forestales con una población estimada de entre 13 y 15 millones de habitantes de la cual un alto porcentaje pertenece a grupos indígenas. Las regiones forestales se encuentran entre las de mayor marginalidad y pobreza en el país en donde más del 50% de su población vive en condiciones de extrema pobreza. La pobreza ha sido una constante en la historia de estas regiones, tradicionalmente aisladas y con fuertes restricciones naturales para la producción agropecuaria y forestal.

 

Evolución del marco institucional y las políticas públicas y sus impactos en el uso de los recursos forestales

Las políticas públicas son un elemento crucial en el uso de los recursos naturales puesto que influyen de manera determinante en los marcos de incentivos y construcción de reglas de uso de los recursos que definen las opciones de los usuarios. Es común que las políticas tengan efectos inesperados, aunque con frecuencia contundentes, en las prácticas de uso de los recursos y en sus condiciones.

La acción política relacionada con el sector forestal se ha caracterizado por la desarticulación y aún la contradicción entre los lineamientos y acciones de distintos temas. Las “señales” que los usuarios de los recursos recibieron de las políticas de dotación de terrenos nacionales, o de reconocimiento de derechos comunales, resultaban opuestas a las políticas de concesiones o vedas forestales, vigentes en las mismas áreas donde se el reparto agrario se llevaba a cabo (Merino 1997, Merino et al. 2000). Otra constante en política hacia el campo ha sido el desconocimiento del carácter forestal de gran parte del territorio del país.

Es en este contexto que durante la mayor parte del sigo XX, las comunidades forestales mexicanas tuvieron derechos limitados sobre el acceso a sus áreas boscosas derivados de políticas en las que el gobierno ejercía control sobre los recursos forestales a través concesiones a empresas privadas y paraestatales. A partir de fines de la década de los 70´s, se dieron cambios importantes en las políticas forestales que junto con movimientos sociales condujeron a nuevos esquemas para permitir que las comunidades manejaran y administraran sus recursos forestales con fines de producción comercial maderable (Bray and Wexler 1996). Este importante período de apoyo al manejo comunitario se debilitó hacia mediados de la década de los 80´s, y no es hasta avanzada la década de los 90´s que un nuevo impulso gubernamental a este sector se reestablece. En 1997 la recientemente creada Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (Semarnap), puso en marcha proyectos como el de Conservación y Manejo Sustentable de Recursos Forestales en México (Procymaf) y el Programa de Desarrollo Forestal (Prodefor) con los que se buscaba impulsar una nueva política de estímulos al sector forestal. Sin embargo, durante la gestión de Semarnap los escasos recursos con que operaron estos programas limitaron sus alcances.

En la actual administración se han dado importantes cambios en las políticas de apoyo al sector de medio ambiente y recursos naturales en el que el manejo y la conservación de los recursos forestales ha tomado el carácter de prioridad nacional. En consistencia con estas políticas, en 2001 se creó la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) como organismo público descentralizado para dar un nuevo impulso al Sector Forestal con base en esquemas de manejo forestal sustentable. La CONAFOR ha reconocido la gran relevancia del manejo forestal comunitario dirigiendo una buena parte de sus esfuerzos a reorientar y fortalecer programas y proyectos existentes como el Prodefor y el Procymaf que están dirigidos a fortalecer la gestión de los productores forestales rurales. Durante sus primeros años de operación, la CONAFOR ha incrementado los alcances y los recursos presupuestales de estos programas a niveles que no tienen precedente la historia de la gestión gubernamental en México.

En este contexto, dichos programas han avanzado en su concepción y en campo. Han buscado fortalecer una estrategia de promoción del uso sustentable de los recursos forestales, dentro de una política que reconoce el valor de los recursos del país y las tendencias del deterioro de éstos como resultado de políticas inadecuadas, manejando como punto de partida la idea de que la situación de los recursos forestales está asociada a la problemática social y económica de las áreas rurales.

 

El Manejo Forestal Comunitario en México como un Modelo de de Desarrollo Rural Sustentable

En la actualidad las áreas boscosas manejadas por comunidades a través de Empresas Forestales Comunitarias (EFC), tanto en bosques tropicales como templados, representan una escala y nivel de madurez único en el mundo. El concepto de manejo forestal comunitario, en el ámbito internacional generalmente se refiere al manejo para uso de productos no maderables o al aprovechamiento de productos maderables para el consumo doméstico (Arnold 1998). En el caso de México, el concepto es diferente en el sentido de que la propiedad es auténticamente social y el manejo esta más orientado a una producción comercial de productos maderables para el que las comunidades han constituido EFC´s que invierten en procesos de transformación y comercialización de productos terminados.

El surgimiento del sector de Empresas Forestales Comunitarias en México es el resultado de un largo proceso de apropiación social que se sustenta en una combinación de políticas públicas, una tradición de activismo rural y el capital social que poseen las mismas comunidades rurales. Aunque el proceso de apropiación inicia después de la Revolución de 1910, no es sino hasta mediados de la década de los 70´s que las condiciones se vuelven propicias para que los esquemas tradicionales de gobierno de las comunidades permitieran la construcción de capacidades de organización y la habilidad de responder a condiciones externas propicias para la consolidación de empresas sociales (Fox 1995, 1996).

En la actualidad no existe un consenso sobre el número de comunidades que activamente manejan sus bosques como principal actividad económica, en contraste con aquellas que venden su madera en pié a empresas privadas. Sin embargo, algunas fuentes estiman que éstas oscilan entre 288 y 740 (Bray et al. 2002), representando alrededor del 5% de las comunidades forestales del país. Estas comunidades han constituido EFC´s con diferentes niveles de integración vertical, muchas de las cuales operan desde mediados de los 80´s (Alatorre 2000). Esta cifra y el área que representa puede parecer pequeña, sin embargo es muy superior a la que se observa en otros países del mundo (Bray et al 2002).

La transición de esquemas de concesiones privadas en bosques comunitarios a un manejo controlado por las comunidades ha permitido mejorar las condiciones de equidad social de beneficios económicos. En muchas de las comunidades que manejan sus bosques los ingresos asociados a la producción forestal han incrementado considerablemente y están siendo invertidos en obras sociales (e.g. escuelas, clínicas de salud, infraestructura de caminos y agua potable) así como en la generación de empleos (Merino 1997, Alatorre 2000). Las EFC´s más avanzadas han logrado consolidar procesos productivos y están demostrando capacidades cada vez mas desarrolladas para el aprovechamiento maderable con fines comerciales, mejorando sus esquemas gerenciales y de rendición de cuentas, y tomando a la vez medidas serias para asegurar el mantenimiento de la productividad forestal, la conservación de la biodiversidad y la protección de otros bienes y servicios ambientales de interés público (Bray et. al 2002, Klooster 2000).

Algunas de las EFC´s más avanzadas han logrado acceder a mercados nacionales e internacionales más competitivos, y están empezando a invertir en procesos productivos verticales que den mayor valor agregado a sus productos forestales, y a diversificar el uso de sus recursos en proyectos de inversión que incluyen actividades como el embotellamiento de agua de manantial, el ecoturismo comunitario y la producción y comercialización de productos forestales no maderables (SEMARNAT/PROCYMAF, 2000). Un estudio reciente de EFC´s en el estado de Oaxaca que evalúa la eficiencia de diferentes esquemas de organización productiva en relación a niveles de integración vertical, muestra que la mayoría de estas empresas son altamente rentables en todos los niveles y que la integración vertical esta relacionada con la extensión del área forestal que es manejada por la comunidad (Antinori 2000).

Un indicador de la evolución del sector forestal comunitario en México que revela su contribución a un manejo forestal más sustentable ha sido la importante extensión de bosques comunitarios que han sido certificadas por organismos externos bajo el esquema del Forest Stewardship Council (FSC). Actualmente un total de 21 comunidades, abarcando más de 510,000 ha han sido certificadas bajo este esquema y 200,000 has mas han sido evaluadas y están en proceso de certificarse. El volumen de madera certificada proveniente de estas áreas representa ya el 10% de la producción maderable de bosque nativo a nivel nacional. México reporta las cifras más altas de certificación de bosques comunitarios en el mundo.

Estas experiencias revelan el potencial de la gestión comunitaria de los bosques, no solo para conservación de los recursos, sino también en su aportación a la gobernabilidad de regiones caracterizadas por su marginalidad y aislamiento. Si bien la tenencia comunal ha sido una factor estructural importante que ha brindado oportunidades para detonar procesos de autogestión y desarrollo rural que contribuyen a la sustantabilidad y conservación de los bosques, es claro que ésta condición no resulta en si misma suficiente. Las comunidades que han tenido éxito en este proceso han basado su desarrollo en el fortalecimiento de estructuras de gobernabilidad tradicionales creando capacidades de auto-regulación y organización que responden a esfuerzos externos de organización (Fox 1995). Otro elemento importante en este proceso ha sido la necesidad de que las instituciones externas, sociales y de gobierno, se articulen con las instituciones comunitarias locales propiciando el desarrollo conjunto de estrategias basadas en el uso forestal del suelo y la valoración económica y social de los bosques.

 

Conclusiones

El modelo de manejo comunitario de bosque en México representa una oportunidad importante a nivel internacional para estudiar las ventajas sociales, económicas y ecológicas de los procesos de devolución de derechos de propiedad a comunidades locales. Este modelo puede convertirse en una alternativa viable para promover el desarrollo regional en el que pueden confluir valores de equidad, conservación ambiental y rentabilidad económica, contribuyendo a enfrentar el problema de la pobreza de las zonas rurales del mundo.

Las experiencias mexicanas de manejo comunitario, sin embargo, debe ser analizada en un contexto más amplio en el que las condiciones de los bosques, tanto de México como del mundo han sufrido transformaciones de peso en los últimos diez años. En este contexto, el sector forestal debe enfrentar nuevos eventos y procesos, entre los mas significativos se encuentran: las nuevas amenazas ambientales, vinculadas al cambio climático; el incremento en la demanda nacional de productos forestales y la tensión entre el uso de los bosque nativos y las plantaciones comerciales; el incremento de la influencia de los mercados internacionales y la globalización; la demanda emergente de servicios ambientales y el desarrollo de nuevos mercados para éstos; y la creciente preocupación internacional sobre las condiciones de gobernabilidad necesarias para asegurar el uso sustentable de los bosques (White, et al. 2002).

Para asumir exitosamente estos cambios el sector y la política forestal requieren avanzar en la resolución de viejos y nuevos retos. Ello requiere de una atención estratégica y ambiciosa por parte de los gobiernos locales y la comunidad internacional. Dentro de las prioridades para fomentar y fortalecer estos retos se requiere: avanzar en la definición clara de derechos de propiedad, respetando las condiciones de la propiedad comunitaria; identificación y promoción de esquemas y modelos de manejo forestal comunitario exitosos; recursos para incrementar las capacidades técnicas y el fortalecimiento del capital social de los productores; fortalecer esquemas de mercado y financiamiento para promover el desarrollo comunitario; y diseñar un marco normativo de incentivos a los productores para hacer un manejo integral y diversificado de sus recursos naturales a favor del desarrollo sustentable y la conservación.

El diseño de una política acorde con estos retos, representa una tarea por demás compleja, puesto que además de la diversidad de condiciones existentes en las áreas forestales del país, los bosques mexicanos son también recursos complejos, bienes comunes, que proveen servicios públicos y valores privados. Se trata en consecuencia de sistemas cuya gestión requiere de la conjunción de perspectivas, voluntades y capacidades.

Referencias

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Antinori, C.M. 2000. Vertical Integration in Mexican Common Property Forests. Ph.D. dissertation. Agricultural and Resource Economics. University of California, Berkeley.

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Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática INEGI, (1997). Conteo de Población y Vivienda, 5 de noviembre de 1995, México.

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Merino Pérez, Leticia; Gérez Patricia; Madrid Sergio, (2000). “Políticas, Instituciones Comunitarias y Uso de los Recursos Comunes en México”. En: Sociedad Derecho y Medio Ambiente. Primer informe del programa de investigación sobre aplicación y cumplimiento de la legislación ambiental en México. CONACYT, UNAM, SEMARNAP.

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White, A. and Martin, A. 2002. Who owns the world´s forests?. Forest tenure and public forests in transition. Forest Trends. 30 pp.


1 Comisión Nacional Forestal, Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Av. Progreso No. 5. Col. Del Carmen Coyoacán. 04100, México D.F. Tel. (55) 5628-0600, ext. 15571. E-mail: gsegura@conafor.gob.mx.

 

*Fotografías: Consuelo Pagaza para CCMSS / Imagen 2: Más de México