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Las ADVC, un compromiso comunitario para la conservación











Sinopsis:

 

 

Los ejidos y comunidades de México son poseedores de más de 70 por ciento de los bosques y selvas del país. Estos ecosistemas nos proveen de servicios ambientales como la captura de agua para la recarga de mantos acuíferos, la regulación de la temperatura, el control de la erosión, la contención de azolve, además de albergar una gran biodiversidad, producto de las condiciones geográficas y del manejo y uso sustentable que han desarrollado las comunidades originarias de nuestro país a lo largo de siglos.

Para asegurar la conservación en el largo plazo de esta gran riqueza biocultural, muchas de esas comunidades y ejidos han tomado la decisión de incorporar segmentos de su territorio a un régimen especial de manejo y protección, debido a sus altos valores y atributos vinculados con los servicios ambientales que prestan. A estos espacios se les conoce como Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación (ADVC), que desde el año 2008 pueden obtener el reconocimiento de la federación para ser considerados como Áreas Naturales Protegidas de competencia federal y por lo tanto obtener beneficios como evitar la exploración y extracción de hidrocarburos dentro de estos predios.

Las ADVC están blindadas frente a desarrollos de obra pública y mega-proyectos, de la misma forma que las ANP`s federales o estatales ya que están contempladas dentro de la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección Ambiental (LEEGEPA).

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) al día de hoy, 384 predios se encuentran certificados como ADVC, que equivalen a una superficie de 413 mil hectáreas, de las cuales el 60 por ciento corresponden a predios de ejidos y comunidades; 39 por ciento son privados y 1 por ciento federales.

Salvador Anta Fonseca, miembro del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, indica que hay más de 280 mil hectáreas destinadas voluntariamente a la conservación solo en el estado de Oaxaca, entidad en la que surgió el esquema a mediados de la década de los 90. Además de las áreas certificadas existe una gran cantidad de superficie de bosque que en la práctica  esta bajo regímenes de conservación comunitaria pero que no cuentan con el certificado de ADVC.  “Hay estimaciones de que a nivel nacional se tiene poco más de un millón de hectáreas que se encuentran en un esquema de conservación voluntaria por parte de sus dueños, principalmente las comunidades y ejidos.

Si bien es cierto que estos esquemas de conservación son poco reconocidos, se sabe que son una vía para incorporar mucha más superficie al manejo del bosque, de hecho, “podríamos llegar a 5 millones de hectáreas si contásemos con una política fuerte y bien diseñada de impulso a este esquema y trabajando comunidad por comunidad”, destaca Salvador Anta.

Ejemplifica que se podrían lograr casos como el de las seis comunidades del Comité de Recursos Naturales de la Chinantla Alta (Corenchi), que se ubican en la Sierra Norte de Oaxaca, y que desde hace más de 15 años iniciaron acciones para proteger sus bosques mediante una serie de instrumentos de gestión territorial para la conservación y uso sustentable de los recursos naturales.

Corenchi posee una superficie de vegetación continua de 26 mil 770 hectáreas en buen estado de conservación. Esta organización, que aglutina a varias comunidades chinantecas, resguarda un importante reservorio de bosque mesófilo que a la vez manejan desarrollando diversas actividades productivas sustentables.

 

Falta de recursos y justicia social

Una de las limitantes de este esquema, que impide que la superficie bajo conservación voluntaria se incremente es la ausencia de una política fuerte y comprometida que incentive el establecimiento de nuevas ADVC´s; una política que incluya una serie de instrumentos financieros y fiscales que impulsen a los dueños de los territorios forestales a avanzar en sus iniciativas de conservación.

Hoy día, existen presupuestos muy limitados destinados a ello que permitan apoyar el desarrollo de acciones de manejo y mantenimiento, como brechas cortafuego, brigadas de vigilancia, aclareos, chaponeos, reforestaciones, caminos, colocar señalética, entre muchas otras actividades.

Los únicos apoyos destinados a las ADVC son los que otorga la Conanp a través de su Programa de Conservación para el Desarrollo Sustentable (Procodes), el Programa de Empleo Temporal; además del Programa de Pago por Servicios Ambientales, a cargo de la Conafor. Es importante señalar que estos tres programas de apoyos sufrieron un severo recorte para este año 2017, de más del 60 por ciento con respecto al año previo.

De acuerdo con un análisis de la consultora Visto Bueno Política Ambiental, el mecanismo de ADVC “está inacabado porque actualmente no se cuenta con recursos para los dueños de los predios bajo este esquema, está pendiente la inclusión de criterios de justicia social que permitan que los propietarios reciban una retribución justa por los servicios ambientales que prestan sus terrenos a la colectividad”.

Por lo anterior, esta organización propone modificaciones a la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente y a su reglamento, con el fin de destinar fondos provenientes de un pago de derechos por el uso o aprovechamiento de elementos naturales y servicios ambientales que se retribuyan a las comunidades y ejidos comprometidos con la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad.

 

*Fotografías: 1) Consuelo Pagaza para CCMSS; 2 y 3) CONANP

Impulso a la producción cafetalera de las familias campesinas en Oaxaca











Sinopsis:

Desde hace algunos años, el Sistema Comunitario para el Manejo y Protección de la Biodiversidad (SICOBI) y el Grupo Autónomo para la Investigación Ambiental (GAIA), han trabajado en mejorar las capacidades de producción de pequeños productores de café en la Sierra Sur y Costa de Oaxaca, con el objetivo de mejorar los ingresos de estas familias a través de la producción de un café de alta calidad.

En colaboración con el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, se han llevado a cabo dos procesos de acopio y venta de la producción de café de alrededor de 475 familias productoras de la región. Estos procesos acompañados han permitido elevar los márgenes de ganancia de las familias cafeticultoras; además de establecer un proceso de diferenciación del café proveniente de parcelas manejadas por mujeres.

La roya es uno de los principales problemas que enfrenta la producción cafetalera en nuestro país y fue un enorme reto para este proyecto, ya que esta enfermedad del cafetal ha ocasionado una pérdida significativa de la producción, pues ha dañado a más del 40 por ciento de las plantaciones, principalmente en cafetales ubicados en áreas bajas, menores a los mil metros sobre el nivel del mar.

Por lo anterior, esta iniciativa ha impulsado la realización de acciones para propiciar la renovación de los cafetales, y la mejora de los procesos de beneficios húmedo y seco, para asegurar la calidad de la producción del café ya existente.

Mediante el proyecto “Mujeres Cafeticulturas” se ha trabajado en el mejoramiento de las parcelas cafetaleras de las comunidades que forman parte del SICOBI, dentro de los municipios de San Juan Ozolotepec, San Francisco Ozolotepec, Santiago Xanica, San Miguel del Puerto y San Pedro Pochutla, en el estado de Oaxaca.

Esta iniciativa permitió establecer un esquema de colaboración con 475 familias productoras de café para mejorar las capacidades de manejo de cafetales, así como la adopción de tecnológicas de beneficio del café y la implementación de sistemas de control interno en las comunidades que conforman el SICOBI para asegurar la diferenciación de su producción de café en términos de calidad, origen y género.

Con la implementación de un protocolo de acopio para el manejo e integración de lotes de venta, se pudo lograr una clasificación de la producción del café por calidad y género, que permitió lograr mejores precios e ingresos para los productores.

Si bien es cierto que este fue el primer año en que se utiliza esta metodología de acopio en el SICOBI, esto ayudó a que los productores y productoras conocieran los criterios para la diferenciación de calidad de café y los resultados en el análisis de su producción de pergamino acopiado. Con ello, también es posible identificar y subsanar las debilidades existentes en sus procesos de cosecha y/o poscosecha.

Actualmente, el SICOBI cuenta con una superficie aproximada de 584 ha de producción, de las cuales 205 ha son manejadas por mujeres, con rendimientos promedio de 0.5 quintales, es decir, 23 Kg. De las 35 toneladas de café pergamino acopiado por la organización, aproximadamente 4.5 toneladas son procedentes de parcelas de mujeres cafeticultoras, lo que representa el 12.87 % del total de la producción.

Para mantener la calidad en la producción se han realizado diagnósticos participativos de los grupos de trabajo y se estableció un plan de saneamiento de los cafetales, tanto a nivel de grupos, como de comunidades, con controles de seguimiento y evaluación de los trabajos.

Como parte del convenio de colaboración entre SICOBI, GAIA y el CCMSS se avanzó en el establecimiento de mejores prácticas de manejo del cafetal y el acondicionamiento de viveros regionales, comunitarios y familiares. Además, se adquirieron nuevas plantas de café y semillas para la diversificación de los cafetales, mediante la inserción de cultivos como el cacao, la canela y árboles maderables de uso múltiple. Estas acciones permitieron que se incrementaran las capacidades de gestión de cada una de las comunidades socias del SICOBI para la mejora y optimización del sistema de producción de café.

Finalmente se impulsó un nuevo proceso de secado del café a través de zarandas, en vez de los tradicionales pisos de secado o petates expuestos directamente al sol.

Aun con estos avances y con el proceso de renovación puesto en marcha, alcanzar los números de productividad idóneos, implica trabajos futuros, desde manejo de cafetales en campo, que permita minimizar el problema de la roya y asegure la capacidad de provisión de pergamino a fin de alcanzar, gradualmente, niveles de producción de al menos 3 quintales por hectárea por año, lo que se traduciría en una producción de pergamino de 28,500 Kg de café con carácter de género en los próximos tres años.

Más allá de propiciar mejores ingresos para los pequeños productores de esta región, la iniciativa de mejoramiento productivo en beneficio de las comunidades, busca también generar lecciones que permitan evidenciar esquemas viables de re-apropiación y reconstrucción de los paisajes rurales en México. 

Consulta la Nota Informativa del Proyecto:

Nota Informativa del Proyecto GAIA – SICOBI – CCMSS

 

Desarrollo forestal y conservación de bosques en la comunidad zapoteca de Santiago Xiacuí

archivo ccmss-consuelo pagaza-bosques mexico- manejo forestal comunitario










Sinopsis:

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La comunidad de Santiago Xiacuí, ubicada en Distrito de Ixtlán, Oaxaca, está integrada por 350 comuneros quienes basan su economía en una estrategia diversificada, dónde la agricultura y el manejo del bosque ocupan un lugar preponderante.

Con los ingresos de la operación de su empresa forestal comunitaria, la cual cuenta con la certificación del FSC de buen manejo forestal, logran cubrir una serie de necesidades que tiene la comunidad relativas a bienes y servicios públicos como el mantenimiento de caminos, escuelas y alumbrado público. Además, una gran parte de esos recursos se reinvierten en el mantenimiento del bosque.

Anteriormente, cuando su bosque era concesionado por el gobierno a una empresa particular, la comunidad se encontraba en muy malas condiciones. El bosque presentaba severos problemas de degradación por las malas prácticas que desempeñaban los concesionarios de dichos recursos forestales; se extraían las mejores maderas y no se hacían reforestaciones ni aclareos.

“Si no se hubieran concesionado tendríamos mejores bosques, aunque luego de 27 años de que los comenzamos a manejar en la comunidad, al día de hoy están en un proceso de recuperación muy avanzado,” refiere Gerardo Martínez González, presidente del consejo de vigilancia del comisariado de la comunidad Santiago Xiacuí.

Destaca que hace 27 años se unieron las comunidades locales en una lucha “para detener ese mal uso de los recursos forestales y evitar que se siguieran concesionaran a terceros.”

A finales de la década de los ochenta la comunidad de Santiago Xiacuí como muchas otras comunidades lograron negociar la terminación de las concesiones a terceros e iniciar un proceso de construcción y operación de sus propias empresas forestales.  Hoy día, la empresa forestal de esta comunidad ha logrado dar pasos muy importantes; actualmente controla en su totalidad el acceso al bosque, la planeación de la producción, el corte de la madera, su extracción e industrialización.

El trabajo de manejo forestal en Xiacuí tiene un enfoque productivo, pero incorporara en todos sus procesos el componente de la conservación. Así que la producción y la conservación no son actividades diferentes como sucede en otros lugares dónde la conservación sea realiza solo en áreas protegidas.

En esta comunidad las actividades productivas conllevan acciones de conservación; así que cuando se construyen caminos forestales, o cuando se realiza la selección del arbolado a derribar y cuando se arrastra la madera para acercarla al camino, siempre se tiene en cuenta el imperativo de proteger el suelo, la vegetación y la biodiversidad.

Además de controlar el proceso productivo, la empresa tiene bajo su control todo el proceso de mercadeo de la madera por lo que actualmente tienen una amplia cartera de clientes con quienes comercializan su producción.

El manejo del bosque se realiza siempre con base en su programa de manejo forestal que ha sido aprobado por la Semarnat. A pesar de llevar más de 27 años manejando sus bosques y demostrando su compromiso con el buen manejo de los recursos forestales esta Secretaría, junto con la Profepa, constituyen un fuerte obstáculo para el avance de la empresa comunitaria dado lo complicado, tardado y caro que resulta el cumplimiento de los requisitos para realizar un aprovechamiento forestal y gestionar la documentación para su transporte.

Gerardo Martínez, miembro de Comisariado de Bienes Comunales, detalla que “los más interesados en la protección y conservación del bosque somos los comuneros, los legítimos dueños de los bosques.” Añade que “las actividades de manejo y aprovechamiento tienen la finalidad de mejorar la condición del bosque y de generar fuentes de empleo para nuestros propios comuneros, para que no migren y, para asegurar la permanencia del bosque para las futuras generaciones.”

Aprovechamiento forestal sustentable e incluyente

La comunidad de Santiago Xiacuí cuenta con 2 mil 600 hectáreas de bosque que manejan de acuerdo con lo establecido en su plan de manejo, sustentado por estudios de impacto ambiental y por inventarios de masa forestal, autorizado por la Secretaría del medio ambiente y recursos naturales (Semarnat) por un periodo de 8 años, su actual permiso entró en vigor este 2016.

La autorización de su plan de manejo les permitirá cosechar 8 mil metros cúbicos de pino y otros 8 mil metros cúbicos de encino, en la primera anualidad y, para los siguientes 7 años los volúmenes serán similares. “Esta es nuestra tercera autorización de plan de manejo, los otros dos habían sido por 10 años, cada uno,” puntualiza Gerardo Martínez.

Comenta que, a pesar de que, a lo largo de los años, las reglas y la legislación forestal han cambiado, la comunidad ha hecho bien las cosas y cumplido a cabalidad con los estipulado en sus planes de manejo forestal; por ello, no han tenido ningún problema en que la autoridad les renueve sus autorizaciones para el aprovechamiento de sus recursos forestales. Asimismo, “el bosque goza de muy buena salud, gracias a que hemos reforestado, saneado el bosque y prevenido plagas.”

En esta comunidad, los 350 comuneros que la integran participan en las asambleas. Todos tienen libertad de opinar y votar. Muchos tienen otras actividades productivas distintas al aprovechamiento forestal, y aunque no trabajen en el monte tienen los mismos derechos y obligaciones que los que sí laboran en el bosque. “Cuando se ha presentado algún incendio o presencia de plaga o es necesario reforestar, todos tienen la obligación de participar en las tareas y sí lo hacen,” enfatiza.

Subraya que “en la comunidad estamos avanzando en un proceso de inserción social buscando que las mujeres y los jóvenes poco a poco tengan una mayor participación en la toma de decisiones y en las distintas actividades productivas.”

Martínez González explica que “en los 12 meses que lleva de titular del comisariado, el señor Salvador Hernández Leyva, se empezó a trabajar en la inclusión de la perspectiva de género con mayor fuerza en la comunidad, de hecho, ya hay seis señoras que participan en los trabajos del monte. Lo que sí presenta un poco de rezago, aunque eso va a cambiar, es la participación de las mujeres en la toma de decisiones en las asambleas.”

Los jóvenes también participan en las labores del monte y el aprovechamiento forestal. “Les decimos que tienen que aprender a conservar porque ellos serán los responsables de cuidar el bosque en los próximos años,” destaca.

Conservación de la biodiversidad

En Santiago Xiacuí los comuneros tienen un fuerte interés en la conservación del bosque de la biodiversidad ya que la sustentabilidad de la empresa depende precisamente del mantenimiento de las funciones de los ecosistemas. Si los trabajos productivos no se realizan con mucho cuidado se estarán poniendo en riesgo las futuras cosechas y la calidad de la madera que se aprovecharán en los próximos años. Los mismos comuneros se reclaman cuando alguien tira un árbol sin las medidas y precauciones ambientales necesarias.

“Ya no nos preocupamos mucho por las inspecciones de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), nosotros mismos vigilamos que todos hagamos bien las cosas. Es una responsabilidad de los comuneros,” asevera el presidente del consejo de vigilancia.

Comunidad indígena de Oaxaca conserva su bosque para mantener viva su cultura e identidad











Sinopsis:

La comunidad indígena de Santa Cruz Tepetotutla, en la Sierra Norte del estado de Oaxaca, conserva más de 9 mil hectáreas de bosques comunitarios. “Nosotros amamos nuestro espacio, valoramos los beneficios que nos ofrecen los recursos naturales y con el ánimo de retener a nuestros hijos en nuestro territorio, decidimos emprender un programa de conservación voluntaria del bosque,” asegura Pedro Osorio Hernández, que actualmente es guía de ecoturismo en la comunidad y ha sido presidente de bienes comunales.

Conservar el bosque no significa que uno no pueda entrar ni tocarlo, se trata de hacer actividades productivas sustentables que no le generen impactos negativos.  Por ejemplo, explica Pedro, “nosotros producimos miel, café y madera, pero además hacemos conservas y mermeladas y recolectamos leña, frutos y hongos del bosque sin dañarlo.” Asimismo, cuentan con rutas de senderismo y actividades de ecoturismo que generan ingresos y empleos para la comunidad.

Esta comunidad indígena ve en el manejo sustentable de su territorio una oportunidad de conservar su identidad cultural a través del manejo de sus recursos naturales. “La conservación le da un valor agregado a nuestro espacio, y eso es bueno porque queremos generar ingresos y empleos sustentables para mantener viva nuestra cultura y biodiversidad,” destaca.

Pedro Osorio plantea que para Santa Cruz Tepetotutla “es un gran orgullo, conservar nuestro bosque con actividades sustentables, porque somos comunidades marginadas y si no generamos empleos en nuestra comunidad tendríamos que migrar a otros espacios, y como no tenemos estudios ni recursos, nos es muy complicada la vida en otros lados.”

En cambio, “en nuestro territorio nosotros somos autoridades y tenemos control de nuestros recursos. No nos discriminamos en nuestra propia comunidad, como sí ocurre cuando tenemos que migrar a buscar trabajo,” subraya.

Llevar a cabo actividades de conservación del territorio, ha sido una decisión colectiva de mucha importancia. Santa Cruz Tepetotutla, comunidad indígena chinanteca, también decidió formalizar su decisión de destinar una importante área de su territorio a la conservación y gestionó su registro ante la CONANP como una Área Destinada Voluntariamente a  la Conservación (ADVC).  Este registro ha convertido a este territorio comunitario en una “Área Protegida” formalmente, pero con la diferencia de que esta es propiedad de la comunidad y es administrada por los comuneros.  Así Santa Cruz se suma a las 385 ADVC que se tienen registradas en México con una superficie que supera ya las 400 mil hectáreas.

En esta Área de Conservación Voluntaria no solo se trata de mantener en pie su bosques y biodiversidad para la provisión de servicios ecosistémicos, como la recarga de mantos acuíferos, generación de aire limpio, captura de carbono, belleza escénica, entre muchos otros; sino que “al conservar nuestro espacio conservamos nuestra cultura, tradiciones, fiestas y gastronomía. A eso nos referimos con conservación, al manejo integrado del territorio para que se mantenga, para que contribuya al bienestar de la sociedad actual y para dejarlo como legado para nuestros hijos y nietos.”

La comunidad de Santa Cruz tiene una población de 700 habitantes y una superficie de 11 mil hectáreas, de las cuales 9 mil 570 están destinadas a la conservación. Sin embargo, no son los únicos que creen en este mecanismo de conservación activa de sus bosques y recursos naturales, junto con otras tres comunidades conforman un corredor regional de bosques destinados a la conservación de más de 26 mil hectáreas. Este corredor lo integran, además de Santa Cruz, San Antonio del Barrio, San Antonio Analco y San Pedro Tlatepusco.

Esta iniciativa comunitaria lleva operando ya más de 10 años y ha contado con el apoyo decidido de Geo Conservación una asociación civil comprometida con el desarrollo sustentable de las comunidades oaxaqueñas y que es parte del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.

Iniciativas como estas existen pocas, pero nos muestran la importancia del papel que juegan las comunidades locales en la conservación del capital natural y la importancia de generar políticas públicas que favorezcan el desarrollo comunitario e impulsen la gestión sustentable de los territorios comunitarios.

Empresas comunitarias y privadas obtienen certificación internacional de buen manejo forestal en Oaxaca

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Sinopsis:

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Por Gisela Ramírez

La comunidad de San Juan Evangelista Analco de la Sierra Norte de Oaxaca, logró obtener la certificación internacional de buen manejo forestal, después de 10 años de haberse incorporado la última de estas validaciones en la entidad. Con esto, sus 955 hectáreas se suman a las 74 mil 752 que actualmente mantienen estos criterios de sustentabilidad en todo el estado, informó la Gerencia de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en la entidad.

Al mismo tiempo, también se lograron certificar las primeras tres industrias privadas en el Estado, en cadena de custodia, el Aserradero El Progreso, ubicado en San Jesus Nazareno de Santa Cruz Xoxocotlán, así como Industrialización de Productos Forestales e Industrialización de Maderas Santa María Coyotepec, señaló el titular de la Conafor en Oaxaca, Carlos René Estrella Canto.

Informó además que junto con Analco, las comunidades de Santo Domingo Coatlán, San Andrés Yatuni, San Pablo Macuitianguis, y Teococuilco de Marcos Pérez, se encuentran en proceso de la misma certificación por buen manejo forestal, mientras que por cadena de custodia realizan el proceso de certificación también las empresas forestales de Santo Domingo Coatlán, Industrializadora los Bosques de Pueblos Mancomunados y Casa Verde, para lo cual se requiere una inversión promedio de 770 mil 857 pesos.

certificacion FSCEn ese sentido, el técnico forestal Filemón Manzano Méndez señaló que la certificación brinda las garantías de un manejo forestal responsable, la conservación de todos los recursos naturales asociados al bosque: el agua, el suelo y la biodiversidad, “las auditorías técnicas practicadas y las observaciones nos han permitido mejorar desde hace 4 años que iniciamos las actividades forestales, en un bosque que produce dos mil 500 metros cúbicos de madera de pino de primera calidad, mil 500 metros de encino y madronio” .

El también secretario del Consejo de Vigilancia de la comunidad, reconoció que existe una permanente preocupación de los habitantes por preservar sus recursos naturales: “podemos demostrar ahora que el bosque no se acaba sino que dará mejores productos, mediante la conservación de su biodiversidad, pero también de su aprovechamiento”.

A su vez, el presidente del Comisariado de San Juan Evangelista Analco, Gilberto Sosa Méndez recordó que su comunidad obtuvo el Premio Nacional al Mérito Forestal, en la categoría de silvicultura comunitaria el año pasado, “nos sentimos satisfechos de estos avances, sin duda es esfuerzo de los comuneros y comuneras que llevan día a día como una parte integral de sus actividades diarias, el tequio -trabajo comunitario no remunerado- las asambleas y los cargos comunitarios, que han logrado mejorar el trabajo y que hoy seamos una referencia en el buen manejo forestal en nuestro estado”.

“Sabemos que el trabajo comunitario de profesionistas forestales sin el apoyo y participación de las dependencias federales y estatales no estaría completo, por lo que reconocemos la importancia de la Conafor que ha contribuido con las comunidades en el fortalecimiento de programas de manejo forestal, el programa de biodiversidad en bosques de producción y los mercados certificados para acceder a talleres de capacitación, además de orientarnos para obtener el apoyo financiero para aplicar ante la certificadora internacional y obtener esta validación”.
Luego de reconocer la disposicion y profesionalismo para encauzar estos apoyos a las comunidades, Sosa Méndez consideró que el eficiente aprovechamiento de los recursos naturales, repercute en la economía de las familias y comunidades “y nos permite contribuir con el cuidado del medio ambiente de nuestro país”.

 

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Zenaido Garnica Sánchez, certificador internacional de Rainforest Alliance comentó la certificación de buen manejo y cadena de custodia (FSC), son instrumentos de mercado, que permiten a las comunidades del Estado de Oaxaca, Empresas Forestales Comunitarias (EFC) y empresas privadas “transparentar la trazabilidad de los productos forestales desde el bosque hasta el consumidor final, garantizando el origen sostenible de los productos y conservación de la biodiversidad”.

Vamos por un proceso de certificación constante, para que los bosques no desaparezcan, para evitar la desertificación, el cambio de uso de suelos y con ello evitar la perdida de la diversidad y biodiversidad y la transparencia en cada comunidad o ejido, sin este factor, no es posible certificar, se tiene que demostrar”, sostuvo.

Adelaida Vázquez, subgerente del aserradero El Progreso, consideró que el proceso de la certificación obtenida, “ha permitido fortalecer el cuidado de la biodiversidad, de los bosques, pero también ha logrado impulsar el tema de la equidad de género, porque las mujeres de la comunidad se han incorporado a estas labores, en las que se generan 16 empleos directos y un promedio de 150, sumados a los indirectos, en toda la cadena productiva”.

La Gerente General del Aserradero, Sofía Juárez Jacinto, manifestó la necesidad de compartir los avances que lograrán con esta certificación, “primero el cuidado de nuestros bosques, pero también nos permitiría el acceso a nuevos mercados, contribuimos a la conservación de la biodiversidad, como son las especies amenazadas o en peligro de extinción, y logramos brindar seguridad laboral y prevención de accidentes a quienes colaboran con nosotros”.

Al respecto, el certificador de la empresa Global Servicies (CSC), Carlos Ortega Ayala, resaltó que en la cadena de custodia se verifica no solo la sustentabilidad de la madera y el bosque, sino que la empresa sea socialmente responsable y económicamente viable, “por ejemplo no pueden mezclar maderas, certificadas con no certificadas, porque esa práctica brinda certeza y garantía sobre los productos que se consumen, eso es honesto y transparente, también se verifica que exista capacitación del personal, seguridad para el control de incendios, reglamento interno e higiene laboral, entre otros”.

El gerente estatal de Conafor, puntualizó que aún faltan camino por recorrer en materia de certificación, tomando en cuenta que hay 7 millones de hectáreas forestales en el estado de Oaxaca, de las cuales por el momento 74 mil están certificadas, “hay factores que inciden o impiden este proceso, como son las inversiones que se destinan para lograrlo, sin embargo los resultados y ventajas de obtener este certificado, permite importantes avances en el cuidado de la biodiversidad, los recursos de las comunidades y los beneficios comerciales que obtendrán por su buen manejo forestal”.

Dijo que hay empresas, como Protic MDF Tabasco, que elabora tablas para cortar carne así como adornos elaborados con recursos forestales, pero por el hecho de contar con madera certificada incrementa su valor porque está garantizando a sus pobladores, que están teniendo buen manejo y que los recursos en su bosque o selva se manejan sustentablemente.

Reconoció que hay habitantes que aún consideran que es mejor vender madera de forma clandestina o bien que no se debe tocar el bosque para no dañarlo, “pero hoy en día, sabemos mediante diversos estudios que por sanidad debe existir un manejo forestal, para que haya regeneración de los bosques y buen desarrollo a largo plazo”.

 

*Fotografías: 1) Sierra Juárez, Oaxaca – Chris Ford / Creative Commons; 2) Forest Stewardship Council / Berliner Forsten; 3 y 4) Archivo CCMSS

Empresa forestal de pueblos mancomunados abrirá nueva fábrica en Oaxaca

Empresa forestal pueblos mancomunados oaxaca










Sinopsis:

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Finamente lijada y convertida en una silla o bien barnizada y transformada en un comedor, la alta calidad de la madera proveniente de los Pueblos Mancomunados de Ixtlán y la Sierra Norte de Oaxaca, permitirá a las localidades que la conforman, expandir sus operaciones, duplicar su planta laboral y abrir una nueva fábrica de elaboración de salas, en un plazo de un año, anunció su gerente general, Israel Santiago García.

Con la experiencia de 24 años como gerente de la actual fábrica y aserradero, Santiago García consideró que este proyecto contribuirá a mantener las fuentes de empleo para las y los 130 trabajadores que actualmente laboran, buscará reducir la migración con el compromiso de que el aprovechamiento forestal privilegiará la preservación de sus bosques, fortaleciendo otras fuentes alternativas de ingresos para esas comunidades, como el ecoturismo.

Con una superficie forestal de 29 mil 430 hectáreas de bosques, fauna y flora endémicas, el gerente general dijo que la meta es mantener el equilibrio entre el desarrollo y la sustentabilidad, “que nuestros bosques se reforesten, que las nuevas generaciones cuiden nuestros bosques, que conozcan y aprecien la biodiversidad, de manera que todos luchen por preservarlas”.

Precisó que el grosor de los arboles va de 80 a 30 centímetros, mientras que la madera de primera calidad ha logrado alcanzar al 15 % del total de su producción total, que anualmente es de 14 mil metros cúbicos de madera, lo que fortaleció la alianza de los Pueblos Mancomunados con Ixtlán de Juárez y Textitlán, en la Integradora Comunal Forestal (Icofosa) que dio como resultado la marca “Tip Muebles y ante la demanda de más muebles nivel nacional decidimos aperturar una nueva fábrica”.

 

Una empresa certificada con potencial para generar empleos

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Actualmente -advirtió- tenemos casi toda la cadena productiva, desde el manejo forestal, el proceso del aserradero, el secado y la fabricación de muebles, así como la venta para el cliente final, desde tiendas administradas por nosotros, como puntos de venta en todo el país, a través de convenios con cadenas de restaurantes, tiendas departamentales, entre otras.

“Estamos hoy en día orgullosos que en Oaxaca sí se puede ofrecer un trabajo de alta calidad, a partir de la madera certificada, con la cual puedes conquistar los mercados local, nacional e internacional, “tenemos la capacidad de contratar más personal, necesito duplicar, porque vamos a montar una fábrica de salas, la cual generará un total de 250 empleos amigables con la biodiversidad”.

Actualmente, a la fuerza laboral, se han sumado mujeres, jóvenes y profesionistas “laboran nietos o hijas de los fundadores de los Pueblos Mancomunados, que con mucho esfuerzo salieron de las comunidades a estudiar a nivel técnico o profesional y regresan convencidos de que las y los necesitamos: diseñadoras, eléctricos, licenciados en administración de empresas, contadoras públicas, ingenieros químicos, industriales, etc”, expuso.

En ese sentido, entre el personal más joven se encuentra Valdemar Santiago Garcia, de 24 años, encargado de control de producción de la fabrica, originario de la comunidad de Latuvi. Egresado del Instituto Tecnológico de Oaxaca, como ingeniero industrial, comentó que del total de la plantilla laboral, el 80 % tienen edades que oscilan de los 19 a los 30 años, procedentes de los pueblos mancomunados, pero también de poblaciones cercanas como Guelavia, Tlacolula y San Mateo Macuilxochitl, donde se ubica la empresa forestal, ubicada sobre la carretera Oaxaca-Istmo, perteneciente a San Jerónimo Tlacochahuaya, región de los Valles Centrales.

Reconoció su orgullo porque su abuelo fue parte del comité de los Pueblos Mancomunados, “y es ahí donde viví mi niñez hasta la secundaria, recuerdo que anteriormente la gente decía que se iban al monte, al saneamiento del monte, voy a Macuil y venían a trabajar. Por eso al salir de estudiar, vine porque no quiero separarme tanto de ellos, no pensaba trabajar en la planta sino ayudar a la comunidad”.

 

Mujeres en el bosque

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Paulatinamente, los habitantes de la Sierra Norte se vuelven sensibles al cuidado de sus recursos, “estamos dentro de los pueblos y al momento que se cortan los árboles, ves esos huecos y ves que se ve feo, nace entonces la inquietud de reforestar”. Hizo también un reconocimiento a la fuerza de trabajo femenina, “actualmente el 50 % de los empleos generados por los Pueblos Mancomunados son mujeres en todas las áreas y actividades lijado, barniz, pulido, herraje y tapizado, donde hay supervisoras de áreas y una gerente de industrialización”.

Una de las más jóvenes trabajadoras, Adriana López, de Guelavía tiene 22 años, es soltera, ataviada de pies cabeza con equipo especial para su cuidado, como cirujana con guantes, pone en sus instrumentos su mayor concentración y en la pieza de madera su paciente, con esa atención logra con su trabajo concluir una parte de las 80 piezas que se arman al día, entre sillas, recamaras, tocadores y closets.

Considera que en lo forestal, no solo se trata de usar la fuerza bruta sino de apoyarse de herramientas y maquinas, “no se necesita tanta fuerza para la madera sino el modo de poder trabajar, yo lijo muebles, los dejo lisitos, para que a la hora de barnizarlo queden bien, ahora quisiera también armar muebles, voy a echarle ganas y esas ganas de trabajar te enseñan y vas aprendiendo”.

De 24 años y madre de una niña y un niño, Erika Martínez, originaria de San Juan Guelavía, toma el mazo con una agilidad que le permite unir, armar y ensamblar hasta 30 sillas al día: “no es tan difícil, me siento a gusto, no está pesado, ejercitas tus brazos y es bonito trabajar con la madera, armas muebles, sillas, respaldos y patas. Quiero seguir aprendiendo, con muchas ganas de salir adelante, aprovechar la madera, hacer las cosas mas rápidas y mejor, son algunas de mis metas”, expresó.

La primera gerente de Industrialización, se llama Magdalena López Marcos, es también originaria de los Pueblos Mancomunados, comprometida con los bosques, reconoce que la participación de las mujeres en las actividades forestales es necesaria. Expresó que la reforestación es una de las partes más importantes del proceso de sustentabilidad, que tanto éxito le ha dado a este esfuerzo comunitario, “el tequio -trabajo comunitario no remunerado- es una de las prácticas más antiguas en la reforestación, y mediante esta práctica por cada árbol que es aprovechado hay de tres a siete arboles plantados”.

 

Manejo Forestal Comunitario en Oaxaca, ejemplo loable a nivel mundial

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La calidad del trabajo pero también la madera certificada por las buenas prácticas en el cuidado de sus bosques, ponen en alto el nombre de la organización forestal pero también del estado de Oaxaca y de México: “se habla a nivel internacional que le ponemos mucho empeño, que nos dedicamos a trabajar y entramos a un mercado que aprecia mucho el trabajo de las comunidades”, advirtió López Marcos.

Israel Santiago García recordó que la historia de los Pueblos Mancomunados, -localizados a 60 km al noreste de la ciudad de Oaxaca- están integrados por las localidades de Santa María Yavesía, Santa Catarina Lachatao, San Miguel Amatlán, Latuvi, Benito Juárez, Cuajimoloyas, Llano Grande y La Nevería, en la región de la Sierra Juárez e Ixtlán, tienen antecedentes desde 1615: “hay documentos que hablan de esta unión de pueblos pero fue hasta el 20 de octubre de 1961, mediante un decreto nacional, que se conformó como núcleo agrario, hasta la fecha”.

Inicialmente -explicó el también fundador de esta empresa forestal- las comunidades se vieron obligadas a abrir el territorio a las empresas particulares que ya tenían una concesión en la mano, “donde el gobierno les decía ve y aprovecha, pero entonces los pueblos empezaron a notar que la empresa se llevaba todo pero no les dejaba beneficios, es cuando entonces ellos dicen no más, hasta acá, fueron 4 o 5 años de explotación por los años setentas”.

De acuerdo al último Inventario Forestal del estado de Oaxaca, elaborado por la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la vegetación de esta región está conformada entre otras especies por coníferas, latifoleadas, bosque mesófilo y selva baja, “de manera que esta gran riqueza natural requiere de mucho cuidado y desde hace un año hemos reiniciado la ejecución de diversas medidas recomendadas por la Comisión para la Cooperación Ambiental, para mejorar y fortalecer este trabajo comunitario” agregó.

Por otro lado, la Comisión para la Cooperación Ambiental, regulada por el Tratado de Libre Comercio, en los últimos años, indicó que “una de las principales inquietudes de las comunidades de la Sierra Norte de Oaxaca había sido generar actividades económicas alternativas que favorezcan la utilización sustentable de sus recursos naturales”.

En su página, refirió que “con una economía basada fundamentalmente en la explotación forestal y una organización comunitaria eficiente, las comunidades han podido mantener un equilibrio ejemplar entre sus necesidades de desarrollo y la conservación de sus bosques, considerados entre los mejor preservados del país”. Al respecto, el gerente general reconoció que hubo atrasos para desarrollar estas propuestas, pero “desde hace un año retomamos estas acciones y llevamos un avance del 50 %”.

Premiados con el mérito forestal nacional 1999, los Pueblos Mancomunados -representados por gerentes, las y los trabajadores- coincidieron que los bosques son vida, y que detrás de cada pieza aserrada y transformada, hay agua, oxígeno, una comunidad y familias, por lo que pidieron a los gobiernos municipales, estatal y federal consumir lo que las comunidades producen como son sus muebles de madera, en beneficio de todos quienes dependen de esta valiosa actividad.

 

*Imágenes: 1) Dominio Público; 2) Conafor; 3) Emilio Morales – nivnoticias.com; 4)Panoramio; 5) Archivo CCMSS

Manejo forestal comunitario en Oaxaca: el bosque protegido por comunidades y ejidos











Sinopsis:
Foto: Consuelo Pagaza

Foto: Consuelo Pagaza

El estado de Oaxaca es una de las entidades de la República mexicana con mayor riqueza biocultural. A lo largo de los siglos, las comunidades locales y pueblos indígenas que han habitado esos terrenos han procurado la conservación de la biodiversidad a través de su manejo y uso sustentable.

De acuerdo con datos del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), Oaxaca cuenta con 1,310 núcleos agrarios, con   una superficie de 4.8 millones de hectáreas, de las cuales 3.1 millones de ha. presentan cobertura forestal, es decir, el 65 por ciento de la entidad esta cubierta por bosques y selvas. Además, el estado cuenta con 23 de los 32 tipos de vegetaciones reconocidas en el país. Toda esta riqueza natural es producto de su geografía y la interacción y manejo de las comunidades locales con la biodiversidad.

De esta gran riqueza forestal que posee el estado dependen más de 700 mil personas, que obtienen sus ingresos y alimentos mediante actividades de manejo del bosque.

El 80 por ciento de los bosques oaxaqueños son propiedad de más de mil 600 pequeños productores, 860 grupos comunitarios y 760 poblados. La mayoría de estas personas pertenecen a comunidades indígenas, que ancestralmente han vivido e interactuado en esos parajes forestales.

A través del manejo forestal comunitario, muchos de estos grupos poseedores de terrenos forestales han logrado consolidar empresas, con una gobernanza sólida, que dan mantenimiento a los bosques y extraen productos forestales maderables y no maderables de forma sustentable. Muchas de estas empresas forestales operan desde hace más de 20 años bajo esquemas sostenibles que han sido evaluados bajo los estándares internacionales de manejo forestal, del Forest Stewarship Council (FSC).

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Al día de hoy, Oaxaca posee una superficie certificada bajo el estándar del FSC en manejo forestal de 74 mil 752 hectáreas, y otras 25 mil 712 hectáreas se encuentran en una etapa avanzada del proceso de certificación, lo cual garantiza que realizan un manejo sostenible de sus recursos forestales.

Más allá de solo producir madera en rollo, las empresas forestales comunitarias de Oaxaca han desarrollado proyectos que dan valor agregado a la madera cosechada, a través de la operación de aserraderos, carpinterías y mueblerías. Esto ha permitido posicionar a la entidad como el cuarto productor nacional forestal.

En 2014 el estado produjo 372 mil 495 metros cúbicos de productos forestales, de los cuales 302 mil 646 corresponden a escuadría de pino y, en menor medida, de encino. También se produjeron 15 mil 600 metros cúbicos de celulósicos; 19 mil 400 metros cúbicos de leña y 2 mil 614 metros de postes, polines y morillos.

El valor de la producción forestal de Oaxaca, de acuerdo con datos del Anuario Estadístico del sector Forestal de la CONAFOR de 2014, fue de 302 millones 646 mil 834 pesos, lo cual representó el 6 por ciento del valor de la producción nacional.

No sin esfuerzo y anteponiéndose a la sobre regulación del sector forestal en México, que dificultan el emprendimiento de actividades de manejo y aprovechamiento forestal sustentable; algunas comunidades y ejidos forestales de Oaxaca, como Pueblos mancomunados de Ixtlán, San Pedro el Alto, La Trinidad Ixtlán, San Mateo Capulapam, Santiago Xiacuil, Santiago Comaltepec, entre otros; han logrado diversificar sus actividades productivas con los recursos obtenidos por el manejo de sus bosques, como la puesta en marcha de purificadoras y embotelladoras de agua, proyectos de ecoturismo, tiendas de abarrotes, restaurantes, papelerías, etcétera.

Además, financian obra pública en sus respectivas comunidades y apoyan la preparación académica de jóvenes y niños para que, más tarde, se desempeñen en las labores del manejo forestal.

Estas comunidades forestales de Oaxaca realizan actividades de conservación de la biodiversidad respaldadas con un Plan de Manejo y estudios de impacto ambiental que incorporan buenas prácticas de conservación de la biodiversidad, como no destruir nidos y madrigueras, ni cosechar árboles que puedan afectar el tránsito de las distintas especies de fauna que habitan esos bosques.

En Santiago Xiacuí, Oaxaca, relata Gerardo Martínez González, presidente del consejo de vigilancia del comisariado de esa comunidad, que más allá de la vigilancia y las auditorías que realiza la Procuraduría federal de Protección al Ambiente (Profepa) y auditores del FSC, los mismos comuneros vigilan que todos los trabajos en el bosque se lleven a cabo “como se debe, sin dañar la vegetación ni a los animales”.

Enfatiza que la gente es consciente de todo lo que les provee el bosque y por ello deben conservarlo en las mejores condiciones.

Adicionalmente, y como prueba del compromiso con la diversidad biológica oaxaqueña, las comunidades forestales han mejorado sus programas de manejo para incorporar un conjunto de prácticas de conservación al aprovechamiento forestal a nivel de sitio, de rodal y de paisaje. Además, se han acordado establecer 136 áreas de conservación voluntarias designadas bajo esta categoría por los propios comuneros y ejidatarios, que suman 129 mil hectáreas de bosque. Esta superficie los coloca como el estado del país con mayor extensión de bosques bajo esta categoría de conservación.

El manejo forestal comunitario que se realiza en Oaxaca no es único, ya que existen muchos casos de éxito documentados en esta materia en otras entidades, como Estado de México, Quintana Roo, Campeche, Durango y Chihuahua.

Comunidades oaxaqueñas muestran la complejidad de la deforestación

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Sinopsis:

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 Por Beatriz Zavariz

El conocimiento local de comunidades forestales en Oaxaca es fundamental para entender la complejidad de la deforestación y degradación en el estado. Comunidades forestales se reunieron los días 23 y 24 de agosto en Ixtlán, Oaxaca, para discutir las causas de deforestación en sus regiones. Mostraron que los factores que causan el cambio de uso de suelo no sólo vienen de la agricultura y la ganadería, sino que la deforestación es un proceso complejo causado, entre otros, por fuegos y plagas que se atienden tardíamente debido a sobrerregulaciones y problemas agrarios. El complementar la percepción local con información desde investigaciones académicas puede generar una base robusta para diseñar la estrategia para Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación REDD+ en el Estado de Oaxaca.

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