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Un joven entusiasta de la apicultura y la agricultura en la selva maya











Sinopsis:

La niebla de la mañana apenas permite ver a diez metros de distancia. Rafael prepara una caja con todos los utensilios que ocupará en el apiario. Lleva un velo para cubrirse la cabeza, una camisa de tela gruesa, el ahumador ya encendido y un tazón con una mezcla dulce que ha preparado para alimentar a sus abejas.

La noche previa estuvo muy lluviosa y el camino está inundado. Con todas las cosas en el tractor, único medio de transporte para llegar a su apiario en el interior del monte, rodeado de vegetación y cultivos, Rafael Bermon se dirige a su destino.

Este joven apicultor de 19 años de edad, del municipio de José María Morelos, Quintana Roo, pasa sonriente entre la milpa ya crecida y esquiva con peripecia los grandes charcos que obstruyen el camino. Luego de 5 kilómetros a través de la vegetación, se abre un pequeño claro en el que el zumbido de las abejas y los moscos lo obligan a ponerse el velo de trabajo.

Rafael es hijo de un apicultor y campesino, y está orgulloso de dedicarse a lo mismo que su padre. Debido a que su papá es socio de la Cooperativa U Lool Che, que agremia a 115 apicultores del municipio, Rafael recibió la invitación para participar en un programa de formación técnica y humana impulsado por la Cooperativa y el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible.

El programa que comenzó a mediados de 2016, propició la conformación de un taller de estampado de láminas de cera, que se requieren para la producción de miel. Un grupo de siete jóvenes, tres mujeres y cuatro hombres, entre los que se encuentra Rafael, se encargan de acopiar cera con los socios de U Lool Che para procesarla en láminas estampadas.

Como parte de este proceso formativo, Rafael y sus compañeros no solo se dedican al estampado en cera, también recibieron cinco colmenas cada uno, para que pudieran instalar sus apiarios y producir miel orgánica. Todo esto, con capacitaciones y acompañamiento técnico.

Para Rafael Bermon Parra la apicultura es una actividad fácil, “no le tengo miedo a las abejas, y se me facilitan todas las actividades que se tienen que hacer. Me gusta hacerlas”, comenta efusivo.

Ya en su apiario, se desliza entre los cajones con una estela de humo para tranquilizar a las abejas, revisa una por una sus colmenas. “Se tiene que hacer limpieza de forma regular para evitar que las plagas, como la hormiga o el escarabajo maten a las colmenas”, explica.

Luego, con la mezcla que preparó previamente en su casa: una torta proteica para alimentar a las abejas, coloca porciones suficientes en cada colmena. “Esta torta la aprendí a hacer en un taller que nos dieron por parte de la Cooperativa, sobre el manejo adecuado de las colmenas”, refiere.

Las capacitaciones y visitas para el intercambio de conocimientos es otro de los beneficios de formar parte de la Cooperativa U Lool Che, así como la adquisición de insumos a precios más accesibles y financiamiento para los apicultores socios.

Luego de más de una hora en el apiario, Rafael revisa de reojo su parcela, con la milpa ya crecida. Comenta que en una semana tendrá que cosechar. Cuenta con dos hectáreas y media que le cedió su padre, en las que produce limón, plátano y maíz.

Para este joven la vida de campesino es una muy buena opción para vivir dignamente y junto a su familia y pareja. Luego de una experiencia como trabajador en la cocina de un restaurante en la zona turística de Tulúm, Quintana Roo, subraya que prefiere “dedicarme a la apicultura y a la agricultura, aquí controlo mis tiempos, estoy cerca de mi familia, no tengo tanta presión y me gusta hacer estas cosas”.

Rafael Bermon estudió la carrera técnica en gastronomía y al graduarse se fue a trabajar como cocinero en un restaurante. “Trabajaba seis días a la semana, de siete de la mañana a siete de la noche, la presión era mucha y el sueldo muy bajo. El día que tenía de descanso me venía a ver a mi familia y en la madrugada del día siguiente me tenía que ir directo al trabajo”. Luego de un año en Tulúm, decidió renunciar y dedicarse de lleno a la apicultura y a su parcela.

Como Rafael, muchos jóvenes de su municipio se ven obligados a emigrar en busca de ofertas de empleo, a diferencia de él, la mayoría de los jóvenes no cuentan con oportunidades de formación “extra muros” que les permita permanecer en sus comunidades, cerca de sus familias, trabajando en actividades que les generen buenos ingresos y manteniendo una vida más relajada.

Para el próximo año, Bermon Parra será socio de U Lool Che y espera vender su miel orgánica a la Cooperativa. “Creo que será un buen año, porque ya está lloviendo luego de una sequía de más de dos años” detalla. Además, planea seguir creciendo su número de colmenas y comenzar a producir abejas reinas, que tienen alta demanda en la región y aseguran un aumento de la producción de miel.

La apicultura en la Península de Yucatán es una actividad productiva viable que puede ser desarrollada por los jóvenes y convertirse en alternativa frente a la opción de migrar, por lo que con mayores estímulos para el desarrollo de capacidades se propiciaría una mayor inserción de los jóvenes en esta actividad; renovando así, los esfuerzos de miles de apicultores que hoy día tienen que luchar para evitar el avance de prácticas insostenibles como la agricultura industrial, los cultivos transgénicos y los megaproyectos energéticos que amenazan sin descanso este medio de producción y de vida, del que dependen miles de familias campesinas mayas.

Acuerdos para la inclusión de jóvenes en organizaciones de base











Sinopsis:

Uno de los objetivos de la iniciativa Nuevos Actores y Diversificación Productiva, que forma parte del Programa de Apoyo a la gestión Comunitaria del Territorio (PAGET) del Consejo Civil, es precisamente, identificar y fomentar diversificar la producción comunitaria partir del manejo y gestión de los territorios forestales, “porque los bosques y selvas son más que madera”.

La selva Maya es una región ideal para la producción de miel, no por nada es una de las principales actividades productivas y sustento de las familias mayas de la Península de Yucatán. En esta región se genera el 80 por ciento del volumen total de la miel mexicana.

La selva, los acahuales y las milpas proveen de alimento a las abejas para producir una miel de excelente calidad. Gracias a estas condiciones, un grupo de apicultores de José María Morelos decidió conformar una Cooperativa de producción de miel, que hoy día está integrada por 115 socios del municipio.

La Cooperativa U Lool Che que en tres años ha logrado dar pasos importantes para su consolidación, trabaja en alianza con el Consejo Civil, en la Iniciativa Nuevos Actores y Diversificación Productiva (INADI). La INADI busca marcar una pauta en escenarios rurales de la Península de Yucatán para promover la participación de jóvenes, mujeres y personas sin derechos agrarios en la gestión del territorio rural y el desarrollo comunitario. Esta participación está alineada a la expansión de las cadenas de valor de la producción campesina, generando valor agregado a la producción local y/o ampliando la oferta de servicios hacia los miembros de comunidades y organizaciones rurales.

Un grupo de siete jóvenes (mujeres y hombres) constituye el piloto de inclusión de la Cooperativa, son hijos de apicultores socios y  han logrado levantar un taller de estampado de láminas de cera pura. Estas láminas son indispensables para la producción de miel y al no contener parafina son ideales para la producción de miel orgánica.

Los jóvenes reciben asistencia y acompañamiento técnico para la fabricación de las láminas de cera estampada; además, participan en las sesiones de formación humana y liderazgo comunitario impartidas por el Consejo Civil.

El taller de estampado de cera se creó para dar un servicio exclusivo a los socios de U Lool Che, que les permita a los apicultores de la cooperativa abatir costos de producción, mientras que un apicultor paga 14 pesos por una lámina de cera, el taller de estampado le presta un servicio de maquila a los socios para transformar su cera bruta en láminas de cera, con un costo final para el apicultor socio de 2 pesos.

Los jóvenes están encargados de acopiar la cera de los apicultores socios de U Lool Che, para posteriormente, cuando tengan un volumen superior a los 100 kilos los procesen en láminas estampadas. El proceso cuenta con varios controles de calidad que garantizan que el producto es apropiado para la producción de miel y que el proceso no tiene riesgos para los jóvenes.

En el taller, los jóvenes cuentan con normas de conducta y se rigen bajo valores de cooperación, equidad, solidaridad, puntualidad y responsabilidad. Asimismo, los jóvenes elaboraron un plan de negocios que les permitió determinar su capacidad productiva, su necesidad de acopio de materia prima y su requerimiento de comercialización para lograr utilidades.

Más allá de solo brindar un servicio a la cooperativa, las tres mujeres y cuatro hombres que integran el taller de estampado, ya se han convertido en apicultores. Como parte de la INADI se dotó, a cada joven, con cinco colmenas. Hay algunos jóvenes que en menos de un año han logrado duplicar sus colmenas y ya comenzaron a producir miel orgánica.

María Marcolina Morales Bacab, asesora técnica en U Lool Che e integrante del taller de estampado de cera, resalta que “estas iniciativas de la cooperativa y sus alianzas son muy importantes, tanto para la propia cooperativa como para los jóvenes, porque nos permite integrarnos a una actividad productiva, nos ayuda a aprender y a organizarnos. También sirve para dar mejores beneficios a los socios de U Lool Che”.

Por su parte, Rafael Bermon, de 19 años platica que “la apicultura es una muy buena opción de vida, yo prefiero trabajar con las abejas que en un restaurante de Tulúm. Porque ahí la presión es demasiada y el salario es bajo. Además, tengo que estar fuera de mi casa”.

Rafael estudió la carrera técnica en gastronomía y decidió irse de su ejido Adolfo López Mateos en José María Morelos a trabajar a la zona hotelera de Quintana Roo, pero “no me gustó ese tipo de trabajo, que no se valora mucho y con mucha presión. Es mucho mejor la apicultura y trabajar el campo. Eso me gusta hacer, estar en medio del monte trabajando con las abejas”.

Para el año 2018, se pretende que los jóvenes que forman parte del taller y el proceso de formación se integren como socios de la Cooperativa U Lool Che, que la cooperativa les compre su producción de miel orgánica y puedan consolidarse como productores apícolas y líderes animadores de otros jóvenes.

El Brasero de Oriente, iniciativa campesina de manejo y aprovechamiento sustentable de carbón vegetal en San Felipe Oriente











Sinopsis:

Cuando el cielo apenas empieza a clarear en el Ejido San Felipe Oriente del municipio de José María Morelos, Quintana Roo, un grupo de hombres sale de sus casas, equipados con cascos, machetes, guantes y algunos víveres para adentrarse en la selva, su lugar de trabajo.

En un área que ya tienen delimitada, cosechan los árboles que fueron marcados y que corresponden con lo especificado en su Programa de Manejo y Aprovechamiento Forestal autorizado previamente por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Este aprovechamiento forestal tiene una lógica, y busca que el corte del arbolado redunde en un mejoramiento de la calidad de la selva; se trata, en realidad, del “cultivo del bosque”.  Así se busca hacer aclareos donde la densidad es muy alta y los árboles destinados al aprovechamiento son ejemplares que presentan malformaciones, están sámagos o porosos, o bien, presentan problemas de plaga.

Posteriormente, trozan los troncos y ramas para poder fabricar el carbón vegetal en hornos metálicos y hornos tradicionales, estos últimos compuestos de arcilla y hojas de palma. Si fabrican el carbón en un horno metálico el proceso de transformación de la madera en carbón tarda aproximadamente 72 horas. En los hornos tradicionales el proceso tarda hasta 7 días y deben vigilar ese horno constantemente para evitar que se generen huecos o hundimientos en la arcilla que estropearían todo el proceso.

Producir carbón vegetal es un trabajo duro que no siempre es bien remunerado, pero es la fuente de ingreso de muchas familias que viven de los bosques y selvas. Por si fuera poco, este producto enfrenta una competencia desleal en el mercado ya que circulan grandes volúmenes de carbón producido de forma ilegal y que se vende a un precio más barato puesto que no paga impuestos, ni invierte en la reforestación del bosque, no elabora estudios ni planes técnicos de manejo forestal, como sí lo hacen los miembros de San Felipe Oriente.

Muchas comunidades rurales, como San Felipe Oriente no quieren vivir de las dadivas de los gobiernos. Lo que demandan es la eliminación de barreras que les permita el desarrollo de sus capacidades productivas; que les permitan emplearse y generar ingresos para sus familias. En San Felipe, un grupo de ejidatarios lleva 6 años trabajando de forma constante fortaleciendo su proyecto de producción de carbón ecológico: la Cooperativa Carbón de Leña Verde (Caleña).

El camino ha sido duro, pues han sorteado todo tipo obstáculos, como el limitado capital de trabajo,  la competencia desleal, la complejidad en la tramitología para el otorgamiento  de permisos de aprovechamiento forestal, y la limitada infraestructura para la producción, almacenamiento y envasado de su producto. Sin embargo, “lo que nos ha mantenido a flote ha sido la necesidad y ganas de trabajar”.

Hace seis años, un grupo de 15 ejidatarios decidió emprender el proyecto de producir carbón con el objeto de generar ingresos para sus familias a través del aprovechamiento sustentable de los recursos naturales. Se trata de aprovechar una parte de toda esta riqueza que les da la selva y contribuir a que ésta se mantenga en buenas condiciones en el largo plazo.

Desde el inicio les fue complicado convencer a la asamblea ejidal de que el proyecto sería benéfico para todos en San Felipe Oriente. Muchos ejidatarios decidieron no participar en el proyecto, así que lograron llegar a un acuerdo con la asamblea en el que la Cooperativa aportaría un porcentaje de las ventas al fondo ejidal en retribución por la materia prima extraída del bosque para la elaboración del carbón.

Los primeros intentos fueron fallidos, pues si bien lograron producir carbón, no encontraron un mercado donde venderlo. Así que desistieron y abandonaron su autorización de aprovechamiento. “Fue hasta 2014, cuando con asesoría del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), se encontró un mercado para poder vender, entonces se decidió retomar estos trabajos, ya con una mejor organización”, refiere Nicolás May Rosel, ejidatario de San Felipe Oriente y coordinador de producción de la Cooperativa Caleña.

En la región no hay muchas oportunidades de empleo para la generación de ingresos. Nicolás comenta que “en el ejido la gente se puede dedicar a la agricultura de temporal o a criar algunas cabezas de ganado. Sin embargo, los que se dedican a la agricultura están teniendo problemas, porque en los últimos 4 años las cosechas se han perdido ya sea por sequía o por exceso de lluvia. Por eso decidieron apostar por otro tipo de emprendimiento productivo: la producción de carbón vegetal.

Gestión del territorio y oportunidades

De las 15 personas que comenzaron con la iniciativa de producir carbón en el ejido, ahora son 50 los ejidatarios que trabajan en la Cooperativa. Además de otros 10 repobladores, es decir habitantes del ejido que no cuentan con títulos ni derechos agrarios.

San Felipe Oriente es un ejido de 4,762 hectáreas, que cuando fue atendido por el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares (PROCEDE) decidió no repartir todo el terreno y dejar un 20 por ciento de la superficie sin repartir. De esta forma, explica Nicolás May, se puede asignar título y tierra a las siguientes generaciones de ejidatarios, como ocurrió hace un par de años cuando se incorporó a otros 22 nuevos ejidatarios. Actualmente la asamblea la conforman 77 ejidatarios y aún queda un 10 por ciento del territorio del ejido sin repartir.

Detalla que “los criterios para que una persona se convierta en ejidatario es que sea hijo de ejidatario o bien, que esté casada o casado con algún hijo de ejidatario y que ya tengan viviendo, al menos, 3 años en el ejido”. Asimismo, se evalúa que la persona no sea conflictiva para evitar posibles conflictos.

La Cooperativa es una opción viable de ingreso para que “los compañeros ejidatarios y la gente de San Felipe no tengan que emigrar, porque como la mayoría no tienen estudios, si salen a la ciudad en busca de empleo solo pueden trabajar de ayudantes de albañilería o en otros oficios mal pagados, y en los que los discriminan. Además, se tienen que alejar de sus familias, tienen que pagar renta, alimentación y otros gastos, entonces regresan a sus casas sin dinero”.

Un claro ejemplo de esa problemática es el caso de Anastasio Yam Yam, ejidatario de San Felipe Oriente y miembro de la cooperativa Caleña desde hace 3 años, que antes de integrarse a este proyecto productivo tenía que salir a trabajar a las ciudades de Chetumal o Playa del Carmen, porque no tenía oportunidades de generar ingresos para su familia. En esas ciudades se contrataba como ayudante en trabajos de electricista, pero la pagar era muy poca y sumado a los gastos de alojamiento, alimentación y transporte no le quedaba prácticamente nada de dinero para enviar a su esposa e hijos.

Anastasio, hombre de 27 años, comenta que gracias a la iniciativa de sus compañeros de emprender el proyecto del carbón y a la invitación que le hicieron para formar parte, ahora puede pasar más tiempo con su familia y administrar mejor su tiempo. “Porque allá en la ciudad tienes que trabajar de las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde y no te queda tiempo para hacer otra cosa, menos si estás alejado de tu casa y familia”, relata.

Con los ingresos que obtiene como socio de la Cooperativa, más lo que genera en la producción agrícola en su parcela puede dar un mejor sustento a su esposa e hijos, “además estoy cerca de ellos”, resalta.

Consolidación de la marca “Brasero de Oriente”

Antes de que los ejidatarios de San Felipe se organizaran para conformar la Cooperativa, muchos de ellos producían carbón de forma independiente y lo vendían a granel, los compradores que acudían directamente al ejido a acopiar el carbón se los pagaban a un precio muy bajo.  Ahora, ya organizados en Caleña, han logrado producir 200 toneladas anuales y buscan acopiar un mayor volumen de los ejidos y comunidades vecinas, con la intención de poder abastecer mercados más grandes y obtener mejores contratos.

Caleña vende a compradores de la Ciudad de México una parte de su producción de carbón a granel, pero en los últimos meses han iniciado un nuevo proyecto dirigido a la venta del producto  al consumidor final, principalmente restaurantes de la costa  de Quintana Roo en presentaciones de sacos de 20 kilos. Caleña además ha avanzado en la comercialización de una presentación de 3 kilos bajo la marca “Brasero de Oriente”. “Con acompañamiento técnico del Consejo Civil Mexicano se diseñó y fabricó el empaque y se están abriendo espacios para su comercialización en tiendas comerciales”, explica José Nicolás May Rosel.

Detalla que la comercialización del carbón en presentaciones de 3 kilos genera mejores utilidades, porque es un producto con mayor valor agregado, y que es administrado por un grupo de 10 mujeres del ejido.

Cuando se generó la iniciativa de lanzar la presentación de 3 kilos bajo la propuesta de que fuera administrada por las mujeres hubo algunos problemas y reticencias, pero fue gracias a la señora Deisy quien logró animar a sus compañeras hasta la generación de acuerdos para iniciar. “Ahora las mujeres también tenemos ingresos y no estamos a expensas de nuestros esposos para poder comprarnos lo que necesitemos, al contrario, además de realizar nuestras labores en el hogar y con los hijos, también aportamos a la economía de la casa”, resalta Deisy.

Precisa que “este tipo de proyectos se tienen que desarrollar en otros ejidos para que la gente pueda vivir de mejor forma, para que la gente no tenga que emigrar y para que se le dé un buen uso y cuidado al bosque; porque cuando está abandonado se deteriora”.

El verdadero valor de la caoba, es la organización y trabajo comunitarios











Sinopsis:

El ejido Caobas, ubicado en el municipio de Othón P. Blanco, Quintana Roo, es uno de los ejidos forestales que ha alcanzado un alto nivel de consolidación y de bienestar para las familias que lo integran, por sus actividades de manejo, aprovechamiento y comercialización de sus recursos forestales.

El ejido, conformado por 311 ejidatarios, cuenta con las certificaciones del FSC de buen manejo forestal y de cadena de custodia, lo cual quiere decir que cumple con los requisitos de un estándar internacional que garantiza que la madera que cosechan y comercializan es de origen legal, que emplean buenas prácticas para la conservación activa del bosque, que realizan reforestaciones, tratamientos para evitar plagas e incendios y que sus trabajadores cuentan con servicios de seguridad y salud.

Caobas cuenta con una superficie de 67 mil hectáreas, de las cuales, 32 mil 500 se encuentran dentro de su plan de manejo forestal autorizado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Además de su empresa forestal comunitaria, Caobas cuenta con una Unidad de Manejo Ambiental (UMA), ofrece actividades de senderismo y ecoturismo y tiene un vivero para la producción de plantas; con estos proyectos genera ingresos y empleos para los habitantes del ejido.

Inclusión de jóvenes y mujeres

El presidente del comisariado ejidal, Senén Carmona, un joven de 26 años de edad, comenta que este ejido forestal de la Península de Yucatán es un referente para muchos otros, debido al camino que ha seguido para consolidarse tanto en la organización y la gobernanza interna, como en la transformación de la madera y su comercialización directa dentro y fuera del país.

El propio Senén es un ejemplo claro de la capacidad que tienen los jóvenes para involucrarse en las actividades de aprovechamiento y de toma de decisiones dentro de las organizaciones ejidales y comunitarias, pues ha promovido buenas prácticas de transparencia y rendición de cuentas al interior de la asamblea que les ha permitido dar un mejor manejo a las finanzas de la empresa forestal comunitaria.

Asimismo, el presidente del comisariado ha propiciado una mayor participación de las mujeres en las actividades y toma de decisiones. Al momento de designar a los integrantes de la mesa directiva del comisariado incorporó a la señora Inés Rodríguez como secretaria ejecutiva y gerente del Aserradero de la empresa forestal comunitaria.

La caoba y el mercado

Como su nombre lo dice, este ejido se caracteriza por la riqueza de caoba que posee su bosque. Esta madera preciosa tiene un alto valor de mercado y mucha demanda, cualidades que Caobas ha sabido aprovechar. Si este ejido no tuviera el nivel de organización, capacidad de trabajo e inteligencia de mercado con que cuenta, el valor de esta madera preciosa, junto con las otras especies que cosechan -el tzalam, el chechen, el zapote, el cedro y los chacaj blanco y rojo- se quedaría en manos de los intermediarios y no de la empresa forestal comunitaria.

Gracias a su buen nivel de organización, destaca Senén Carmona, han logrado vender su producción a un mejor precio y evitando a los “coyotes” (los intermediarios que les compran a un precio muy bajo y revenden con un enorme margen de ganancia). Y no solo eso: el Ejido Caobas ha logrado firmar contratos para la exportación de sus productos forestales, lo que les generan mejores utilidades.

“Mucho de lo logrado en términos del comercio de la madera es gracias a la certificación en buen manejo forestal y la cadena de custodia con la que contamos, porque la certificación es un compromiso con la legalidad en el sector forestal, y eso es algo que ya hemos interiorizado en el ejido”, subraya Senén Carmona.

Senén relata que lograr esos buenos resultados no ha sido sencillo, pues se han enfrentado a conflictos internos con grupos de ejidatarios que no tenían plena confianza en que ese proceso de comercialización pudiera lograrse. Querían vender por su parte y obtener dinero de forma inmediata, aunque fuese una menor cantidad.

Además, resalta:

“enfrentamos la asignación de subsidios que están mal dirigidos y regresivos que le causan daño al sector y en particular a las comunidades y ejidos porque se apoya a monstruos del sector para que sigan ahogando a los dueños de los recursos forestales”.

Caobas tiene un permiso de aprovechamiento por 10 años que le permite cosechar de forma sustentable, cada año, 2 mil 200 metros cúbicos de madera de las distintas especies con las que cuenta su bosque. Sin embargo, explica el presidente del comisariado, no aprovechan todo ese volumen porque no han encontrado un buen mercado para todas esas variedades.

Asimismo, como parte de su programa de manejo tienen una autorización para aprovechar 700 metros cúbicos de caoba cada año.

Organización de trabajo

En el ejido conviven grupos de pobladores que llegaron de Yucatán, Tabasco, Veracruz, Chiapas, Puebla y Oaxaca, luego del reparto agrario. De forma natural, esos grupos se fueron consolidando cada uno por su lado. En cierta forma, las diferencias culturales los separaron y, en algunas ocasiones, la toma de decisiones no ha sido sencilla.

A pesar de ello, explica Senén, han logrado sobreponerse a esas diferencias culturales mediante la celebración de asambleas transparentes, que generan confianza y les permiten llegar a acuerdos que se respetan.

Los diferentes puntos de vista que hay entre los 9 grupos que conforman el ejido son un verdadero contrapeso en la toma de decisiones.

Cada grupo de ejidatarios designa a un jefe, quien es responsable de hacer llegar las inquietudes del grupo al comisariado ejidal, además de brindar asesoría al presidente del comisariado para la toma de decisiones.

Esta forma de decidir ha llevado a Caobas a una situación en la que hay beneficios para todos los miembros, las mujeres están involucradas activamente en diversas actividades y en la toma de decisiones y la planeación es de muy largo plazo.

Caobas ha llegado a tal grado de profesionalización en su trabajo, que conoce perfectamente cada árbol y cada tramo de su territorio y sabe qué pasará en los próximos 50 años con cada uno de sus cedros, caobas, chechenes y demás especies.

El reto en adelante, platica el joven presidente del comisariado ejidal de Caobas, es seguir avanzando en desarrollo de mercados e inclusión de todos los actores del ejido: jóvenes, mujeres, adultos y adultos mayores en actividades productivas para lograr un mejor nivel de desarrollo de la comunidad.

*Fotografías : Consuelo Pagaza para CCMSS

Los bosques y selvas en México son de propiedad social (análisis geoestadístico)











Sinopsis:

 

 

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  • La propiedad social representa el 52% de la superficie total del país, y está distribuida en más de 31 mil núcleos agrarios, de los cuales el 35% tienen al menos 200 hectáreas de bosques y/o selvas.

  • La región Norte del país concentra la mayor cantidad de superficie de núcleos agrarios con superficie de bosque.

  • En las entidades que conforman la península de Yucatán más del 75% de la superficie en propiedad social tiene al menos 200 hectáreas de bosque y/o selva.

 

Autor: Ortega Espinosa Ariadna

Introducción

Este análisis tiene como finalidad cuantificar los núcleos agrarios que poseen, al menos, 200 hectáreas de bosque y/o selva; para dicho análisis es importante mencionar que no se consideró la vegetación matorral; por lo tanto, los resultados varían con lo publicado, en 2012, por el Registro Agrario Nacional (RAN), en colaboración con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en el Atlas de la propiedad social y servicios ambientales en México, donde se afirma que hay 15 mil 584 núcleos agrarios con al menos 200 hectáreas de bosques, selvas y matorral.

Para la elaboración de este trabajo se llevó a cabo un análisis geoespacial con base en la cobertura de uso de suelo y vegetación, conocida como Serie V, escala 1:250 000 (información más actual disponible), así como la capa de núcleos agrarios del RAN, actualizada a diciembre de 2014.

Los resultados del presente trabajo indican que de los más de 30 mil ejidos y comunidades certificadas por el Regisro Agrario Nacional que existen en México, 11 mil 843 cuentan con al menos 200 hectáreas de bosque y/o selva en todo el país.

El análisis a escala estatal demuestra que hay estados con una proporción alta de ejidos con bosques y selvas como el caso de Yucatán, dónde el 90 % de la superficie de estos predios cuenta con al menos 200 hectáreas de selva.

La propiedad social en México

México está dividido en tres grandes categorías de propiedad de la tierra: pública, privada y social.  La primera corresponde a los terrenos de propiedad del estado (federal o estatal); la segunda, es aquella que la nación otorga a particulares, y en la tercera categoría están los núcleos agrarios, divididos en dos regímenes de tenencia de la tierra: el ejido y la comunidad[1].

A continuación, se representa la distribución de la tenencia de la tierra en México, con base en datos estadísticos de la entonces Secretaria de la Reforma Agraria (SRA) de 2012.

Gráfica 1. Distribución de la Propiedad de la Tierra.

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Fuente: Elaboración propia a partir de estadísticos del SRA, 2012

La propiedad social cuenta con poco más de 100 millones de hectáreas que repartidas en 31 mil 785 núcleos agrarios (NA): 29 mil 442 son ejidos y 2 mil 343 son comunidades[2]; de los cuales, 30 mil 076 cuentan con certificado agrario emitido por el RAN, lo cual representa una superficie superior a 95 millones de hectáreas.[3] (Ver tabla 1).

Tabla 1. Distribución regional de la propiedad social certificadas por el RAN.Distri_regio_NA

Fuente: Elaboración propia con datos vectoriales del RAN (2014) y Regiones según CONABIO (2010)

Se estima que alrededor del 80 % de los bosques y selvas del país se encuentran bajo régimen de propiedad social[4]. El  presente análisis indica que el 73 % de los NA certificados por el RAN, tiene cobertura forestal[5]. (Ver Mapa 1).

Mapa 1. Superficie forestal y no forestal en núcleos agrarios certificados por en RAN

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Fuente: Elaboración propia con datos vectoriales del RAN (2014) y Serie V de INEGI

Núcleos agrarios con al menos 200 hectáreas de bosques y/o selva

De acuerdo con este análisis, hay 11 mil 843 NA con al menos 200 hectáreas de bosque y/o selva, que cubren una superficie total de más de 34 millones de hectáreas. Los resultados indican que la región norte cuenta con la mayor cantidad de superficie boscosa, seguido de la región pacífico sur y en la tercera posición, la región de la Península de Yucatán (ver Tabla 2).

 

Tabla 2. Distribución regional de núcleos agrarios con al menos 200 Ha de bosque y/o selva

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Fuente: Elaboración propia con datos vectoriales del RAN e INEGI (2014). Regiones según CONABIO (2010).

Por otra parte, el análisis estatal estima que el 90 % de la superficie total de los NA del estado de Quintana Roo tienen al menos 200 hectáreas de selva; en segundo lugar, se ubica Campeche y, por último, Yucatán con 77 % y 76 %, respectivamente. (ver tabla 3)

Lo anterior se aprecia en la tabla 3, dividida en 2 secciones, A y B, la primera sección contiene el total de NA, el número de NA con al menos 200 ha y su porcentaje sobre el total y  la sección B  la superficie total de NA, superficie de NA con más de 200 ha y su repectivo porcentaje contra el total de la superficie.

Tabla 3. Distribución estatal de núcleos agrarios con al menos 200 hectáreas de bosque y/o selva

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Fuente: Elaboración propia basado en procesos GIS con base en datos del RAN (2014) e INEGI (2012).

 El mapa 2 muestra la distribución nacional de los núcleos agrarios con al menos 200 hectáreas de bosque y/o selva, representando sólo la porción del ejido con superficie forestal.

Mapa 2. Distribución nacional de núcleos agrarios con al menos 200 hectáreas de bosques y/o selvas.

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Fuente: Elaboración propia basado en procesos GIS con base a datos vectoriales del RAN (2015) e INEGI (2012).

 

Conclusiones

La propiedad social representa el 52 % de la superficie total del país, la cual esta distribuida en más de 31 mil núcleos agrarios, de los cuales el 35 % tienen al menos 200 hectáreas de bosques y/o selvas.

El análisis demuestra que la región norte concentra la mayor cantidad de superficie de núcleos agrarios con esta característica, sin embargo, a nivel estatal, las entidades que conforman la península de Yucatán son aquellos en donde más del 75 % de la superficie en propiedad social tiene al menos 200 hectáreas de bosque y/o selva.

 

Notas al pie:
[1] IICA & RAN, Atlas de propiedad social y servicios ambientales en México, México 2012.

[2] Gaceta Parlamentaria, 2014.

[3]  Datos generados a partir de información vectorial del RAN, 2014.

[4] FAO. Tendencias y perspectivas del sector forestal en América Latina y el Caribe, 2004.

[5] Bosque, Selva, Matorral y otro tipo de Vegetación (clasificación elaborada a partir de Serie V, INEGI).

 

Referencias bibliográficas:

RAN & IICA. 2010. Atlas de la propiedad social y servicios ambientales en México. disponible en:  http://www.ccmss.org.mx/descargas/Atlas_de_propiedad_social_y_servicios_ambientales_en_Mexico.pdf

Gaceta Parlamentaria, Número 4108-III,2014. Disponible en:  http://gaceta.diputados.gob.mx/Black/Gaceta/Anteriores/62/2014/sep/20140909-III/Iniciativa-1.html

Torres, Juan Manuel, 2004, FAO. Estudio de tendencias y perspectivas del Sector Forestal en América Latina. Disponible en:  ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/009/j2215s/j2215s00.pdf

Torres, Juan Manuel, 2015, CIDE. Características de las núcleos agrarios forestales en México, disponible en: https://goo.gl/NfRN5q

Bosques de clase mundial manejados por comunidades y ejidos mexicanos











Sinopsis:

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En el mundo, alrededor de 190 millones de hectáreas de bosque se encuentran certificadas bajo los requisitos del estándar internacional del Forest Stewardship Council (FSC) en manejo Forestal, de los cuales, casi un millón se encuentran en México y son gestionadas por empresas forestales comunitarias, destacó Sergio Madrid, director ejecutivo del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS).

Durante su participación en el panel del evento: Viernes del FSC 2016, celebrado en la Ciudad de México, añadió que 125 empresas en el país también cuentan con la certificación de Cadena de Custodia, lo cual asegura que los insumos forestales que emplean en sus actividades productivas provienen de bosques gestionados de forma sustentable.

El especialista resaltó que estas certificaciones garantizan la oferta de tablas, polines, tableros, muebles, madera celulósica y en rollo de origen sustentable y legal, con lo cual “no hay pretexto para que el gobierno federal no cumpla con lo establecido en la Ley de adquisiciones, arrendamientos y servicios del sector público, que en su artículo 26 indica que las compras de productos de madera o recursos forestales deberán ser certificados en manejo forestal sustentable.”

Para dinamitar este modelo, que ha demostrado su efectividad en la reducción de la deforestación y generación de ingresos para los ejidos y comunidades es necesario de la participación y voluntad de los propios dueños de los bosques, las empresas y los consumidores, explicó Alfonso Argüelles, representante en México del FSC.

En relación con el estándar de manejo forestal que se certifica en el país, comentó que el FSC desarrolla lineamientos genéricos que dependiendo las características de cada nación se adecuan a esas condiciones, en el caso de México se hicieron mejoras que favorecieran su aplicabilidad luego de un largo proceso en el que participaron muchos actores de todo el sector forestal.

Éxitos palpables del FSC en México

En el Viernes del FSC en México 2016, Héctor Anguiano Cuara, coordinador de industria y certificación, de la Comunidad Indígena de Nuevo San Juan de Michoacán, platicó que su comunidad es un ejemplo de lo que el compromiso y la organización pueden lograr, ya que anteriormente la comunidad vendía a privados sus derechos de monte para que estos extrajeran los recursos forestales con su propia maquinaria y a su modo, sin embargo, de esa forma dejaban que se escapara una buena parte de los ingresos que genera la cosecha del bosque.

Cuando la comunidad ya estaba más organizada decidieron que ellos podían llevar a cabo la tarea de la extracción de los recursos forestales y de esta forma generar más empleos para los miembros de Nuevo San Juan.

Nuestros cinco ejes rectores, subrayó Héctor Anguiano, para “comenzar con la gestión de nuestro bosque fueron: detener y revertir el deterioro del bosque; aprovechar el recurso forestal en cumplimiento de la ley; defender la riqueza de nuestra comunidad; generar ingresos para los miembros de Nuevo San Juan; y generar empleos para evitar la migración de los pobladores.”

Para esta iniciativa recibieron el apoyo y respaldo de su principal cliente, la empresa Biopapel, dueña de la marca Scribe, quienes los dotaron del equipo necesario para el aprovechamiento forestal, gracias a la seriedad y compromiso que la comunidad siempre mostró.

Por su parte, Carlos Esparza, gerente forestal de Bio Pappel – Scribe, subrayó que Nuevo San Juan nunca les ha quedado mal y por ello, cuando les pidieron apoyo para la instauración de un aserradero y, más adelante, de un astillero, la compañía brindó el apoyo.

“Nuevo San Juan es una comunidad de origen indígena en la que se respeta a los adultos mayores y en la que nadie habla mal de los otros. Todos jalan parejo en las decisiones que se toman,” refirió Carlos Esparza.

El siguiente paso en esta relación de comunidad y empresa, fue la certificación del manejo forestal bajo los requisitos del FSC en 1999, con esto se logró una mejor eficiencia en los procesos de aprovechamiento del bosque, mayor competitividad de la empresa forestal comunitaria, transparencia en las operaciones e integración de la comunidad.

Nuevo San Juan fue una de las primeras empresas forestales comunitarias en certificarse y que han mantenido vigente su certificación al día de hoy.

De esta forma, “tenemos un proveedor muy confiable y garantizamos que los insumos provienen de fuentes sustentables y legales” detalló el gerente forestal de Scribe.

Joven al timón en el negocio de la madera

Senén Carmona, presidente del comisariado ejidal del Ejido Caobas, en Quintana Roo, es un joven que lleva las riendas del aprovechamiento forestal y la comercialización de la producción de su ejido y en 2014 lograron un contrato de 7 mil metros cúbicos de caoba que exportarán a España.

“Gracias a que contamos con la certificación en FSC, tanto las instituciones como las empresas nos ven con mayor respeto, saben que somos confiables,” enfatizó Senén en su participación en el panel del Viernes del FSC 2016.

Por la certificación y por cumplir con el pedido de 2014, este 2016 surtirán otro pedido a la misma compañía española de 36 mil metros cúbicos de madera. “vemos al FSC como un motor de desarrollo para la comunidad, porque nos permite eliminar intermediarios obtener mejores ingresos: teneos el timón del negocio en el ejido,” subrayó el presidente del comisariado ejidal de Caobas.

Concluyó que el siguiente objetivo de su ejido es la diversificación de su producción para incrementar sus oportunidades de mercado.

Comunidades campesinas y aprovechamiento forestal en manos de jóvenes comprometidos











Sinopsis:

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El aprovechamiento forestal sustentable es una actividad que permite a las comunidades y ejidos, propietarios de los bosques, generar ingresos y mantener en buen estado los recursos forestales; eso no es todo, estas comunidades conforman empresas forestales comunitarias con sistemas administrativos cada vez más estructurados que les han permitido mejorar sus prácticas de aprovechamiento y lograr la certificación internacional cumpliendo con los más altos estándares de manejo forestal, que establece el Consejo Mundial de Gestión Forestal (Forest Stewardship Council (FSC).

El ejido de Nuevo Bécal, de Campeche, con sus 52,800 hectáreas de selva, obtuvo en junio de 2016 su certificación en manejo forestal, luego de seis meses de trabajos preparatorios y recorridos de campo que permitieran comprobar, frente a los evaluadores externos, el cumplimiento a todos los principios y criterios que establece este esquema de certificación con reconocimiento mundial. Con la incorporación de estas 25,000 hectáreas, la superficie forestal certificada en México ya rebasa las 900 mil hectáreas lo que representa cerca del 20 por ciento del total de la superficie forestal bajo manejo en nuestro país.

Uno de los requisitos primordiales para aspirar a lograr la certificación es contar con un Programa de Manejo Forestal aprobado por la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), lo cual implica que el ejido o comunidad cuenta con estudios rigurosos del estado del bosque, con inventarios forestales y planes de corta de largo plazo, así como con documentación que respalde la propiedad de la tierra, entre otros muchos requisitos.

El nivel de organización interna y la estructuración de su iniciativa forestal   le ha permitido a Nuevo Bécal hacer más eficientes sus actividades y llevar un control de los volúmenes de madera que se cosechan y se venden. Las tareas de monitoreo, seguimiento y administración requieren de una preparación y especialización por parte de los miembros del ejido y, en esto, un elemento clave son los jóvenes.

Las nuevas generaciones: hijos y nietos de ejidatarios, se están preparando académicamente. Salen de la comunidad a estudiar el bachillerato, la universidad o alguna carrera técnica que les permita regresar, más tarde, al ejido a aplicar sus conocimientos. “Muchos se van a estudiar a la escuela forestal,” destaca Tomás Amauri Jr, un joven de 21 años que desempeña las funciones de jefe de campo y promotor forestal en el ejido.

Entre sus responsabilidades están la definición y división de las áreas de corta en cada anualidad; “para este año se dividieron las 500 hectáreas aprovechables en 4 fajas de acuerdo con la mejor distribución de los árboles para que cada grupo de ejidatarios pueda cubrir las cuotas que les correspondan de cada especie de árbol,” explica Tomás.

Además, durante el proceso de corta, Tomás, acompañado del Consejo de Vigilancia, realiza recorridos de campo para supervisar que los trabajos se lleven a cabo conforme al Programa de Manejo y aplicando las mejores prácticas de aprovechamiento forestal: que no dejen basura, que no tiren árboles que no están marcados, que saquen todas las puntas y ramas, y que dejen en buen estado las áreas intervenidas para que éstas pronto se puedan recuperar.

Tomás registra en bitácoras los hallazgos detectados y los reporta al Comisariado Ejidal. De esta forma, en la Asamblea General de ejidatarios se comentan y resuelven las controversias derivadas de malas prácticas identificadas durante los trabajos de aprovechamiento forestal. “Si no se hacen los trabajos como se deben, el bosque se deteriora y además el ejido puede ser sancionado por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), o bien podemos perder la certificación de buen manejo forestal que tanto nos ha costado conseguir”.

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Visión joven e innovadora

El Ejido Nuevo Bécal aprovecha sus recursos forestales con base en un Programa de Manejo Forestal desde el año 2009. “Antes sí se aprovechaba el bosque, pero sin orden ni control; la gente tiraba arbolado un tanto aquí otro tanto allá. Pero ahora las cosas han cambiado. El manejo planificado permite mantener en buen estado el recurso y garantizar la permanencia del bosque en el largo plazo. Por ejemplo, dice Tomás, “esta área que se aprovechó en el año 2011, ya se ha recuperado y hoy pareciera que nunca lo hubiéramos intervenido”

Subraya que “lo que hace falta es que el ejido se equipe con su propia maquinaria, para que ese dinero que ahora se gasta en la renta de equipo (grúas, motosierras, tractores Tree farmers, camiones) se quede en el ejido en beneficio de la gente.”

“Se ha intentado convencer a los ejidatarios para que se cree un fondo que permita capitalizar al ejido y poder adquirir maquinaria con el dinero que se saca de la venta de la madera y carbón, pero algunos con poca visión se resisten pues quieren recibir pronto su reparto de utilidades, no ven más adelante; sin embargo, las cosas están cambiando y ahora las nuevas generaciones traemos nuevas ideas

Tomás decidió no seguir estudiando, al concluir la secundaria ingresó al bachillerato pero ya no le gustó, prefirió dedicarse de lleno a los trabajos de su ejido. No obstante, tiene claro que la formación académica es muy importante para alcanzar un mejor nivel de vida y fortalecer las capacidades del ejido, por ello, se esfuerza en trabajar y aprender haciendo, y de esa forma costear la educación de su hermano menor para que cuando concluya su carrera en la escuela forestal regrese al ejido a aplicar sus conocimientos.

“Mi otra hermana también está estudiando, ella cursa la carrera de Derecho en una universidad de paga en Yucatán, y yo creo que cuando termine también podrá ayudar con cosas del ejido,” indica Tomás.

Comenta que otros jóvenes y sus familias están haciendo lo mismo: juntan dinero, producto de su trabajo en el aprovechamiento forestal y otras actividades como la producción de miel y la crianza de ganado; para que los “chavos se vayan a estudiar y luego vengan a trabajar al ejido.”

El aprovechamiento forestal comunitario es un esquema que permite conservar los bosques y generar empleos e ingresos para las comunidades rurales. Los jóvenes pueden encontrar oportunidades de empleo en sus propios ejidos y comunidades cuando en estos se emprenden proyectos de manejo forestal y de esa forma evitar la migración en busca de ingresos o mejores condiciones de vida.

De acuerdo con datos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un tercio de todos los emigrantes del mundo son jóvenes de entre 15 y 34 años, muchos de ellos del sector rural, por ello, el 40 por ciento de las remesas que se generan en el mundo se envían a zonas rurales.

Asimismo, la FAO indica que las principales causas de la migración de jóvenes rurales se deben a la insuficiencia alimentaria, de ingresos y la degradación ambiental. La salida de los jóvenes es una pérdida sustantiva, los ejidos pierden el bono generacional, y no se aprovecha su fuerza y vitalidad para generar desarrollo local. Por ello resulta clave poner en marcha proyectos productivos bien estructurados de aprovechamiento sustentable de los recursos naturales que permita la generación de empleos e ingresos en las propias comunidades.

La migración de los jóvenes rurales genera impactos negativos como la pérdida de mano de obra, la dependencia de los hogares a las remesas que envían los jóvenes, la sobrecarga de trabajo para los miembros de la familia que no migran, y la adopción de patrones de consumo insostenibles.

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Conciencia ambiental y conservación

Tomás es hijo del actual comisariado ejidal de Nuevo Bécal, y desde muy chico le gustó andar en todos los menesteres del ejido junto a su padre. Conoce perfectamente la operación del aprovechamiento forestal y los importante de conservar los recursos naturales, por ello fue designado como promotor forestal.

El hijo del ejidatario platica que hay compradores (contratistas) que ofrecen comprar el arbolado en pie, a cambio de un pago por adelantado haciendo a un lado a los ejidatarios de las actividades administrativas, productivas y comerciales del aprovechamiento forestal.  Bajo ese esquema el ejidatario solo recibe su renta y del resto se encarga el contratista. “Pero cuando eso ocurre perdemos el control de nuestros recursos, perdemos la oportunidad de aprender a manejar nuestro bosque y la oportunidad de generar oportunidades para la población local” enfatiza.

“A los compradores no les interesa cómo queda el bosque después las labores de extracción; ellos solo sacan los mejores troncos y la madera con mayor diámetro y dejan todo lo demás tirado”. Abunda que por ello “estamos en favor de capitalizar la empresa ejidal y en capacitar a los jóvenes para que no se tenga que trabajar más con contratistas y solo sean los ejidatarios quienes realicen el manejo del bosque.”

En Nuevo Bécal, refiere Tomás, “hemos tomado medidas para garantizar la conservación de la biodiversidad del bosque, porque hay muchas especies de plantas y animales que debemos proteger pues están enlistadas en la Norma Oficial Mexicana que establece aquellas que están bajo riesgo o amenaza.  La salud del bosque depende de la permanencia de la diversidad de las especies” Las medidas de protección del bosque han sido acordadas en la Asamblea de ejidatarios y establecidas en el Programa de Manejo.  Además hemos mandado a hacer letreros con información sobre las especies protegidas para colocarlas en donde haya presencia y así recordarles a los ejidatarios que tengan presente que están ahí y lo importantes que son.”

Estudio muestra que la silvicultura no daña la selva de Quintana Roo











Sinopsis:

foto-caobas“Se puede extraer madera de las selvas de Quintana Roo sin dañar el ecosistema, siempre y cuando se tenga un área con vegetación alrededor y se permita la regeneración en el área intervenida”, explicó la doctora Mirna Valdez Hernández, investigadora del Colegio de la Frontera Sur. Así lo muestra el estudio liderado por ella que se acaba de publicar en la revista Forest Ecology and Management.

El artículo, titulado “Recuperacíon y sucesión temprana después de disturbios experimentales en bosques tropicales con estacionalidad seca en México” (Recovery and early succession after experimental disturbance in a seasonally dry tropical forest in Mexico), recoge las conclusiones de un proyecto que consistió en intervenir seis parcelas de media hectárea, en la selva de Quintana Roo, de distintas maneras. En dos se imitó la tumba, roza y quema y quedaron varias plantas quemadas sobre el terreno. En otras dos se hizo un tratamiento mecanizado y con maquinaria se retiraron troncos, ramas y demás elementos orgánicos. En otras dos, por último, se imitó el efecto de un huracán, y con un hacha se derribaron todos los árboles de las parcelas y se dejaron en el lugar.

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Los grandes finqueros, responsables de la deforestación en el Amazonas











Sinopsis:

rondoniaLa deforestación del Amazonas brasileño en las últimas dos décadas tiene un claro responsable: los grandes finqueros, propietarios de más de 500 hectáreas de terreno en lo que es –o era– selva, según un artículo reciente publicado en la revista académica Proceedings of the National Academy of Sciences. Sin embargo, estos actores han cesado su embestida contra la Amazonía, y la deforestación en la región se ha reducido drásticamente en los últimos años.

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