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Trabajo campesino provee agua a la ciudad más grande de América

La Ciudad de México es uno de los centros urbanos más grandes del planeta, y como tal, tiene grandes retos que superar para permitir que los más de 21 millones personas que la habitan puedan desarrollar sus actividades. Uno de los recursos más indispensables y costosos de suministrar a la capital del país es el […]

AUTOR: Gerardo Suarez|16/07/2018

La Ciudad de México es uno de los centros urbanos más grandes del planeta, y como tal, tiene grandes retos que superar para permitir que los más de 21 millones personas que la habitan puedan desarrollar sus actividades. Uno de los recursos más indispensables y costosos de suministrar a la capital del país es el agua.

Alrededor del 75 % del agua que consumen los capitalinos proviene de los acuíferos subterráneos de la propia ciudad que, por problemas de infiltración, falta de sistemas de tratamiento y el crecimiento de la urbanización, se encuentran ya sobreexplotados; el otro 25 % del agua proviene del Sistema Cutzamala que bombea el agua de distintas cuencas y afluentes de los estados de Michoacán y México.

Cabe señalar que es muy costoso en términos económicos y ambientales traer el agua a la ciudad, como ejemplo podemos decir que la energía que se emplea para el bombeo del agua en el Sistema Cutzamala es equivalente a la que consume toda la ciudad de Puebla.

Además, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) invierte, cada año, cientos de millones de pesos en productos químicos y procesos de desazolves para potabilizar el agua que escurre de las distintas cuencas que alimentan el afluente del Cutzamala.

La cuenca Amanalco–Valle de Bravo aporta el 40 por ciento del agua que alimenta al Sistema Cutzamala gracias a la capacidad de infiltración de los bosques de la cuenca. Estos bosques, al menos en el municipio de Amanalco de Becerra, son de propiedad de ejidos y comunidades que realizan trabajos de manejo y aprovechamiento forestal, así como actividades de agricultura ecológica y obras de conservación de suelos, lo que permite que el agua que escurre hacia la presa de Valle de Bravo no arrastre tanto sedimento ni contenga agroquímicos.

La Conagua invierte 48 millones de pesos anuales en sulfato de aluminio para potabilizar el agua que escurre a la presa de Valle de Bravo para quitarle los sedimentos; además, invierte otros millones en el desazolve de los canales y en tratamientos para evitar la eutrofización de la presa. Si la Conagua invirtiera en mejorar el funcionamiento de la cuenca, fortaleciendo las capacidades de las comunidades y ejidos que la componen, para mejorar las prácticas de manejo del territorio se podría evitar la pérdida de suelo y mejorar la calidad del agua. Esta comisión podría invertir más en prevención que en remediación.

La cuenca de Amanalco es estratégica y de gran importancia por los servicios ambientales que genera: infiltración de agua, captura de carbono, conservación de biodiversidad, producción de madera y alimentos. Cuenta con 35 mil hectáreas de bosque que son manejados, en su mayoría, por las comunidades dueñas de dichos recursos. Toluca y la Ciudad de México son los principales beneficiarios de estos servicios ecosistémicos que se obtienen gracias al esfuerzo de cientos de campesinos que trabajan día con día en la conservación de estos recursos; protegiendo los bosques de amenazas como los incendios, la tala ilegal, el cambio de uso y que además realizan prácticas de sustentables de manejo del territorio.

Fortalecimiento para la gestión comunitaria del territorio

Desde hace diez años, el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible comenzó a colaborar con los ejidos y comunidades de Amanalco de Becerra para impulsar sus labores de manejo forestal sustentable, con el fin de mejorar el funcionamiento de la cuenca y contribuir a mejorar las condiciones de vida de los campesinos.

Hoy en día, 25 de los 53 ejidos y comunidades de Amanalco trabajan en conjunto con el CCMSS en acciones de conservación de suelos, agricultura orgánica, manejo y aprovechamiento forestal a través de la operación de Programas Operativos Ejidales anuales.

Mediante un fideicomiso denominado Fondo Agua y Paisajes Sostenibles, que integra recursos provenientes de dependencias federales como CONAFOR y de donantes privados, las comunidades y ejidos que deciden participar del mecanismo se comprometen a la elaboración, en asamblea, de un Plan Operativo Ejidal, en el que establecen las acciones que realizarán con los recursos que les sean entregados a través del Fondo.

El Fondo Agua y Paisajes Sustentable. Agua limpia para todos, financia actividades de tres componentes: I.- Manejo y protección de los recursos naturales: mejores prácticas forestales, mejores prácticas agrícolas, restauración y conservación de los recursos naturales; II.- Fortalecimiento de la gobernanza y el capital social: plan de mejoras administrativas (oficina ejidal, archivo y control de la documentación), prácticas de transparencia y rendición de cuentas, y acuerdos de asamblea para mejora de la gobernanza local; y III.- Impulso a sistemas productivos locales: inversión en sistemas productivos comunitarios sustentables (producción sustentable de madera, ecoturismo, carbón, etc.) y preparación para la certificación forestal de las empresas forestales comunitarias (bajo los lineamientos del Forest Stewardship Council (FSC), de reconocimiento internacional, o de la Norma Mexicana NMX-AA-143-SCFI-2008).

Al concluir el año, los ejidos y comunidades evalúan si los trabajos que realizaron a través de su POE generaron beneficios para la comunidad, o si es necesario enfocar sus esfuerzos en otro tipo de actividades. Al tiempo de mejorar las condiciones del bosque para la prestación de servicios ecosistémicos de calidad, sus proyectos de manejo y conservación también generan empleos al interior de la comunidad.

Cientos de familias de Amanalco ya incorporan prácticas de agricultura orgánica, elaboran sus fertilizantes orgánicos; realizan monitoreos de calidad de agua y de presencia de biodiversidad; cuentan con centros comunitarios de ecoturismo, gestionan sus bosques de forma sostenible a través de planes de manejo forestal: realizan labores de reforestación, aclareo, podas, brechas cortafuegos, entre muchas otras.

Todas estas actividades, que representan grandes esfuerzos e inversión de recursos y tiempo, son de un incalculable valor en términos ambientales y sociales, pero no siempre son retribuidas adecuadamente. Es necesario revalorar e impulsar los medios de vida campesinos, sus saberes y los beneficios que generan para el resto de la sociedad.

Fotografías: CCMSS y Prometeo Lucero.

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