La palma africana. Monocultivos y violación de derechos

Los bosques y selvas de México, mayormente bajo propiedad social, están bajo una enorme presión. Los procesos de deforestación, degradación y cambio de uso de suelo en diversas regiones forestales del país avanzan a causa de la expan­sión urbana, de megaproyectos de infraestructura y del crecimiento de la frontera agrícola para la producción de cultivos con un alto valor de mercado como el agua­cate, la soya y la palma de aceite.

En parte, estos procesos de degradación de los ecosistemas forestales son resulta­do del impulso de los propios gobiernos estatales y federal para desarrollar proyectos agroindustriales que representan ingresos para los inversionistas a costa del deterioro ambiental, del uso excesivo de agua, de la contaminación de los mantos acuíferos, del despojo de tierras y de la destrucción de los medios de vida de comunidades campesinas.

Uno de los cultivos que más riesgo representan para los ecosistemas forestales del trópico mexicano es la palma africana o palma de aceite. El avance de este cultivo ha sido acelerado durante los pasados 30 años, particularmente en las regiones tropica­les del mundo. Por sus requerimientos de temperatura, humedad, suelo y nutrientes, las regiones tropicales son ideales para el establecimiento de grandes plantaciones de este monocultivo, y es precisamente por estas condiciones que la producción de palma de aceite ha devastado gigantescas extensiones de bosques y selvas tropica­les en Asia, Centroamérica y la Amazonía.