Comunidades forestales de Durango se organizan para generar energía eléctrica y abastecer las necesidades de su población y sus emprendimientos productivos

Día mundial de la energía

El proyecto de producción de energía de Grupo Sezaric a partir de la biomasa forestal evidencia la amplia capacidad de las comunidades forestales organizadas para desarrollar proyectos innovadores en beneficio del medio ambiente y de sus comunidades.

La empresa social Grupo Sezaric es de la Unión de Ejidos y Comunidades Forestales y Agropecuarias Emiliano Zapata (Unecofaez), integrada por 72 ejidos y comunidades forestales del estado de Durango.

A través de Grupo Sezaric,  las comunidades y ejidos forestales organizados en la Unión de Ejidos Emiliano Zapata,  operan  desde el 2019 una planta de generación de energía eléctrica a partir de biomasa forestal para cubrir el consumo de sus diversas empresas.

El proyecto nació de la necesidad de darle un uso y manejo correcto a los residuos forestales que les quedaban (como corteza y ramas) del manejo sostenible que hacen de sus bosques, y que no estaban siendo aprovechados en su totalidad.

“Orgullosamente llevamos más de un año operando todas nuestras áreas productivas con  la energía renovable que producimos. También hemos reducido considerablemente los desperdicios de madera en la zona, lo que hace que haya un menor riesgo de incendios forestales”, afirma Reymundo Valdivia, ejidatario y gerente de producción.

El Grupo Industrial Silvindustrias General Emiliano Zapata, mejor conocido como Grupo Sezaric, está constituido por 40 ejidos y comunidades conformadas por 4620 ejidatarios y comuneros. Las empresas que conforman el Grupo se dedican a la transformación de la madera para la producción de molduras, muebles, tablas contrachapadas y sustratos orgánicos, entre otros productos, con los cuales le dan un valor agregado a la madera de sus bosques y generan más empleos para los habitantes de la región.

“Como Unión de Ejidos y Comunidades tenemos reuniones ordinarias en las que a los socios nos presentan distintos proyectos para echar a andar. Tenemos cuatro representantes por cada ejido en la asamblea de socios: dos personas de la directiva del Comisariado y dos personas que no son del Comisariado y se les llaman delegados; casi el 50% de la asamblea está integrado por mujeres”, comenta Brígido Estrada, tesorero de la Unecofaez y ejidatario de El Conejo, municipio de Tepehuanes.

Cuando el proyecto le fue presentado a la asamblea de socios hubo poco entusiasmo en las comunidades. “Se nos presentó el proyecto a las empresas comunales de Grupo Sezaric y no estábamos muy convencidos, el costo era muy alto. Después analizamos los datos y vimos que con la participación del gobierno se podía cubrir una parte; finalmente, lo que nos motivó a aprobarlo fue que de esta forma podíamos aprovechar completamente el árbol. Con anterioridad había un desperdicio que se iba rezagando en el bosque;  se le prendía lumbre para que no se fuera acumulando y fuera un peligro, y ya con la planta podemos generar energía que no contamina”, agrega Brígido.

La Unecofaez ha impulsado también la electrificación de las comunidades, por ejemplo en Tepehuanes logró gestionar la instalación de paneles solares.

El proyecto de generación de energía eléctrica a partir de biomasa forestal ha sido el más desafiante de los impulsados por la organización. Para elaborar el proyecto y ponerlo en marcha se requirió asesoría de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la Secretaría de Energía (Sener) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Identificaron trámites, requisitos, costos, posibles créditos y la maquinaria que requerían: una turbina de vapor sobre calentado y una de condensación y una caldera de 600 caballos de fuerza.

“Como este proyecto era muy grande, la Asamblea, máxima autoridad de las industrias de Grupo Sezaric, revisó todas las etapas, la puesta en marcha, el retorno de inversión, los beneficios económicos y ambientales. A diferencia de otras plantas de generación de energía, su fuente de generación no se ve comprometida, contamos con la materia prima en todo momento. Por esta razón la Asamblea la aprobó. También coincidió con las políticas del gobierno, de que había recursos para emprender un proyecto de esta naturaleza y nos vimos beneficiados”, dice Valdivia.

El 10 de mayo de 2019 entró en operación la planta de generación de energía eléctrica renovable, se produjo el primer kilowatt (kW) a partir de los residuos forestales de las compañías de Grupo Sezaric. Fue todo un acontecimiento para la región.

“Ha sido uno de los proyectos más complejos de Grupo Sezaric; nos llevó casi un año dominar la operación del equipo, pero se han creado capacidades y ahora ya lo estamos operando con mayor confianza”, agrega Valdivia, responsable de la planta.

El proyecto fue autorizado por parte de la CFE para producir energía eléctrica en sus instalaciones y para sus procesos industriales. “Nunca pensamos en vender, el proyecto está confeccionado para cubrir el 100% de energía eléctrica en las fábricas de Grupo Sezaric”, explica Brígido.

La planta tiene la capacidad para producir un megawatt (MW) pero decidieron optar por el permiso para producir solo medio MW, debido a que el trámite era más sencillo; el procedimiento para un MW implicaba más estudios, trámites e inversión que ya no tenían.

“Por ser una empresa del sector social, hay una mayor valoración de los temas ambientales y creo que ese fue uno de los motivos por los que emprendimos este proyecto”, agrega Brígido.

El proyecto está diseñado de tal forma que cuando la planta  produce más energía eléctrica de la que sus procesos consumen, la CFE toma esa energía y la distribuye con sus diferentes clientes de la región, y cuando la organización  requiere más energía de la que produce, la CFE se las regresa. “Nos guarda ese saldo para cuando lo requerimos. Esta modalidad es el mejor esquema de trabajo”, explica Reymundo.

Aunque los residuos de las industrias forestales ejidales generan diversos subproductos como aserrín, cortezas y astillas,  la planta de energía eléctrica se alimenta únicamente de corteza dado que el aserrín y astillas ya tienen otros usos. De hecho, la planta está  consumiendo el 100% de los residuos de corteza que habían inventariado y algunas veces hasta más, por lo que ya también permiten que diversos aserraderos de la zona les lleven sus residuos de corteza. Los otros residuos como la astilla, se canalizan al mercado de los tableros aglomerados o la producción de papel; el  aserrín, lo transforman como sustrato que más tarde será utilizado en sus propios viveros.

Uno de los retos que enfrentaron al inicio del proyecto fue el no poder ver una planta de este tipo funcionando (operada por una empresa social) en el país. No tenían ejemplos a los cuales remitirse, por lo que su curva de aprendizaje fue muy amplia. Otro reto fue identificar y conseguir proveedores confiables de maquinaria de esta naturaleza, que les dieran acompañamiento técnico en la implementación. El tercer desafío tuvo que ver con el mundo de requisitos, estudios y trámites que debían llevar a cabo para generar electricidad. Para la CFE también fue un hito, ya que fue el primer expediente que se integró de un proyecto de esta naturaleza.

Una vez sorteados estos retos, la construcción del proyecto presentó sus propios problemas, ya que en el municipio de Santiago Papasquiaro en Durango -donde están ubicadas las empresas de Grupo Sezaric y la planta de generación de energía- hay poco acceso a servicios y equipos especializados en plantas eléctricas. La caldera tiene tecnología mexicana, pero la turbina es de la India, por lo que las refacciones tardan tiempo en llegar.

Derivado de esta experiencia y con el conocimiento adquirido, hoy trabajan en sistematizar la información, a fin de capacitar y dar a conocer su experiencia a otros ejidos y comunidades que cuenten con la biomasa, las empresas, la organización interna y la necesidad o interés de generar su propia energía eléctrica.

Una de las propuestas que identificaron durante este proceso, tiene que ver con la posibilidad de una mayor flexibilidad regulatoria, que les permita generar más de medio MW, es decir unos 800-850 MW, debido a la inversión que hicieron y a la capacidad de los equipos que adquirieron. Otra propuesta que hacen es acceder a algún tipo de compensación por la reducción de gases de efecto invernadero mediante alguna modalidad como bonos verdes o de carbono, o algún reconocimiento por haber incursionado en este tipo de proyectos, que no son sencillos y donde por ejemplo el retorno de inversión se dará en aproximadamente doce años, que es cuando compensarán los 50 millones de pesos invertidos.

Es relevante que el gobierno voltee a ver estas experiencias que presentan múltiples beneficios no solo para las comunidades rurales forestales -tradicionalmente las más aisladas-, sino también para el país. En este conjunto de empresas no solo laboran los ejidatarios y comuneros socios, también trabajan mujeres y jóvenes sin derechos sobre la tierra, avecindados, técnicos de fuera de la región y personas con discapacidad. Actualmente la iniciativa comunitaria genera 550 empleos directos permanentes y más de 2000 empleos de forma indirecta, 40% de ellos desempeñados por mujeres.

A pesar de los retos, los beneficios son innegables, generan electricidad mediante la biomasa derivada de los residuos del aprovechamiento forestal, hay prevención de incendios por la recolección y uso industrial de los residuos, se avanza a la autosuficiencia eléctrica y a las energías renovables, pero quizá lo más importante es que brindan evidencia de que las empresas forestales comunitarias se organizan y emprenden proyectos innovadores en beneficio del medio ambiente y de sus comunidades.

La Unecofaez se ha expandido vertical y horizontalmente para contribuir con el desarrollo de la región y de sus recursos naturales. Bajo estas premisas desarrollaron sus propios servicios técnicos forestales, crearon comités de rehabilitación, pavimentación y mantenimiento de los caminos en la región, crearon un vivero con capacidad para producir un millón de plantas por año, desarrollaron una planta purificadora de agua, servicios jurídicos, un departamento de asesoría técnica para el desarrollo de proyectos productivos y promovieron la instalación de 15 líneas de electrificación en las zonas rurales de su región, que comprende los municipios de Santiago Papasquiaro, Tamazula, Tepehuanes, Topia, Canelas, El Oro, Nuevo Ideal, Otáez y San Dimas.


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