El gran reto que tenemos es la reconstrucción del territorio: Gustavo Gordillo

Una política de atención para el campo sumamente fragmentada y sin articulación podría llevar al fracaso de este gobierno en su intento por reducir la desigualdad e incrementar la productividad en el medio rural mexicano.

“Este reto pasa por recuperar la gobernabilidad en ejidos y comunidades, restablecer vínculos entre autoridades municipales y sociales. El campo no es solo agricultura, es mucho más que eso; son seres humanos que hacen actividades diversas. La concepción del campo tendría que partir de eso”.

El especialista Gustavo Gordillo, del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural Sustentable (RIMISP), señala que es muy difícil lograr una política eficaz para reconstruir el territorio y dinamizar el campo si hay tanta fragmentación y desarticulación entre las políticas de medio ambiente, desarrollo social o bienestar.

En su participación en el seminario Las políticas para el campo de la 4T, organizado por Observatorio Académico del Seminario Universitario Sociedad, Medio Ambiente e Instituciones (O-SUSMAI) de la UNAM, planteó que “necesitamos una política integrada hacia el campo, orientada a reducir la pobreza y la desigualdad e incrementar la producción y productividad. Sin duda, se debe abandonar el enfoque de subsidios para paliar pobreza.”

Para lograr esta articulación de política y de instituciones de fomento tenemos que buscar un nuevo modelo de intervención porque “cada que escucho que para atender un tema se va a crear una Comisión Interinstitucional sé que no se va a hacer nada, ese enfoque no ha funcionado. Es un tema grave.”

Este nuevo gobierno comenzó sabiendo y declarando que hay una fragmentación de la política del campo y que éste es uno de los principales problemas que han impedido el desarrollo de este sector, y aun así “no veo ninguna política clara para el campo, tampoco veo cómo los programas prioritarios se vinculan entre sí”. Cuestiona, por ejemplo, cómo se vinculan el programa de Atención a Adultos Mayores con Sembrando Vida y con Producción para el Bienestar o  cómo se va a garantizar que los precios de garantía van a beneficiar a los pequeños productores. Son temas no respondidos y en los que no sabemos qué va a pasar.

A pesar de esa falta de articulación, reconoce cambios positivos en la política para el sector. “No hay que perder de vista la fotografía completa, porque creo que sí hay un cambio radical en la política para el campo, en tres cosas”.

1. Cambió la orientación del presupuesto, porque los subsidios regresivos ya  no podían continuar. Desde hace 20 años todos estaban de acuerdo en que esos subsidios regresivos se tenían que ir. Procampo tenía un techo de 100 hectáreas y daba subsidios de uso de combustible en zonas de pozos. Hoy Producción para el bienestar bajó a 20 hectáreas. Ya es un cambio positivo. El programa de ingreso objetivo era un subsidio a la comercialización, a los grandes comercializadores de granos como Minsa, Maseca, Cargill. Eso cambió.

2. Cambió la orientación geográfica de la distribución del presupuesto, que antes se concentraba en el noroeste y norte de México y ahora se dirige hacia el sur-sureste.

3. Se incluye a un importante número de productores indígenas en el padrón de producción para el bienestar.

La propiedad social es fundamental

En su análisis, Gustavo Gordillo recalcó que el Estado mexicano está muy dañado. “Sus capacidades operativas están afectadas. Tenemos una sociedad rural muy fraccionada. La mejor información sobre ejidos y comunidades está en el RAN, pero ahí no se reflejan todas las operaciones que hay entre ejidatarios, todo lo que sucede en los territorios. ¿Quién registra esas operaciones? ¿Cuántos comisariados ejidales hay, cuántos han sido elegidos recientemente? ¿Qué está pasando en los cambios de dominio, es decir con la privatización? ¿Cuántas rentas de parcelas no registradas existen? Tenemos información incompleta de lo que sucede en ejidos y comunidades hoy. Lo que sí sabemos es que uno de los problemas más graves es la pérdida del territorio por parte del Estado”.

Subraya que hace falta el rastreo y obtención de cifras de las operaciones de compraventa, renta e intercambio de tierras entre ejidatarios de un mismo núcleo agrario. “En referencia al tema de la privatización de la propiedad colectiva, al parecer estamos en un 10 por ciento, según datos del propio Registro Agrario Nacional, pero no hay certeza. Estos datos son indispensables para conocer con precisión la conformación de la propiedad social rural y planificar de mejor forma las políticas de intervención”.

Apunta que, con la desarticulación de las organizaciones sociales de base en el campo se ha perdido información sobre lo que está pasando en los territorios. “Estas organizaciones que cubrían la función de intermediarias entre las políticas de gobierno y los beneficiarios sabían lo que estaba pasando en cada territorio,” precisa.

Plantea que para articular las políticas de atención al sector rural y productivo “necesitamos tener un sistema nacional de promotores rurales con incentivos eficientes, que procuren la articulación de todos estos esfuerzos. Es un camino largo, pero es el único para lograr una integralidad y operatividad.”

Sobre los factores que se tienen que tomar en cuenta para el diseño de una política eficaz en términos de mejorar el bienestar de las personas e incrementar la productividad, el especialista subraya que es muy importante ver la presencia del crimen organizado en regiones rurales.

“Hay casos en donde el crimen organizado ha tomado control de asambleas ejidales y comunales. El crimen organizado es el otro gobierno, ofrece otros beneficios al a población local, porque se ha perdido el control de los territorios por parte del Estado.

Sin embargo, añade, “también hay una serie de movilizaciones de lucha y defensa que no se veía hace muchos años en México, desde los años sesenta y setenta no veía yo algo así con tantos movimientos de defensa del territorio.” Concluye que “el gran reto que tenemos es la reconstrucción del territorio nacional, y eso pasa por recuperar la gobernabilidad en ejidos y comunidades, restablecer vínculos entre autoridades municipales y sociales. El campo no es solo agricultura, es mucho más que eso; son seres humanos que hacen actividades diversas. La concepción del campo tendría que partir de eso.

Esto requiere un gobierno con actitud promotora y comprensiva y sin embargo veo una resistencia enorme. Francamente esto no se está haciendo bien. Hay una resistencia del gobierno federal a entender que en los movimientos locales hay aliados no enemigos, no conservadores emboscados. Me sorprende mucho, porque López Obrador había volteado a ver allá a dónde nadie había visto, pero hoy eso no se refleja en las políticas”.


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