Gerardo Segura describe el Procymaf, sus principios y lecciones

Silvicultor en AmanalcoLa Revista Mexicana de Sociología dedica el número especial con el que conmemora sus primeros 75 años a Elinor Ostrom. Entre los artículos del volumen hay uno de especial interés para el mundo forestal, el de Gerardo Segura Warnholtz, en el que recoge la experiencia del Programa de Conservación y Manejo de Recursos Forestales (Procymaf), que estuvo a su cargo por varios años. En ese texto, el doctor Segura presenta muchas de las lecciones aprendidas con ese piloto que tanto impacto tuvo en los bosques de México, y reseña algunos de los retos para el futuro.

En su artículo, el doctor Segura explica que una de las características más importantes del Procymaf, la que le permitió incidir con igual fuerza en entornos tan distintos como Oaxaca y Durango, fue el apego a los cinco principios que sustentaron su diseño desde el inicio. Estos fueron el diseño de intervenciones “a la medida” de las comunidades forestales con las que se iba a tratar; el uso de instrumentos flexibles, aplicados con un enfoque adaptativo; la construcción de relaciones de confianza entre comunidades y gobierno; la apuesta por el largo plazo y la consciencia de la complejidad y duración de los procesos de construcción comunitaria, y la participación incluyente, transparente y responsable de todos los actores involucrados o interesados en el proceso. Esto le permitió atacar los distintos aspectos que se consideraron prioritarios desde un inicio.

Uno de ellos, de crucial importancia, fue regularizar la tenencia de la tierra en los terrenos forestales. Como mostraron Leticia Merino y Ana Eugenia Martínez en su estudio A vuelo de pájaro, casi la mitad de las comunidades forestales en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Jalisco y Durango tiene algún conflicto agrario, y estas disputas impiden aprovechar su bosque a dos terceras partes de quienes tienen un conflicto. Una condición sine qua non para el trabajo de Procymaf fue remediar esta situación en las comunidades con las que trató el programa.

Silvicultores en Atepec, Oaxaca.Ya en el terreno, Procymaf se valió de cuatro instrumentos de planeación territorial y manejo forestal: las evaluaciones rurales participativas, los ordenamientos territoriales comunitarios, los programas de manejo forestal y el apoyo para establecer o fortalecer los regla­mentos o estatutos internos para el aprovechamiento. Estos instrumentos permitieron “impulsar procesos participativos de planeación estratégica, identificando la existencia y el potencial del capital natural, diseñando estrategias de manejo del bosque, así como administrar empresas forestales comunitarias, definir y modificar las reglas colectivas para el gobierno” de los recursos forestales de uso común, agrega el ex titular del Programa.

El doctor Segura explica también que se puso especial énfasis en fortalecer el derecho de las comunidades a gobernarse y “gobernar” su bosque, modificando las relaciones muchas veces autoritarias entre los prestadores de servicios técnicos forestales y las comunidades, mejorando la rendición de cuentas ante las asambleas. Sin embargo, Segura reconoce que en su momento la sobrerregulación del aprovechamiento forestal fue un obstáculo, y que éste se mantiene. “A pesar de repetidos intentos por desregular los programas de manejo forestal y las unidades de manejo ambiental, obtener permisos de aprovechamiento forestal es un trámite hipercentralizado, discrecional y lento”, afirma.

Gran parte del éxito de Procymaf, añade Segura Warnholtz, estuvo cifrado en el trabajo sobre el capital humano y el capital social, de cuya interacción y suficiente provisión depende en gran medida el buen manejo forestal comunitario. Procymaf hizo un esfuerzo por reconocer y fortalecer el capital social de las comunidades, fomentando la reunión regular de las asambleas y el respeto y buen ejercicio de los órganos de gobierno comunitario. Para mejorar el capital humano, se impulsaron la formación de cuadros técnicos comunitarios y la consolidación de una red de cooperación comunitaria, mediante la cual unas comunidades pudieron aprender de otras y recibir una mejor formación.

Procymaf fue un catalizador de la silvicultura comunitaria en México y la conservación y el desarrollo en las tierras arboladas del país se han logrado en gran medida gracias al Programa. Sin embargo, la tarea de construcción de capital humano, de consolidación del capital social, y de conservación y mejora del capital natural no está terminada. Junto con estas tareas, y como señala el doctor Segura, es necesaria la intervención del Estado en otros ámbitos para garantizar la viabilidad de este modelo que ha mostrado su eficiencia para impulsar el desarrollo sustentable.

Está intervención debe centrarse, según Segura Warnholtz, en “generar ma­yores incentivos para promover y remunerar el manejo sostenible… simplificar la normatividad y agilizar trámites, promoviendo la regulación del aprovechamiento como un compromiso interno de las comunidades, más que un ejercicio centralizado y arbitrario de poder, y mejorar la eficiencia de los programas de pago de servicios ambientales, buscando su operación estratégica, contribuyendo a reducir los costos de oportunidad de las empresas forestales comunitarias.” Esto permitiría al sector forestal salir de la crisis que atraviesa.

El artículo completo del doctor Gerardo Segura Warnholtz puede leerse en este vínculo, y el número completo de la Revista Mexicana de Sociología puede consultarse aquí.


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