Ita Nuyuxe: mujeres mixtecas crean hermosos objetos a partir de las hojas de pino

Ellas no son ejidatarias, no son dueñas de la tierra. Antes casi no salían de sus comunidades. Ahora salen de sus comunidades y se desplazan hacia otros poblados, cabeceras municipales e incluso ciudades para vender y distribuir sus artesanías elaboradas a partir de las hojas de pino de los bosques de su comunidad. Ellas forman el colectivo Ita Nuyuxe, que significa Flor de pino en mixteco.

Ita Nuyuxe, surge hace más de 15 años, luego de que un grupo de mujeres de las comunidades de San Juan Tamatzola y Santo Domingo Nux pertenecientes al distrito de Nochixtlán en la región de la mixteca alta, en Oaxaca, se capacitaran con la asociación civil Misión Integral para el Desarrollo México.

Judith Lázaro Morales, asesora y acompañante del grupo, cuenta que fueron las propias mujeres quienes decidieron, en 2003, comenzar a elaborar artesanías de pino a partir de los recursos naturales de la región.  Para impulsar ese proyecto Misión integral contactó a artesanas de Tlaxcala que capacitaron a las mujeres mixtecas en la elaboración de cestas. Con el tiempo, las propias mujeres comenzaron a elaboraron otros artefactos. En 2006  las artesanas de la comunidad de El Oro iniciaron las capacitaciones a otras mujeres de otros municipios lejanos y cercanos. A partir de ese momento surgió el colectivo Ita Nuyuxe.

“Ellas diseñan y elaboran artesanías de hoja de pino. Realizan desde aretes, alhajeros, alcancías, tortilleros, servilleteros, canastas, fruteros, floreros y llaveros. El proceso inicia con la salida al bosque para recolectar las hojas del pino tiradas, se las llevan a casa, ponen a hervir agua y ya que está muy caliente meten las hojitas y las remojan ahí durante unos 15 minutos, las sacan y las ponen a secar en la sombra, les limpian la basurita de las uniones; ellas ya tienen un catálogo de modelos y dependiendo de la demanda o el pedido hacen la artesanía. A veces echan a volar su imaginación y producen nuevos modelos” nos comenta Judith.

Actualmente la organización tiene 22 socias; también de forma eventual y según la demanda llegan a emplear a alrededor de 20 a 30 jóvenes (mujeres y hombres) de las comunidades. En promedio cada artesana elabora aproximadamente 200 piezas por año. Si tienen pedidos mayores se organizan para contratar más gente.

Los puntos de venta se encuentran en su mayoría en Oaxaca, en cabeceras municipales como Nochixtlán, Ixtlahuaca o la capital de Oaxaca. Gracias al apoyo de Misión Integral AC, una o dos veces al año ellas reciben pedidos grandes para enviar a San Diego, en Estados Unidos.

El principal reto para los grupos de artesanas está relacionado con la comercialización, ya que la mayoría  de sus comunidades se encuentran aisladas, los caminos son deficientes y los tiempos de traslado a las cabeceras municipales o centros urbanos muy largos. “No cuentan con una camioneta o automóvil que les facilite el cargar y mover su mercancía, andar en transporte público es un desafío. A veces tan solo reunirse entre ellas para las capacitaciones o seguimiento del proyecto es un reto porque las comunidades pueden estar hasta a tres horas de distancia una de otra.

“A partir de este proyecto un grupo de mujeres hicieron dos viveros forestales con los tipos de pino que ellas ocupan, esto con el objetivo de sembrar pinos cerca de sus casas y en el futuro no tener que caminar hasta el bosque. Ellas han recolectado las semillas, ponen su semillero, hacen el trasplante a las bolsitas y con los arbolitos han empezado a reforestar cerca de sus casas. De hecho una de las iniciadoras de este proyecto ya tiene cuatro pinos grandes en su casa y ya de ahí directo toma la materia prima sin tener que adentrarse al bosque” comenta Judith.

“Los ejidos permiten a las mujeres ingresar y recoger  las hojas de pino secas. En los periodos de reforestación las mujeres (ejidatarias y no ejidatarias) participan igualmente en estas labores, con lo que contribuyen a cuidar los bosques aunque no tengan derechos sobre la tierra”, explica Judith, quien agrega que “dos de ellas sí son ejidatarias, por eso han podido desarrollar los viveros.”

Ahora con la pandemia las ventas han caído drásticamente; de por sí salir a los centros urbanos era un gran esfuerzo para ellas y ahora que todo está cerrado, se dificulta más. Para su subsistencia en este periodo, han recurrido a la creación de huertos y la producción de hortalizas, con el apoyo y capacitación de Misión Integral. “También cuentan con estufas ahorradoras de leña que cuidan su salud pues evitan que respiren humos de manera directa. Algunas de ellas tienen invernaderos en los que producen jitomates y cebollas para vender”, comenta Judith.

“Gracias a estas labores las mujeres hacen aportaciones económicas adicionales a sus hogares. Antes de este proyecto ellas no salían para nada de la comunidad y ahora ya se mueven entre comunidades y hasta las cabeceras municipales vendiendo sus mercancías. Antes no contaban con recursos para gastos de sus hijos pero ahora ellas dicen que vendiendo cuatro o cinco artesanías ya tienen para los gastos de la escuela.”

Respecto a los hombres, Judith nos comenta que “su actitud respecto a las artesanas ha cambiado, las respetan se refieren a ellas diciendo ‘es del grupo de artesanas’, sí veo un antes y un después.”

Misión Integral ha capacitado a 44 personas que a su vez han capacitado a más mujeres. Las capacitaciones abarcan la elaboración de artesanías, el desarrollo de huertos orgánicos, la construcción de estufas ahorradoras y baños secos y el uso de herramientas para comercializar en línea, como su página de Facebook.

La incorporación de este colectivo a la Iniciativa comercial Obio: productos y comunidades sustentables, impulsado por el Consejo Civil Mexicano para comercializar en Tienda UNAM surgió a partir de los vínculos que Misión tiene con otras organizaciones.  Judith comenta que “nosotros escuchamos del Consejo Civil y por eso nos acercamos para ver si podíamos agregarnos y estamos en proceso de darnos de alta en Tienda UNAM. Estamos por enviar artesanías.”

“Lo que más me gusta de mi trabajo es ver las caras de satisfacción de las mujeres por los beneficios que obtienen de su trabajo, verlas motivadas y la pasión con la que hacen sus artesanías, es lo que más me agrada” concluye Judith.


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