Jóvenes del Ejido Los Pescados abandonan el uso de pesticidas y adoptan prácticas agroecológicas

La agricultura comercial que emplea grandes cantidades de agroquímicos está erosionando los suelos, contaminando los acuíferos y enfermando a la gente que vive en el campo. Con el uso de estos productos, año tras año la producción agrícola se hace más costosa porque se requieren más agroquímicos para que el suelo siga siendo productivo.

“Es urgente que cambiemos esos métodos de producción y transitemos hacia la producción ecológica,” plantea Humberto Chávez Durán, un joven agricultor de 31 años, del Ejido Agua de los Pescados, en el municipio de Perote, Veracruz.

En el Ejido Los Pescados el 80 por ciento de las personas se dedican a la producción de papa, y esto ha propiciado que el suelo y el agua se contaminen con la gran cantidad de agrotóxicos que utilizan en sus parcelas.

Los Pescados se encuentra en la parte alta de la cuenca del Río Pixquiac y el uso intensivo de agroquímicos en la producción de papa de toda esa región ha generado impactos en las partes bajas. “Comenzamos a ver que por el uso intenso de agrotóxicos las granjas de truchas de la parte baja de la cuenca y otros cuerpos de agua comenzaron a contaminarse y algunas personas se han enfermado, por eso decidí cambiar a la producción agroecológica.”

“Desde hace tres años estoy cambiando mi forma de producir, pasé del método convencional basado en el uso de agrotóxicos al agroecológico, esto gracias a que comencé a trabajar como promotor comunitario de agroecología con la organización Sendas, A.C.”, detalla Humberto.

Humberto Chávez, en su parcela de papa agroecológica, Ejido Los Pescados, Perote, Veracruz.

Con las capacitaciones que ha recibido en Sendas y lo que ha aprendido en la licenciatura en Agroecología que cursa en el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (CESDER) ha logrado dejar la dependencia de los químicos y ahora ya produce sus propios insumos ecológicos.

Este cambio en la forma de trabajar su parcela no ha sido sencillo, pero le ha dado excelentes resultados: “Cuando comencé a producir sin agrotóxicos no me fue muy bien, porque había muchas cosas que no sabía; al segundo año la producción ya fue mucho mejor, sacamos producto ecológico y lo pude vender en mercados que pagan un mayor precio. Además, bajaron considerablemente los costos de producción, así ya no nos endeudamos.”

Con el apoyo de la organización Sendas, A.C., asociada del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, Humberto Chávez inició el piloto de una biofábrica para la elaboración de insumos ecológicos para la producción de papa.

Recuerda que cuando comenzó con su proyecto “muchos me criticaron porque no confiaban en estos productos y decían que como es muy pequeña no es una biofábrica, pero con los insumos ecológicos que produzco aquí se siembran 10 hectáreas de papa a mucho menor costo y sin afectaciones ambientales. Así que creo que puede considerarse, a su escala, una biofábrica.”

Explica que la papa sin agroquímicos es mejor, tiene otras cualidades, ahora se pueden distinguir otros sabores en el producto, las distintas variedades se pueden diferenciar en su sabor y “he logrado los mismos rendimientos por hectárea.”

Biofabrica para la generación de insumos orgánicos para la producción de papa.

Las papas producidas con agroquímicos absorben esos compuestos y se reflejan en su sabor y características. Las papas orgánicas tienen mejor sabor y son más maleables a la hora de cocinarlas, se cuecen más rápido.

Papa convencional vs. papa agroecológica

La papa convencional, que se produce con agroquímicos, implica una inversión mucho mayor que la agroecológica. Humberto indica que en su ejido la semilla les cuesta a los productores 10 pesos por kilo. “La traen del norte, y ya vienen contaminadas con enfermedades y agroquímicos, además tienen que cambiar de semilla cada año.” Para sembrar una hectárea se requieren 120 cajas, de 20 kilos cada una, por hectárea, que equivalen a 24 mil pesos.

El abono cuesta 460 pesos por bulto de 50 kilos, y se aplican 2 toneladas por hectárea, lo que equivale a 18 mil pesos. Además, “les venden un paquete tecnológico de pesticidas y nutrientes que cuestan 12 mil pesos”.

Adicionalmente se tiene que invertir en la mano de obra para la siembra, la renta del tractor para preparar la tierra, la aplicación de químicos y herbicidas, en total requieren alrededor de 80 mil pesos por hectárea de papa.

Producción de papa con prácticas agroecológicas, sin uso de agroquímicos.

Mientras que, con la producción agroecológica, “utilizamos semilla criolla, que es nativa de la región, y que tiene un costo de 18 mil pesos por hectárea.” Esto en caso de que se compre, porque en el caso de Humberto, el selecciona su semilla de sus propias cosechas.

Para abonar Humberto Chávez elabora su preparación con las excretas de un caballo y unos cuantos borregos. “Con esto es suficiente para abonar una hectárea y media. El abono yo lo preparo a un costo de 60 pesos por bulto, alrededor de 4 mil pesos por hectárea; luego tengo que aplicar líquidos que me cuestan otros 10 mil pesos, en total gasto alrededor de 32 mil pesos, menos de la mitad que si produjera como lo hacen de forma convencional, utilizando agroquímicos.”

Plantea que producir de forma agroecológica genera más ingresos y no daña el suelo ni el agua, pero muchos de los agricultores no quieren cambiar su forma de trabajar, “creo que éste es un buen campo para los jóvenes, para que innoven y tomen las tierras que los mayores ya no pueden trabajar.”

Humberto comenta que es difícil convencer a la gente de que cambie su forma de producir. De hecho, “hasta mi padre estaba dudoso de utilizar productos orgánicos, pero ha visto los resultados que he tenido y ha cambiado su percepción sobre la agroecología, lo mismo pasa con otros vecinos.”

Humberto quiere vivir en el campo y vivir produciendo de forma sostenible. “Quiero vivir aquí, no me veo en otra parte, y quiero apoyar a otros productores a transitar a este sistema de producción agroecológica.”

Papas fritas agroecológicas elaboradas por la familia de Humberto Chávez.

Asegura que su biofábrica es una fuente de ingresos y de empleo para otras personas. De hecho, señala que con el programa de Jóvenes construyendo el futuro, “registré mi biofabrica en el programa, y me autorizaron a dos jóvenes para que colaboren conmigo y aprendan a elaborar los insumos, llevamos cinco meses formando a los jóvenes y vamos produciendo bien.”

El campo se está deteriorando, los suelos se están perdiendo por tanta aplicación de químicos, y los jóvenes se están yendo a las ciudades. “Creo que los jóvenes tienen un buen campo en la agroecología, deben tener oportunidad de aprender estas técnicas de producción y llevarlas a sus parcelas o las de sus padres y recuperarlas; innovar y volver a hacerlas productivas, así pueden generar ingresos y participar en el campo,” sugiere.


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