Las instituciones comunitarias, base del éxito de las empresas forestales en Nuevo San Juan Parangaricutiro, Michoacán

La comunidad indígena de Nuevo San Juan Parangaricutiro ha logrado convertirse en un referente nacional e internacional por el excelente manejo de su bosque, que le ha permitido alcanzar un buen nivel de bienestar a sus pobladores. Sus bosques y la solidez en su organización comunitaria interna han sido la clave para que al día de hoy cuenten con certificación internacional de manejo forestal y tengan más de 10 empresas comunitarias que generan más de mil empleos.

Esta comunidad del estado de Michoacán, que tuvo que ser reubicada luego de la explosión del volcán Paricutín en los años 40, comenzó a aprovechar su bosque, de manera formal y organizada, a partir de 1983, cuando las comunidades y ejidos forestales del país recuperaron el derecho de hacerlo; ya que anteriormente el gobierno federal concesionaba los bosques a empresas privadas y a paraestatales para su aprovechamiento.

Los bosques se encontraban con severos problemas de degradación debido a que las empresas ‘descremaban los bosques’ sin el mayor cuidado, es decir, extraían los mejores ejemplares y no tenían compromiso con la conservación en el largo plazo de los recursos forestales. Las comunidades solo recibían compensaciones simbólicas por el aprovechamiento de sus recursos por parte de terceros.

Nuevo San Juan es una comunidad que cuenta  con 18 mil hectáreas de territorio, de las cuales más del 60% están cubiertas por bosques de pino y encino que han sido protegidos y conservados por sus propietarios, los comuneros,  por  los ultimos 35 años. “Se realizan todos los trabajos de manejo y aprovechamiento con base en criterios internacionales que garantizan la permanencia en el largo plazo del bosque y de toda la biodiversidad que habita en él”, comenta Héctor Anguiano, coordinador de producción y certificación de la empresa forestal comunitaria de Nuevo San Juan.

Asimismo, el manejo de su bosque garantiza la prestación de servicios ecosistémicos de calidad, como la recarga de los acuíferos.

Héctor Anguiano resalta que el éxito de su comunidad y de sus empresas comunitarias se debe a la operación de tres instituciones internas que son esenciales: la Asamblea de comuneros, el Consejo Comunal y el Comisariado de Bienes Comunales; pues estas tres instancias de toma de decisiones sesionan con regularidad, son transparentes, rinden cuentas y velan por el beneficio de la comunidad.

En Nuevo San Juan Parangaricutiro “se ha creado una cultura de disciplina de respeto a estas instituciones internas” que, entre otras cosas, permiten la participación de jóvenes en las distintas empresas comunitarias. “Tenemos una buena combinación de experiencia de los comuneros con las nuevas generaciones,” precisa.

Los abuelos de Héctor son comuneros y él está en proceso de convertirse en uno de los mil 254 comuneros que integran la Asamblea Comunal de Nuevo San Juan.

“La gente valora mucho el bosque y a la empresa forestal comunitaria porque esto nos ha permitido desarrollarnos profesionalmente y acceder a mejores condiciones de vida”. Nuevo San Juan ha vivido un proceso de profesionalización de sus trabajadores gracias a que sus familias tuvieron las posibilidades de pagar los estudios de sus hijos, quienes hoy desempeñan cargos especializados en las empresas comunales en puestos directivos, operativos, técnicos y administrativos.

Cada vez hay más jóvenes, tanto hombres como mujeres, que cuentan con licenciaturas, ingenierías, carreras técnicas y maestrías, que se integran a alguna de las empresas de la comunidad.

En medio del nuevo aserradero de San Juan Parangaricutiro -uno de los más avanzados en cuestión de eficiencia y equipamiento tecnológico de toda América latina-, Héctor Anguiano indica que “la comunidad no genera empleos por generarlos, sino que primero consolida la rentabilidad del negocio y abre los puestos de trabajo en función de las necesidades de cada empresa”. Lo importante es que los emprendimientos productivos sean sostenibles y que generen beneficios para toda la comunidad, no solo para los que trabajan ahí.

Llegar hasta donde se encuentra actualmente la empresa forestal de Nuevo San Juan no es sencillo, pues al igual que todas las demás empresas forestales del país, se enfrentan a problemas de mercado, al comercio de madera de origen ilegal, a la sobrerregulación y la falta de créditos.

La empresa forestal está en un proceso de renovación que no solo tiene que ver con su personal, también están renovando su infraestructura y maquinaria. Actualmente cuentan con cuatro nuevas estufas de secado de madera, que funcionan a través de un sistema de comando diseñado por estudiantes michoacanos, que les permitirá generar un mayor valor agregado a la madera.

“Esta renovación de la infraestructura es muy importante porque muchas de las maquinas tienen más de 35 años y si queremos seguir siendo competitivos tenemos que ser más eficientes en la producción”, subraya Héctor Anguiano.

Además, las nuevas máquinas del aserradero son más seguras para los trabajadores y les facilitan el trabajo.

Actualmente la comunidad tiene una autorización de aprovechamiento de 65 mil metros cúbicos de madera por año, lo cual les permite operar su aserradero durante todo el año y abastecer a clientes que requieren de grandes volúmenes de madera.

Además de tablas, la empresa forestal vende productos terminados como molduras, tarimas y otro tipo de piezas que le especifican sus clientes.

De los ingresos que se obtienen en esta empresa forestal se sufragan obras comunitarias, fiestas patronales, becas escolares, mantenimiento a planteles escolares y otros beneficios sociales.

Más que madera: resina y aguacate

Si bien la empresa de aprovechamiento forestal es una de las principales fuentes de ingresos para la comunidad, el bosque de Nuevo San Juan Parangaricutiro les permite emplearse a otras 400 personas realizando extracción de resina de pino.

El estado de Michoacán tiene una larga tradición de resineros, de hecho, en el estado se produce más del 90 por ciento de la producción nacional de este producto que tiene una enorme variedad de utilidades en la industria química.

Como con otras materias primas, a los productores de resina les compraban los acopiadores su producto a un precio muy bajo, así que la comunidad decidió emprender en una empresa procesadora de resina. En 1990 comenzó a operar su empresa química de procesamiento de resina para la producción de aguarrás y brea.

Esta planta comunitaria de procesamiento, que se encuentra al interior de Nuevo San Juan, genera 25 empleos directos y acopia la resina de 400 productores resineros de la comunidad y de otros 200 productores de comunidades vecinas, porque la producción de la comunidad no les es suficiente para abastecer sus necesidades.

La planta tiene una capacidad para procesar 5 mil toneladas de resina por año y actualmente trabaja al 50 por ciento de su capacidad, no por falta de demanda sino por la falta de materia prima. Los altos precios de la resina están incentivando a muchas comunidades forestales de Michoacán a establecer plantaciones forestales para la producción de esta materia prima.

El kilo de resina se compra en más de 20 pesos y les resulta un excelente negocio a los productores, además esta buena perspectiva del negocio de la resina trae consigo otros beneficios ambientales, como las reforestaciones productivas, la restauración de suelos degradados, la captura de carbono y la infiltración de agua a los mantos acuíferos.

Aunque la resina no es un negocio tan pujante como el aguacate, sí se puede vivir dignamente como productor de resina. Además, las plantaciones forestales para la producción de resina pueden contribuir de manera muy importante a restaurar los terrenos deforestados y degradados que ha ocasionado el avance ilegal de las huertas aguacateras en el estado.

San Juan Nuevo no se escapó de la fiebre por el aguacate, pues cuentan con huertas aguacateras y una empacadora del producto que opera la comunidad; sin embargo, para proteger su bien más preciado: el bosque, establecieron en sus estatutos internos y como acuerdos de asamblea que se prohíbe el desmonte del bosque para la instauración de huertas de aguacate.


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