Las políticas de arriba hacia abajo, otro golpe para la apicultura en la Península de Yucatán

Una de las principales amenazas para la apicultura maya es la venta de miel falsa china que ha desplomado los precios y cooptado los mercados. En vez de enfrentar este tema, el gobierno mexicano lo que ofrece es construir un centro de acopio de miel, cuando en la región hay suficientes centros organizados por las propias comunidades y sus cooperativas.

A la deforestación, la siembra de transgénicos y la fumigación con pesticidas altamente tóxicos se suman nuevas amenazas para las abejas y la apicultura y, por ende, para miles de familias campesinas mayas que realizan esta actividad ancestral en la Península de Yucatán.

La miel falsa que comerciantes de China venden dentro y fuera de México gana terreno, desplazando del mercado a la miel de abeja verdadera producida por las comunidades de esta región, dio a conocer el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, A.C.

La venta sin control de esta miel falsa genera un panorama desalentador para las y los apicultores, las cooperativas y en general para todo el sector apícola nacional. Los precios de venta de la miel de abeja se desplomaron desde 2019, en un 30 por ciento para la miel convencional y en un 27 por ciento para la miel orgánica (1), y su mercado fue saturado por la conquista de la miel china, que se estima representó la tercera parte del volumen comercializado globalmente (2), equivalente a 200 mil toneladas en 2019.  

A eso se agrega la errática medida del gobierno, que en vez de enfrentar esta situación, ha anunciado la apertura de un nuevo centro de acopio para la miel de la región.

Ante esta situación y habiendo iniciado este año el acopio de miel y abierto las primeras compraventas, predomina la incertidumbre de si el 2020 será un año peor.

La atención a esta situación, recrudecida en la década anterior por políticas públicas que fomentaron el crecimiento extensivo de las agroindustrias en la Península de Yucatán y colocaron a sus tres estados a la cabeza de las cifras nacionales de deforestación, requiere una mirada inclusiva y profunda de las causas que lo alimentan, y una sensibilidad y apertura para resolver los conflictos que obstaculizan el bienestar general. Es decir, que la política pública debe actuar incluyendo las miradas y las propuestas que las comunidades y sus organizaciones han generado, con base en su presencia en los territorios y con base en su conocimiento y pensamiento milenarios.

Cuando la política pública se diseña de “arriba hacia abajo” se pueden generar mayores desgracias que beneficios. Las personas dejan de ser sujetos para pasar a ser objetos de una determinada política que las margina y las excluye de la construcción de escenarios posibles de cambio y de vida.

Retomando nuestra historia, a finales de 2018, grupos organizados de apicultoras y apicultores de la Península de Yucatán, buscaron la forma de llegar al gobierno federal electo y proponerle a un grupo nutrido de sus funcionarios un conjunto de estrategias basadas en experiencias locales para proteger y fomentar la apicultura en los territorios comunitarios de la Península de Yucatán, y hacer frente como Estado a los principales problemas que la lesionan. Para ese momento el panorama político era incierto, sin embargo, había una atmósfera de esperanza de que se avecinaba un cambio.

En los meses siguientes, a pesar de que los grupos dieron seguimiento a las propuestas presentadas, el gobierno federal anunció un par de acciones para atender las necesidades de los apicultores: repartir azúcar para alimentar a las colmenas y asegurar una buena producción, y construir un centro regional de acopio de miel. ¿Desconoce el gobierno que lxs apicultorxs orgánicos no alimentan a sus abejas con azúcar? ¿Desconoce el gobierno que en la región hay centenares de cooperativas que acopian la miel de sus asociadxs para comercializarla en mercados diversos, nacionales e internacionales?

O el gobierno desdeñó las propuestas construidas de “abajo hacia arriba” o simplemente no las leyó.

La idea del centro de acopio y procesamiento de miel que se pretende construir en el municipio de Tahmex, Yucatán, que es promovida por el gobierno estatal de la entidad y respaldada por el gobierno federal, tendrá una inversión inicial de 30 millones de pesos y no responde a las necesidades, ni resuelve los desafíos que enfrentan lxs apicultorxs. Esta es una medida de “arriba hacia abajo” que, lejos de arreglar las piezas dañadas del tablero, se prevé abonará al debilitamiento de las instituciones locales y de los procesos productivos autogestivos de esta región maya.

Anastasio Oliveros, presidente de la Unión de Sociedades Apícolas Ecológicas de Calakmul (USAEC), ubicada en el estado de Campeche, afirma que la edificación de un nuevo centro de acopio no es una prioridad, como sí lo es la comercialización de la miel y los precios a la baja, regidos por la ley de la oferta y la demanda.

“Tenemos un grave problema en la actualidad. Los chinos están vendiendo un jarabe, hecho a base de arroz, con alta fructuosa, que hacen pasar como miel”, narra.

El apicultor indica que el control de calidad para la compra-venta de miel en Europa, es muy estricto, sobre todo si se trata de la comercialización de la miel orgánica, que debe carecer de cualquier traza de agroquímicos y demostrar que se produjo en suelos ausentes de este tipo de tóxicos.

Para Oliveros, si el gobierno mexicano quiere respaldar eficazmente a la apicultura nacional, debe presentar una queja oficial ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) o ante la Unión Europea, por prácticas desleales que están afectando una actividad económica fundamental para el país y que constituyen un engaño para las y los consumidores de aquel continente.

En números, añade que México es el tercer productor más importante de miel a nivel mundial, que la tonelada de miel orgánica se cotizaba a tres mil 200 dólares, pero ha caído a mil dólares, derivado de la miel adulterada.

Marco Antonio Cupul es apicultor en Dzonot Carretero, municipio de Tizimín, Yucatán. Él, junto con otros apicultores, fue timado en la construcción de un centro de acopio, “de primer nivel” que posee una planta, una envasadora y un centro de etiquetado.

Cuenta que el actual dueño, formó una cooperativa, llamada “Los Reyes” y solicitó recursos públicos al Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) para edificar el centro de acopio, pero una vez que le fue autorizado el dinero y que éste fue inaugurado hace tres años, se apropio de él, dejando de lado a los apicultores.

“Tristes por lo ocurrido, quisimos hacer una nueva solicitud para bajar recurso y nos dijeron en el INAES que no era posible, porque nosotros ya habíamos sido beneficiados. Hay que estar pendientes de cómo va a operar el Centro en Tahmex, quiénes estarán a cargo y a quiénes se va a beneficiar.

“Por la experiencia que tengo, yo creo que no es solución, porque se necesita más que se regulen los precios, para que sean justos; que se valore el trabajo del pequeño productor, de lo mucho que cuesta producir miel orgánica, garantizar su inocuidad, que los apiarios no estén cerca de potreros, granjas o basureros; que se ayude en la comercialización, que se detenga la deforestación, el uso de plaguicidas; no construir otro ‘elefante blanco’”, señala.

Miguel Ángel Munguía de la sociedad cooperativa Educe, confirma los escenarios anteriores y agrega el de “los oportunistas”, que compran miel de buena calidad, la hacen pasar por orgánica y la venden con sobreprecios, afectando al mercado.

Ubica a los chinos como los principales productores de miel falsa y al mercado inglés como su consumidor más asiduo.

“Hemos llegado al punto en que dentro de México se comercializa la miel falsa china y hemos importado o exportado ese tipo de miel. Definitivamente el gobierno mexicano debería de pronunciarse enérgicamente ante esa práctica de comercio desleal”, afirma.

Coincide también en que un nuevo centro de acopio, sin contar con un plan integral que incluya estrategias de comercialización, distribución y precios justos, “no tiene razón de ser”.

Habla de la necesidad de crear un padrón de apicultores real y de un diagnóstico actualizado de la apicultura y, con base en ello, crear mecanismos y programas que atiendan los desafíos que enfrenta la actividad.

“Las estadísticas actuales son poco confiables; se registran colmenas inexistentes con tal de acceder a recursos; el padrón tampoco es confiable y debería ser georreferenciado. Lo que sabemos es que en México hay 22 millones de colmenas y 22 mil apicultores en la Península de Yucatán.

“Ningún organismo regula los precios de la miel, porque prevalece la oferta y la demanda, pero en esa dinámica se insertan los acaparadores, los ‘coyotes’, a costa de la pobreza de los productores”, dice.

Suma la importancia de promover el consumo nacional de la miel, a través de esquemas como la introducción de la miel en la canasta básica y las compras públicas, es decir, que el gobierno compre a las y los productores, para surtir a organismos del sector público como el DIF o Diconsa, propuestas que también ya fueron presentadas a los organismos gubernamentales y que se espera sean tomadas en cuenta.

“El pueblo es sabio” … y es un buen momento para escucharlo.

En este texto hemos compartido propuestas que surgen de apicultores y apicultoras de la Península de Yucatán y de procesos colectivos de defensa de los territorios campesinos mayas. Sus declaraciones nos hablan de un conocimiento profundo y de una experiencia que respira en el equilibrio: el monte, las abejas, y el agua; la vida, el intercambio, la apicultura y la miel; el sustento, la organización, la colectividad y la dignidad.

Notas

1 Datos de venta de 2018 y 2019 proporcionados por la cooperativa de apicultorxs U Lool Che, ubicada en el municipio de José María Morelos, Q. Roo.

[1] Berrón Federico, Carrillo Arturo, Honey Authenticity Project, Segunda parte, Mérida, Mex, 2019.


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