Los pueblos indígenas y los bosques son la clave para enfrentar al cambio climático

Los bosques son fundamentales para hacer frente al cambio climático, por su capacidad para absorber dióxido de carbono y la provisión de otros servicios ambientales esenciales como la conservación del suelo y la captura e infiltración de agua; en estos ecosistemas se concentra más del 80 por ciento de la biodiversidad. Sin embargo, están siendo deforestados y degradados a una gran velocidad.

Los bosques y selvas enfrentan una gran presión por actividades de saqueo de los recursos naturales como madera, animales, plantas; así como por el cambio de uso de suelo para el establecimiento de megaproyectos de minería, hidrocarburos, agroindustriales y de crecimiento urbano.

De acuerdo con el más reciente estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques, los pueblos indígenas y comunidades equiparables son actores fundamentales para el manejo y conservación de los bosques en el largo plazo, por lo que fortalecer el reconocimiento y respeto de sus derechos sociales, culturales y al territorio es una de las formas más efectivas y económicas para hacer frente al cambio climático.

En América Latina y el Caribe 58 millones de personas forman parte de los pueblos indígenas y 10 millones de ellos habitan en regiones forestales.

Julio Berdegué, representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, indica que “los pueblos indígenas y tribales, así como los bosques situados en sus territorios ancestrales, juegan un papel vital para la acción climática global y regional y para el combate a la pobreza, el hambre y la desnutrición en el continente”.

En los bosques ubicados en territorios indígenas se almacena alrededor de un tercio de todo el carbono de los bosques de América Latina y el Caribe y el 14% del carbono almacenado en los bosques tropicales a nivel mundial.

El estudio de la FAO resalta que “históricamente, los bosques habitados por pueblos y comunidades indígenas han sufrido mucho menos destrucción que los otros bosques de la región, pero eso está cambiando de forma acelerada, y se requiere una respuesta urgente para revertir las nuevas tendencias.”

Añade que “colaborar con los pueblos indígenas y tribales para para proteger y manejar sus bosques permitiría recuperar o crear cientos de miles de empleos forestales, agroforestales, turísticos, educativos y culturales, evitar la posibilidad de nuevas pandemias, además de traer otros beneficios sociales, ambientales y culturales. También ofrece la posibilidad de movilizar cientos de millones de dólares estadounidenses por año de fuentes internacionales.”

Julio Berdegué plantea que “estos bosques no son un museo que no se pueden tocar, los pueblos indígenas tienen los conocimientos para manejarlos y aprovecharlos de forma sustentable para generar ingresos y valor económico”.

El estudio puntualiza seis factores ayudan a explicar por qué los bosques en los territorios colectivos indígenas y tribales se han conservado mejor que otros bosques:

  1. Factores culturales y los conocimientos tradicionales.
  2. Reconocimiento de los derechos territoriales colectivos.
  3. Políticas de incentivos forestales.
  4. Restricciones sobre el uso del suelo.
  5. Accesibilidad limitada y baja rentabilidad de la agricultura.
  6. Baja disponibilidad de capital y mano de obra.

De acuerdo con datos de la FAO, “los pueblos indígenas ocupan 404 millones de hectáreas en América Latina y el Caribe, alrededor de la quinta parte de la superficie total de la región. De esos 404 millones de hectáreas, 237 millones (casi el 60%) están en la Cuenca del Amazonas. En su conjunto, las áreas ocupadas por grupos indígenas representan un 35% del área forestal de América Latina.”

No obstante, los pueblos indígenas y tribales que habitan las áreas forestales de América Latina viven en una situación paradójica, pues “a pesar de ser ricos en recursos naturales y cultura, son pobres en ingresos monetarios y acceso a servicios públicos”.

Por otra parte, el documento de la FAO subraya que “el conjunto de condiciones y factores culturales, geográficos, económicos y políticos que han permitido la preservación de los bosques situados en los territorios de los pueblos indígenas y tribales y las culturas milenarias de sus habitantes están cambiando drásticamente. Las consecuencias pueden ser potencialmente desastrosas desde una perspectiva tanto ambiental como financiera”.

Si en los próximos años no se toman medidas contundentes, los pueblos indígenas y tribales no podrán seguir resguardando los ecosistemas forestales en sus territorios como lo han hecho hasta ahora. “Eso se debe tanto a tendencias generales que afectan a todos los bosques como a aquellas que son específicas a esos territorios. En América Latina, en general, hay cada vez más presión sobre los bosques. Las emisiones anuales de carbono de la Cuenca Amazónica relacionadas con cambio en el estado de los bosques subieron en un 200% entre 2012 y 2016, y ningún país de la Cuenca salió ileso”.

La investigación, que reúne evidencia científica obtenida de más de 300 estudios en la materia, plantea que “es urgente implementar medidas que potencien el uso de la riqueza natural y cultural de los pueblos indígenas y tribales para mitigar y adaptarse al cambio climático, proteger la vida silvestre y la diversidad biológica y a la vez reducir la pobreza extrema, la inseguridad alimentaria y los conflictos sociales”.

Para revertir esta tendencia negativa, “se requiere una serie de medidas, que se pueden agrupar en cinco categorías principales:

  1. Fortalecer los derechos territoriales colectivos.
  2. Compensar a las comunidades indígenas y tribales por los servicios ambientales que proveen.
  3. Facilitar el manejo forestal comunitario.
  4. Revitalizar las culturas y los conocimientos tradicionales.
  5. Fortalecer la gobernanza territorial y las organizaciones indígenas y tribales”.

Estas medidas ofrecen una excelente oportunidad para lograr una reducción significativa del carbono en la atmósfera a un bajo costo por tonelada de emisiones evitadas y son aún más apremiantes en el contexto actual de la pandemia del COVID-19, “toda vez que los pueblos indígenas y tribales han sido de los más afectados por la enfermedad y la crisis económica, y se ha puesto en evidencia que la perturbación de los bosques y la biodiversidad puede poner en riesgo la vida humana”.

Impulso al manejo forestal comunitario

El documento apunta a que cuando los gobiernos otorgan beneficios económicos a los pobladores de los bosques por cuidar de ellos, existen incentivos para no deforestar o degradar los bosques.

Refiere que algunas políticas de manejo forestal comunitario y pagos por servicios ambientales han beneficiado a los territorios indígenas de forma preferencial y, en algunos casos, eso podría ayudar a explicar el mejor estado de sus bosques.

Particularmente en México, gracias en parte a las políticas que impulsan el manejo forestal comunitario, el aprovechamiento sostenible de la madera ha generado ingresos significativos para cientos de comunidades indígenas.

Para estas comunidades, señala el estudio, los beneficios del manejo forestal comunitario ofrecen un fuerte incentivo para mantener la cobertura forestal; además, “es probable que los ingresos que reciben por hacer un aprovechamiento sostenible de la madera ayuden a explicar las bajas tasas de deforestación en las comunidades forestales ubicadas en zonas indígenas como la Sierra Norte de Oaxaca o el centro y sur de Quintana Roo, entre otras”.

Muchas empresas forestales indígenas en México reservan una fracción importante de sus bosques para la conservación estricta y aprovechan volúmenes de madera por debajo de lo que permiten sus planes de manejo, para así asegurar la sostenibilidad de sus recursos.


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