San Bernardino de Milpillas Chico, vivir bien y hacer comunidad a partir del manejo del bosque

San Bernardino de Milpillas Chico, una comunidad indígena audam (tepehuanos del sur) de la Sierra de Durango, ha logrado consolidar su empresa forestal comunitaria y hoy es un referente nacional por el buen manejo de sus bosques, que beneficia a todos los integrantes de la comunidad.

Luego de una lucha por recuperar el control y  soberanía sobre sus bosques a finales de la década de los 60 frente a compañías privadas que extraían la madera sin ninguna restricción, hoy son una comunidad muy cohesionada que maneja sus bosques bajo un esquema colectivo, industrializa la madera, y cuenta con  la certificación del FSC, entidad que verifica el cumplimiento de los estándares internacionales de buen manejo forestal.

La comunidad indígena de San Bernardino de Milpillas Chico, ubicada en el municipio de Pueblo Nuevo, Durango, está enclavada en el sur sureste del estado, colinda con el ejido Pueblo Nuevo y con la comunidad San Francisco de Lajas. Tiene una superficie de poco más de 153 mil  hectáreas, mayoritariamente de vocación forestal; 48 mil hectáreas están bajo un esquema manejo forestal maderable, el resto están en un régimen de conservación comunitaria.

Producción de durmientes, mangos, tarimas, tablas y palos para escoba en aserradero de San Bernardino de Milpillas Chico.

Félix Avitia, comunero y director técnico de la comunidad, comenta que en San Bernardino de Milpillas “nos regimos por usos y costumbres, y contamos con dos sistemas de gobierno: por una parte, el gobierno tradicional, que encabeza el gobernador tradicional, junto con su comitiva, integrada por 19 personas, incluyendo la mayordomía, que se encarga de todas las festividades religiosas y ceremoniales.”

Por otra parte, está la autoridad agraria, representada a través del comisariado de bienes comunales y el consejo de vigilancia. Las autoridades de ambos sistemas de gobernanza mantienen un diálogo constante para resolver cualquier problema relacionado con la comunidad.

Félix Avitia detalla que “todo lo relacionado con lo agrario le toca al comisariado de bienes comunales y los problemas de índole local al gobierno tradicional.”

Aunque ya está muy castellanizada la comunidad, “nuestra lengua materna es el tepehuano, es la herencia de nuestros antepasados y es parte esencial de nuestra identidad,” comparte el director técnico.

La población de la comunidad es de 3162 habitantes de los cuales 1073 son comuneros con certificado legalmente reconocido. Los habitantes están asentados en la cabecera comunal de San Bernardino y otros 12 anexos, que son pequeñas localidades distribuidas en todo el territorio de la comunidad.

El bosque y la comunidad

Cerro Gordo, monte ceremonial de la comunidad Audam de San Bernardino de Milpillas Chico.

Para esta comunidad indígena el bosque tiene mucha importancia. “Lo vemos desde dos ángulos; primero, desde la cosmogonía heredada de nuestros ancestros, que nos dice que el entorno forma parte de nuestra esencia misma. Este territorio es una herencia que nos ha dado la madre tierra, por ello  procuramos estar en armonía y concordancia con el bosque, protegiéndolo. Estamos en comunicación con el bosque.”

Mientras que, por el lado social-económico, “es nuestra principal fuente de recursos y de generación de empleos,” indica.

El aprovechamiento forestal lo realizamos con base en un estudio detallado de nuestros bosques. Se trata de un  programa de manejo (autorizado por Semarnat) que define los lineamientos que se deben cumplir en todas las actividades del aprovechamiento del bosque del ejido; este plan contempla un volumen anual cortable de 80 mil metros cúbicos de pino, y 60 mil metros de encino.

A partir de este año, después de venir haciendo por años aprovechamiento forestales bajo la figura del Comisariado de Bienes Comunales, “decidimos crear una nueva figura jurídica, propiedad de la comunidad, la cual se hace cargo de todo el proceso productivo, desde el abastecimiento hasta la comercialización de los productos forestales, a través de una dirección general, con sus gerencias de administración y finanzas, producción y ventas. Así se organiza la empresa,” explica Félix Avitia.

De esta forma, se le aligera al Comisariado de Bienes Comunales toda la carga de la operación productiva, aunque sigue siendo la autoridad emanada de la Asamblea, por lo que conserva la representación legal del ejido, mantiene toda la gestión ante las distintas instancias de gobierno y se encarga de brindar toda la atención social que se requiera. 

Participante de las ceremonias Audam en San Bernardino de Milpillas Chico.

Félix Avitia señala que San Bernardino de Milpillas Chico inició durante este 2020 la operación de su empresa forestal comunitaria bajo el esquema arriba descrito y afirma que. “Gracias al ejemplo de los compañeros de Oaxaca, que tienen una sólida organización, seguimos sus bases y creamos nuestro propio modelo de desarrollo empresarial y hoy contamos con nuestra empresa ‘Audam Industrial Forestal’, que se encarga de todos los trabajos de extracción, transformación y comercialización de los productos forestales.

Añade que “estamos desarrollando cuadros, ya algunos ya han estado ocupando cargos en las diferentes etapas del proceso productivo, aunque aún falta trabajo por hacer, pero seguimos en ello con convenios con algunas universidades de Durango para que los jóvenes se vayan haciendo responsables de las áreas estratégicas del proceso productivo, creo que ese es el camino, junto con la experiencia de la escuela de la vida que tienen los compañeros mayores.”

Niñas y niños con vestimenta tradicional en San Bernardino de Milpillas Chico.

El director técnico comparte que “la empresa se encarga desde el proceso productivo en el bosque, como el corte, arrastre, carga y embarque a los centros de transformación; asimismo, la empresa cuenta con 4 aserraderos que están ubicados estratégicamente dentro del territorios de la comunidad.”

Además, destaca que cuentan con un centro estratégico en la ciudad de Durango, en donde se ubican las oficinas administrativas. “Aquí hacemos todo el enroque de comercialización, se concentran todos los productos de madera aserrada, vigas, mangos para herramienta y escobas; tarimas, madera para tarimas, entre otros productos, y de aquí se comercializan al mercado local, regional y nacional, explica el ingeniero Avitia.

La actividad forestal de la comunidad representa un conjunto amplio de beneficios a la población local. Uno de ellos es la fuente de recursos económicos para las familias a través de su participación en las diferentes áreas: La industria comunal genera alrededor de 300 empleos directos en los trabajos del bosque, más otros 260 empleos indirectos. Mientras que en la ciudad de Durango generan otros 60 empleos directos y 34 indirectos con las actividades administrativas y comerciales.

Comunidad certificada

Un elemento que le ha permitido a la comunidad consolidar su empresa forestal comunitaria es la certificación de manejo forestal. “El proceso de evaluación del manejo del bosque inició  en 2002 y pero fue hasta 2004, cuando logramos formalmente la certificación. Ahora ya vamos en el tercer ciclo de certificación, y queremos mantenerla pues esto permite dar certidumbre a la comunidad, y a las personas que consumen nuestra madera de que estamos haciendo un manejo cuidadoso de nuestros bosques, refiere Avitia.

Lucha por la soberanía de su bosque

El origen del manejo forestal en la comunidad de San Bernardino de Milpillas Chico se dio a finales de la década de los 60, cuando los abuelos y padres de quienes hoy trabajan en la empresa forestal comunitaria se organizaron para enfrentar el saqueo de los bosques por parte de compañías privadas. “Tomaron la decisión de evitar ese aprovechamiento indiscriminado.”

Este proceso por recuperar su derecho a manejar sus bosques no fue sencillo porque estaban luchando contras grandes empresas industriales, “a quienes el propio gobierno del Estado apoyaba, por los grandes intereses que le representaban.”

Durante el mandato del presidente Adolfo López Mateos, una comisión de San Bernardino acudió a la Ciudad de México para presentarle la problemática al presidente y éste decidió apoyar sus causas.

“Luego de cuatro años de confrontación con las empresas y al interior de la comunidad, entre quienes apoyaban a las compañías y quienes querían evitar el saqueo se logró recuperar la soberanía de los bosques y el territorio. Durante esos años los enfrentamientos dejaron varias personas fallecidas, es la parte triste de esa lucha,” narra Félix Avitia.

En 1972 oficialmente la comunidad logró expulsar a la empresa privada y se apropió  del proceso productivo y con recursos que obtuvieron del Fideicomiso Fondo Nacional de Fomento Ejidal (Fifonafe), lograron adquirir equipo para realizar el manejo del bosque.

Propuestas para superar las crisis por el covid-19

En 2002 San Bernardino de Milpillas y prácticamente todas las empresas forestales comunitarias tuvieron que superar la competencia que representó la importación de la madera de Chile; “pero gracias al trabajo, esfuerzo y compromiso de la comunidad  logramos recuperar el mercado, con madera de calidad, eso nos permitió volver a posicionarnos,” refiere.

Ahora que ha llegado  la pandemia por el covid-19, aunada a  la crisis económica que ya se venía gestando desde 2019, “nos esta costando mucho trabajo salir adelante ya que las ventas y los precios han bajado al tiempo que la empresa comunal tiene que cubrir sus costos fijos:  estamos en una situación muy complicada en cuestiones económicas, estamos meramente sobreviviendo,” subraya Avitia.

Félix Avitia plantea que “en un análisis que hemos hecho, creemos que una de las medidas que el gobierno federal debe tomar es flexibilizar y dar un tratamiento conservador en materia fiscal a estas empresas forestales comunitarias, para no ahorcarnos.”

Sería muy importante que “establezca canales de financiamiento en los que las empresas forestales podamos acceder de manera más sencilla a financiamientos asequibles que nos permitan seguir operando.”

Además, hace un llamado para  que el gobierno federal dé prioridad, en su política de adquisiciones, al   consumo de los productos forestales en todos los rubros, desde el ramo de la construcción hasta el equipamiento de sus oficinas, con el mobiliario y equipo de madera de empresas forestales comunitarias. “Nosotros contamos con una fábrica de muebles, tenemos todo un proceso de estufas de secado que le dan valor agregado a nuestra producción, con una medida de este tipo nos ayudaría muchísimo,” concluyó.


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