UCIRI nos llama a valorar y a consumir el café campesino y justo

La cuarentena por el covid 19 está causando una severa crisis económica para las socias y socios de la UCIRI (Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo), en Oaxaca, la organización cafetalera más antigua del estado, pues se suma a las adversidades enfrentadas en años recientes y llega justo cuando el apoyo gubernamental a las organizaciones comunitarias ha desaparecido por completo.

Una de las estrategias de salida para ésta y otras organizaciones es que desde agosto de este año su café está siendo comercializado a través de la Tienda UNAM en la Ciudad de México, en el marco de la plataforma de cooperación comercial OBIO, impulsada por la propia tienda, el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible y Fomento Social Banamex. Los productos de la Unión también se pueden encontrar en otros estados como Nuevo León y Veracruz y Oaxaca.

De la certificación a la roya

La UCIRI tiene más de 2600 socios y socias, provenientes de 56 comunidades zapotecas y mixtecas, chontales del sur, chatinos de la costa y mixes. Nació en 1982, ante la necesidad de mejorar las economías de los hogares campesinos a través de la búsqueda de condiciones de producción y venta del café más justos y sostenibles. Las mujeres socias representan alrededor del 50 por ciento de todos los productores.

Hace décadas ya que la UCIRI logró la certificación de los productos de sus socias y socias en CERTIMEX y FLO-CERT, este último organismo asociado a Fair Trade Internacional. La UCIRI ha trabajado durante años para beneficiar a sus socias y socios productores en la búsqueda de mejores mercados, mejores precios, así como en la capacitación y asesoría técnica que requieren para una producción orgánica y apegada a los principios del comercio justo.

La organización de los pequeños productores a través de instituciones comunitarias como la UCIRI es fundamental para lograr mejores precios y llegar a más mercados. Hoy además, esta organización pide el apoyo urgente del gobierno y la sociedad para continuar produciendo de forma orgánica y justa; apela a crear un mercado nacional que reconozca la calidad y la enorme labor presentes en el café orgánico que elaboran.

Álvaro Domínguez, presidente del Consejo de Administración, y Eliseo Jiménez, tesorero de la UCIRI, comparten que la parálisis económica asociada a la pandemia se suma a otros problemas, entre ellos la llegada de la plaga de la roya. 

“En sus inicios, las y los socios de UCIRI producían una variedad criolla del café, sin embargo, a partir del 2013 por la plaga de la roya, tuvieron que buscar nuevas variedades de semillas que fueran resistentes a este voraz hongo. De esta forma se vieron obligados a cambiar sus plantas de café a variedades conocidas como geisha, oro azteca, colombiano o costarricense, que sí son resistentes a la roya”, explica Eliseo.

“El hongo de la roya sigue existiendo en la región e inhibe el crecimiento de las plantas criollas de café. A pesar de esto, los productores han encontrado una alternativa en las otras variedades. Sin embargo, la planta criolla sigue siendo reconocida por un mejor rendimiento y un grano de mejor calidad”, comenta Álvaro.

Para salir de la crisis provocada por la plaga, la UCIRI decidió incorporar otros productos para no depender exclusivamente del café, fue así como han estado intercalando plantas de maracuyá y cacao para comercializarlas y mejorar la economía de los hogares de las y los socios. Esta diversificación arrancó recientemente y aunque el café sigue representando el 90% de su producción, tienen la esperanza de exportar el cacao y el maracuyá pronto.

Tras el esfuerzo que significó la reestructuración para diversificar la producción en el campo, la UCIRI se topó a los pocos meses con la cancelación, de parte de la nueva administración, de  los apoyos gubernamentales a las organizaciones ejidales o comunitarias para dar paso a subvenciones directas a las personas.

“Como UCIRI hacemos un llamado al gobierno y a otras instituciones para contar con apoyos en la compra de maquinaria para la producción o mantenimiento de los campos”, insiste Don Álvaro y enfatiza que al entregarse los apoyos directos a las personas, los recursos se atomizaron y el ente que podía hacer las compras grandes para equipo, producción, capacitación, mantenimiento, comercialización se quedó sin recursos. “Y es que los productores usan muchas veces esos dineros en asuntos urgentes, y se desconoce si tienen que ver con la mejora de la producción de sus parcelas”.

“Los proyectos o programas que teníamos se acabaron, se canceló todo el financiamiento, solo nos queda el mercado internacional para exportar”, agrega Eliseo.

Incertidumbre climática

Uno de los mayores obstáculos para aplicar a los créditos es la incertidumbre productiva que crea el cambio climático, ya que si una temporada no logran producir lo que esperaban, los socios tienen temor del compromiso adquirido a través de los créditos y los intereses crecientes. Por eso la UCIRI ha observado que muchos de los socios y socias prefieren estar libres de deudas aunque su producción haya decaído y ya solo sea para el autoconsumo.

“Lo que se tiene actualmente son créditos individuales con los que difícilmente los campesinos se quieren comprometer”, apunta Álvaro.

Antes del 2020, Álvaro y Eliseo identificaban al cambio climático como una de las amenazas más graves. “Son plantas muy sensibles que requieren cierta temperatura y altura para vivir. Por ejemplo, al cacao le gustan los terrenos bajos y al maracuyá no le gustan los climas muy fríos.”

En el 2018 la producción cayó, por lo irregular del clima en la región; las plantas no florearon lo suficiente para producir como en otros años. Y el 2020 se presenta como otro año adverso y sin ningún apoyo del gobierno para reactivar la producción, mantener los empleos o tan siquiera adquirir la canasta básica.

Más información en https://www.uciri.com/


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