Cinco factores que determinan si la silvicultura comunitaria es posible

midiendoHace tiempo que se sabe que la silvicultura comunitaria es una herramienta muy eficaz para combatir la pobreza sin sacrificar la biodiversidad o, a la inversa, para conservar los bosques y selvas sin detener el desarrollo económico y social. Sin embargo, conseguir que las comunidades locales entren de lleno al manejo forestal, que desarrollen empresas comunitarias e inviertan en ellas y en el monte, no ha sido fácil. De ahí la enorme relevancia de un artículo recién publicado en Global Environmental Change, titulado Key factors which influence the success of community forestry in developing countries, explora los factores que determinan el éxito de la silvicultura comunitaria en los países en desarrollo.

Firmado por Jack Baynes, John Herbohn y Robert Fisher, de diversas universidades australianas, y por David. B. Bray, de la Universidad Internacional de Florida, en Estados Unidos, el artículo repasó años de investigaciones sobre la experiencia de México, Nepal y Filipinas con el manejo forestal comunitario. Después de esa revisión, los autores compararon sus conclusiones con las del enorme cuerpo de estudios realizados en el resto del mundo.

Sus conclusiones, en primer lugar, apuntan que la desigualdad socioecónomica y de género tienen un impacto muy negativo en la silvicultura comunitaria. Según los autores, genera conflictos internos en las comunidades y daña la cohesión interna, haciendo más difícil la acción colectiva para el manejo forestal.

Este punto está muy relacionado con un segundo factor que los autores detectaron, y que se refiere a la importancia de que haya estructuras e instituciones de gobernanza interna que permitan ordenar y emprender las actividades de manejo forestal. Si estas instituciones no son democráticas –lo que alimentaría la desigualdad– y equitativas en términos de liderazgos y derecho a participar en las decisiones comunitarias, entonces la acción colectiva se hará muy difícil.

Foto de Eugenio Fernández VázquezEn tercer lugar, Baynes y sus colegas apuntan que la certeza en la tenencia de la tierra y del acceso al bosque son cruciales. Si las comunidades locales no tienen derecho a extraer productos forestales, a manejar esos ecosistemas, a excluir de los mismos a quienes no pertenecen a la comunidad, y a vender o rentar su propiedad, entonces no tendrán incentivos para emprender acciones de silvicultura comunitaria.

Este manejo debe, además, generar beneficios materiales para los miembros de la comunidad, sea en términos de empleos, de ingresos o de acceso a productos para usar y vender. De hecho, aquí está la clave no ya de las posibilidades de emprender la silvicultura comunitaria, sino de las razones para hacerlo y de los incentivos para participar de ella.

Por último, los autores del estudio hablan del papel ambiguo que juegan los gobiernos. Un factor determinante, anotan, es “el apoyo gubernamental a los grupos de silvicultura comunitaria, sea como apoyo positivo (en términos de legislación o de construcción de capacidades), que aumenta el capital social al interior o en términos de lazos hacia el exterior”. Sin embargo, advierten de que los gobiernos también pueden tener un papel muy negativo, ya que “la interferencia gubernamental, el paternalismo y la corrupción reduce la disposición de la gente a involucrarse en la silvicultura comunitaria”.


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